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Disputa territorial con Portugal

Nuevos desvelos absorberían la atención y diligencia del Teniente de Gobernador Nicolás Patrón y Centellas.

En efecto, el 13 de Enero de 1750, España y Portugal suscribieron un Tratado de Límites que se llamó “de Permuta”, por cuyas cláusulas la primera recibía la Colonia del Sacramento y daba, en cambio, al segundo, los siete pueblos de las misiones situados a la margen izquierda del río Uruguay, en compensación de aquella plaza.

Además, recibía Portugal “desde el Monte de los Castillos Grandes y su falda meridional y ribera del Mar hasta la cabecera y origen principal del río Ibicuy y también cede todos y cualquiera establecimientos que se hayan hecho por parte de España en el ángulo de tierras comprendido entre las riberas septentrional del río Ibicuy y la oriental del Uruguay, y los que se pueden haber fundado en la margen oriental del Pepirí y el pueblo de Santa Rosa y otros cualesquiera que se puedan haber establecido por parte de España en la ribera oriental del río Guaporé”.

Como afirma acertadamente el talentoso historiador Enrique M. Barba, se entregaban a cambio de La Colonia, las ricas y florecientes poblaciones jesuíticas de San Borja, San Nicolás, San Luis, San Lorenzo, San Miguel, San Juan y Santo Angel. La entrega efectiva de los pueblos se haría una vez desalojados de éstos los jesuitas y los indios(1).

(1) Enrique Mariano Barba. “Don Pedro de Cevallos, Gobernador de Buenos Aires y Virrey del Río de la Plata”, capítulo I, 1ra. edición (1937), La Plata. // Capítulos III, VII y VIII, 2da. edición (1978), Buenos Aires. El Tratado de Permuta fue publicado por Pedro de Angelis, en su “Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata”, que comenzó a publicarse en 1836. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Creían los españoles poner fin con esta Permuta al contrabando, pero no reparaban en que, al dar a Portugal el dominio sobre las tierras comprendidas entre el océano y el río Uruguay facilitaban por nueva vía la penetración lusitana hacia las provincias del Interior, olvidando también que detrás de ella estaban los intereses comerciales británicos, verdadero motivo de toda la tramitación diplomática(2).

(2) Octavio Gil Munilla. “El Río de la Plata en la Política Internacional (Génesis del Virreinato)” (1949), Introducción y capítulos I y II, edición de Sevilla. Inspirador del Tratado fue el embajador de Inglaterra en Madrid, Mr. Keene. Ver: Pierre Muset. “Le conflit Anglo-Espagnol dans l’Amérique Centrale du XVIIIe. siécle” (1940), en “Revue d’Histoire Diplomatique, cinquante-quatriéme et cinquante-ciaquiéme année”, París. El doctor Barba, en su notable obra, ha estudiado profundamente y aclarado de manera definitiva cuánto se refiere a este período de nuestro pasado. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Contra la realización del Tratado -que se conoce con el nombre de Tratado de Permuta, como ya dije- había hecho una “Representación” la Compañía de Jesús, con gran acopio de argumentos pero sin resultado favorable.

Su frustrada ejecución demostraría lo desacertado de la política seguida por la Corte de Madrid. Para el cumplimiento de lo iniciado fueron designados comisionados:

* por España, el marqués de Valdelirios; y
* por Portugal, don Gomes Freyre de Andrade.

Valdelirios debía proceder a la delimitación de la frontera, desde Castillos Grandes hasta el Ibicuy, de conformidad con su colega portugués y, en su oportunidad, recibir la Colonia del Sacramento, poniéndola bajo el mando del gobernador de Buenos Aires, para todo lo cual se le dieron las consabidas Instrucciones: una, que sería de público conocimiento; y, otra reservada, que contenía las verdaderas intenciones del Gobierno español que eran, entre otras menos importantes, el prevenir las medidas necesarias para contener una futura expansión portuguesa.

Valdelirios tropezó en el desempeño de su comisión con dificultades insuperables. Por una parte, la mala voluntad de Gomes Freyre de Andrade que, con fútiles pretextos, dilataba el cumplimiento de las obligaciones contraídas por su soberano y, por otra, la resistencia que oponían los indios de los pueblos objetos de la cesión que se transformó en abierta rebelión en Abril de 1754.

