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Significación de la creación del virreinato y demás reformas complementarias

- Las reformas complementarias

Correspondió al virrey Juan José de Vértiz y Salcedo presidir la creación de los Organismos que en pocos años acompañarían la formación del virreinato y le darían un sentido más trascendente.

En efecto, si la segregación de varias provincias del virreinato del Perú y su reunión bajo una autoridad residente en Buenos Aires importaba un cambio fundamental y el reconocimiento de la creciente gravitación que las provincias del extremo Sur Atlántico tenían en el Imperio español,

* la incorporación de Buenos Aires al régimen del libre comercio;
* la consiguiente creación de la Aduana porteña;
* el establecimiento de la Audiencia en la capital virreinal; y
* la reorganización de las jurisdicciones provinciales bajo el régimen de las Intendencias, significó un cambio fundamental para la vida de estas regiones.

El desarrollo que acompañó la puesta en funciones de estas instituciones -a las que seguiría años después el Consulado de Buenos Aires- desarrollo político, económico y demográfico, hizo posible un clima de relativa adultez que proporcionaría en pocas décadas el adecuado marco para que -en consonancia con las circunstancias internacionales- se produjese una revolución emancipadora.

En menos palabras: el proceso revolucionario de Mayo tiene su punto de partida en la creación del Virreinato del Río de la Plata.

Casi simultáneamente con esta creación -un año después- se dicta para toda América el Reglamento para el Comercio Libre de España a Indias. Establecía éste que dicho comercio

* debía hacerse en naves españolas y con tripulaciones españolas;
* promovía las construcciones navales -en especial la de naves de alto tonelaje-;
* reiteraba los puertos autorizados para el intercambio, incluyendo en el nuevo virreinato del Plata a Buenos Aires, Montevideo y Maldonado;
* establecía el registro de cargas;
* el establecimiento de Consulados en los puertos con mayor movimiento;
* el comercio entre puertos americanos; y, por último,
* daba normas fiscales nuevas tendientes al fomento de las manufacturas metropolitanas y de la producción de materias primas americanas.

Estas disposiciones aplicadas a Buenos Aires significaban la seguridad de mantener el ritmo de prosperidad iniciado pero, si se agrega a ellas la ampliación del radio de influencia comercial de Buenos Aires hasta La Paz en el Alto Perú y el aporte a la organización virreinal de todas las riquezas de la región altoperuana, se comprende la gravitación del cambio.

Además, el esquema del Reglamento se vio prontamente roto en varios puntos por circunstancias internacionales. En 1782 se autorizó a Francia a negociar con puertos americanos en buques españoles con retorno a Francia; poco después -1797- se permitió el comercio con buques de banderas neutrales mientras durase la guerra.

- La Real Ordenanza de Intendentes

Las reformas implantadas por los Borbones, si bien hicieron sentir con rapidez sus efectos en el orden económico, tardaron en variar la Administración territorial de las posesiones de América. Los Virreinatos, Gobernaciones y Capitanías Generales mantuvieron su tradicional funcionamiento, alterado sólo por los nuevos límites y jurisdicciones.

En las postrimerías del siglo XVIII se creó en el Río de la Plata -por vez primera en América- el régimen de Intendencias, institución que transformó radicalmente la vieja estructura y sirvió para uniformar la Administración, hasta ese momento complicada por el excesivo poder de las autoridades residentes y la lentitud e ineficacia de su funcionamiento(1).

(1) El sistema de las Intendencias tuvo su origen en Francia y fue implantado por Richelieu para disminuir el poder de la nobleza y consolidar el absolutismo del monarca. En 1718, el rey Felipe V lo implantó en España. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

El 28 de Enero de 1782, Carlos III, siguiendo con la costumbre de trasplantar a América los organismos metropolitanos, dictó la “Real Ordenanza para el Establecimiento e Instrucción de Intendentes de Ejército y Provincia”, código de doscientos setenta y seis artículos que reglamentaba las atribuciones de los nuevos funcionarios.

