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Las milicias y el sistema defensivo

La organización militar y los servicios de guardias eran muy rudimentarios entonces y se hallaban sujetos a los cánones tradicionales. La necesidad de defensa en la frontera del Chaco y del río Corriente mantenía alerta los presidios de la frontera, sostenidos siempre de un modo precario a costa del esfuerzo general de los pobladores.

En 1760, la dotación superior comprendía un Sargento Mayor -con asiento en la ciudad- y tres Sargento Mayor con sede en las plazas de Ensenadas, Caa Catí y Saladas.

Estos cuadros superiores mandaban 1.072 milicianos “de reserva” y 40 indios, lo que totalizaba 1.112 hombres aptos para las armas(1).

(1) Bernardo López Luján, “Descripción Histórica y Geográfica de la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes...”, etc., p. 148. Decía de ellas el Teniente de Gobernador: “todas estas milicias observan en los dichos Partidos y sus respectivos presidios así en el montar la guardia y sacar la formación de compañías del número y reformados, como en rondas y contrarrondas, la misma orden y forma que se observa en la ciudad”. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

El sistema se basaba en el empadronamiento de todos los habitantes, de manera tal que cada uno de ellos se hallaba encuadrado en las compañías urbanas o rurales y obligado a servir -por turnos- la guardia en el lugar correspondiente(2).

(2) José Carmel, ob. cit., pp. 116-117. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

El Cabildo describía así aquel sistema de milicias:

“Los milicianos de esta ciudad, por instituto y costumbre desde la fundación, están obligados a concurrir a propia costa al Real Servicio ordinario interior; así lo hicieron sus antepasados ... así se han sucedido de padres a hijos como aparece de muchas Actas Capitulares, no sólo a su costa armas y caballos, sino satisfaciendo a la Real Hacienda las municiones, pólvora y balas que a este fin consumieran.

"Esta fatiga, aunque gravosa y en efecto lo sea al miliciano por haber de separarse de su propia ocupación y trabajo, con ello asegura la subsistencia propia, la de su familia y propios intereses; de modo que, siguiéndose la alternativa de la fundación por costumbre, pasa una semana que sirve el miliciano la fatiga a beneficio propio y de los demás, goza del descanso de muchos que le sufragan otros y así han venido sucediéndose desde la fundación a beneficio de la patria, sin que aiga ejemplar de haberse contribuido a ningún miliciano de esta ciudad por razón de sueldo alguno..."(3).

(3) Acta del 22 de Marzo de 1802, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

El servicio de milicia era, por cierto, más liviano en la ciudad, cerca del hogar -donde cubrían las Guardias y la “cárcel pública”- que en los sitios más alejados y vulnerables, como las costas, donde las milicias pasaban una quincena, o en Curupayty, guardia que demandaba dos meses de labor(4).

(4) Acta del 31 de Agosto de 1799, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Los puntos guarnecidos eran el camino a Misiones, próximo a Caa Catí; el pueblo de Itatí; el Fuerte de Anguá, cercano a Saladas; a ellos se agregaron -después de 1779- Curupaity, Paso del Rey, Goya, Las Garzas y El Rubio, cercano a Santa Lucía.

No hay que idealizar demasiado aquellos puestos, más que fortines, ya que apenas poseían cercado de palo a pique, un galpón para la guardia, corrales para la caballada y pocas cosas más(5).

(5) De los reductos de la ciudad -aludidos en 1739- no se vuelve a hablar más adelante. Las guardias, según apreciación hecha en 1803 por el Comandante de Armas Pedro Fondevila, no eran “más que 3 ranchos de paja, puestos sobre sus costas, descubiertos y expuestos a los insultos de los indios ... en lugares poco ventajosos y guarnecidos de milicianos bisoños”. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36, Copiador de Cartas (1800-1802). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Esta organización militar, que pudo ser útil en la época de la Conquista e incluso hasta la primera mitad del siglo XVIII, no era ya adecuada a estos tiempos ni a las necesidades de defensa del Virreinato.

El reclutamiento era difícil de cumplir por falta de control adecuado y por la extensión cada vez mayor de la jurisdicción. Ya en 1738 había quejas de la falta de concurrencia de los hombres al servicio, y se pedía “... se apremie a muchos que se hallan dispersos en toda la jurisdicción, en lugares remotos e incógnitos, que no bienen a hacer sus turnos en esta plaza ni en los demás de las fronteras de su distrito, sin más motivos que la distancia, sin tener algunos tierras propias ni ganado que les motive hacer residencia en dichos paraxes”(6).

