El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Las atribuciones del Cabildo

El Cabildo de Corrientes cumplió un importante papel en la vida de la ciudad y en el desarrollo de su jurisdicción. Si bien no tuvo la preeminencia política, pudo -a través de peticiones, consultas y gestiones perseverantes- asegurar para la ciudad derechos y mejoras que contribuyeron a su adelanto.

Al Cabildo correntino le cupo un papel protagónico en la expansión territorial, la defensa fronteriza, la ocupación de las tierras realengas, el desarrollo ganadero y las limitaciones financieras que pesaron sobre él.

Un vistazo a su gestión -en el último tercio del siglo XVIII y la primera década del XIX- permitirá adentrarse en la composición y vida del Concejo y en las actividades que cumplió ante el desarrollo de la ciudad.

La organización del Cabildo ponía de manifiesto las limitaciones políticas de este Cuerpo y los intereses predominantes de los grupos que lo integraban. Tal como ocurrió en las restantes ciudades de las provincias hoy argentinas, el Cabildo correntino estuvo integrado por dos Alcaldes -elegibles anualmente-; por un número irregular de Regidores, en cargos vendibles; y varios funcionarios de “preeminencia”, en cargos igualmente venales.

El Cabildo, a su vez, elegía diversos funcionarios anuales que desempeñaron funciones en el ámbito urbano y rural. Las sesiones eran presididas por los Tenientes de Gobernador y, cuando este cargo fue suprimido, la presidencia correspondió a los Alcaldes de primer voto(1).

(1) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 26 (1783-1789), Auto del intendente Francisco de Paula Sanz del 17 de Febrero de 1786. El más moderno estudio sobre los Cabildos argentinos puede leerse en Ricardo Zorraquín Becú, “La organización política argentina durante el período hispánico”, Cap. V, Buenos Aires, Emecé (1959), con nutrida bibliografía. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

Como un signo de los tiempos, ya desde 1777 los cabildantes habían abandonado las antiguas capas que usaban para las ocasiones de reunión(2).

(2) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 25 (1776-1782). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

Los Alcaldes tenían a su cargo la Administración de la Justicia en primera instancia, tanto en los asuntos civiles como criminales. Ambos eran cargos electivos y fueron nombrados siempre con regularidad.

El 25 de Noviembre de 1786, el Intendente dispuso que -a partir de 1787- según capítulo 8 de la Real Ordenanza de Intendentes, “el Alcalde de segundo voto debe pasar al Juzgado del primero y, para el segundo, se debe elegir sugeto que sea de circunstancias”(3).

(3) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 26 (1783-1789). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

Una consulta efectuada después de la supresión de los Tenientes, hizo saber que los Alcaldes de Corrientes tenían también “la Administración de Justicia y Policía en su respectivo distrito, con arreglo al artículo 8 de la Ordenanza y, por consiguiente, la tienen en cualquier pueblo subalterno ... sea de españoles o de indios, y que a los propios Alcaldes corresponde la cobranza de tributos(4).

(4) Oficio del Intendente de Buenos Aires Francisco de Paula Sanz al Cabildo de Corrientes del 16 de Mayo de 1787, en Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 26 (1783-1789). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

En lo que hace a Regidores, la ciudad poseía derecho -desde su fundación- a proveer hasta ocho cargos. Esta cifra, que sólo fue colmada en los inicios, había disminuido a siete en 1713, aunque en la práctica muy pocos regimientos estaban cubiertos(5).

(5) Academia Nacional de la Historia, Actas Capitulares de Corrientes, t. I, pp. 36, 44 y 89, Buenos Aires (1941-1946). La supresión del octavo Regidor se produjo “por disposición del Superior Govierno” y se usó el cargo de Fiel Ejecutor por turno -entre los regidores restantes- según Acuerdo del 23 de Febrero de 1720. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 16 (1719-1722) y Documentos de Gobierno 18 (1771). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

El establecimiento de la venta de oficios hizo que dichos cargos dejaran de ser elegibles ya desde 1662. El Cabildo peticionó la restauración de los regimientos elegibles recién en 1799(6).

(6) Ricardo Zorraquín Becú, “La organización política argentina durante el período hispánico”, p. 328. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799), Sesiones del 5 de Marzo y 22 de Julio de 1799. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

Desde 1750 hasta 1810 sólo hubo en Corrientes seis cargos de Regidores, de los cuales cuatro fueron efectivamente desempeñados aunque no siempre en forma simultánea. El resto de los cargos permaneció vacante, por falta de oferentes en los remates que se hicieron en 1773, 1778, 1779, 1798 y 1799(7).