Dos causas principales influyeron para que el monarca implantara el régimen de Intendencias en el Río de la Plata:

a) la necesidad de no centralizar en el virrey la suma de las atribuciones; y
b) debilitar el poder local de los Cabildos.

- La Aduana y la Intendencia de Real Hacienda

Paralelamente a la instauración de este régimen comercial se estableció la Aduana en Buenos Aires y Montevideo, como consecuencia obvia.

Las aduanas eran organismos que funcionaban en las inmediaciones de los puertos y estaban destinados a percibir el cobro de los diversos impuestos; si se establecían en el Interior del territorio se llamaban aduanas secas.

Como consecuencia de la real cédula de 1778, que facultaba a Buenos Aires para comerciar con la metrópoli, el monarca dispuso crear una Aduana en la mencionada ciudad. Además de sus funciones fiscales, este organismo tenía jurisdicción en los asuntos de orden comercial o financiero, pues los derechos que percibía eran destinados a sufragar diversos Gastos de la Administración.

Cuando Pedro de Cevallos llegó al Río de la Plata, lo acompañó Manuel Fernández con el cargo de Intendente de Guerra, o sea el funcionario encargado de todos los problemas financieros y administrativos del Ejército y Marina.

Cuando se dio carácter definitivo al nuevo virreinato, casi inmediatamente se otorgó a Fernández un nuevo rango, al transformarse la Intendencia de Guerra en Superintendencia de Guerra y de Real Hacienda. Por esta institución se despojaba a los virreyes del manejo de las finanzas reales, evitando sus posibles abusos.

El Superintendente estaría representado en las jurisdicciones provinciales -luego intendenciales- por Oficiales Reales con funciones similares a las de siempre, pero que dependerían de él y no del virrey. Además se le remitirían los excedentes que pudiese haber en la recaudación para su envío -en principio- a España.

Establecida en I778 la Aduana de Buenos Aires, se creó en 1779 otra sufragánea en Montevideo. En 1788, diez años después de creada y teniendo en cuenta que los conflictos de jurisdicción entre el virrey y el superintendente causaban inconvenientes superiores a las ventajas de la separación de las funciones, se agregó la Superintendencia de Real Hacienda al Gobierno del virrey.

- Audiencia de Buenos Aires

Terminaba el Gobierno de Vértiz y Salcedo cuando se dispuso la creación de la Audiencia de Buenos Aires (1783), medida sugerida doce años antes por el Fiscal Acevedo, con lo que se completaba la centralización del poder político y judicial del virreinato, si bien quedaba en pie la Audiencia de Charcas con jurisdicción en todo el Alto Perú.

En los últimos años de la dominación española, la Audiencia de Buenos Aires desempeñará -en 1806 y 1807, por breves períodos- el mando político del virreinato y en 1807 depondrá al virrey.

- Las Intendencias

Pero la reforma más significativa fue el establecimiento de las Intendencias en sustitución del sistema de las Gobernaciones. Cuando Gálvez completó su proyecto de Ordenanza de Intendencias pensaba que sería aplicado en Nueva España, región objeto de su vista y motivo inmediato de la reforma; pero, paradójicamente, la Ordenanza, con leves modificaciones, sería aplicada por primera vez en el otro extremo de América, en el Río de la Plata.

El virreinato se dividía en 8 Intendencias: Buenos Aires, Córdoba del Tucumán (que comprendía Cuyo), Salta del Tucumán, Paraguay, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz, quedando al margen del nuevo régimen cuatro Gobernaciones Militares en las fronteras orientales: Moxos, Chiquitos, Misiones y Montevideo.

Pese a depender jerárquica y políticamente del virrey, los intendentes eran nombrados directamente por el rey. Como les correspondían las funciones de Hacienda dentro de su jurisdicción, en lo que debían cuenta al Superintendente del ramo, excluyeron a los virreyes del manejo de la Real Hacienda hasta 1788, en que se produce la unificación ya mencionada y se crea como órgano de control la Junta de Real Hacienda presidida por el virrey.