(6) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 20 (1737-1749). Acta del 4 de Agosto de 1738. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

El deficiente funcionamiento del sistema se hizo notar en una sesión del Cabildo, la del 10 de Julio de 1758, donde el Alcalde de segundo voto planteó la necesidad de restablecer las antiguas Ordenanzas de 1730.

Hizo notar, además, que “muy a menudo se hacen nombramientos de oficiales, desde Sargento Mayor hasta Cabo de esquadra, en tal manera que en las salidas que hace este vecindario por tercios a correrías dentro y fuera de la jurisdicción, precisamente los más son graduados y los menos, sencillos, que por tales se les doblan las pensiones que tiene el servicio(7).

(7) En esa oportunidad se trajo al Cabildo e hizo copiar la Ordenanza de 1730 -que había caído en el olvido- y que se titulaba “Orden que ha de observar el Maestre de Campo ... Sánchez Moreno, Comandante de las Armas de la Ciudad de ... y los que le sucedieron en el empleo para el mejor arreglamento de las milicias de dicha ciudad y su jurisdicción”. Dicha Ordenanza -muy elemental por cierto- establecía el orden en los empleos y prescribía la antigüedad en el servicio para acceder a cargos superiores, estableciendo prelaciones entre los jefes, castigo de las faltas y premio para los distinguidos, requiriendo además que las Jefaturas recayesen en vecinos de distinción y en sus descendientes “para que con aquel amor y celo de sus antepasados se dediquen a la defensa de su patria”. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 21-22 (1750-1759). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Pidióse por ello observar regularidad y antigüedad en las designaciones. Pero los hechos se encargaron de demostrar que el problema era hondo y de difícil arreglo.

En 1759 desertó un centenar de hombres del contingente que entró al Chaco con Bernardo López; en 1762 y 1763 se sublevó el tercio correntino; otra deserción similar ocurrió en 1776, cuando se hallaba aprontándose para cruzar el río Uruguay, rumbo a Río Grande; y todavía en 1798 volvió a suceder lo mismo(8).

(8) El primer antecedente fue la deserción parcial ocurrida en la guerra guaranítica -a mediados de 1754- y luego en 1759. Ambos en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 21-22 (1750-1759). Además, en el Archivo General de la Nación, Campaña del Brasil, t. III, pp. 200; 267-281; documentación abundante en el Archivo General de la Nación, Corrientes, 1762-1785, IX.3.3.7; y en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 19 (1774-1776). La sublevación de 1776 aludió a la falta de pago; los oficiales y algunos pocos milicianos permanecieron fieles y cumplieron con su deber. La deserción de 1798 ocurrió cerca de Yapeyú; sus testimonios, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 35 (1798-1800). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

El alejamiento de Corrientes y la prestación de un servicio pesado en fronteras desconocidas, sin una formación militar adecuada y sin un “sentimiento nacional” que los animara ni premio que estimulara su esfuerzo, explican estos comportamientos de las milicias.

Frente a estas situaciones, las autoridades poco pudieron hacer. Inicialmente -bajo el mando de los Tenientes de Gobernador- los cargos de Sargento Mayor recaían en vecinos de alguna significación que, de este modo, añadían a esa responsabilidad la autoridad que el cargo suponía en una sociedad tan elemental. Desde luego que poco conocían de la vida militar que era allí una curiosa mezcla de policía y milicia.

Una pintoresca descripción de uno de aquellos Sargento Mayor -hecha en 1803- da una idea de esta situación. De este personaje decía el Comandante de Armas que era “sargento en el nombre de estas antiguas e informes milicias ... vestía ... una casaquilla militar hecha a la moda que le figuró su rara idea y antojo, con lo que se vestía de autoridad su exercicío de corchete o alguacil y exigía dicho respeto y distinción de la gente”(9).

(9) Pedro Fondevila a Rafael de Sobre Monte, 3 de Noviembre de 1803, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36 (1801-1802), Copiador de Notas. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Cuando los Tenientes de Gobernador fueron suprimidos por la Real Ordenanza de Intendentes, las facultades de Capitán a Guerra quedaron eliminadas, ya que los Subdelegados de Hacienda y Guerra sólo podían atender las cuestiones vinculadas al Presupuesto militar y no el mando de las tropas.

