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Interinato de Manuel José de Ribera Miranda

El 25 de Junio de 1764 llegó a la Ciudad de Corrientes Manuel José de Ribera Miranda, quien había sido nombrado Lugarteniente de Gobernador, Justicia Mayor y Capitán a Guerra de ella por Pedro de Cevallos, y en su carácter de tal fue recibido por el Cabildo el día 27 de Junio.

Traía como principal misión la de averiguar quiénes fueron los culpables en los sucesos registrados en los últimos meses.

- Medidas persecutorias del Teniente de Gobernador

De inmediato, el nuevo Teniente de Gobernador adoptó diversas medidas con el propósito de hacer respetar su autoridad. El 17 de Julio de 1764 obligó a los naturales, indios, pardos y negros libres, de uno u otro sexo y fueren cualesquiera su edad y estado, a que se presentasen dentro del término de ocho días debiendo -los que poseyeran vara o pesa para medidas- hacerlas sellar.

Dispuso, además, que todos aquellos vecinos que tuvieran títulos o empleos militares, los exhibieran, y prohibió que nadie recibiera en su embarcación para salir de la ciudad a quien no estuviese autorizado por licencia suya.

El 14 de Julio ordenó al Sargento Mayor y Comandante del Partido de las Saladas, la remisión de todos los “bagamundos”, y la ejecución de un Padrón General de los vecinos y moradores.

Además, le exigió la entrega del cañón que estaba emplazado en el Fortín Anguá, con todo su avío, y que contribuyese con veinticuatro hombres y un cabo a reforzar la guarnición de Corrientes, tropa que debería estar en la ciudad antes del 27 del mencionado mes, por la mañana.

En esta última fecha se dirigió al Comandante de Ensenada pidiendo el envío de un mínimo igual de soldados y con el mismo fin.

Hizo arrestar a algunos vecinos de Saladas que consideraba sospechosos y, con fecha 27 de Julio, exigió se le enviasen las “lecheras, obexas, gallinas, Patos, trastes y demás cosas” de pertenencia de ellos. Hizo también dar cuatro carreras de baquetas -a un vecino principal- en la Plaza(1).

(1) La pena de baquetas era sanción corporal propia de la milicia, y consistía en hacer pasar al reo entre una doble fila de soldados afrontados y separados por espacio de terreno. Estos, armados de correas, golpeaban al condenado a su paso. Era pena infamante que sólo se aplicaba a soldados y cabos y nunca a militares de una graduación superior. Ver: Pedro Toledo Sánchez. “Esquema del Derecho Penal Militar Indiano y su Jurisprudencia Chilena” (1950), Santiago. Editorial Justicia de Chile. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

El 9 de Agosto de 1764 pidió al Comandante de Ensenada le enviase veinticuatro soldados más, con su cabo, los que deberían encontrarse en Corrientes el día 16, a más tardar.

En la misma fecha prohibió que pasasen caballos al Paraguay, pretextando eran de suma necesidad en la jurisdicción, y reglamentó minuciosamente el comercio de cueros con Santa Fe y Buenos Aires.

A son de caja y voz de pregonero, el 6 de Septiembre de 1764 citó para reseña general a todos los mayores de catorce años, con sus armas y caballos, para el día 16 de ese mes, pena de cien pesos aplicados al ramo de Guerra y destierro a Montevideo, donde estaría seis años quien no se presentase, a ración y sin sueldo, en los trabajos públicos.

Durante los meses de Septiembre y Octubre exigió diversas contribuciones en reses, y el día 24 de este último mes declaró traidor al rey a todo aquél que hablara contra él, so pena de la vida.

El 25 de Octubre ordenó por Bando que, al oír el tiro de cañón, todos pasaran a la plaza, aunque se tratase de clérigos o religiosos, debiendo cerrarse todas las puertas de las casas, y no salir “a la calle puertas o ventanas, o sobre las Paredes, o Tapias, Mujeres ni muchachos, pena de la vida”(2).

(2) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 4. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Todo este alarde de energía lo hacía Ribera Miranda, según escribió el 20 de Septiembre a un vecino de la ciudad, “pa. qe. conozcan la autod. y Juridiz. R1., el lugar, qe. represento, y qe. no soy como mis antesesores”(3).

(3) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 4. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

El Teniente de Gobernador se rodeó de todos aquéllos que eran conocidos como del bando de los peninsulares, e hizo apresar y llevar a su propia casa al anciano general Pedro Bautista de Casajús, no obstante que estaba gravemente enfermo, intentando hacer lo mismo con su hijo, el regidor Sebastián de Casajús, sin lograrlo, porque éste se acogió a Sagrado en la Capilla de Saladas, el 16 de Agosto de 1764.

