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Tenencia de Gobernación de Nicolás Patrón y Centellas

El Teniente de Gobernador Felipe de Zevallos pudo asegurar por un tiempo la paz a la Ciudad de Corrientes y su jurisdicción, entregando el Gobierno con esa tranquilidad al hidalgo andaluz, Sargento Mayor Nicolás Patrón y Centellas, a principios de 1746. Su marcada simpatía por la Compañía de Jesús le atraerá la antipatía del bando antijesuítico, formado alrededor de la familia Casajús.

Según el historiador Isidoro Martínez y Cires, entre 1750 y 1756 Patrón y Centellas hizo treinta y dos campañas y continuas correrías persiguiendo a los indios por lo cual, el 2 de Enero de 1753, le sería conferido el grado de Maestre de Campo General por el gobernador del Río de la Plata, José de Andonaegui(1).

(1) Isidoro Martínez y Cires. “Relación Histórica de la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes y Partidos de su jurisdicción de la comprehensión del Virreynato de Buenos Aires”, en el “Telégrafo Mercantil...”, números correspondientes a los días 14, 21 y 28 de Marzo; 4, 11, 18 y 25 de Abril; 1 y 22 de Agosto de 1802. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Llegado a Corrientes en 1742, contrajo matrimonio en Abril de 1745 con María Antonia de Dícido y Zamudio, mujer perteneciente a la mejor nobleza local, que tendría destacada actuación -pocos años despúes- en el bando projesuita cuando los disturbios de 1753, 1764 y 1768.

Patrón y Centellas se había incorporado a la Compañía del Número de la ciudad como Alférez y, por méritos de guerra, ascendió hasta el grado de Sargento Mayor que ostentaba al ser designado para el Gobierno de la ciudad.

“Gozaba de predicamento por sus virtudes y generosidad. Eran notorias sus altiveces y su honestidad(2)”, dirá de él Raúl de Labougle. Era un decidido partidario de la Compañía de Jesús.

(2) Archivo General de la Nación, División Colonia, Sección Gobierno, Legajo I de Corrientes (1732-1761); y II (1762-1785), Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Durante los trece años que duró su Gobierno trató siempre de vivir en paz con los naturales e hizo que se poblara la costa del Paraná, al Sur del río Santa Lucía, estableciendo Fuertes desde el Río de las Palmas (Riachuelo) hasta San Lorenzo del Empedrado(3), y proyectó levantar un pueblo -frente a la ciudad- en la banda occidental del Paraná.

(3) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), Capítulo III: “La Traslación de Saladas”, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Su marcada simpatía por la Compañía de Jesús le atrajo la antipatía del bando antijesuítico, formado alrededor de la familia Casajús.

- Levantamiento charrúa

“Los salvajes, con su natural deslealtad, osadía e ignorancia, no supieron valorar las buenas intenciones de Patrón”, señala Labougle, y fue así como -a fines de 1748- se produjo un levantamiento general de los charrúas que, pasando el río Corriente, amenazaron las estancias de la zona.

El 16 de Octubre de 1749, el gobernador del Río de la Plata, José de Andonaegui, dispuso se les batiese, reuniéndose para ello cuarenta dragones de Buenos Aires al mando del teniente José Martínez de Fontes; ciento ochenta milicianos de Santo Domingo Soriano, Víboras y San Salvador (pueblos de la banda oriental del Uruguay); doscientos soldados de Santa Fe de la Vera Cruz; doscientos de Corrientes; e indios misioneros de Yapeyú. Cometían los charrúas toda clase de robos, desmanes y crímenes que detalló el gobernador en su Resolución.

El 13 de Diciembre de 1749, el tercio correntino -al mando del maestre de campo Ignacio de Soto- se puso en marcha; llegados al Pago de Ambrosio, Soto, que invocó mal estado de salud, fue reemplazado por el Sargento Mayor Gaspar Lopes Velho.

El tercio llevaba víveres para dos meses y la intención de su jefe era atacar sorpresivamente a los charrúas, impidiendo que se refugiasen en los bosques pero, por si acaso el número de los naturales fuera excesivo, estar a la mira hasta recibir refuerzos, tratando de reunirse con las otras fuerzas, yendo a doble marcha.

Dispuso Lopes, expresamente, que “la cavallada y demás despojos q. se cogiese se repartiría entre la gente”. Prohibió mezclarse con los soldados de Santa Fe, a fin de evitar perjuicios y pleitos debiendo, únicamente, si pasasen dos meses, solicitarse socorros de ganado a Yapeyú.