Los Cabildos fueron despojados del manejo y tenencia de los superávit producidos por los propios y arbitrios que recaudaban, y se crearon Juntas Provinciales de Real Hacienda. Pero, además de esta limitación financiera, los Intendentes debían confirmar las elecciones municipales.

La Intendencia de Buenos Aires tuvo una organización especial porque el virrey era a la vez el intendente de ella hasta 1803, en que se organizó la Intendencia de Buenos Aires como ente separado y con funciones restringidas.

Tenían los intendentes todas las prerrogativas que antes habían tenido los gobernadores, pero además contaban con asesores letrados para los casos en que debían intervenir en materia judicial; ejercían el vicepatronato en la esfera de su jurisdicción; y estaban sometidos al juicio de residencia, como los gobernadores y virreyes y demás altos funcionarios.

En cada ciudad de la Intendencia, distinta de la sede del intendente, se nombraba por el virrey un Comandante de Armas. Además de sus funciones de Guerra y Justicia corrían a su cargo todas las tareas de Policía o Gobierno, como velar por la seguridad y el orden público, por el progreso urbano, etc.

En materia de Hacienda dependieron -al principio- directamente del Superintendente. Tenían jurisdicción exclusiva en su territorio, presidían la Junta Provincial del ramo y tenían competencia judicial en los asuntos fiscales, sólo apelables ante la Junta Superior de Real Hacienda. Pero podían dar Informes y remitir los fondos mensualmente a la Junta existente en Buenos Aires.

Las Intendencias representan un proceso de centralización en la vida administrativa colonial.

- Los gobernadores intendentes

Los Virreinatos y Capitanías Generales quedaron subdivididos en grandes Provincias llamadas Intendencias, a cuyo frente se hallaban los gobernadores intendentes, funcionarios nombrados directamente por el rey.

Duraban cinco años en el cargo y al término de su mandato debían someterse a juicio de residencia. No obstante su aparente carácter fiscal y financiero, sustituyeron a los gobernadores, a los adelantados y, en algunos casos, a los corregidores, con todas sus facultades.

Su mando comprendía las siguientes atribuciones gubernativas:

1.- Justicia. Debía velar por la buena marcha de la misma y el rápido despacho de los procesos. Se ocupaba de las causas civiles y criminales, las que eran apelables ante la Audiencia; en estas funciones -que quitaban facultades judiciales a los cabildos- estaba asesorado por un teniente letrado.

2.- Hacienda. Debía percibir los impuestos y contabilizar los Ingresos Públicos y las inversiones. Intervenía también en el régimen financiero de los cabildos, lo que provocó numerosos conflictos.

3.- Guerra. Estaba encargado del albergue, mantenimiento y vestuario de la tropa; sin embargo, el mando de las fuerzas militares era privativo del virrey.

4.- Policía. Debía asegurar el orden público, la vigilancia de los caminos y la limpieza de la ciudad. Estaba obligado a levantar -asesorado por especialistas- mapas topográficos de su provincia, con indicaciones de montañas, bosques, ríos y lagunas.

- Jurisdicciones territoriales en el Río de la Plata

La Ordenanza de 1782 dividió al vasto territorio del Río de la Plata en ocho Intendencias y cuatro Provincias subordinadas.

1.- Intendencia de Buenos Aires. Comprendía la provincia de Buenos Aires, el Litoral y toda la Patagonia. Por su importancia contó con un Superintendente hasta 1788, en que el virrey se hizo cargo del Gobierno de la Intendencia.

2.- Intendencia de Córdoba del Tucumán. Abarcaba las actuales provincias de Córdoba, San Luis, Mendoza, San Juan y La Rioja.

3.- Intendencia de Salta del Tucumán. Comprendía Santiago del Estero, Tucumán, Catamarca, Salta y Jujuy.

4.- Intendencia del Paraguay. Ubicada en el Este del actual territorio paraguayo.

Las siguientes eran del Alto Perú:

5.- Intendencia de La Paz. Limitada entre los Andes y el Lago Titicaca.

6.- Intendencia de Cochabamba. En la región comprendida entre la Cordillera de los Andes y la Llanura de Santa Cruz.

