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La ocupación del Paiubre y la cuestión de límites con el Departamento Yapeyú

Si la expansión hacia el Ñeembucú había tropezado con la franca oposición paraguaya, la ocupación de los campos del Paiubre compensaría con creces aquel fracaso. La vasta planicie abierta, despoblada y sin oposición aparente que disputara la jurisdicción, permitió abordar con rapidez el problema.

Desde 1770 hasta 1777 aparecen en las Actas capitulares los primeros registros de tierras concedidas en depósito en la otra banda del río Corriente, así como desde 1778 prosiguen en expedientes varias ventas de tierras en ese lugar, tramitados en Buenos Aires.

En ellos pueden rastrearse los nombres y los lugares ocupados por este movimiento pionero, que avanza gradualmente la frontera buscando las tierras favorables y las rinconadas de los ríos donde ubicar sus estancias.
La penetración indica, así, los Pasos de Santillán, Caá Guazú y Capita Miní, en 1770-1771; y se dispersa, siguiendo el curso del arroyo María, en 1773; el Paiubre, en 1775; el Cuenca, en 1778; el Vaca Cuá, en 1780; Yaguarí, en 1781; hasta alcanzar, entre 1787-1789, las puntas del Curuzú Cuatiá y, en 1787, las del Mocoretá(1).

(1) Las Actas reflejan -sólo hasta 1777- estos depósitos, que desaparecen abruptamente al año siguiente. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 24 (1770-1775) y 25 (1776-1782). Para los años siguientes hay información excelente, recogida por Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Curuzú Cuatiá (antecedentes de su fundación y de su dominio jurisdiccional)” (1929), Corrientes; y, sobre todo, en Raúl de Labougle, “Orígenes y fundación de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá” (1961), Buenos Aires, ambos con nutrida documentación. Los sitios indicados siguen, aproximadamente, el trazado actual de las vías del ferrocaril. Sobre el significado de los topóninos Paiubre y Curuzú Cuatiá, véase Manuel F. Mantilla, “Crónica histórica de la provincia de Corrientes”, tomo I, pp. 150-151, Notas 11 y 17. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La penetración en el Paiubre no debe ser tomada, sin embargo, como fruto de un entusiasmo improvisado, sino de un avance hacia zonas tenidas por legítima jurisdicción, que convenía poblar y asegurar en este momento de expansión ganadera.

Es sabido que los límites tradicionales de los pueblos de Misiones estaban fijados en el Miriñay y que, desde allí al río Corriente, se extendía este territorio desierto, que Corrientes tenía como propio. Por ello, cuando en 1772 el Cabildo tuvo noticia de la instalación de poblaciones guaraníes en la banda oeste del Miriñay, no vaciló en afirmar sus derechos, haciendo notar que

“por la parte del sur vienen dichos Tapes, a saver, los naturales del pueblo de Yapeyu poblando estancias por las cercanías del rio Corriente y costa del Miriñay, cuio territorio corresponde a esta ciudad, estrechando a esta al extremo no solo de no poder exercer su jurisdicción, sino también a estrecharla por huir de tener por vecinos a dichos tapes, cuyos insultos continuos han hecho concebir a estos naturales una irreconciliable adversión a dichos indios”(2).

(2) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 24 (1770-1775), Acta del 3 de Diciembre de 1772. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Como consecuencia, se dispuso despachar a un oficial que inspeccionara las costas, con orden de exhortarlos a desalojar ese territorio. La comisión se cumplió, y el 22 de Enero de 1773 se informó al Cabildo que se habían hallado cuatro poblaciones al oeste del Miriñay, pertenecientes a La Cruz y Yapeyú y “que siendo reconvenidos, respondieron que según (roto) que tenían de aquel terreno, se habían poblado en lo que era suio”(3).

(3) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 24 (1770-1775), Actas del 21 de Enero y 8 de Febrero de 1773. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El problema, de momento, no pasó de allí, aunque indicó el tope ante el cual, indefectiblemente, tropezaría el avance correntino en la frontera opuesta de esta tierra despoblada.