Para entonces -o sea, después de dos meses, en Marzo de 1750- decidió realizar consultas con los jefes de Santa Fe y de Yapeyú.

El 28 de Diciembre de 1749, el tercio llegó al Paraje de Calas, cerca del de Moreyra, y habiendo hecho recorrer la zona por baqueanos encontró que ya no era posible seguir adelante. Lopes Velho reunió Junta de Oficiales, la que resolvió el regreso.

Esto fue desaprobado por Nicolás Patrón y Centellas quien, el 20 de Enero de 1750, ordenó fueran nuevamente doscientos hombres, al mando del maestre de campo Pedro Cabral, con orden precisa de despachar -por medio de baqueano- Oficio al Teniente de Gobernador de Santa Fe, maestre de campo Francisco Antonio de Vera y Mujica, para ponerse de acuerdo sobre el lugar de reunión de las fuerzas y seguir luego al castigo de los indios.

El 26 de Enero de 1750, en el Paraje de Anguá, Cabral asumió el mando y, revistada la tropa, se vio que ascendía -entre correntinos e indios auxiliares- a ciento setenta y siete hombres pues, de los doscientos originarios, veintitrés no pudieron continuar por estar enfermos.

Contaban con seis libras de pólvora, ochenta balas y cuarenta y ocho cabezas de ganado vacuno.

Continuando su avance, el 13 de Febrero de 1750 llegaron a Feliciano, jurisdicción de Santa Fe, donde Cabral recibió carta de Vera Mujica en que le decía no saber dónde paraban los charrúas, a quienes ya había hecho trescientos treinta y nueve cautivos, de los que huyeron quince varones y nueve mujeres que se dirigieron a Santo Domingo de Soriano.

En Junta de Guerra, Cabral opinó que era imposible tratar de buscar a esos fugitivos, por ser allí “tierra de vaquía” y las “montañas inmensas”(4), lo que haría ilusorio su registro, decidiéndose unánimemente por los oficiales, que era imposible seguir adelante, a ciegas, teniendo, como tenían, muy maltratadas las cabalgaduras y yendo los indios a pie.

(4) Archivo General de la Nación, División Colonia, Sección Gobierno, Legajo I de Corrientes (1732-1761), Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

El 27 de Marzo de 1750 estuvieron de regreso en Corrientes. En cuanto a los santafesinos, habían muerto a los charrúas que no lograron apresar. También fue menester castigar a los tapés desertores de las misiones.

Patrón y Centellas recibió -como auxilio de Buenos Aires- sesenta y cuatro lanzas. Las corazas de ante(5), las espadas, los frenos, las espuelas y las paletillas para las flechas se hacían en Itatí.

(5) Piel del ante adobada, curtida y vuelta, de tacto aterciopelado y trato delicado, o piel de aspecto semejante; se utiliza para la confección de calzado y prendas de vestir.

Al comprobar lo precario de los medios utilizables, el 12 de Diciembre de 1750 presentó al Cabildo las cuentas de lo existente en el ramo de Guerra, y que eran cuatrocientos setenta y cinco pesos con cuatro reales, producto principalmente del flete de un bote.

Las cuentas fueron aprobadas, dándose por el Cabildo las gracias al Teniente de Gobernador por el trabajo y esmero con que había servido, como “era constante, público y notorio”.

El 2 de Enero de 1753 el Gobierno Central de Buenos Aires nombrará Maestre de Campo (antigua designación dada a Comandantes) a Patrón y Centellas. con la misión de luchar contra los indios charrúas que -por el Sur- invadían y asolaban el territorio correntino.

Precisamente, estos aborígenes, al ser derrotados, se desplazarán al Sur de Saladas y San Roque. Precisamente, Saladas fue uno de los baluartes en la defensa contra las invasiones de los aborígenes del Chaco y límite de las posesiones jesuíticas.

- Los Casajús

Alejado el peligro indígena, Patrón y Centellas se vio abocado a un grave problema de índole político-religiosa.

El pueblo de San José de Saladas, fundado oficialmente en 1732(6), había progresado sensiblemente teniendo, diez años después, trescientos habitantes dentro de su perímetro, al hacerse cargo del Curato el presbítero José Francisco de Casajús.