También redujo a prisión a Diego Fernández, vecino noble y benemérito, cargado de años y servicios.

A fin de impedir que Sebastián de Casajús huyera de su refugio, puso cerco a la Capilla de Saladas, empleando en ello doscientos hombres, y redobló su Guardia de la ciudad.

- Las persecuciones generan descontento

El descontento cundió rápidamente, porque estas obligaciones militares que imponía alejaban a los vecinos del cuidado de sus chacras y estancias, que era en ese entonces imprescindible, pues habían sufrido varios años de sequía y langosta de manera que, dada la pobreza de la tierra y el no circular en ella dinero, la situación porque se atravesaba era verdaderamente angustiosa.

El maestro Casajús aprovechaba las circunstancias para combatir al Teniente de Gobernador con enardecida propaganda, incitando a la desobediencia.

El regidor Casajús logró burlar el cerco y, entrando en la ciudad, se refugió en el Convento de San Francisco. Para impedir que nuevamente se escapase, el Teniente de Gobernador rodeó el Convento con guardias que se renovaban constantemente día y noche y, temoroso de un levantamiento, armó hasta cuatrocientos hombres que puso bajo el mando de Antonio Nazarre, vecino de Buenos Aires llegado a Corrientes dos meses antes y que no tenía otro mérito para ejercerlo que el de ser paniaguado suyo y de haber sido guardia de corps en su juventud, todo lo cual aumentó el malestar reinante.

El 28 de Septiembre de 1764, Ribera Miranda ordenó al Comandante de Saladas que, obrando con sagacidad, atrajera fuera de Sagrado al maestro Casajús, le pusiese preso y, llevándole al Puerto de Las Tunas, le enviara en una canoa y bien asegurado a Buenos Aires.

Del resultado a que se llegó se podrá juzgar por la siguiente:

“Certificazn - Decimos los abaxo firmados, qe. el día quatro de Octe de sesenta y quatro as como a las ocho de la mañana salimos de oyr Misa del oratorio de Sto Domingo con don Luis de Soto, qe hiba hacia la estancia de dn Sebastián de Casajús y nos acompañó el señor Vicco dn Jph. de Casajús, Cura de la Capilla de Sn Joseph de las Saladas Jurisdizn. de Corrss. y aviendo caminado del oratorio como quatro quadras juntos todos, y el Sor Vico en medio, se paró dho dn Luis y le dijo al Sr Cura, qe se diese preso al Rey, a lo qe respondió dho Cura qe pr ninguna de las maneras, y qe no conocía más superior qe el Sr dn Anto Martínez Cura y Vic° de esta Ciud porque el Sr Tente no conocía pr tal; y qe era Cura, y qe el Rey no tenía con él qe, o en el Jurisdiz pa prenderle, dando buelta, y diciendonos qe le diessemos auxilio pa resistir pues él era Cura, y el Rey estaba sujeto a la Iga a los qe al instante dixo dn Luis repitiendo a dho Cura qe si era Vazallo del Rey se rindiese preso y qe lo llebaría suelto con toda veneraz y respeto como a tal sacerdote, sin ofenderle de palabra ni obra, ni con estas palabras ni otras muchas más qe dho Sr le repitió, con mucha cortesía, y buen modo, fue suficiente a qe se rindiese, spre, diciendo el Cura, qe, no obedecía ni conocía pr Rey a sus Ministros, qe no se daría pr ningún modo alo qe dn Luis spre. procuró con toda prudencia, y cortesía, apacyguarlo, dándole a entender, qe si estaba sujeto al Rey, pues era su Vazallo en estas satisfaciones nos mantuvimos, oyendo y viendo, como cossa de media ora en el sitio donde lo atajó, hasta qe dijo el Cura qe le llebasen a su casa, qe estaba inmediata a dho citio a lo qe luego condescendió dn Luis, diciéndole el Cura, qe si y qe si si le hacía traer su sotana y demás de su ropa, pa caminar a su destino con la desencia qs correspondía a su estado; assí caminamos todos juntos hasta llegar a la dha casa; donde precipitado el Cura se desmontó del cavallo, diciendo qe no saldría de allí sin qe le pusiesen grillos o lo maneatasen, o se lo mandase el Sr Vic° Dn Ant° Martínez, pr qe no obedecía al Sr Theniente, aunqe sabía que era Ministro del Rey, ni a otro cualesquier oficial suio, aesto le dijo dn Luis spre. en nombre del Rey, qe montase a cavallo, y qe obedeciese y se rindiese al Rey, esto se lo repitió ms vezes con buenos modos, y cortesía sin agraviarle en lo mínimo, y no queriendo montar a cavallo pr bien, resolvió dn Luis mandar buscar a dn Luis de Abalos, Sargto Mor deeste Partido, qe luego qe vino nos llamo dho dn Luis de Soto, y en nra. precencia le dijo al Srgt° Mor q° se recibiese de la persona del Sr Vic° y caminase con él y nosotros qe servíamos de guardia al destino qe mandaba el Sr Thente. entregándole a sus pies, y preso sin armas con el encargo de qe se lo tratase con toda veneraz y qe no lo dexase escapar hasta dar parte el Sor Gral. de lo q° se recibió dho Sargt° Mor, y luego se retiró dn Luis a excrevir al Sr Theniente quedando spre. el Sr Cura preso con guardia; y dn Luis de Abalos le mandó montar a cavallo pa seguir su destino, y no quiso obedecer, sin atreverse dhos Sres. de violentarlo pr no ocasionar al Cura viéndolo tan zerrado y determinado, a qe de su voluntad no ha de caminar preso hasta qe tuvo pr bien dho Sargt° Mor de no sitarle más hasta que la segda. orden del Sr Gral., qe la estábamos aguardando en esta casa con dho Cura prisionero. Esto es la verdad de lo qe pasó en este caso qe lo declaramos asó bajo de Juramto. qe lo hazemos ry Ds nro. Sor y esta señal de la Cruz como esta a la q° nos obligamos aora y en todo tpo. qe seamos llamados en qualquier tribunal donde esta fuera presentada a declarar lo mismo qe decimos y de pedimto de dn Luis de Soto damos la presente en las Saladas a seis de Octo de setecientos sesenta y quatro as. A ruego de Migl. Fernz tgo. Gregorio de Soto. tgo. Ant° de Quirós. tgo. Gregorio de Soto. tgo. Lorenzo Altamirano”(4).