(7) La nómina de Regidores, así como la fecha y el monto en que obtuvieron el cargo, es la siguiente: Bernardo Caballero, 1742, en $ 300; Bartolomé Fernández, 1745, en $ 300; Juan Solís, 1746-¿1790?, en $ 300; Sebastián de Casajús, comprado a José Borda, 1756-1777, en $ 300; Bernardo de Casajús, fallecido en acto de servicio, en Yapeyú; una Real Cédula concedió su regimiento a su hijo Francisco Xavier, 1754-1799; Juan de Bergara, 1776, en $ 300; José Antonio de Bergara, 1775-1778, renunció en Su Magestad, $ 310; Félix de Llano, 1804-1812, en $ 648; M. M. B.18.2.31 y Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 19 (1774-1776), Actas Capitulares 27 (1790-1799), Oficio del 20 de Agosto de 1798. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

En cuanto a los cargos de preeminencia sólo fueron cubiertos los de Alférez Real, Alguacil Mayor y Alcalde Provincial. En ellos se desempeñaron -por largo tiempo- Serapio Benítez de Arriola (1787-1807), Juan Esteban Martínez (1776-1813) y José Luis Acosta (1776-179?). Cabe mencionar, además, al escribano, cargo que desempeñó Santiago González entre 1776 y 1805(8).

(8) Sus predecesores, así como los montos de adquisición de los cargos, fueron estos: Alférez Real, Gregorio Ocampo y Azcona, en 1721, por $ 650; Miguel Rodríguez, 1754, en $ 601; Serapio Benítez, 1787, en $ 400. Alguacil Mayor Eusebio de Chávez, 1739, en $ 325; José Amaro Sardiña, 1746, en $ 400; Juan Esteban Martínez, 1776, en $ 401. El cargo de Alcalde Provincial tuvo mayor cotización, y lo obtuvieron Francisco Moreno González, 1747, en $ 2.000; José Aroma, 1754, en $ 800; y José Luis Acosta, 1776, en $ 2.140. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 19 (1774-1776) y Actas Capitulares 27 (1790-1799). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

El Cabildo, a su vez, nombraba todos los años a quienes debían desempeñar los cargos de Procurador o, como se llamó después, Síndico Procurador; Alcaldes de Hermandad- generalmente dos- salvo en 1804 y 1808; Mayordomo; y Jueces comisionados en los Partidos de la campaña. Además, desde 1806 tuvo también un Defensor de Menores(9).

(9) Las listas completas de estos funcionarios, en Apéndice I de la obra “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810” de Ernesto J. A. Maeder.

De acuerdo con estos datos, el Cabildo estaba integrado -en la práctica- por un núcleo permanente, desempeñado por los titulares de regimientos y preeminencias compradas, y un núcleo electivo, constituido por los Alcaldes y los funcionarios que nombraba el Cuerpo.

Computando sólo Alcaldes, Alcaldes de hermandad y Procuradores, amén de los cargos venales, se desempeñaron en ellos más de 150 personas, entre 1770 y 1810. Es evidente que representaban intereses no siempre coincidentes, y que su rango social y su nivel económico tendieron a diferenciarse en esta etapa.

En cuanto a su origen, los cabildantes fueron siempre españoles peninsulares o españoles criollos. Todos los regimientos y cargos de preeminencia estuvieron en manos de criollos, salvo en tres casos(10).

(10) Eran españoles sólo los dos, Bergara y Félix de Llano. En la determinación del origen debemos agradecer -muy especialmente- las eruditas indicaciones de Federico Palma. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

En los cargos electivos, en cambio, el reparto era más disputado: en esos 40 años hubo 38 Alcaldes criollos y 36 peninsulares, mientras que 6 son dudosos. Los empleos de Procurador y de Alcaldes de Hermandad fueron de neto predominio criollo: 36 a 8, con 3 dudosos; y 65 a 5, con 7 dudosos, respectivamente.

En lo que hace a los intereses o grupos, el Cabildo sólo dio cabida a la élite local, representada en esos años por los viejos hacendados y la incipiente burguesía formada por los comerciantes en ascenso.

Entre los primeros figuraban los regidores y los cargos de preeminencia, con escasa o nula participación en el tráfico mercantil, todos ellos criollos, vecinos de antiguo arraigo y empaque señoril(11).

(11) Véase, por ejemplo, el capítulo que Raúl de Labougle dedicó a los Casajús en “La Historia de los Comuneros”, Buenos Aires, Ed. Coni (1953); o el referido a “El Alguacil Mayor don Juan Esteban Martínez, Precursor de la Independencia”, Buenos Aires (1951). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

El otro grupo estaba constituido por comerciantes, patrones de barcos, en su mayoría de reciente vecindad en la ciudad. De entre ellos, Felipe Díaz Colodrero, Manuel de Vedoya, Isidoro Martínez y Cires, Manuel Gómez Cossio, Bartolomé Varela y Montoto fueron Alcaldes, mientras que Vicente de Goitia y José Ignacio Beláustegui fueron Procuradores de ciudad.