(6) Fecha proporcionada por el historiador Raúl de Labougle. Se sabe que el Cabildo resuelve, el 11 de Agosto de 1707, crear un Fortín en las Lagunas Saladas para defender a los pobladores del lugar de las invasiones de indios misioneros y charrúas. Las familias se agruparon junto al Fortín constituyendo la base del pueblo de Saladas, población que tipifica las calidades de un conjunto de pueblos correntinos formados durante el período de la dominación hispánica para construir un centro de servicios a una población predominantemente rural. El poblamiento de la zona de las “Lagunas de Saladas” fue favorecida por la política capitular de Corrientes que, en búsqueda de una más intensa y productiva ocupación del espacio, fomentó la instalación de actividades agrícolas y ganaderas que pusieran coto a las avanzadas belicosas de los indios del Chaco. Al emplazamiento de “presidios” o Fuertes de campaña, signó el origen de muchos poblados, pues fijaba un punto de frontera, a cuyo amparo crecerían las actividades productivas. A comienzos del siglo XVII, en el paraje de las Lagunas de Saladas, se formaría un piquete de 20 soldados que custodiaban las posesiones -asaz conflictivas- de los hacendados correntinos.

Maestro en Sagrada Teología, graduado en la Universidad de Córdoba del Tucumán, el nuevo párroco era correntino, hijo legítimo del general Pedro Bautista de Casajús -Infanzón de Aragón, que fuera Lugarteniente de Gobernador y Justicia Mayor- y de Ursula Fernández, hija, ésta, del maestre de campo Gaspar Fernández -veterano de las guerras de la Colonia del Sacramento, y que fue Alcalde ordinario de Corrientes- y de Andrea Arias de Mansilla.

Pertenecía, pues, a una familia de arraigo, cuyos antepasados asistieron a la fundación de la ciudad y actuaron con distinción en la conquista del Paraguay, donde el hidalgo granadino Fernán Arias de Mansilla fue uno de los tumultuarios que depusieron a Alvar Núñez, en 1544(7).

(7) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Fray Pedro José de Parras, que estuvo en Corrientes en 1753, dice del general Casajús:

“Ha sido en esta ciudad (Pedro Bautista de Casajús) muchos años Teniente de Gobernador, Alcalde y Tesorero. Hoy es nada y está pobrísimo, porque ha sido y es un pleitista eterno. Se alegró mucho de verme y de que le diera razón de algunos sujetos de su patria que yo conocía”(8).

(8) Fray Pedro José de Parras. “Diario y Derrotero de sus Viajes”, p. 166, edición de Buenos Aires, año 1943. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Era hombre versado en Derecho y a quien sus convecinos consultaban en sus litigios. Cuando el general Pedro Bautista de Casajús hizo su testamento, el 8 de Abril de 1755, poseía -entre otros- los siguientes libros: una “Política Indiana”, del doctor Juan de Solórzano Pereira; un Villadiego(9), “Práctica para Señores”; un gazofilacio(10) real; las “Siete Partidas” del rey Alfonso, “el Sabio”; y un tomo Formulario de Poderes, Escrituras, Establecimiento de Capellanías, etc., todos los cuales legó a su hijo José Francisco.

(9) Palabra que se utiliza en las expresiones coger (o tomar) las de Villadiego, que significan “ausentarse precipitadamente, en especial para huir de un riesgo o de un compromiso”. Ej.: “cuando le dijimos que venía Teresa, se tomó las de Villadiego”.
(10) En el diccionario castellano, “gazofilacio” significa lugar donde se recogían las limosnas, rentas y riquezas del templo de Jerusalén.

Había sido partidario del rey cuando la primera revolución de los comuneros -en 1732- quienes lo desterraron a Buenos Aires.

Durante su larga permanencia en Corrientes -de 1704 hasta 1765, año de su fallecimiento- el general Casajús hizo mucho por el progreso de la ciudad, luchando siempre por atenuar la influencia de los jesuitas cuyos intereses, tanto políticos como económicos, eran frecuentemente encontrados con los de los correntinos.

Llegó a ser el hombre representativo de las aspiraciones locales, ayudado en su acción por sus hijos y sus yernos:

* Gregorio de Casajús -antiguo estudiante del Colegio de Monserrat de Córdoba del Tucumán- que fue Maestre de Campo y Teniente de Gobernador;
* Bernardo de Casajús, encomendero de Itatí y Regidor decano, sujeto de vasta ilustración, asesinado por los indios misioneros de Yapeyú, en 1754;
* Sebastián de Casajús, altivo y caballeresco, que fue repetidas veces Alcalde de primer voto;
* Alonso Hidalgo, Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición, de nobilísima estirpe jerezana, uno de los comuneros de 1764, que durante treinta años desempeñó los más altos cargos del Cabildo; y
* José de Silva y Osores, familiar del Santo Oficio(11).

