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El "boom" económico

- Evolución del régimen comercial

El estudio de la evolución comercial del Río de la Plata puede facilitarse agrupándolo en cuatro períodos:

- Primer período (1536-1622)
Esta etapa se inicia con la primera fundación de Buenos Aires (1536) y finaliza con la creación de la Aduana Seca de Córdoba. En este lapso, las actividades comerciales entre Buenos Aires y la metrópoli gozaron de relativa libertad, especialmente hasta el año 1561 en que España implantó el monopolio con sus dominios.

En 1602, bajo el gobierno de Hernandarias, el Río de la Plata fue beneficiado con una franquicia comercial, pues el monarca autorizó por seis años la exportación de frutos del país (harina, charqui y sebo) a cambio de ropas, hierro y otros elementos necesarios. Esta franquicia fue prorrogada en 1608 y 1614.

Al margen de las concesiones legales, en esa época se practicaba un activo comercio de contrabando con el extranjero, lo que originó numerosas protestas de los comerciantes del Perú, de cuyo virrey dependía el Río de la Plata(1).

(1) Las poblaciones ubicadas en el Interior y al Norte de la Gobernación del Río de la Plata eran explotadas por los aprovechados comerciantes limeños. Todos los artículos que procedían del Perú estaban gravados con un precio exorbitante; así, al llegar un producto a Potosí valía cuatro veces más caro que en Lima, y en la región del Tucumán su precio se elevaba a ocho veces. Fácil resulta comprender que la introducción de productos por Buenos Aires competía con mucha ventaja sobre los artículos que procedían del Perú. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Las reiteradas protestas de los comerciantes limeños ante la Corona tuvieron éxito y en Febrero de 1622 el monarca ordenó crear la Aduana Seca de Córdoba. Este organismo -destinado a impedir el paso de artículos desde Buenos Aires al Interior- elevaba un cincuenta por ciento los precios de los productos que pasaban por dicha ciudad hacia el Norte.

- Segundo período (1622-1713)
Esta segunda etapa se caracteriza por la aplicación rigurosa del régimen monopolista hispano respecto de sus dominios de ultramar.

Establecida la Aduana Seca, los comerciantes del Perú vigilaron celosamente todo intento por conceder franquicias comerciales a sus rivales de Buenos Aires. Sin embargo, la buena situación geográfica de este último puerto y la riqueza de su campaña, hacían muy difícil controlar si se burlaban las disposiciones vigentes. Prueba de esto es que la primera creación de la Audiencia de Buenos Aires -establecida en 1661 para impedir el tráfico ilegal- fracasó totalmente.

Este período de la evolución comercial finaliza en 1713, pues en ese año se firmó la Paz de Utrecht(2).

(2) La Paz de Utrecht puso fin a la Guerra de la Sucesión de España, en cuyo transcurso esta última nación -aliada con Francia- debió enfrentar una coalición europea integrada por Inglaterra, Austria, Holanda y príncipes alemanes. Por dicha paz, Felipe V -primer rey Borbón en el trono peninsular- fue reconocido Rey de España y de sus dominios de ultramar; por otra parte, Inglaterra resultó la nación más favorecida. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

- Tercer período (1713-1796)
El advenimiento de los reyes Borbones en el trono de España marca el comienzo de una nueva política económica. De acuerdo con las ideas liberales de la época y aconsejados por hábiles ministros, estos soberanos se preocuparon por mejorar las industrias y corregir los errores del monopolio.

Por una de las cláusulas de la Paz de Utrecht, Inglaterra obtuvo el privilegio de establecer en las más importantes ciudades de la América hispana asientos de negros, es decir, lugares donde los británicos podían comerciar esclavos. Uno de estos “asientos” funcionó en Buenos Aires.

En 1740, la Corona española suprimió el sistema monopolista de flotas y lo reemplazó por barcos de registro sueltos, que estaban autorizados para recalar en cualquier puerto hispanoamericano. En esta forma, el Río de la Plata se liberó de la dominación económica a que lo tenía sometido el Perú.

En 1765 fue suprimido el absurdo sistema del puerto único y se permitió a nueve de España comerciar con América. De acuerdo con lo dispuesto, el tráfico sólo podía realizarse con las Antillas y México aunque -más tarde, en 1778- fue beneficiado el Puerto de Buenos Aires cuándo Carlos III promulgó el Reglamento del Comercio Libre(3).

(3) El soberano habilitaba trece puertos de España, Mallorca y Canarias y veinticuatro americanos, entre ellos, Buenos Aires. Conviene aclarar que el comercio “libre” entre la metrópoli y sus dominios estaba reservado exclusivamente a los españoles. Si un extranjero deseaba participar de ese comercio debía recurrir a intermediarios españoles. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

En 1795, los dominios españoles en América fueron autorizados a concomerciar con colonias extranjeras, aunque no podían importar “géneros ni efectos similares a los producidos en España”.

Este tercer período de la evolución económica del Río de la Plata termina en 1796, año en que se inicia la guerra entre España e Inglaterra.

