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La fundación de la reducción de San Fernando de Río Negro

Mientras ocurrían los sucesos de Saladas, Nicolás Patrón y Centellas no descuidaba su idea de fundar un pueblo y reducción -a cargo de la Compañía de Jesús- en la banda occidental del Paraná, frente a Corrientes, como avanzada en el Chaco, con el fin de asegurarla contra las incursiones de los indios.

El Teniente de Gobernador propuso a los jesuitas levantar una población en la orilla occidental del Paraná como una solución para los habitantes de Corrientes, que de continuo se veían sometidos a las incursiones abiponas.
Los jesuitas aceptaron las indicaciones de Patrón y Centellas y así, acompañados por el propio Lugarteniente, se entrevistaron con los caciques Ñaré y Halayquin, de la nación abipona; el toba Guachenkallen y un jefe mocoví.

Los monjes propusieron un acuerdo general de paz, pero el único que aceptó fue Ñaré, el abipón. Como condición exigió toda clase de comodidades para su gente y protección contra las otras tribus.

Patrón había entrado en negociaciones con algunos de los caciques abipones, llegando “con su denuedo, sagacidad y buena conducta” a un acuerdo con el citado Ñaré, que era uno de los principales y más prestigiosos.

Como resultado de este arreglo se fundó el 27 de Agosto de 1750(1) -con toda solemnidad- sobre el río Negro, afluente del Paraná, una reducción, el pueblo de San Fernando del Río Negro. Se hallaba ubicado en lo que actualmente es el ángulo Nordeste de la Ciudad de Resistencia.

(1) Algunos autores indican que la fundación se registró el 26 de Agosto de 1750.

Diósele por nombre San Fernando, en homenaje al monarca reinante, y por Cura doctrinero al sacerdote jesuita Padre Tomás García, designándose Corregidor o Comendador (lo que sería en la actualidad un intendente) al mismo Ñaré(2). El flamante pueblo tenía cincuenta familias aborígenes.

(2) Cuentan las crónicas que Ñaré era un gran entusiasta de los juegos y diversiones y le correspondía a su hermano Pachieké “encarrilarlo”.

Los Gastos que demandó la construcción del pueblo fueron sufragados por el propio Patrón y Centellas, que invirtió la suma de treinta mil pesos de la dote de su mujer, María Antonia de Zamudio, y por el acaudalado vecino de Corrientes, Ziprián de Lagraña, a quienes años después, en 1763, todavía se adeudaban un mil quinientos noventa y dos pesos.

Pese a lo dispuesto por el Teniente de Gobernador, los jesuitas llamaron oficialmente a la reducción “San Francisco Regis”(3).

(3) Raúl de Labougle. “Historia de los Comuneros” (1953), pp. 97 a 99, Buenos Aires. Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Temporalidades de Corrientes, 1707-1772, Legajo Nro. 1, Expediente Nro. 1, Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Para ayudar a su mantenimiento se le adjudicó la Estancia de Las Garzas -en la margen oriental del Paraná- y la de Paiubre(4).

(4) Archivo de los Tribunales, Buenos Aires, Legajo Nro. 7.711, Año 1768, expediente caratulado: “Concurso de los bienes dejados por muerte de Nicolás Patrón, pedido por sus acreedores”, hoy en el Archivo General de la Nación, División Colonia, Tribunales, Legajo Nro. 122, Expediente Nro. 14, Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Los indios, cuando se reducían en el siglo XVIII, exigían de los blancos se les diera cuánto necesitaban. Fue así como Patrón y Centellas acudió a lo que le pidieron, regalándoles “ponchos, ropas de la tierra, cuchillos y sombreros y, en una ocasión, hasta el mismo sombrero que usaba se lo quitó para dárselo a los indios”(5).

(5) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Tribunales, Legajo Nro. 108, Expediente Nro. 14. Especialmente la declaración del testigo León Pérez. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Además se les proveyó gratuitamente de tabaco, sal, frenos, lanzas y espuelas. Un sombrero costaba entonces cinco pesos y, un poncho, veinte pesos.