(11) Raúl de Labougle. “La Historia de los Comuneros” (1953), segunda parte, capítulo III, Buenos Aires. Ed Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

El presbítero José Francisco de Casajús aprendió primeras letras en la escuela que los dominicos tenían en su hospicio, y después pasó a Córdoba del Tucumán donde se graduó de Maestro en Sagrada Teología.

Recibió las Ordenes en Buenos Aires, en 1741, de manos del obispo, fray José Antonio de Peralta Barnuevo y Rocha, e inmediatamente hizo oposición al Curato de San José de Saladas, que obtuvo a título de Patrimonio y del que tomó posesión en 1742(12).

(12) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), Capítulo III: “La Traslación de Saladas”, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Originarios de Aragón y miembros de la más alta nobleza, en los Casajús vivirá el recuerdo de aquellos famosos fueros, de la autoridad independiente del Justicia, de la lucha encarnizada que, en su defensa, se libraron durante los siglos XVI y XVII.

“A ello se unía ese amor a la libertad que, como bien dice el vizconde de Chateaubriand en sus admirables ‘Memorias de Ultratumba’, pertenece principalmente a la aristocracia”, dirá Raúl de Labougle(13).

(13) Gregorio Marañón. “Antonio Pérez. El Hombre, el Drama y la Epoca” (1948), tomo II, especialmente capítulos XIX, XXI y XII, edición de Madrid. // François-René, vizconde de Chateaubriand, “Mémoires d’Outretombe” (1947), tome premier, p. 16, ejemplar número 411. Ed. París, Librairie Gurnier Frëres, “en papier fil Lafuma”. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

- La traslación de la Parroquia de Saladas

Por ese entonces, la oposición a Nicolás Patrón y Centellas se había aumentado, pues su motivo ya no era únicamente manifestación antijesuítica, sino que se trataba ahora de la rivalidad entre patricios y peninsulares, latente desde fines del siglo anterior.

Supieron los Casajús explotar ese sentimiento antieuropeo y el excesivo localismo de los patricios, para fortalecer su bando. La circunstancia de que Pedro de Casajús, su hijo Sebastián y su yerno José de Silva y Osores poseyeran estancias en la zona de Saladas, unida a la de ser párroco un Casajús, hizo de ese pueblo el centro de la resistencia contra Patrón y Centellas.

Allí los descontentos estaban en abrumadora mayoría. Había sido reemplazado por ese localismo agresivo el antiguo odio a los jesuitas que fue disminuyendo por obra del comportamiento de los sacerdotes de la Compañía de Jesús con el ejemplo de sus virtudes, de lo elevado y profundo de sus enseñanzas.

Para satisfacer a los jesuitas, el Teniente de Gobernador dispuso el traslado de la población al paraje llamado Anguá, al Sur de Saladas (“San José de las Saladas”, era su nombre original), lo que se cumplió en 1750, pero la resistencia de los “comuneros de Saladas” terminará exitosamente, y el pueblo volverá a su primitivo y actual sitio, el 22 de Julio de 1751.

Además, Patrón y Centellas vio el peligro que amenazaba minar su autoridad y, con el fin de disminuirlo, atacando en su base al grupo opositor, halló que sería para lograrlo medio fácil y práctico el dividir en dos la jurisdicción del Curato de San José de Saladas y trasladar el pueblo a otro paraje.

Puso en juego todos los resortes de su influencia e hizo hablar a los canónigos del Cabildo eclesiástico de Buenos Aires, tanto y con tan bien concertadas razones en favor de su proyecto que vinieron éstos a caer en el convencimiento de que era necesario y conveniente “al pro y utilidad de la República” el realizar la medida propuesta.

Reunidos en Capítulo, el 22 de Diciembre de 1748, puestos de acuerdo, “unanymes y conformes” suscribieron una Carta Orden disponiendo la división del Curato y fundación de una Ayuda de Parroquia a cargo de un Teniente Cura que tuviera en su feligresía las mismas atribuciones que el párroco de Saladas tenía en la suya, y autorizando al Vicario de Corrientes, doctor Antonio Martínez de Ibarra, para demoler la Iglesia de Saladas y trasladarla de sitio si lo creía necesario.