La situación de los pueblos guaraníes, en particular La Cruz y Yapeyú, había experimentado, desde la mitad del siglo XVIII, una apreciable expansión, que sólo conocemos de modo incompleto. Yapeyú, por ejemplo, había poblado con estancias y capillas -ubicadas con cierta regularidad- el camino del Sur que, bordeando el Uruguay, llegaba hasta San Antonio del Salto Chico (Concordia actual) y, probablemente, hasta Jesús del Yeruá(4).

(4) El hecho está documentado, por lo menos, hasta las márgenes del Mocoretá, en un detallado mapa jesuítico -sin fecha- que Guillermo Furlong publicó en su “Cartografía Jesuítica del Río de la Plata” (1936), Nro. XLIII, Buenos Aires; los “Diarios” de viaje de Andrés de Oyarvide y de Juan Francisco Aguirre, realizados en 1789 y 1796 respectivamente, aportan más datos sobre esta zona. Además, hay interesante información sobre este poblamiento en: “El Nordeste de Entre Ríos (apuntes históricos)” (1933), de César Blas Pérez Colman, editado en Paraná; y también en Juan José A. Segura, “Historia Eclesiástica de Entre Ríos” (1964), Nogoyá. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La zona de influencia de La Cruz, ubicada entre Yapeyú y Santo Tomé, es más difícil de precisar en sus confines occidentales. Según un mapa de 1784, las estancias de La Cruz se extendían más allá del Miriñay. Una de ellas, S. Trinidad, aparece fundada en 1753, cerca de la actual Tupantuvá y, algo más al Sur, se halla indicada otra estancia -del Rosario- perteneciente a Yapeyú. Los límites de La Cruz, según el mismo mapa, se extienden generosamente hasta el río Corriente(5).

(5) El mapa aludido, con rica toponimia en guaraní, fue publicado por Julio César González, en su “Contribución al conocimiento de la Cartografía colonial” (1940), en el “Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas”, Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, tomo 24, pp. 59-60, Buenos Aires; las estancias de Santo Tomé, en 1784, figuran también en un mapa publicado por Guillermo Furlong, en su “Cartografía Jesuítica del Río de la Plata” (1936), Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Las estancias de Santo Tomé, del otro lado del Iberá, no presentaban problema, por su difícil acceso desde Corrientes.

El poblamiento entrerriano, fomentado desde la década de 1770, y la valorización de los campos situados a ambas márgenes del río Uruguay, hicieron que el gobernador de Misiones, apremiado por los crecientes litigios de límites de los pueblos de su jurisdicción, recopilara en esos años Memorias e Informes sobre la cuestión.

Corrientes y Misiones dirimirían así -cada una con sus títulos- la posesión de Curuzú Cuatiá y las tierras del Mocoretá.

La aproximación mutua puso de manifiesto el litigio y sus dimensiones. Al principio, fue sólo un problema de vigilancia y control, que Corrientes manejó con atención, planteando en Marzo de 1789 el retiro de los yapeyuanos y la colocación de una Guardia en la costa del Mocoretá.

Se ordenó, además, reunir testimonios de su derecho e incluso se convocó a un cabildo abierto -el 8 de Febrero de 1790- que acordó realizar una contribución voluntaria para financiar los Gastos del pleito que se avecinaba(6).

(6) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799), Actas del 2 de Marzo de 1789; 9 de Noviembre de 1789; y 8 de Febrero de 1790. Además, en Documentos de Gobierno 29 (1789). La contribución fracasó, según testimonio del Alguacil Mayor del 24 de Diciembre de 1790. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El problema, como era natural, no tardó en presentarse en uno de los terrenos habituales: la jurisdicción de los diezmos. Los vecinos de aquellos lugares resistieron, o discutieron el cobro a los diezmeros correntinos, y las acciones pertinentes fueron resueltas, finalmente, por la Junta Superior de Diezmos, que en Dictamen del 15 de Noviembre de 1794 señaló la jurisdicción de Corrientes hasta el Miriñay(7).