Fue preciso reducirlos a sangre y fuego, pasando a ello el gobernador José de Andonaegui con fuerzas de Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes, cuyo tercio de doscientos hombres mandaba el Teniente de Gobernador de la ciudad, Nicolás Patrón y Centellas.

La represión del levantamiento jesuitico-guaraní fue despiadada, señalándose por su crueldad las tropas lusitanas y los combates que se libraron en Guacacay, Bocacay, Dayman y Cabayte. Más que acciones de guerra resultaron verdaderas matanzas, en que los indios fueron bárbara e inhumanamente asesinados.

La masonería en Europa tergiversó y magnificó los hechos, valiéndose de su poderosa propaganda e inventó la historia del rey Nicolás I del Paraguay y Emperador de los Mamelucos, haciendo recaer la culpa de todo sobre la Compañía de Jesús(3).

(3) Raúl de Labougle. “Historia de los Comuneros” (1953), capítulo I, edición de Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

No fueron impulsados los indios a la resistencia por los sacerdotes jesuitas. Aquéllo procedieron espontáneamente, en defensa de sus hogares injustamente vulnerados.

Empero, indudable es que los Padres nada hicieron por impedir el levantamiento, en lo que demostraron inteligente percepción de la realidad política. Como dice Mitro, resistir el cumplimiento del Tratado era demostrar más previsión que el monarca que lo había firmado(4).

(4) Florián Paucke S. J. “Hacia allá y para acá (una estada entre los indios mocovíes. (1749-1767)”, tomo I, primera parte, capítulo VI; tomo II, tercera parte, capítulos IV y XX; tomo III, cuarta parte, capítulo X; y sexta parte, capítulo I. // “Diario Histórico de la Rebelión y Guerra de los Pueblos Guaraníes situados en la Costa Oriental del río Uruguay, del año 1754”. Versión castellana de la obra -escrita en latín- por el Padre Tadeo Xavier Henis, de la Compañía de Jesús, en “Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna del Río de la Plata”, de Pedro de Angelis, tomo IV. // Enrique M. Barba. Enrique Mariano Barba. “Don Pedro de Cevallos, Gobernador de Buenos Aires y Virrey del Río de la Plata”. // Juan A. Pradére. “Nicolás I, Rey del Paraguay y Emperador de los Mamelucos” (1911), separata de la “Revista de Derecho, Historia y Letras”, Buenos Aires. // Padre Guillermo Kratz S. J.. “El Tratado Hispano-Portugués de Límites de 1750 y sus Consecuencias” (1954), edición de Roma, del Institutum Historicum S. J. // Del “Diario” del Padre Tadeo Xavier Henis se desprende la complacencia de los jesuitas por el levantamiento guaraní y su clandestina colaboración. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

- Pedro de Cevallos, gobernador del Río de la Plata

Las noticias del Río de la Plata alarmaron a la Corte de Madrid y determinaron el reemplazo de José de Andonaegui. Fue nombrado gobernador del Río de la Plata el teniente general Pedro de Cevallos, el 14 de Diciembre de 1755, con una “Instrucción reservada”, de fecha 31 de Enero de 1756, y unas “Providencias para el Paraguay y Buenos Aires”, donde se detallaban los fines y alcances de la especial misión que se le encomendaba.

Su designación se hizo en Noviembre de 1755.

Hacía así su entrada, en la historia argentina, una de las más grandes figuras de la época. Vástago de antiguo y esclarecido linaje montañés(5), había nacido en Cádiz y dedicado a la carrera de las armas desde su juventud; su brillante comportamiento le había hecho merecedor de que Fernando VI le concediera, el 11 de Mayo de 1749, la Encomienda de Sagra y Senet en la Orden de Santiago, y el 1 de Noviembre de 1755 el grado de Teniente General de los Reales Ejércitos y Mariscal de Campo.

(5) Enrique Mariano Barba. “Don Pedro de Cevallos, Gobernador de Buenos Aires y Virrey del Río de la Plata”, capítulo II, 2da. edición (1978), Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Como con razón escribe Barba, “no fue don Pedro de Cevallos uno de esos militares a quienes los favoritismos reales reservasen alguna fortuna. Es cierto que gozó de la confianza de tres reyes, pero no es menos cierto que la conquistó en la dura vida de campaña y no en la regalada de la Corte”(6).