Al cacique Benavídez, del pueblo de San Jerónimo, en jurisdicción de Santa Fe, por haber sido mediador en el arreglo se le gratificó con sesenta reses que se compraron a los jesuitas al precio de cuatro pesos cada una(6).

(6) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Sección Gobierno, Corrientes, Legajo Nro. 1, años 1732-1761. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

No obstante los elogios que de esta reducción se han hecho por numerosos historiadores, arrastró una existencia harto precaria, siendo escasas y poco sinceras las conversiones que se lograron(7).

(7) Padre Guillermo Furlong S. J. “Entre los Abipones del Chaco”, pp. 149 y sgtes. Los elogios de la reducción que se hacen en las cartas que allí se transcriben están desmentidos por los datos que ellas mismas contienen y por la documentación de la época. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Cabe destacar, que las críticas que se han formulado a la gestión de Patrón y Centellas en San Fernando del Río Negro, escritas muchos años después de los sucesos, se contradicen con lo que un coetáneo, el Padre Vicente Angel de Zagaroza S. J., escribiera al gobernador del Río de la Plata, José de Andonaegui, el 22 de Noviembre de 1750, desde Corrientes.

Señalaba en su carta la habilidad con que el Teniente de Gobernador había logrado reducir a los indios y decía ser muy necesaria la presencia del mismo en su Gobierno pues, luego de cinco años de tesonero afán, pudo “domesticar estas fieras (que tales han sido hasta ahora los abipones)”, gastando de su caudal propio, sin más interés que el de servir a ambas majestades, “siendo todos los vecinos de esta jurisdicción gente de bien cortas facultades”.

Pidióle “en su propio nombre, en el de los jesuitas del Colegio de Corrientes y en el de todos los jesuitas de la Provincia”, que continuase Patrón y Centellas como Teniente de Gobernador, “por su cristiandad, celo y desinterés”(8).

(8) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Sección Gobierno, Corrientes, Legajo Nro. 1, años 1732-1761. De la calidad moral de Nicolás Patrón es muestra convincente la altivez con que, a una recomendación del gobernador para que obtuviese de Gregorio de Casajús pagase lo que debía a Juan de Achucarno -acaudalado y poderoso vecino de Montevideo- le contestó, no obstante ser Casajús y sus parientes encarnizados enemigos suyos, “que el asunto estaba en manos de la Justicia” de modo que “nada podía hacer”. Ver el mismo legajo citado. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

En prolija “Representación”, que el 10 de Febrero de 1753 el Alcalde de primer voto Alonso Hidalgo elevó al gobernador José de Andonaegui, afirmaba ser la subsistencia del pueblo de San Fernando “forzosa, así por no perder tanto número de catecúmenos como por la temporal quietud que disfrutan estas jurisdicciones con dicho pueblo, por ser vecino y frontera al resto de la crecida infidelidad” del Chaco.

No obstante estas circunstancias “será preciso se extinga por falta de medios, si la atención de V. E. no ocurre a este amenazado riesgo que, con anticipación, le pongo presente, en nombre de esta ciudad”.

Agregaba que su extinción sería de deplorables consecuencias, no tan sólo para Corrientes sino para toda la jurisdicción, en una cadena de miserias, sintiendo el vecindario lo hecho a costa “de sus sudores y viendo cerrarse la puerta por donde le entraba la tranquilidad de la paz”.

Al escribir lo precedente, expone Hidalgo al gobernador que estaban “más de setenta almas del pueblo de San Fernando” en casa de su Teniente en Corrientes, “los que han venido sólo a comer, porque se les ha acabado el ganado, y actualmente se les está pasando cien cabezas con indecible trabajo a causa de la creciente del río”.