(4) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 4, pp. 26 y 27, especialmente. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Solamente diez días permaneció en su casa el maestro Casajús, hasta que una noche, posiblemente con ayuda de sus mismos guardianes, huyó acompañado de un peón hasta el paraje del Empedrado.

Allí continuó su propaganda contra Ribera Miranda, del que decía “era un pulpero judío y que le habían echo causa de ereje, y que biniesen y le diesen de palos y le echaran río abajo”(5).

(5) Archivo de la Curia eclesiástica del Arzobispado de Buenos Aires, Legajo 38, Expediente Nro. 121, fs. 42 vta. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

- Movimientos subversivos preparan el golpe comunero

Desde su refugio enviaba continuamente emisarios a la ciudad y a los vecinos de Saladas y Caá Catí, organizando la rebelión contra el Teniente hasta que un suceso inesperado la precipitó, y fue que Ribera Miranda, creyéndose afianzado en el poder con la llegada -el 19 de Octubre de 1764- de una compañía de dragones que, al mando del teniente Juan Sancho, regresaba de Asunción a Buenos Aires, puso presas a algunas mujeres de calidad.

En ese entonces el maestro Casajús estaba oculto a sólo tres leguas de la ciudad, en el monte del Riachuelo, donde se sustentaba con los auxilios que, desde aquélla, le enviaba el vicario Martínez de Ibarra(6).

(6) La compañía de dragones del teniente Juan Sancho había ido a Asunción del Paraguay escoltando funcionarios que llevaban cierta cantidad de plata de la Real Hacienda. Ver: Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Justicia, Legajo 2, Expediente Nro. 19. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Además, el 27 de Octubre de 1764 publicó Bando prometiendo el perdón a los que habiendo participado en los desórdenes de 1762 y 1763 se presentaren expontáneamente. Hízose el anuncio con gran aparato:

“Mandó poner en su puerta dos cañones cargados de metralla, asestados a la iglesia parroquial, distante de ella algo más de una quadra, y el dho. Teniente se puso a cavallo en la Puerta de su cassa con el R1.
“Estandarte en las manos y a su lado, en otro cavallo, el Alcalde de Segundo Voto, y clavando en el suelo dho. R1. Estandarte, mandó publicar Bando, ofreciendo perdón en nombre del Rey, a todos aquéllos que perseguía y andaban fugitivos qe viniesen a refugiarse del Rl. Estandarte lo qual haciendo algunos los mandó poner pressos, siendo más apreciable la interposición de una Muger, por quien se libertaron algunos, que se le postraron pza. el medio; qe la palabra publicada, y ofrecida por público Bando, y veneración y respeto debido al R1. Estandarte, saliendo después de cada prisión qe hacía dho. Teniente a dar buelta por la Plaza y parándose a cada passo levantaba el sombrero en alto, como quien se atajaba el sol, y miraba para todas partes, que parecía gracejo de comedia”(7).