(6) Enrique Mariano Barba. “Don Pedro de Cevallos, Gobernador de Buenos Aires y Virrey del Río de la Plata”, capítulo II, 2da. edición (1978), Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Descendiente de aquellos Cevallos del Romancero, que dejaron en la historia de España huella duradera y honda, tenía el temple de los que hicieron el Imperio en el Siglo de Oro; no sólo tenía la energía y la fe indomable de los conquistadores y de los capitanes de los famosos tercios, sino también la conciencia clara de la misión ecuménica para la que Dios había señalado a España. Por eso, ha sido llamado, con justicia, “la última llamarada de la grandeza española en América”.

El 4 de Noviembre de 1756 Cevallos prestó, en el Cabildo de Buenos Aires, el acostumbrado juramento, y de inmediato se consagró a reajustar la Administración Pública, bastante desorganizada por las continuas ausencias de su predecesor, que estuvo varios años ocupado en los asuntos de Misiones.

El 1ro. de Enero de 1757, ya encarriladas las cosas en Buenos Aires, partió para las misiones del Uruguay. Fue recibido en todos los pueblos con deferencia, siendo objeto de especiales agasajos, lo que mortificó al marqués de Valdelirios, enfriándose las relaciones de ambos funcionarios.

En el propio teatro de los acontecimientos, Cevallos dióse cuenta cabal del error que se cometiera al suscribir el Tratado por parte del Gobierno español, comprendiendo que todo lo acaecido no significaba otra cosa que un episodio más en la lucha empeñada por la conjuración judeo-masónica contra el Imperio católico, que todavía subsistía y se pretendía aniquilar, y que aquéllas misiones eran vallados que, aislando las Provincias españolas de la vecindad portuguesa, impedían la penetración de influencias foráneas y disolventes.

Y quizás entreviera también el cristiano caballero y gran soldado que, “mientras la Compañía de Jesús se mantuviera poderosa nada ni nadie acabaría con aquel Imperio, que era el firme baluarte de la Catolicidad en un mundo perturbado por las Fuerzas del Mal”(7).

(7) José Luis de Arrese. “Capitalismo, Comunismo, Cristianismo” (1948), capítulo I, segunda edición, Madrid. // Ramiro de Maeztu. “Defensa de la Hispanidad” (1934), edición de Madrid. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Pedro de Cevallos consiguió con habilidad y suave energía que los indios de los siete pueblos se trasladasen a los de la margen occidental que les fueron señalados como nueva residencia, pero no logró del Comisionado portugués que se hiciera cargo de los que abandonaran.

Se excusaba Gomes Freyre de Andrade, arguyendo que no estaban totalmente libres de indios y que muchos de éstos se habían introducido en el río Pardo(8) y, además, no estaba terminado por Valdelirios el trabajo de demarcación de la frontera.

(8) “Población situada en la margen del río Iacuy, a 30° 2' de latitud austral; 51° 28’, de longitud occidental del Meridiano de Vais. El Iacuy o Yacuvy (como lo escriben los portugueses), desemboca en la llamada Laguna de los Patos, al N. O. de Porto Alegre”. Nota 1, de la p. 84 de la “Colección de Datos y Documentos referentes a Misiones como parte integrante del Territorio de la provincia de Corrientes” (1877), primera parte, edición de Corrientes. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Esto último era exacto, pero se debía a que la redacción del Tratado, en cuanto a la delimitación de territorios, no era suficientemente clara, y a la falta de colaboración de Andrade y de Cevallos en su tarea.

Ahora bien, Gomes Freyre de Andrade, interpretando fielmente el pensamiento e intenciones de su Gobierno, demoraba recibirse de los siete pueblos, para no cumplir con la obligación de entregar la plaza de La Colonia; por su parte, Cevallos maniobraba con sutileza, esperando el momento en que el monarca español, dándose cuenta de la mala fe portuguesa y del error cometido, anulase el Tratado y le permitiera a él apoderarse de La Colonia y ocupar la tierra que en virtud del mismo ya habían ocupado los lusitanos(9).

(9) Raúl de Labougle. “La Historia de los Comuneros” (1953), capítulo I, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

La ocasión ansiada por Pedro de Cevallos llegaría al fin.

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