Pero, a partir del 2 de Septiembre de 1795 el virrey expidió un nombramiento de Comandante Militar de la jurisdicción, restituyendo sus antiguas funciones(10).

(10) Archivo General de la Nación, IX.3.4.2 y Real Ordenanza de Intendentes, Arts. 220 y 221. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

En ese cargo se desempeñaron el capitán Miguel Gerónimo Gramajo (1795-1801), quien falleció en el ejercicio, sucediéndole interinamente Basabe y, luego, Pedro Fondevila (1802-1809)(11).

(11) Ver Apéndice I del libro “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”, del doctor Ernesto J. A. Maeder.

A estos hombres, y sobre todo a Pedro Fondevila, les cupo una tarea de verdadera importancia en la organización y transformación del anticuado sistema de milicias correntinas. Ello era coincidente con el proyecto que -en 1793- elevó el virrey Nicolás Antonio de Arredondo Pelegrín, y con la necesidad de reformar el antiguo estado de cosas cuyo desorden era considerable(12).

(12) Juan Beverina. “El Virreinato de las Provincias del Río de la Plata. Su Organización Militar”, Buenos Aires s/a, pp. 310-312. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Gramajo tomó numerosas medidas de reforma:

* se ocupó de dictar Instrucciones para la guardia de Curupayty, punto vulnerable del contrabando de tabaco;
* disciplinó a sus soldados;
* e informó sobre retiros y confirmaciones de algunos oficiales(13).

(13) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 34 (1796-1797). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Realizó, además, una reseña general de las milicias, para lo cual mandó “a todos los vecinos de cualesquier estado, condición o calidad que sean, se presenten en la plaza pública el día 4 del mes próximo de Abril sin excepción de personas y los capitanes de ynfanteria y caballeria que hacen la fatiga en esta plaza, se presentarán con sus compañías, debiendo agregar a ellas los jóvenes de 14 años para arriba, trayendo dos listas del número de individuos de que se compone cada compañía para presentar la una en el acto y llevar la otra cotexada por el gobierno de su compañía”.

Iguales disposiciones se tomaron para los naturales y para los Comandantes de Ensenadas, Palmar, Galarzas y cuerpo de reformados(14).

(14) Orden del 26 de Marzo de 1796, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 34 (1796-1797). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Un Informe de 1800 indica que -bajo el mando de Gramajo- la gente reseñada alcanzaba a 2.942 españoles y 332 indios, según los Libros correspondientes(15).

(15) El Informe aludido, anónimo, pero identificable como de Juan Manuel Salcedo, en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, 1.7.1.14. No posee fecha pero es posterior a Julio de 1799 y anterior al 30 de Agosto de 1801. Si comparamos las cifras de 1760 y 1800 el número de milicianos se había triplicado (el 274 % de españoles y el 830 % de indios) en 40 años. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Pero la situación no mejoró en lo esencial y ello se hizo notar en las deserciones de 1798 -ya aludidas- y en la indisciplina en el servicio, justamente en momentos en que la guerra con Portugal exigía la mayor eficacia.

Ejemplos de ello fueron las disputas que José P. Rolón -repuesto en su cargo de Comandante de la plaza- provocó con Gramajo, y el uso abusivo del fuero militar por parte de los oficiales(16).

(16) El conflicto de Rolón con Gramajo duró hasta el fallecimiento del primero, en Octubre de 1801. Como consecuencia de ello, el virrey suprimió el cargo, a pedido del Comandante de Armas. La cuestión del fuero originaba querellas con los Jueces Comisionados de la campaña quienes se quejaban de que este privilegio sólo servía para que aquéllos se ampararan en él cuando eran encausados por excesos o delitos comunes de la campaña. Carta del Alcalde de Hermandad Juan Antonio Rajoy, al virrey, del 3 de Agosto de 1803, en el Archivo General de la Nación, IX.3.4.3. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Se denunció también la corruptela de eximir del servicio a parientes y amigos, y se dieron cifras de los sobornos cobrados por algunos de los Sargento Mayor en esos tiempos(17).