(7) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799), Actas del 2 de Junio de 1794 y comunicación de la Junta, en Sesión del 9 de Diciembre de 1794. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

A pesar de este triunfo inicial de la tesis correntina, la cuestión estaba muy lejos de hallarse decidida. La denuncia de sitios era resistida por el Cabildo y el Administrador de Yapeyú y en 1792 hubo motivo para que este Cuerpo expusiera sus títulos y razones para resistir el asentamiento de vecinos de Corrientes en los pagos de Curuzú Cuatiá, donde había

“una cruz grande con letras, que el tiempo y las quemazones han borrado, aunque el año de 1781 aún había vestigios; desde aquí pues (decía el escrito) acordaron los de Corrientes con los de Yapeyú hacer un cordón con 9 algarrobos, que aun existen dichos arboles, sirviendo de línea divisoria a ambas pertenencias, pues si hay estas pruebas incontrastables y la anticuarisima posesión pacifica que ha tenido Yapeyú a dichos terrenos, sin ninguna molestia, ¿Con qué fundamentos sino imaginarios, quieren los correntinos inquietarnos queriendonos despojar de lo que tan legítimamente es nuestro?”(8)

(8) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799), Oficio fechado en Yapeyú el 11 de Febrero de 1792. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El Cabildo de Corrientes, en Escrito del 12 de Marzo de 1792, reclamó ante el virrey, acusándolos de poseedores de mala fe. Desde aquí en adelante menudearon los reproches, las denuncias de abusos recíprocos, robos o contribuciones forzosas en una frontera indefinida y en constante litigio(9).

(9) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799), Actas del 16 de Mayo y 13 de Noviembre de 1793 y 9 de Noviembre de 1795, entre otras. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Estos hechos, llevados al despacho virreinal e informados por las partes, dejan la sensación de acusaciones interesadas y poco objetivas. En varias ocasiones, los virreyes se vieron precisados a sosegar los ánimos y a ordenar la suspensión de mensuras o procedimientos, hasta la dilucidación de los límites(10).

(10) Por ejemplo, el 18 de Diciembre de 1795, el virrey del Río de la Plata, Pedro Melo de Portugal y Villena providenció a Corrientes “no hacer novedad”, y el 19 de Febrero de 1796 -mejor informado, desde Yapeyú- escribió al Comandante de Armas de Corrientes, “que no resultan efectivos los perjuicios que se atribuye haber inferido aquellos naturales a los vecinos de esa jurisdicción, y aparece infundado el derecho que expresa V. M. tener sobre varios terrenos de la de Yapeyú”. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799) y Documentos de Gobierno 35 (1796-1797). Algo similar ocurrió con los arrendatarios en tierras de Misiones, cuyo alegato puede leerse en Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares (1790-1799), Acta del 8 de Abril de 1799. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En Corrientes, el asunto dio pie para que el Cabildo nombrara un apoderado para seguir el pleito en Buenos Aires. El 14 de Febrero de 1797 se nombró a Cristóbal de Aguirre y se redactó un alegato, resumiendo las razones de Corrientes.

Estas se fundamentaron en los límites fijados a los diezmos, el estanco del tabaco y la tradicional frontera del Miriñay, con el agregado de un comentario oportuno que aludía al exceso de tierras disponibles en Yapeyú y a la falta de aplicación de aquéllas a la ganadería(11).

(11) El Escrito está fechado el 28 de Marzo de 1797. Otras actuaciones se hallan en las Actas del 14 de Febrero; 22 de Marzo; y 29 de Marzo de 1797. Esta vez recaudó con éxito una contribución pura solventar los Gastos del Procurador; el listado de los interesados en Acta del 8 de Abril de 1797. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 27 (1790-1799). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Interin, el pleito seguía su ritmo; se había edificado una Capilla en Curuzú Cuatiá, y solicitado la autorización virreinal para erigir allí un pueblo. Obtenida la autorización, se repartieron tierras a 64 pobladores y se propuso como nombre del pueblo el de Avilés y Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá(12).