(7) Archivo de la Curia eclesiástica del Arzobispado de Buenos Aires, Legajo 38, Expediente Nro. 121, fs. 111. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Esa actitud de Ribera Miranda excitó aún más los ánimos del vecindario de manera que, cuando en la mañana del domingo 28, Día de San Simón y Judas, a eso de las 11:00, se presentó una partida de soldados en casa de Bernardo Sánchez Negrete y apresó a su mujer, Catalina González de Alderete, a quien luego de pasearla por distintas calles a son de caja de guerra, se encerró entre negros e indios en un galpón destinado para cárcel y que estaba situado junto a la casa del Teniente, la indignación llegó a su colmo.

Asimismo, fue preso un hermano de dicha mujer, José González de Alderete, a quien se había sindicado como inspirador del motín de Arenguá.

- Movimiento comunero destituye al Teniente de Gobernador

Llevada la noticia al grupo de descontentos de Saladas y Caá Catí, que respondían a los Casajús, los referidos se reunieron en la chacra de uno de ellos resolviendo atacar la ciudad y deponer y apresar a Ribera Miranda.

Fijaron para ejecutar su designio la noche del día siguiente, Lunes 29 de Octubre de 1764.

Eran principales motores de la rebelión, el maestro Casajús, Ramón Paredes y Gaspar de Ayala, estos dos últimos, hombres del pueblo pero de prestigio entre el paisanaje por su valor.

Contaban con la simpatía de los frailes de Santo Domingo y San Francisco y, según creencia generalizada, serían amparados -llegado el caso- por el vicario, doctor Antonio de la Trinidad Martínez de Ibarra, y por el obispo de Buenos Aires, Manuel Antonio de la Torre(8).

(8) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 5. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Los conjurados -en número de diecisiete- se reunieron la tarde del Lunes 29 de Octubre de ese año de 1764 en una chacra de la costa del Riachuelo y, de allí, comandados por Ramón Paredes, emprendieron la marcha hacia la ciudad, a cuyos aledaños llegaron cerca de la medianoche, haciendo alto en un bosquecillo junto a la Capilla de La Cruz del Milagro, donde encontraron dos amigos que les informaron estaba la ciudad en quietud, ajena a sus intenciones.

Luego de esperar un rato “a que se entrase la luna”, al “oír el canto de los gallos”, reanudaron su camino. Dispuso el jefe su gente para el ataque: el grueso, o sea quince hombres, debería avanzar en dos filas por la calle de la Compañía, evitando la plaza; a los cuatro restantes se les confió la misión de llegar a ésta, tomando un callejón lateral, para verificar cuáles eran las fuerzas de la Guardia.

No contaban los conjurados con más armas que dos escopetas, un sable y garrotes de algarrobo, pero les sobraban valor y decisión. Sin dificultades, aprovechando las irregularidades de la edificación que les permitía disimularse(9), llegaron hasta la casa del Teniente de Gobernador.

(9) Hasta 1785 no se reglamentó el trazado de las calles. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

De pronto, el silencio de la noche fue roto por un espantoso “alarido”, seguido por sendos disparos de las escopetas, al propio tiempo que Paredes gritaba: “¡Ea, hermanos! ¡Ya es tiempo de libertad en nuestra Patria! ¡Viva el rey y muera el mal gobierno!”.

Apresuradamente los sublevados desmontaron y penetraron en las habitaciones, después de vencer la resistencia de los desprevenidos centinelas, uno de los cuales fue muerto de una puñalada, quedando otro malherido(10).