Entretanto, el maestre Casajús, que había tenido noticias de que algo se tramaba en contra suya, después de escribir unas líneas al mercedario Francisco Sánchez, encargándole el cuidado de su iglesia, partió para Buenos Aires.

La Carta Orden llegó a Corrientes en Octubre de 1749, con grande alborozo y contento de Nicolás Patrón, quien determinó ejecutar inmediatamente lo dispuesto en ella.

En efecto, el 1 de Diciembre pasó a Saladas con el vicario Martínez de Ibarra y el notario público Juan de Amarilla, llevando con ellos un centenar de soldados.

Llegados a la iglesia, en ella sólo encontraron al sacristán, pues el fraile mercedario que dejara Casajús se había marchado. Tocaron entonces las campanas y, después de éstas, continuó el ruido la caja de guerra hasta que, estando todo el vecindario reunido, Martínez de Ibarra ordenó al notario leyera en alta voz la Carta Orden, causa de tanto alboroto y estrépito.

Al día siguiente el vicario salió pueblo afuera a recorrer las cercanías en busca de lugar apropiado para la Ayuda de Parroquia. Reputó por tal el llamado “Fuerte del Serrado”, en el Partido de Mburucuyá y, clavando allí una Cruz, declaró solemnemente disponía se edificase en él la nueva Capilla, cuyos límites señaló, de todo lo cual quedó constancia en el Acta correspondiente.

Una semana más pasaron Martínez de Ibarra y sus parciales recorriendo la comarca y, el 8 de Diciembre de 1749, ya en Saladas, estando presente el Teniente de Gobernador, Justicia Mayor y Capitán a Guerra, Sargento Mayor Nicolás Patrón y Centellas, y los más caracterizados vecinos -en breve y enérgico discurso- dijo ser de todo punto “necesario y conbeniente al bien y sosiego de los vecinos y salvación de sus almas” el trasladar la Iglesia de Saladas al Paraje de Anguá para realizar lo cual pedía el apoyo material del Teniente de Gobernador quien, después de escuchar la lectura de la Carta Orden que hiciera el Notario, declaró estar pronto para ello y prometió que ordenaría a los “cavos militares” concurriesen con sus personas para facilitar la demolición y traslado.

Entonces, Martínez de Ibarra anunció al vecindario que, estando abandonada la Parroquia, encargaba de ella al presbítero Pedro Gómez de Velasco -que había sido por él designado Teniente Cura de la nueva Capilla, el viernes 18 de Noviembre- en cumplimiento de la disposición del Cabildo eclesiástico.

El 11 de Diciembre de 1749 ya todos estaban de regreso en la ciudad, ufanos de su jornada(14).

(14) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), capítulo IV, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

El 4 de Enero de 1750 celebraron Acuerdo los cabildantes elegidos el día 1ro. de Enero y resolvieron elevar al gobernador José de Andonaegui formal protesta contra todo lo hecho por Martínez de Ibarra en Saladas que “a complacencia del Lugarteniente, estrabiando los términos de su comisión, arrancó la Iglesia parroquial de aquel partido, del lugar donde se estableció por disposición del Señor Obispo Arregui y Gor. Don Bruno, y diputados deste cabildo, para ponerla cuatro leguas remota, en despoblado y lugar ynábil, con general lamento, perjuicio y daño de aquellos vezinos qe. la andesecho, acarreado y llebado a hazer y la están haziendo assimesmo a su mesma costa”.

En lo de que “lo estaban haciendo” iban algo equivocados los capitulares, puesto que el 1ro. de Enero ya estaba concluida la nueva fábrica en Anguá, si hemos de creer al doctor Martínez de Ibarra, que el 11 de dicho mes lo afirmaba, al intimar al presbítero Gómez de Velasco a trasladarse a ella, “en el término de un día natural, pena de excomunión maior”.

Este había permanecido en Saladas hasta que fue llegado el momento de pasar a Anguá entonces, antes de hacerlo, había escrito al Vicario comunicándole que todos los vecinos se oponían al traslado.

En efecto, entre ellos corría la voz de que José Francisco de Casajús estaba por llegar con autorización para establecer la Iglesia en el antiguo paraje, y el general Pedro Bautista de Casajús decía que, con su hijo, venía para ser Teniente Cura el presbítero santafesino José Parreño.