Las elecciones pusieron, a veces, de manifiesto las rivalidades de ambos grupos en la disputa por los cargos de prestigio. Los regidores Bergara hallaron resistencia en el Cabildo y concluyeron por renunciar.

Otros no pudieron ser electos, por habérseles señalado tachas diversas. Algunos ejemplos de esa situación pueden hallarse en las Actas de 1785, en que se rechazó a un forastero; o, en 1791, en que se hizo difícil la elección de Díaz Colodrero y Gómez Cossio.

Pero es en 1794 cuando el grupo patricio pidió que la elección de Alcaldes recayera en “sugetos tenidos por ydalgos y christianos viejos”, señalando a varios españoles peninsulares, cuyos antecedentes no eran conocidos ni seguros; entre ellos, enumera a Manuel de Vedoya, Juez de rentas decimales; Isidoro Martínez y Cires; Diego Benítez y Robles; José A. Peñalver, acusado de haber servido de lacayo y tener negocio de trucos y lotería; Manuel Gómez Cossio y Manuel Varela y Montoto, señalado por “ser mercader, que mide por sí, sin tener factor ni criado”.

El grueso de los impugnados eran figuras importantes del comercio, que pugnaban por incorporarse al Cabildo(12).

(12) Raúl de Labougle, que ha estudiado con detalle este tema en “La Historia de los Comuneros”, pp. 265-277 - Buenos Aires, Ed. Coni (1953), presenta el problema como un ejemplo de hostilidad hacia los españoles europeos. Si bien esto es cierto, pareciera que la diferencia social y económica de unos y otros pesara aún más que aquélla. Otros casos, como el del regidor Juan de Bergara, que fue señalado como “hombre basto y sin cultura, pero honrado”, en sesión del 28 de Abril de 1777; y el de Nicolás Parreti, que no llegó a ser cabildante por su origen genovés, en Diciembre de 1780, ilustran sobre este problema. Ambos casos, en Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 25 (1770-1782). // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

A estos problemas entre ambos grupos se añadían las situaciones de parentesco y el discrecionalismo en que caía frecuentemente la oligarquía local. José Cabrer, en 1801, lo señaló así en su descripción de Corrientes:

“El Gobierno y la Policía casi no se conocen; hace cada uno lo que mejor le acomoda, particularmente los magnates; porque la vara de la justicia jamás sale de la mano de cierto número de los mismos; ejercen ésta a su propia comodidad en interés, con el cargo de que, como suele decirse, hoy por tí y mañana por mí; y como no llenan el cargo de sus deberes, cualesquiera campestre o cortesano les falta el respeto(13).

(13) En Melitón González, “El límite oriental del Territorio de Misiones”, Montevideo-Buenos Aires, 1882-1886, t. III, pp. 359-360. // Citado por Ernesto J. A. Maeder en “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810”.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, mientras la extensión y la población del distrito se triplicaba, el Cabildo correntino continuó desempeñando un papel muy importante en la vida política de la ciudad y la campaña.

La subordinación jerárquica y el control impuesto a las elecciones concejiles por la Ordenanza de Intendentes no impidió ese desenvolvimiento del Cabildo el que, incluso, participó frecuentemente en asuntos de interés general.

Es posible que las limitadas funciones conferidas a los Subdelegados de Hacienda y Guerra, la dispersión en que había caído el Gobierno del distrito y el aumento de la competencia judicial conferida a los Alcaldes, hayan contribuido a ello de modo particular.

Lo cierto fue que el Cabildo continuó atendiendo, por una parte, los asuntos propios del orden urbano, tales como el abasto, la distribución de predios para edificar, la policía, aseo y cuidado de la ciudad.

A ello hay que agregar el papel representativo que le cupo siempre en la celebración de las fiestas religiosas y en las celebraciones que servían para unir al pueblo con los valores y símbolos de la monarquía y de la fe católica.

Pero, simultáneamente, y con no menor celo, el Cabildo se ocupó de controlar y promover la producción de la ganadería, la ocupación del suelo, la expansión de las fronteras y la defensa jurídica de sus títulos de dominio en los confines del distrito.

Dentro de ese papel, y estimulado por el crecimiento territorial que se había operado desde 1760 en adelante, el Cabildo desplegó una vasta labor.

Lejos de mostrarse negligente o rutinario, su actividad lo señala como un Cuerpo activo, con visión política y un firme empeño en el engrandecimiento de su territorio. La extensión de la justicia de paz, a través de los Alcaldes de Hermandad y, luego, de los Jueces comisionados, constituye una prueba elocuente de su capacidad para dar un principio de organización a la campaña.

Véase:

Intendentes de Buenos Aires (1777-1788; 1804-1809)

Virreyes del Río de la Plata (1776-1810)

Integrantes del Cabildo

Información adicional