(10) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 5; mismo Archivo, División Colonia, Justicia, Legajo 2, Expediente Nro. 19, declaración de José Borges:
“Entraron tumultuando la ciudad, dando alaridos al modo que los indios guaicuru infiel lo hace, cuando comete sus hostilidades”. “¡Viva el rey y mueran los malos ministros!”, fue el grito de los comuneros de Castilla. Ver: Ferrer del Río. “Decadencia de España”, primera parte; “Historia del Levantamiento de las Comunidades de Castilla” (1850), Cap. III, 1520-1521, edición de Madrid.
La palabra “centinela” está escrita en femenino en los documentos que se citan. Al respecto, el sabio polígrafo Francisco Rodríguez Marín dice: “Centinela, lo mismo que camarada, ha pasado a ser masculino, de femenino que fue en los siglos XVI y XVII. Es voz italiana, por cuyo empleo reprendía Diego Hurtado de Mendoza al capitán Salazar (Carta del Bachiller de Arcadia ... en las “Sales Españolas”, compilada por Paz y Meliá, tomo 1, p. 77).
“¿Para qué decir forraje si es mejor decir paja? ... ¿Para qué lanzas y no hombres de armas, emboscada y no celada ... centinelas y no velas y escudos?”. Ver: “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, edición crítica anotada por Francisco Rodríguez Marín, individuo de Número de la Real Academia Española y Director de la Biblioteca Nacional, en Nota puesta al capítulo CLI de la Primera Parte, Madrid, MCMXVI. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Prodújese entonces un gran tumulto, porque al estrépito de la pólvora “se juntó tanta gente que no se pudo percevir cosa formal”.

Diversos grupos se desgranaron del montón, yendo unos a liberar a los presos y, otros, a su vez, a buscar a los partidarios del Teniente de Gobernador, para prenderles.

- Detención de Ribera Miranda

Ribera Miranda, en camisa y calzoncillos, fue sacado del lecho por Ramón Paredes y José Cardozo, amarrándole el primero las manos con su ceñidor y el segundo los pies con su faja(11).

(11) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 5, declaración de José Cardozo, a fs. 28 vta. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Ambos le tomaron en vilo, llevándole a la sala “que, como el viento entraba por la puerta, se llenó del polvo de la calle, que casi no se beía ni a distinguir nada por la mucha gente, que ocurrió luego y assi alinstante mismo que pusieron al The. en el suelo salió uno de dentro, de la casa como corriendo, y depasso le dio al the. un golpe en la cabeza o la cara, que le hizo caer en el suelo”, golpe que fue seguido de otros, en medio de la confusión del momento.

Ensangrentado y semidesvanecido, Ribera Miranda fue llevado, debidamente custodiado, a la Casa del Cabildo, donde quedó preso(12).

(12) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 5, declaración de José Cardozo, a fs. 28 vta. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Los oficiales de las milicias, cuyo comandante Nazarre había sido hecho prisionero, quisieron -espada en mano- obligar a los soldados a resistir y hacer fuego sobre los sublevados, sin lograr su propósito porque aquéllos se plegaron a éstos y, volviéndose contra ellos, los atacaron, resultando heridos en la refriega los capitanes Ziprián de Lagraña y Juan de la Fuente, y algunos soldados que se pusieron de su parte.

En cuanto a los dragones, la circunstancia de estar gravemente enfermo su jefe, el teniente Sancho, les determinó a permanecer a la expectativa; solamente el piquete que, bajo el mando del cabo Miguel Ortiz estaba encargado de la Guardia de la cárcel en que se encontraba preso José González de Alderete, se negó a entregarlo, siendo menester una orden expresa de Ribera Miranda para que le dejasen libre(13).

(13) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Justicia, Legajo 2, Expediente Nro. 19. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Al día siguiente, martes 30, el Teniente de Gobernador recibió la visita de todos los miembros del clero que fueron a saludarle y, al serle preguntado por éstos si tenía alguna herida en el cuerpo, respondió “qe ninguna, sino un cardenal en un ojo de la cara”.

Luego, a las 14:00 de ese mismo día, se le trasladó a la casa del Vicario donde sólo permaneció hasta el 2 de Noviembre de 1764, en que se le permitió regresar a su propio domicilio, por gestiones de Juan García de Cossio. Allí, bajo estricta vigilancia, quedaría tres meses(14).

(14) Archivo de la Curia eclesiástica del Arzobispado de Buenos Aires, Legajo 38, Expediente Nro. 121, fs. 122. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

- Insurrectos peticionan al Cabildo. Rechazo de éste a las demandas

El miércoles 31 se reunió el Cabildo -a pedido de los sublevados- en cuya representación concurrió al Acuerdo José González de Alderete, portador de un Memorial en el que se exigía el nombramiento de Juan Sancho como Teniente de Gobernador e imponían las siguientes condiciones:

“1ro. - La primera Q. no hade tener amistad ninguna con los subjetos siguientes: Dn Joseph de Acosta, Dn Ziprián de Lagraña, Dn Juan de Cossio, ni otro alguno de los dependientes de esta casa(15).