Gómez de Velasco, que consideraba “yermo, fragoso, sin aguadas y sin leña” el Paraje de Anguá, resolvió hacer abandono de la Parroquia, y el 15 de Diciembre de 1749 se marchó al Santuario de Itatí no sin antes hablar públicamente en contra del traslado y del vicario, en forma exaltada.

El 10 de Enero de 1750 pasó a Corrientes, donde recibió la visita del notario Amarilla, quien le leyó el Auto del vicario “de verbo ad verbum”, en su propia casa. Puesto en tan duro aprieto, declaró obedecerlo, más (según costumbre de aquellos tiempos), “suplicando de su cumplimiento por tener dada cuenta de su proceder al Tribunal Superior”.

El 11 de Enero presentó Gómez de Velasco renuncia del Curato “por ser cortos los emolumentos que promete el partido”, la que le fue de inmediato aceptada, nombrándose para sucederle al presbítero Marcos Gómez Durán.

Este pasó muy luego a hacerse cargo de su destino, pero encontróse con una Capilla de fábrica insegura y en paraje que reputó malísimo, por lo que se volvió a Corrientes y el 10 de Febrero de 1750 escribió al Cabildo eclesiástico pidiendo se le disculpara de atender el Curato pues sus cortos medios y mala salud se lo impedían(15).

(15) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), capítulo V, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Acababa el mes de Enero cuando llegó a Saladas el maestro José Francisco de Casajús, enterándose de cuánto había ocurrido durante su ausencia. Decidido, temerario y enérgico, desconoció la autoridad del Vicario y se estableció en el antiguo lugar donde, improvisando un altar bajo de una rama, ofició Misa con gran contento de sus amigos y escándalo de sus adversarios.

Allí, subido en un púlpito de circunstancias, más que un sermón dirigió una arenga subversiva a los asistentes exhortándoles a resistirse e impedir la consumación del atropello que preparaban Martínez de Ibarra y Patrón y Centellas, contra los cuales se desató en injurias de todo género.

Concluyó de exasperar los ánimos la llegada del Alcalde ordinario Francisco Xavier de Basualdo, que levantó una Información, en la que depusieron ocho testigos acusando al maestro Casajús -entre otras cosas- de no haber hecho inventario de los vasos sagrados y alhajas de la iglesia.
Cumpliendo órdenes del gobernador José de Andonaegui, de fecha 26 de Enero de 1750, se reunió en Corrientes un cabildo abierto al que concurrieron los partidarios de Patrón y Centellas y los jesuitas, y en el cual -tras breve discusión- se resolvió comunicar al gobernador que la traslación de la iglesia había sido obra útil y necesaria, no careciendo en Anguá, los vecinos, de las comodidades que antes tenían, como ser abundancia de agua y leña.

Citado por el Cabildo para declarar, Patrón y Centellas se excusó, alegando estar muy ocupado en la reducción de los abipones, y algunos vecinos de Saladas citados hicieron lo propio temerosos, según escribieron, de invasiones de los charrúas enemigos.

Pedro Bautista de Casajús, que se había reunido con su familia en Saladas a fines de Febrero de 1750, recibió orden terminante de pasar a Corrientes. Sucedieron entonces nuevos alborotos que decidieron al Teniente de Gobernador a ejercer actos de fuerza: sus soldados arrebataron la correspondencia al chasque de Saladas y persiguieron a los partidarios de Casajús, a dos de los cuales -llamados Gaspar Barrios y Pedro Román, que le acompañaron en su viaje a Buenos Aires- los despojaron de catorce cabezas de ganado.

José Francisco de Casajús escribió entonces al gobernador una vibrante carta, demandando Justicia(16).

(16) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), capítulo V, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Múltiples y contradictorios eran los Informes que el gobernador José de Andonaegui recibía de Corrientes sobre este enojoso asunto del traslado, que se prolongaba -al parecer- indefinidamente.

Resolvió, entonces, consultar al Cabildo eclesiástico, gobernador del Obispado con sede vacante. El 8 de Octubre de 1750 éste se expidió aconsejando el envío de comisionados que tomaran por escrito declaración a los vecinos y agregando que “habiendo sido tachada de parcial la Información de Basualdo” y considerando que de todos los clérigos de Corrientes el más indicado para ser comisionado era el licenciado Miguel Pérez, invitaba a Andonaegui a designar al que creyere conveniente para ir con dicho Pérez a levantar la Información.