(17) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36 (1800-1802). La relación sobre los sobornos cobrados por Francisco Acuña, Sargento Mayor de Saladas, fechada el 9 de Noviembre de 1801, daba estas cifras: 10 caballos, 8 pesos, 3 pelotas de miel, etc. Archivo General de la Nación, IX.3.3.3. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

La verdadera reforma del sistema se encaró recién con Pedro Fondevila. Este, graduado como Ayudante Mayor de las milicias del Paraguay, fue considerado -a mediados de 1801- para conducir las milicias correntinas a Montevideo.

En San Roque organizó el contingente y, al conocerse el fallecimiento de Gramajo, el 30 de Agosto de 1801, tomó el mando y logró llegar a Montevideo sin desertores y contento con el temple de la tropa(18).

(18) El virrey había ordenado, el 19 de Julio de 1801, aprontar 500 milicianos. El 11 de Noviembre de 1801, Fondevila escribió al Cabildo que había llegado a aquella plaza el 1 de Noviembre, en las condiciones aludidas. El Cabildo le contestó con una carta elogiosa el 31 de Diciembre. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36 (1800-1802) y Actas Capitulares 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Esta primera experiencia y la necesidad de aplicar la reforma de las milicias del Virreinato -aprobada por real cédula del 14 de Enero de 1801- hicieron que Pedro Fondevila fuera designado Comandante de Armas de Corrientes el 2 de Marzo de 1802(19).

(19) La reglamentación aludida indicaba para Corrientes la formación de un regimiento de voluntarios de caballería, con 600 plazas, organizado en dos escuadrones: el primero, con asiento en la ciudad; y, el segundo, dividido en tres compañías de 100 plazas cada una, con asiento en Saladas, Caá Catí y San Roque; Juan Beverina, “El Virreinato de las Provincias del Río de la Plata. Su Organización Militar”, Buenos Aires s/a, p. 311. El virrey mandó copia de estos documentos el 5 de Mayo de 1802. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Fondevila, que era hombre de temperamento vivo y -sin duda- celoso de su deber, realizó inmediatamente visitas a las guardias y señaló las deficiencias del servicio sin perdonar detalles sobre el sistema miliciano.

“Desde tiempo inmemorial se hace en este país un servicio sin armas, instrucción, método ni arreglo alguno, que lexos de ser útil, lo considero yo muy perjudicial al estado por que en él pasan el tiempo inútilmente sus vecinos ...”, y añade algo más adelante, “en cada capilla de San Roque, Saladas y Caá Catí se mantiene una guardia compuesta de un oficial, sargento, cabo y 8 milicianos, que de larga distancia vienen a ellas con mucho trabajo y peligro, donde tienen que mendigar para su natural entretenimiento en los 15 ó más días que permanecen allí a disposición de los curas y jueces comisionados de la campaña, que en nada tienen en que ocuparlos”(20).

(20) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36 (1800-1802), correspondientes a Julio de 1802; 26 de Enero y 3 de Julio de 1803. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Respecto a las guardias fronterizas no vacila en señalar el anacronismo de algunas:

“En la costa del Paraná y lugar llamado Goya se halla un pequeño rancho sin guardia ni defensa alguna donde subsisten 4 ó 6 hombres bisoños con el título de Guardia, que antiguamente se estableció por lo desierto de sus campos y recelo que entonces había de indios infieles.

“También en el pueblo de Garzas, que apenas tenía 10 chozas o cuevas en que habitan 70 indios abipones reducidos, hay otra guardia ... sin más objeto que el de acompañar al cura y administrador que no tienen nada que defender ni guardar ...”(21).

(21) Pedro Fondevila al virrey Joaquín del Pino, 8 de Noviembre de 1803, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36 (1800-1802). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Como consecuencia de este Informe, Fondevila propuso suprimir las cinco guardias de Saladas, Caá Catí, San Roque, Goya y Las Garzas, y dejar sólo las de El Rubio -cerca de Santa Lucía- y Kurupayty que cubrían pasos utilizados por los indios del Chaco.

Indicaba -asimismo- la necesidad de reemplazar las milicias por los voluntarios de caballería. La formación de este regimiento ya se había iniciado. En Marzo de 1803 anunciaba al virrey que tenía listos los 300 hombres del escuadrón de la ciudad.

El 28 de Julio pasaba al Cabildo la nómina completa y el 20 de Mayo de 1804 reiteraba al virrey que ya tenía formado el regimiento así como otras medidas complementarias(22).