Destacaba la generosidad de Patrón y Centellas con estas palabras:

“Considere, Señor, lo que este pobre caballero ha gastado y gasta por mantener este pueblo, y después de tantos costos, de tantos trabajos, de tantos peligros inminentes de su vida que ha expuesto por apaciguar los infieles y que no le perturbasen su pueblo, ver que esto se acaba y se extingue forzosamente, por falta de medios.
“Es el golpe más atroz que puede llevar un ánimo como el suyo, no merecido de su mérito, trabajo y continuos servicios, sin sueldo ni emolumento alguno, como es constantemente notorio”.

Según Hidalgo, si faltaba la carne, faltaban habitantes, por lo que para arbitrar recursos con qué adquirirla sugería que la limosna que producía la Bula de la Santa Cruzada en la ciudad y su jurisdicción, se destinase al mantenimiento del pueblo, entregándola al Procurador de las misiones y que, además, se destinasen para lo mismo los tres mil pesos que las misiones guaraníes daban anualmente para diezmos.

Encarecíale al gobernador que resolviese el caso de inmediato, por su urgencia, ya que era previsible que los catecúmenos se retirasen a los montes si el socorro tardaba, despertándose “las dormidas costumbres que en ellos son segunda naturaleza”(9).

(9) Archivo General de la Provincia de Corrientes, “Actas Capitulares”, Legajo del año 1753. Alonso Hidalgo Viera y Torres era natural de Jerez de la Frontera, donde nació en 1719. Avecindado en Corrientes y casado allí, en 1744, con Lorenza de Casajús, cuya familia encabezó la revolución comunera de 1764, desempeñó los cargos de Alcalde de primero y de segundo voto, Alférez Real, Procurador General y Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición. De noble linaje de Andalucía, era hombre ilustrado y de gran rectitud de conducta. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

- Los naturales abandonan la reducción de San Fenando

En este año de 1758 los abipones reducidos desamparan el pueblo de San Fernando del Río Negro por temor a un ataque de los indios del cacique Bernardo, según aseguraba el Teniente de Gobernador de Corrientes al gobernador, o por la falta de carne que padecían desde hacía tres años, a estar a lo que el Padre José Klein S. J. escribía el 11 de Noviembre de ese año a Pedro de Cevallos, quien afirmaba que, no habiendo a veces probado bocado de ella, sino se mantenían de raíces y frutos del monte, después de haber acabado todo el maíz de sus chacras,

“se aburrieron del pueblo y se fueron poco a poco unos tras otros al campo en busca de su comida”, de donde nació el que se juntasen de nuevo con los “cimarrones” y volvieran a cometer hurtos y asesinatos, en el camino de Santiago del Estero, como antes; y que visto esto, y “lo bien que les iba a los alzados”, pues nadie castigaba sus robos, se fueron todos, incluso Ñaré, en Agosto del citado año.

El Padre Klein fue en su seguimiento y logró persuadir al cacique y demás prófugos de que regresaran al pueblo, pasando con Ñaré a Corrientes, donde éste prometió al Teniente de Gobernador establecerse de nuevo en San Fernando si le aseguraban que serían provistos con ganado en cantidad mayor que antes, y defendidos por los blancos de los ataques de los otros indios.

Accedió a todo Patrón y Centellas pero no pudo conseguir del vecindario colaborase con él en el cumplimiento de semejante trato, en lo que no erraban los correntinos, porque noticioso Ñaré de que no llegaría el socorro, no se movió de su toldería.

El Padre Klein pedía al gobernador ayudase por lo menos durante dos años a la reducción, afirmando que, desde su fundación, se gozaba en Corrientes “de una paz y tranquilidad más que octavianas”, lo que no era cierto pues las luchas eran permanentes entre los indios abipones, mocovíes y demás de la región(10).

(10) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Sección Gobierno, Corrientes, Legajo Nro. 1, años 1732-1761. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

A la fecha de su carta aún no habían regresado los indios, estando en el pueblo tan sólo los dos curas jesuitas, sus sirvientes y la guardia de blancos. Los indios no se habían limitado a volver a la selva sino que, desde allí, en repetidas y alevosas salidas hostilizaban a los blancos.