En el maestre de campo Pedro Cabral recayó el nombramiento, pero lo fue por poco tiempo pues, convencido Andonaegui de que era imposible encontrar un correntino ajeno a las discordias y pleitos de Patrón y Centellas y los Casajús, determinó, el 23 de Octubre de 1750, encargar de la difícil misión al general Felipe de Zevallos, vecino de la Ciudad de Santa Fe, cuyo nombre le fue sugerido por el secretario del Cabildo eclesiástico, José Remigio Escardén de Astorga(17).

(17) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), capítulo VI, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Los dos comisionados pasaron de inmediato a Saladas para cumplir su tarea. Recorrieron la comarca y encontraron ser mucho mejor el paraje antiguo que el de Anguá, teniendo leña abundante, varias aguadas permanentes y siendo muy sano y de tierra apta para toda clase de sementeras, condiciones que el segundo estaba muy lejos de poseer.

Terminado el reconocimiento, ordenaron a Patrón y Centellas y a los Casajús -y a sus respectivos parciales- que se alejaran del pueblo. Hecho esto, empezaron la Información, preguntando individualmente a cada vecino para así evitar que, por temor, en reunión pública, no expresaran con sinceridad sus opiniones.

Terminó la diligencia el 14 de Diciembre de 1750, habiendo declarado treinta y seis vecinos calificados, quienes unánimemente se manifestaron contrarios a la mudanza realizada y condenaron severamente al Teniente de Gobernador.

Pese a las precauciones tomadas, los comisionados fueron molestados continuamente en el curso de la Información por Patrón y Centellas a tal punto que, apenas terminada, el licenciado Pérez abandonó Saladas, huyendo a pie hasta Santa Lucía de los Astos.

Zevallos se quedó hasta el 24 de Diciembre de 1750, fecha en la que pasó a Corrientes y escribió a José de Andonaegui dando cuenta del resultado de su misión, lo que éste se apresuró a comunicar a la autoridad eclesiástica(18).

(18) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), capítulo VI, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Reunido el 20 de Enero de 1751 el Cabildo gobernador del obispado, resolvió se demoliese la nueva iglesia y se reedificase la antigua, todo a costa de quienes la mudaron, y para ello -de acuerdo con Andonaegui- se designó al calificado vecino de Corrientes, José de Acosta, quien debería llenar su cometido en unión del presbítero Marcos Gómez Durán, “sin admitir más cartas ni papeles”(19).

(19) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), capítulo VI, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Empero, surgieron dificultades y la traslación no se efectuó hasta fines de 1752. Fueron llevadas las Imágenes de los Santos y demás adornos a lomo de caballo y al galope, con el consiguiente deterioro de los mismos.

El maestro José Francisco de Casajús inició entonces pleito por daños y perjuicios contra Martínez de Ibarra, que duraría siete años y se terminó por sentencia dada por el obispo de Buenos Aires, José Antonio de Basurco y Herrera, a favor de Casajús, el 6 de Diciembre de 1760.

Este fue puesto nuevamente en posesión de su Curato el 4 de Febrero de 1761, por el Padre Tomás Arnau, rector del Colegio de la Compañía de Corrientes(20).

(20) Raúl de Labougle. “Litigios de Antaño” (1941), capítulo VI, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

La restauración de la antigua Iglesia y el regreso de los Casajús a Saladas dieron mayor fuerza a sus partidarios, a los que se incorporó un “personaje notable”, el doctor Antonio Martínez de Ibarra.

- Servicios de Patrón y Centellas en Portugal

El Teniente de Gobernador Partón y Centellas estuvo continuamente ocupado en esos años en servicios militares en la frontera con los dominios de Portugal.

Durante el largo tiempo que estuvo ausente le reemplazaron -con carácter interino- como Tenientes de Gobernador y Justicia Mayor:

* Alonso Hidalgo Viera y Torres(21), en 1754;

(21) Alonso de Hidalgo, Alcalde ordinario de primer voto, dice en un Informe del 4 de Septiembre de 1753 que convierte las reducciones de ltatí, Ohoma, Santiago Sánchez y Santa Lucía en poblaciones ordinarias para lograr que los indígenas ingresen a la civilización.

* José de Acosta, desde Julio de 1754 hasta Mayo de 1757; luego
* Ziprián de Lagraña;
* Francisco Solano Cabral(22), desde Abril de 1757 hasta Febrero de 1758.

(22) Raúl de Labougle. “La Historia de los Comuneros” (1953), Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

* El 18 de Abril de 1758 asumió el Gobierno -siempre interinamente- José de Acosta.