- Cuarto período (1796-1810)
Debido a la situación europea, el soberano español autorizó a sus dominios de ultramar el comercio con barcos pertenecientes a naciones neutrales (real cédula del año 1797).

En el transcurso de la primera invasión inglesa, Beresford decretó -el 4 de Agosto de 1806- el libre comercio para el Puerto de Buenos Aires.

Hasta la revolución de 1810 no se produjeron acontecimientos económicos de trascendencia, salvo la “Representación de los Hacendados”.

- El "boom" económico

Las modificaciones introducidas en la estructura económica americana y sus relaciones con la metrópoli, régimen de libre comercio y sus posteriores ampliaciones, aduanas, intendencias, consulado, etc., provocaron una reactivación de la vida comercial del nuevo virreinato -de notable vigor y persistencia- que superó incluso los inconvenientes de situaciones políticas internacionales adversas.

Esta expansión constituyó un verdadero “boom” económico, uno de los más visibles de nuestro desarrollo histórico aunque, por supuesto, no exento de sombras bien marcadas.

En efecto, todo este proceso económico respondió a una orientación doctrinaria concebida en Europa y por lo tanto pensada en función de Europa, concretamente, de España. De allí que no tuviese en cuenta el desarrollo de las industrias americanas, que se percibían entonces como competitivas de las españolas y por lo tanto inconvenientes.

Se buscó fomentar la industria española peninsular, por lo tanto, todo centro manufacturero americano restaba clientela a la industria metropolitana. La idea de una América o una parte de América autoabastecida o industrializada no existía entonces; más aún, era contraria a las concepciones económicas de la época.

Esta circunstancia no debe perderse de vista al juzgar la política económica del período virreinal. La consecuencia de ella fue un gran desarrollo del comercio y de la producción de materias primas, así como una ampliación de los consumos interiores como resultado del aumento de población y de riqueza y una decadencia de las incipientes industrias que no pudieron competir con la producción europea.

Así el “boom” económico virreinal fue sustancialmente comercial, con excelentes resultados financieros, acompañado de un colapso de la naciente industria.

Signo claro de la expansión comercial producida es la cifra de buques entrados al Puerto de Buenos Aires: durante el quinquenio 1772-76 habían entrado 35; en la década del 90 exceden de sesenta por año; permitido el comercio con buques de naciones neutrales en 1797, se registra en 1802 una entrada de 188 buques.

Entre 1791 y 1802 las Rentas reales de la Aduana de Buenos Aires se incrementan dos veces y media:

* en 1791 se declara libre el comercio de negros, aunque este rubro nunca adquirió gran importancia;
* la producción agropecuaria adquiere un nuevo volumen;
* se introducen las ovejas de raza Merino -obra de Manuel José de Lavardén, que además de poeta y economista fue un destacado empresario- y la producción lanera se quintuplica en sólo diez años, pasando a ser un rubro importante;
* se aprovechan nuevos productos antes despreciados, produciendo una saludable diversificación de la producción rural antes limitada a cueros y sebo. Ahora se exportan pieles de vicuña y chinchilla, cueros de tigre y lobo, venado y zorro, plumas de cisne y crines de caballo.

Mientras tanto decaían -por la competencia europea- la producción de vinos de las provincias interiores y, más sensible aún, la industria textil, una de las más antiguas del Tucumán.

Las telas bastas producidas por los telares domésticos no podían competir con la producción de los telares industriales españoles y europeos de más refinada factura y de precios más acomodados.

Pero no todo era decadencia en el orden industrial. Si bien el golpe sufrido por las provincias interiores fue duro, quedó libre de competencia la producción talabartera y la industria de higos secos de Cuyo pero, más importante aún, fue el desarrollo -acorde, éste sí, con las ideas de los gobernantes españoles- de la industria de la carne salada y la industria naval.

La salazón de carnes iniciada útilmente en 1784 constituyó una revolución en la economía agropecuaria del Río de la Plata. El valor de los animales aumentó y consiguientemente el de las tierras. Las estancias situadas en zonas próximas a los puertos (Ensenada, Buenos Aires, Colonia, etc.) se encontraron en situación óptima para la nueva industria.

Un grupo de emprendedores españoles se lanzó a la empresa -sobresaliendo Francisco Medina y Tomás Antonio Romero- superando múltiples obstáculos: escasez de sal, falta de barriles para almacenar el producto, falta de operarios conocedores del oficio. Pero todo fue superado poco a poco.

La primera exportación de carne seca salada o tasajo se hizo en 1785 y, en 1795, había alcanzado un nivel importante. A su vez, la producción de sebo aumentó quince veces en treinta años.

El primer saladero se instaló en las proximidades de Colonia. Una novedad fue la instalación de la fábrica del conde de Liniers, que producía “pastillas de carne”, carne cocida conservada en gelatina. Los saladeros subsistieron exitosamente hasta la época revolucionaria. Hacia los años del Directorio adquirirían nueva fuerza y significación económica.

Otra industria que contaba con una vieja tradición en el Plata, pues se remontaba a los lejanos días de Irala, era la industria naval. Su desarrollo se mantuvo oscilante, obedeciendo más a las circunstancias del momento que a un criterio de producción pero, en los años que siguieron a la creación del virreinato, alentada por la política naval de la Corona, se produjo una verdadera expansión que se extendió desde Asunción y Corrientes a la Ensenada de Barragán.