(15) Se refiere a la Casa de Zamudio. Esta familia era de la más ilustre nobleza del Señorío de Vizcaya, una de las treinta y cuatro de la primera categoría nobiliaria, llamadas de “Parientes Mayores”, por darles los reyes este tratamiento de “parientes” en ocasiones de guerra. Fue su tronco, en Corrientes, el Maestre de Campo Juan Crisóstomo de Dícido y Zamudio, natural de Bilbao, llegado al Río de la Plata en 1696 con su tío carnal, el Caballero de la Orden de Santiago y gobernador del Tucumán, Juan de Zamudio. Contrajo matrimonio en Corrientes, en 1721, con Ana Maciel, hija del general Baltazar Maciel -que fue Teniente de Gobernador- y de Gregoria Cabral de Melo que, a su vez, era hija del célebre conquistador Manuel Cabral de Alpoin y de Juana Delgado de Espinosa. El Maestre de Campo Dícido y Zamudio fue Regidor, Alcalde de primer voto, Alguacil Mayor y Procurador General, y tuvo de su matrimonio con Ana Maciel, dos hijos: Juan Manuel de Zamudio, que murió soltero; y el doctor Francisco Xavier de Zamudio, primer Cura Rector de la Iglesia de La Piedad, en Buenos Aires, que murió en 1814, siendo deán de la Santa Iglesia Catedral de esta ciudad; y tres hijas: María Antonia de Zamudio (casada, en 1745 con Nicolás Patrón y Centellas); Ana de Zamudio (casada, en 1750, con José de Acosta); y María Gregoria de Zamudio (casada, en 1749, con Ziprián de Lagraña). Era esta familia la más acaudalada de Corrientes. Según José de Acosta, María Antonia de Zamudio era el “pral. objeto y blanco de todo el rencor de los comuneros”; Juan de Almirón decía que “las señoras Zamudio pretendían dirigir todo”; y Juan Esteban Martínez afirmaba “que Da. María Antonia Zamudio de cuia fama han dimanado y hasta de presente, varias desonras y descréditos, así por ecos, como por seculares y mujeres”. Ver: Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Justicia, Legajo 2, Expediente Nro. 19; y Archivo del Arzobispado de Buenos Aires, Legajo 38, Expediente Nro. 121, fs. 193; Archivo Histórico Nacional de Madrid, Sección de Ordenes Militares, pruebas de nobleza de los Caballeros de la de Santiago, año 1688, Expediente Nro. 9.088, registrado en el Legajo 4.888; “Las bienandanzas e fortunas que escribió Lope García de Salazar estando preso en la su torre de Santa María de Muñatorre”; reproducción del Códice existente en la Real Academia de la Historia, hecha por Maximiliano Camarón, Restaurador de la Biblioteca Nacional, edición de 1884, Madrid; Xavier de Ibarra y Bergé. “Las Torres de Vizcaya” y “La Casa de Salcedo de Aranguren”; Julio de Atienza. “Diccionario Nobiliario Español”; Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Tribunales, Legajo 108, Expediente Nro. 14; Archivo General de Indias, Sevilla, Sección V, Indice General, Legajo 1.320. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

“2do. - Que Dn Antonio Suares, Dn Bonifacio Barrenechea, ni Dn Joseph Rolón se hade permitir que pazen en tierra, antes si a la ora qe parescan hande ser presos y espulsados de la tierra.
“3ro. - Que hade actuar ante si y dos testigos nombrados por nosotros apedimento de un Fiscal nombrado por nosotros mismos y con Audiencia del Procurador de la Ciudad la causa sumaria de los motivos justos del Levantamiento, y que ha hecho tirano el Govierno de Dn Manuel Ribera y por lo mismo intolerable.
“4to. - Que se dé por ninguno el arreglamiento nuevo q. ha iniciado en la Milicia de esta Ciudad dejándola en el pié q. antes desde la elección sin novedad alguna gozando cada cual de sus funciones, de que se les ha privado. Que ningún Prófugo hade dar officio Político ni Militar.
“5to. - Que el nombramiento de Theniente se ha de hazer mañana Miércoles en Cabildo pleno en donde han de concurrir todo el bezindario particularmente los Padres de la Repuca.
“6to. - Que de allí luego se ha de disponer despachar en el barco de Domingo Bermudes a Dn Manuel Ribera asegurado con cadenas hasta que lo fuera de la jurisdicción que lo ... (ilegible).
“7mo. - Que los bienes de dicho Ribera han de quedar aquí embargados y depositados en personas de mucha satisfacción pa la paga y quitación de lo que ha usurpado a la tierra presediendo la correspondiente justificación de lo qe se le demandare.
“8vo. - Que ha de jurar de no escribir carta ninguna al Gover. ni ha de poder abrir las que Su Excelencia le escriviere sin la asistencia de los dos testigos legales que ... (ilegible), audiencia donde radicamos nuestra causa por hallarnos enterados por la boca del mismo Ribera que Su Exa. se halla encarado con ésta tierra.
“9no. - Que el mismo Theniente con el Cabildo y asistencia de doze diputados de nuestra facción nos nombre un sujeto de los más capaces de la tierra, que abogue y formalize nuestras causas hasta fenezerlas y conclusas se sierren para la Real Audiencia”. Firmaban el Memorial, Hilario y Gregorio Sánchez, como “testigos”, y Nolasco Pabón como “Escribano Público”(16).