7.- Intendencia de Charcas. La de menor extensión, entre el Pilcomayo y el río Grande.

8.- Intendencia de Potosí. Comprendía la parte Sur del Altiplano, con salida al Pacífico.

Parte del territorio correspondiente a la Intendencia de La Paz fue desintegrado en 1784, para formar una nueva Intendencia: la de Puno que -en 1796- pasó a formar parte del Virreinato del Perú.

Las provincias subordinadas eran: Moxos y Chiquitos, en Bolivia; Montevideo (Banda Oriental); y las Misiones, en dicho territorio guaraní(2).

(2) La más alta significación de la Real Ordenanza de 1782 radica en el hecho de haber establecido para el Río de la Plata una nueva estructura institucional. El régimen de Intendencias ha originado numerosas polémicas entre los historiadores, pues algunos sostienen que defendió las autonomías provinciales y otros, por el contrario, afirman que con esta medida se trató de organizar la centralización política y administrativa. Resulta evidente que la citada Ordenanza quitó atribuciones a los virreyes y, en consecuencia, descentralizó el Gobierno; también restó prerrogativas a los Cabildos y en algunos aspectos mejoró la marcha de los asuntos administrativos.
“Conviene no exagerar -dice el historiador Levene- las consecuencias inmediatas sobre el régimen político interno, derivadas de una institución que, como las Intendencias, fueron implantadas ya al término de la dominación española. Puede decirse que fue el período al mismo tiempo más orgánico y de intensa crisis del virreinato, pues de su seno salieron las Provincias Unidas del Río de la Plata, resultante fecunda en la lucha de Intendencias y Cabildos”. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

- Buenos Aires, capital

Paralelamente, el paso de Buenos Aires de su rango de cabeza de gobernación al de cabeza de virreinato significó una centralización política y una ordenación jerárquica que tuvo gran trascendencia en la vida argentina.

Buenos Aires por primera vez se elevaba del nivel local para convertirse en la cabeza de todo un virreinato, al mismo tiempo que alcanzaba el rango de puerto más importante y de ciudad más populosa del mismo, y en la medida en que Buenos Aires crecía y con ella la admiración y el orgullo de sus ciudadanos, crecían los celos y las prevenciones de las otras ciudades frente a la nueva capital.

- El Consulado de Buenos Aires

En Enero de 1794, el rey Carlos IV estableció un Consulado en Buenos Aires, organismo cuya finalidad era resolver los pleitos mercantiles, proteger y fomentar el comercio y procurar el adelanto de la agricultura.

El monarca nombró Secretario al joven abogado Manuel Belgrano(3) -a la sazón en España- quien regresó a su patria para hacerse cargo de sus nuevas funciones.

(3) Manuel Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de Junio de 1770. Descendiente de noble familia, completó sus estudios en el Colegio de San Carlos. Fue enviado a España por su padre; en 1789 obtuvo -en Valladolid- el título de Bachiller en Leyes y, en Febrero de 1793, se recibió de Abogado. Es interesante destacar que el nombramiento de Secretario del Consulado (6 de Diciembre de 1793) es anterior a la real cédula de erección de dicho organismo en Buenos Aires. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Desde que inició sus sesiones, dos tendencias dividieron a los integrantes del Consulado de Buenos Aires: los partidarios del sistema comercial implantado por España -es decir, los monopolistas- y los hombres jóvenes, de ilustración liberal, que tenían en el secretario Belgrano su mejor representante.

Todos los años, las sesiones del Consulado se abrían con la lectura de una Memoria redactada por el Secretario del cuerpo.

En tal carácter, y por medio de varios escritos, Belgrano propició estimular el comercio, establecer premios al trabajo y a la industria; destacó la importancia del cultivo del lino y del cáñamo; y también bregó por la creación de una Escuela de Comercio y otra de Náutica, conocimientos que eran muy necesarios a los hombres de su época.

El Consulado de Buenos Aires subsistió hasta el año 1862, en que fue suprimido, debido a la sanción del Código de Comercio.

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