El 8 de Enero de 1759 José de Acosta(11) -a cargo transitoriamente del Gobierno de la ciudad- escribió a Pedro de Cevallos denunciando los robos y asaltos que los indios de Ñaré cometían en el camino de Santa Fe a Santiago del Estero, de uno de los cuales fue víctima él mismo pues le robaron cosas suyas que sus gentes pudieron recuperar.

(11) Padre Guillermo Furlong S. J. “Entre los Abipones del Chaco”, p. 141, Nota 1. En ella, el estudioso jesuita llama a José de Acosta, “un tal José Acosta”. Juicio antojadizo implica esa nominación. José de Acosta fue, por el contrario de lo que supondría esa malévola referencia, uno de los más conspicuos personajes de Corrientes a mediados del siglo XVIII. Natural de Santiago de Chile, de linaje noble, se estableció en Corrientes en 1748 donde desempeñó los cargos de Lugarteniente de Gobernador y Justicia Mayor, Alcalde de primer voto y Alcalde Mayor propietario de la Santa Hermandad. Fue uno de los jefes del grupo de vecinos partidario de la Compañía de Jesús. Estuvo casado con Ana de Dícido y Zamudio. Su nieto, el doctor José Francisco de Acosta, fue diputado al Congreso General Constituyente de 1826, y su bisnieto, Mariano Acosta, gobernador de Buenos Aires y vicepresidente de la República. También fueron bisnietos suyos el general Joaquín Madariaga, gobernador de la provincia de Corrientes, y el general Juan Madariaga. Ver: Raúl de Labougle. “La Historia de los Comuneros” (1953), p. 97, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

En Certificación expedida el 4 de Enero de 1759 por fray Bartolomé de Valenzuela, “presidente in capite del Convento de San Pedro Pascual del Real y Militar Orden de Nuestra Señora de La Merced y Redención de Cautivos”, a favor de Acosta, consta que “en la menguante del mes de Julio del año 1758 pasó a la otra banda del río Paraná, jurisdicción de Corrientes, con el propósito de cortar las maderas necesarias para la reedificación de la iglesia y que, para ello, solicitó ayuda al referido Acosta a quien, como Alcalde Mayor Provincial de la Santa Hermandad, correspondía prestarla”(12).

(12) Francisco Rodríguez Marín, en su edición anotada del “Quijote”, del año 1916, trae en el primer tomo, Notas de las pp. 319 y 476, una erudita referencia al origen e importancia de la Santa Hermandad, que fue establecida para perseguir y castigar los delitos que se cometiesen en despoblado. Componíase de caballeros y gente hidalga. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Una madrugada llegó a la ribera en que estaban acampados un indio santiagueño cautivo del pueblo de San Fernando y les participó en su idioma quechua que fray Bartolomé de Valenzuela comprendía haber vuelto los abipones que salieran a potrear con muchos bueyes, caballos y mulas, robados a un vecino de Santa Fe y también “con otros despojos de unas carretas que avanzaran en el camino de Santiago, donde mataran y robaran”.

Ese mismo día, a las 08:00, el Padre Gregorio Mesquida S. J., que llegó al lugar donde estaban Acosta y el Padre Valenzuela con Ñaré y el intérprete, les hizo idéntica relación que el santiagueño, reprendiendo severamente Acosta al cacique por los delitos de sus vasallos y que, si él no lograba le obedecieran debía participárselo a Nicolás Patrón y Centellas para así, con su ayuda, poderlos castigar.

Igual reprensión dio a doce de los indios complicados en los asaltos, que llegaron luego al campamento, amenazándoles con que el gobernador, al enterarse de lo ocurrido, los castigaría con todo rigor.

Agrega la Certificación que, al ponerse el sol, de regreso al real, supieron que los indios de San Fernando habían huido a los montes, no quedando allí nada más que Ñaré y tres o cuatro de sus parientes. Avisado Patrón y Centellas, fue al pueblo al día siguiente, acompañado de soldados, volviéndose Acosta y el Padre Valenzuela a Corrientes(13).

(13) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Sección Gobierno, Corrientes, Legajo Nro. 1, años 1732-1761. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

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