(16) Archivo General de la Provincia, Corrientes, Actas Capitulares del año 1764. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Los cabildantes deliberaron y de las constancias del Acta pertinente resulta que se negaron a acceder a las pretensiones de los sublevados.

Punto por punto fueron discutidas:

* a la solicitud de nombramiento de Sancho, opusieron el reparo de que ello correspondía al gobernador de la provincia, careciendo el Cuerpo municipal de las facultades para hacerlo, y argüyeron, además, que el Teniente de Gobernador depuesto había designado oportunamente para maestre de campo a Juan de Almirón, en quien las circunstancias hacían recaer el mando de las armas, debiendo asumir el político el Alcalde de primer voto hasta tanto resolviese -en definitiva- la autoridad superior;
* negándose a expulsar a Suárez, Barrenechea y Rolón, sosteniendo no haber causa que permitiese tal determinación;
* respecto de la Instrucción de Sumaria información donde constasen los motivos del levantamiento, se manifestaron de parecer que el juez actuante debía tener libertad para nombrar Fiscal y recibir la prueba de testigos, con imparcialidad;
* en cuanto a la revisión de lo dispuesto por Ribera Miranda sobre grados militares, fueron de opinión que era atribución del Jefe de las armas y no del Cabildo.
* Negáronse asimismo a acceder al pedido de deportación de Ribera Miranda, por cuanto “hallándose herido y gravemente enfermo, este Ayuntamiento ni ninguna persona xtiana le deve precisar aponerse en camino”, y también a que se le prohibiese escribir al gobernador.
* Desestimaron el pedido de que se le embargasen a Ribera sus bienes, y decidieron se hiciese inventario de ellos, confiándose su guarda a “persona que sea de la satisfacción de Juez y Partes”.
* Finalmente, los cabildantes rechazaron el nombramiento de Defensor de los Sublevados, considerando que ya oportunamente y si ello fuere necesario, al practicarse por el gobernador la Sumaria Información, sería el caso de que lo solicitaran.

Asistieron al Acuerdo el Alcalde de primer voto, León Pérez; el de segundo voto, Francisco Xavier de Solís; el Alcalde Mayor Provincial de la Santa Hermandad, José de Acosta; el Regidor, Juan de Solís; y el Procurador General, Juan Benítez(17), “hidalgos cuyos nombres deben recordarse como ejemplo de valentía y dignidad”, dice en su comentario de los hechos el historiador Raúl de Labougle.

(17) Archivo General de la Provincia, Corrientes, Actas Capitulares del año 1764. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

- Proclaman el Gobierno del Común y nombran al Jefe de la ciudad

Ante la resuelta actitud del Cabildo y habiéndose ausentado de Corrientes la compañía de dragones -que siguió su viaje a Buenos Aires- los sublevados, dueños de la fuerza, proclamaron el Gobierno del Común, y por Jefe supremo de la ciudad y su jurisdicción, con título de Maestre de Campo, a José González de Alderete, hombre de sesenta y cuatro años, de reconocido valor personal, pero tan ignorante que ni siquiera sabía leer y escribir; descendiente de conquistadores y soldado desde su juventud, había sido uno de los leales -en 1732- en ocasión en que los correntinos se amotinaron en Itatí contra el Teniente de Gobernador Jerónimo Fernández, que intentaba pasar al Paraguay en cumplimiento de órdenes de Bruno de Zavala(18).