(22) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 36 (1800-1802) y Actas Capitulares 28 (1800-1806); Acta del 28 de Julio de 1803. Lamentablemente no está la lista del regimiento allí indicada. Entre las medidas complementarias avisa haber cesado -ya en 1804- el servicio en las cinco Guardias antes aludidas. Archivo General de la Nación, IX.3.4.3. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Pero la organización del Cuerpo suponía un problema financiero considerable ya que no había fondos previstos para sostenerlo. El Comandante de Armas propuso al Cabildo que arbitrara medios para solventar el costo de vestuario, armamento y cuartel, que ascendía a 30.000 pesos, cifra en verdad muy superior a las posibilidades de Corrientes.

El Cabildo acordó proponer

* las Rentas de la estancia del Rincón de Luna;
* el peaje del Paso del Rey;
* crear un derecho de sisa sobre los efectos de algodón y un tanto sobre los cueros.

Como el virrey no aprobó estas medidas, el Cabildo respondió que no hallaba otros medios para hacer frente a los Gastos que los que había propuesto(23).

(23) La respuesta del Cabildo en Acta del 25 de Octubre de 1802 y, del virrey, el 17 de Noviembre de 1802. Las nuevas argumentaciones del Cabildo en las del 18 de Julio y 19 de Agosto de 1803, con aportes y observaciones económicas de mucho interés. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Finalmente, el virrey -interesado en la creación del Cuerpo- concluyó por autorizar las relaciones de Gastos efectuados a partir de 1804 por cuenta de la Real Hacienda, así como la formación de partidas volantes para la vigilancia de las costas y extracciones fraudulentas de cueros. En estos últimos se permitía que los soldados se beneficiaran con el tercio de lo decomisado(24).

(24) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 39 (1805). Las relaciones de Gastos aprobados corresponden al segundo y tercer tercio de 1804. No obstante, Fondevila reitera sus pedidos de armas y municiones el 6 de Marzo de 1805, en el Archivo General de la Nación, IX.3.4.4. El 29 de Junio de 1806 Fondevila volvió a requerir al Cabildo si podría atender el mantenimiento de la Guardia instalada en El Galpón, a lo que el Cabildo se excusó por carecer de propios ni de arbitrios. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

La oportunidad de mostrar los resultados de esta reforma se puso de manifiesto en 1805 al enviarse una compañía a Misiones y, luego, con las invasiones inglesas(25).

(25) Salen a Misiones por Orden del 18 de Noviembre de 1805, a costa de la Real Hacienda. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 39 (1805). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

En la primera -dada la sorpresa- no tuvieron ocasión de intervenir pero la situación planteada en la Banda Oriental -ocupada por los británicos- hizo necesario su desplazamiento(26).

(26) Con motivo del alistamiento para concurrir a Montevideo, el Síndico del Cabildo cuestionó el reclutamiento de labradores y aconsejó echar mano de los ociosos. Fondevila justificó su proceder y respondió que “el regimiento no se integra con vagos y ociosos sino con personas celosas y honradas, y no fiar las armas a gente baja y propensa a sediciones y conciliábulos”. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806); Actas del 24 y 25 de Noviembre de 1806. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

En Diciembre de 1806 iniciaron la marcha bajo el mando de Fondevila. Hubo dificultades con la falta de disciplina de aquellas tropas bisoñas y la columna llegó tarde, después de la caída de Montevideo, por lo que Fondevila debió esperar nuevas órdenes a las orillas del río Negro(27).

(27) El regimiento sufrió la deserción de 50 hombres “así como el desabrimiento y abandono de algunos oficiales” por falta de instrucción y disciplina. Cartas del 15 y 25 de Febrero de 1807, en el Archivo General de la Nación, IX.27.1.6. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”.

Desde allí aconsejó licenciar las tropas por ser caras y escasamente útiles y así lo aprobó el virrey.

Esta poco afortunada intervención del regimiento de voluntarios probó que aquel Cuerpo si bien había mejorado el sistema defensivo de la jurisdicción todavía no había adquirido el nivel de preparación necesario para aventurarse en operaciones de cierta magnitud(28).

(28) La actuación de los correntinos en las invasiones inglesas fue cubierta gallardamente por la compañía de Cazadores que integró el batallón de Vazcongados, en 1807. Federico Palma, “Correntinos ante las Invasiones Inglesas”, en la “Revista de la Junta de Historia de Corrientes”, Nro. 1, pp. 47-66, Corrientes (1966).

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