- Asesinato de Bernardo de Casajús

Un desgraciado suceso ocurrió cuando el tercio correntino fue a incorporarse al Cuartel General de José de Andonaegui, en el Rincón de Valdés, en las márgenes del río Negro, y fue el asesinato del regidor Bernardo de Casajús, encomendero de Itatí, perpetrado alevosa y cobardemente por los indios guaraníes de la reducción jesuítica de Yapeyú, ante la impasibilidad de su doctrinero, hecho que solamente mencionarían al pasar los historiadores de la Compañía de Jesús.

A fines de Julio de 1754 envió Andonaegui -desde su campamento del río Negro- al regidor Casajús con cinco acompañantes a Yapeyú, con cartas para su Cura doctrinero y los caciques del pueblo, en que les solicitaba remitiesen seiscientos ganados y mil caballos y que, además, preparasen algunas barcas a orillas del río Ibicuy.

Al llegar los españoles al vado del Miriñay, próximo a la reducción(23), y junto a una estancia llamada “San Pedro”, dos compañías de indios armados hicieron varias descargas con el propósito evidente de intimidarles e impedirles el seguir su marcha.

(23) Padre Guillermo Kratz S. J. “El Tratado Hispano-Portugués de Límites de 1750 y sus Consecuencias” (1954), edición de Roma, p. 116, del Institutum Historicum S. J. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Los de Yapeyú se habían negado a incorporarse al ejército español como auxiliares, pese a haberlo prometido. Casajús les pidió a los indios, con maneras corteses, que le dejaran entrar solo o con un acompañante al pueblo para entregar las cartas, y habiéndoselas dado al indio Procurador, éste las abrió y leyó, haciéndoles esperar desde las 08:00 hasta las 13:00.

En ello estaban cuando llegaron a caballo otros dos indios, con su capitán, a cuya voz los indios cargaron sobre los españoles, desarmándoles, mientras gritaban, refiriéndose al regidor Casajús, en su idioma guaraní: “Maten a ese hijo de puta”, en medio de la algarabía de cajas, pífanos, vocinglería y algazara del resto de los habitantes que acudió al ruido.

Casajús se defendió heroicamente usando sus armas, así de fuego como su espada, pero le aplastó el número de sus contrarios. Fue todo el 1 de Agosto de 1754. Los cinco acompañantes huyeron, sin prestar auxilio al regidor.

El vil crimen, consumado a vista y paciencia del doctrinero que, en su actitud, no dejó bien parada a la Compañía, causó indignación en Corrientes. El Cabildo, reunido en pleno, el 23 de Agosto de 1754, declaró que la reducción y pueblo de Yapeyú habían incurrido en el grave delito de lesa majestad, “violadores de todas las leyes divinas y humanas, las de milicia y aún la natural”, haciéndose sus pobladores acreedores al severo castigo que se acostumbraba en el caso.

Asimismo se resolvió enviar sendas cartas de protesta al gobernador Andonaegui y al marqués de Valdelirios. Pedro de Casajús hizo, a su vez, una detallada exposición de lo ocurrido y de la situación en que quedaban la viuda y los hijos del regidor, que fue certificada por Patrón y Centellas y enviada por éste al rey en su Supremo Consejo de Indias.

Por supuesto, los indios de Yapeyú robaron cuánto llevaban Casajús y sus compañeros(24).

(24) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Sección Gobierno, Legajo Nro. 1 de Corrientes, 1732-1761. “Autos obrados por muerte de don Bernardo de Casajús, en Iapeiu”. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Este inicuo crimen quedó sin castigo pues la Compañía de Jesús tomó la parte de los asesinos, llegando en su obcecación a pretender calumniar al regidor Casajús, negándole una valentía que había ininterrumpidamente probado.

- Ultimos días en el Gobierno de Patrón y Centellas

De regreso de la frontera luso-española, Nicolás Patrón y Centellas reasumió el mando, pero fue por pocos días, renunciando el 4 de Noviembre de 1758. Había sido nombrado gobernador de la provincia de Huanta, en el Perú, casualmente el mismo cargo que tuviera antes el marqués de Valdelirios.

El maestre de campo Francisco Solano Cabral desempeñóse, entonces, como Lugarteniente de Gobernador, Justicia Mayor y Capitán a Guerra, interinamente, hasta el 27 de Agosto de 1759 en que, como titular, lo asumió el maestre de campo Bernardo López de Luján.

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