(18) Archivo General de la Provincia, Corrientes, Actas Capitulares del año 1764, citadas. Padre Pedro Lozano S. J. “Historia de las Revoluciones de la Provincia del Paraguay”, tomo II; Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 5. Declaración de José González de Alderete, de fs. 71 a fs. 92. Dijo de sí mismo que su prestigio fincaba en que su ascendencia había “sido muy distinguida en esta Provincia, desde los primeros Conquistadores, y queel Confessante noa querido perder su Nobleza por sus procedimientos, ni el rastroxo de su ascendencia” y que, además, en todas las campañas contra los indios infieles había sabido ser un jefe bondadoso al par que enérgico para sus subordinados. “Y queaesto deve añadir el que como a dho. le adado Dios espíritu para arrojarse a los peligros que a no temerlo se hubiere también escondido, como han hecho otros”. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

De inmediato publicó Bando invitando -a quienes se habían acogido a Sagrado- a regresar a sus casas, prometiéndoles que sus personas y bienes serían respetados. Además, con el fin de justificar el alzamiento, se presentó ante el Alcalde de primer voto, “en nombre y voz de todos los vecinos e hijos de esta Ntra. Patria de la ciud de Sn Juan de Vera de las Corrs”, solicitando se hiciera Información, con declaración de cabildantes y “Padres de la República”, de cómo se levantaran contra Ribera Miranda “por qe como tirano y cruel como el de Nerón, sin guardar, ni observar en la Justa. ni Piedad, dro. Ley, ni estatuto, orden alguno, nos era inaguantable, pues en quatro Meses qe ha governado”, tuvo a todo el mundo sobresaltado, sin que se pudiera ni siquiera trabajar.

El interrogatorio pertinente constaba de diecinueve preguntas, que eran otros tantos cargos contra los procedimientos del Teniente de Gobernador(19).

(19) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 4. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Terminada la Información que autorizó el referido Alcalde de primer voto, con los correspondientes testigos, fue enviada al gobernador de la provincia, el 12 de Noviembre de 1764, acompañada de una Relación de lo acaecido, firmada por González de Alderete y quince de los principales comuneros(20).

(20) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 4. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Para festejar el triunfo, el Domingo 4 de Noviembre se había oficiado una Misa de acción de gracias en la Capilla de La Cruz del Milagro, actuando de celebrantes el dominico fray Sebastián Marcos y los franciscanos fray Roque Delgado y fray Juan de Agüero.

Con gran alboroto de los circunstantes se quemaron fuegos artificiales y se cantaron por las calles unos versos encomiásticos de la insurrección, en los que se satirizaba a Ribera Miranda, que escribió el Padre Delgado.

Almirón, de regreso en Corrientes, concurrió al Acuerdo capitular del 12 de Noviembre e informó que había tenido una conversación con González de Alderete, en la que éste díjole estar conforme con que asumiera el Gobierno de las armas, y le prometió obediencia en todo menos en lo de la libertad del Teniente de Gobernador, sus haciendas y criados, cosa que juzgó inadmisible y le determinó a rehusar el mando que le ofreciera el Cabildo.

En estas circunstancias declaró el Alcalde de primer voto, León Pérez, que asumía el Gobierno político de la ciudad y su jurisdicción, y continuaron los cabildantes celebrando sus reuniones los días acostumbrados como si nada hubiese sucedido.

En el Acuerdo del 3 de Diciembre decidieron, estando presente el Procurador General, hacer una “Representación seria a don Joseph González como cavo de dha. jente” reclamando la libertad de Ribera, y delegar al Alcalde Mayor Provincial para que hablase a los prelados y al vicario, y también al Tesorero de la Real Hacienda, Ignacio de Soto, para que todos ellos les acompañasen en su gestión ante el Jefe comunero, dándole así a ésta “mayor autoridad”.

El vicario, doctor Martínez de Ibarra, negó su concurso, manifestando:

“quién les habrá dicho a estos que estoy loco; o discurren que lo he perdido la chaveta, pues han benido ami casa a procurar que lo salga echo loco a predicar ala jente, buena tontera fuera en mi, y mas cuando beo que esta jente está despechada”.

Fueron, pues, a visitar a González de Alderete, los cabildantes únicamente, porque el prior de Santo Domingo se excusó, alegando estar enfermo, y el rector del Colegio de la Compañía de Jesús, Padre Roque Ballester, dijo que iría cuando fuesen los otros prelados.

Nada obtuvieron en su demanda, siendo muy mal recibidos por los comuneros, de todo lo cual dejaron constancia en el Acta capitular correspondiente(21).

(21) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Criminales, Legajo 5, Expediente Nro. 4; y Archivo del Arzobispado de Buenos Aires, Legajo 38, Expediente Nro. 121, fs. 72 a fs. 80. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

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