(12) Los detalles del proceso legal y de los pasos seguidos en la fundación del pueblo, en Raúl de Labougle. “Orígenes y Fundación de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá” (1961), Pról. de Justo P. Villar, pp. 43-59, Buenos Aires; y Hernán Félix Gómez. “La Ciudad de Curuzú Cuatiá (antecedentes de su fundación y de su dominio jurisdiccional)” (1929), pp. 27-30 y Apéndice, Corrientes. El virrey Gabriel de Avilés y del Fierro -marqués de Avilés- rechazó la primera parte de la denominación, en una carta ejemplar dirigida al Comisionado del Partido, José Zambrana, fechada el 17 de Julio de 1799. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El reclamo de Yapeyú, sin embargo, obligó a meditar estos pasos y, finalmente, el Fiscal, y luego el virrey, resolvieron interinamente la cuestión de los límites disponiendo que Curuzú Cuatiá quedara en jurisdicción de Yapeyú.

La salomónica disposición del 18 de Julio de 1800 fijaba una línea imaginaria que dividía en dos la región, desde las nacientes del Gualeguay hasta las Puntas del Paiubre y, desde allí, hasta el Iberá(13).

(13) La resolución virreinal fue reiterada el 18 de Julio de 1800, ordenando el Cabildo que “sin demora alguna, pase los convenientes a los comisionados que fueron de los Partidos, cuya jurisdicción ... se declaró, interinamente, a favor del Pueblo de Yapeyú, para que cesen inmediatamente en el uso de sus comisiones ...”. Archivo General de la Provincia de Corrientes, Actas Capitulares 28 (1800-1806). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Esta resolución a favor de Yapeyú, si bien estaba inspirada en una consideración generosa hacia los derechos de los indios, no consultaba satisfactoriamente la situación real de los pueblos guaraníes ni los cambios que en esta región se venían produciendo.

Los pueblos de Misiones se hallaban en decadencia. El sistema que les había permitido una vida organizada y un autoabastecimiento seguro, se había roto en 1768, y los Administradores postjesuíticos no habían sabido reemplazarlo, sino que habían agravado, sin remedio, las fallas de aquél.

“La situación en que están los pueblos de La Cruz y Yapeyú ofrece todavía mayor compasión en proporción por haber sido los mas opulentos ... Las tierras de La Cruz van por el poniente hasta el rio Corriente (decía en 1796 Juan Francisco Aguirre), si bien en el día se hallan en litigio con los correntinos ... Sus ganados tampoco corresponden a sus tierras. Solamente la caballada se halla pujante y singular en estos pueblos, cuya decadencia en esta parte es increíble ...”(14).

(14) Juan Francisco Aguirre, “Diario”, en la “Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires” (1949), Nros. 49-50, tomo XX, p. 348, Buenos Aires. Su debilidad se puso de manifiesto en la guerra de 1801, en que los portugueses tomaron -sin dificultad ni oposición indígena- los siete pueblos orientales. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Ello suponía una economía deficitaria, una despoblación creciente y -desde el punto de vista territorial- el mantenimiento e incluso el ensanche de tierras baldías y mal aprovechadas. Su debilidad se puso de manifiesto, por otra parte, en la guerra de 1801, en la que los portugueses tomaron, sin dificultad, los siete pueblos orientales.

En este territorio, que se adjudicaba ahora a la decadente Yapeyú, se habían instalado, desde tiempo atrás, numerosos pobladores correntinos, ya como arrendatarios, ya como ocupantes de tierras favorables al pastoreo. Esta forma de poblamiento irregular, fue repetidas veces denunciada como violatoria del derecho de los indios.

El virrey Gabriel de Avilés y de Fierro encaró este problema, resolviendo de modo favorable las radicaciones de españoles asentados en Misiones y casados con indias, pero en cambio no admitió la presencia de intrusos(15).

(15) José María Mariluz Urquijo, “El Virreinato del Río de la Plata en la época del virrey Avilés. (1799-1801)” (1964), pp. 195-221, Buenos Aires. Dichas medidas se encuadraban dentro del plan de reformas que Avilés concibió para las Misiones. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Sin embargo, las medidas no llegaron a modificar lo esencial de la situación, cuya crudeza y abusos de derecho fueron bien señalados por Lastarria, en 1804(16).

(16) Miguel Lastarria, “Colonias orientales del río Paraguay de la Plata”, en tomo III de los “Documentos para la Historia Argentina” (1914), de la Facultad de Filosofía y Letras, con introducción de Enrique del Valle Iberlucea, especialmente pp. 59-64; 79-80 y 81, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Las crecidas cifras de pobladores invocadas en 1799 para Curuzú Cuatiá, así como las listas de ocupantes de las tierras de Misiones que se redactaron en 1800 -desde Yapeyú hasta Santo Tomé- dicen a las claras que la pujanza correntina se hacía sentir aún en la misma jurisdicción de las misiones y que gradualmente iba a volcar la balanza a su favor. Ello sólo demandaba tiempo y el tiempo, en este caso, corría a favor de Corrientes(17).

(17) Raúl de Labougle, “Orígenes y Fundación de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá” (1961), Pról. de Justo P. Villar, Apéndice, pp. 69-71, Buenos Aires; y Miguel Lastarria, “Colonias orientales del río Paraguay de la Plata”, pp. 348-362, en tomo III de los “Documentos para la Historia Argentina” (1914), de la Facultad de Filosofía y Letras, con introducción de Enrique del Valle Iberlucea, especialmente pp. 59-64; 79-80 y 81, Buenos Aires. En este último constan la nómina de pobladores que pagaban arrendamiento, sitio donde habitaban y monto que abonaban. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Los pobladores de Curuzú Cuatiá -y el mismo Cabildo- no abandonaron las esperanzas de integrarse a la jurisdicción de la ciudad. En ese sentido, realizaron diligencias en 1804, que fueron renovadas en 1808 y 1809, sin resultado positivo(18).

(18) Raúl de Labougle, “Orígenes y Fundación de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá” (1961), pp. 56-59, Buenos Aires. La población avecindada en derredor de Curuzú Cuatiá consta en esa misma obra. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Replanteada la petición, en 1810, ante la Junta Provisional Gubernativa, se recibió de ella una respuesta alentadora, fechada el 18 de Agosto de 1810, prometiendo estudiar el problema a fondo(19).

(19) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Correspondencia Oficial 1 (1810). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Pero fue la decisión del vocal Manuel Belgrano la que, una vez comprobado en el terreno la magnitud del problema, permitió cortar aquel nudo gordiano.

El 16 de Noviembre de 1810 creó el pueblo de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá y, lo que era aún más importante para Corrientes, le señaló una extensa jurisdicción que alcanzaba, por el Este, las costas del Miriñay(20).

(20) Manuel Belgrano, que iba al frente de la expedición que se dirigía hacia el Paraguay, se detuvo unos días en Curuzú Cuatiá. En los fundamentos de su resolución hizo referencia a los problemas que pesaron en su decisión, indicando que la Junta Superior Gubernativa “ha venido en quitar todos los obstáculos que se oponían a la formación, adelantamiento y progreso de este pueblo y, en particular, decidir la cuestión de que estos terrenos, por corresponder a los indios del Yapeyú, no debían poblarse, respecto a que hoy somos todos unos ... y que por otra parte, los insinuados indios, ni están en estado, ni pueden poblarlos, siendo a la verdad un punto que merece toda la atención para el comercio, por ser el centro de los terrenos que median desde Corrientes hasta el Uruguay...”. Hernán Félix Gómez, “La Ciudad de Curuzú Cuatiá (antecedentes de su fundación y de su dominio jurisdiccional)” (1929), pp. 73-77, Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

La cuestión, largamente disputada, quedó resuelta y firme y el límite oriental de Corrientes -fijado por esta resolución- determinado por el Miriñay.

El Cabildo tomó conocimiento del fallo el 1 de Diciembre de 1810, con imaginable satisfacción.

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