En los últimos cinco años del siglo se construyeron diez buques mayores y muchos menores, además de adquirirse muchos barcos extranjeros de buen porte. De este modo llegó a constituirse una verdadera flota mercante rioplatense.

- La moneda en el Río de la Plata

Durante el período de la conquista y población de América, y a causa de la política económica seguida por España con sus dominios, casi no existía moneda metálica en la región del Río de la Plata. El oro y la plata se consideraban regalías y no se utilizaban para la confección de numerarios(4).

(4) Hasta fines del siglo XVI, las transacciones comerciales se realizaban con mercaderías de uso común, a las que se les asignaba un valor determinado; así, la vara de lienzo equivalía a dos reales. El Cabildo de Córdoba estableció que los pagos se efectuaran con herraduras y cabras; posteriormente, también autorizó que se emplearan con el mismo objeto carneros, ovejas, lanas y sebos. En el Paraguay se utilizaba como moneda la yerba mate y el tabaco en rama. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Alrededor del año 1575 comenzó a funcionar -en Potosí- una ceca (Casa de Moneda) que dependió de Buenos Aires después de la creación del Virreinato del Río de la Plata.

Las monedas de oro y plata que se utilizaban en España fueron las mismas que circularon en América. La unidad de las monedas de oro fue el escudo, aunque el real -unidad de las monedas de plata- fue la más empleada en el Nuevo Mundo.

- La ganadería

La ganadería fue la mayor riqueza del Virreinato del Plata y la primera fuente de su progreso económico. Esta actividad despertó el interés de los habitantes de la campaña quienes, con un mínimo de esfuerzo, producían un elevado rendimiento.

El primer ganado llegó a Buenos Aires en 1536 con la expedición de Pedro de Mendoza, quien trajo unos setenta caballos y yeguas y probablemente cerdos. Destruida la población en 1541, los animales se hicieron cimarrones (errantes) y se reprodujeron con rapidez.

Algo semejante sucedió con el ganado vacuno introducido primeramente en Asunción y traído por Juan de Garay a las extensas llanuras pampeanas, en sus viajes a las bocas del Plata.

La gran abundancia de ganado determinó que los Cabildos otorgaran “permisos de vaquerías”, es decir, autorización para faenar animales y aprovechar los cueros(5).

(5) Las tareas agrícolas fueron descuidadas, pues requería mayor trabajo explotar la riqueza de la tierra -amenazada por las sequías, las plagas y pisoteada por los animales- que dedicarse a la matanza del ganado. En los primeros tiempos se faenaban los animales para quitarles el cuero y aprovechar -en menor escala- el sebo, las crines y las aspas. La gran abundancia de carne excedía la demanda del consumo y por esto era común verla descomponerse al aire libre o servir de alimento a cuervos y perros cimarrones. Con la valorización de los cueros y el rápido incremento de las actividades ganaderas, nacieron las estancias. Estos establecimientos comprendían una extensión de cinco leguas cuadradas de tierra, sin alambradas ni divisiones, en cuya parte central se levantaban algunas toscas viviendas, de paredes de adobe y techos de paja. En ellas habitaban el mayordomo y los peones, por cuanto el patrón o estanciero sólo efectuaba periódicas visitas, pues vivía en la ciudad. El hombre de la campaña argentina fue el gaucho -mestizo de español e indígena- quien vestía una típica indumentaria, gustaba de los bailes nativos y utilizaba como armas el facón, las boleadoras y el trabuco. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

La incontrolada matanza de vacunos hizo peligrar la estabilidad de la riqueza ganadera; los abusos fueron en parte limitados con medidas tomadas por algunos virreyes.

En épocas del marqués de Loreto se incrementó la industria de la salazón de carnes; por este motivo, en 1794 los hacendados solicitaron al monarca les permitiera exportar dichos productos al Africa y al Asia. En el documento, llamado “Memorial de los Hacendados”, se exponen avanzadas ideas económicas relativas al comercio libre.

Otra industria importante de la época virreinal fue la del cuero. Belgrano, como Secretario del Consulado, sostuvo la necesidad de instalar curtidurías.

- La agricultura

El cultivo de la tierra tuvo un desarrollo menor que la ganadería. Su lento avance se debió a la influencia perturbadora de variados factores, como las sequías, los incendios de campos, los ganados cimarrones que pisoteaban los sembrados, las mangas de langosta y los pleitos originados al tratar de delimitar las tierras cultivadas.

Otra causa que gravitó en disminución de las tareas agrícolas fue la escasez de brazos, debido a la mayor intensidad del trabajo.

- La minería

A pesar de su nombre, el Río de la Plata no contó con la riqueza de otros dominios hispanoamericanos.

Existían yacimientos de azogue (mercurio) en las misiones guaraníticas; oro en San Luis y La Rioja; plata en Mendoza; y cobre en Córdoba. En Enero de 1546 fue descubierto el Cerro de Potosí, cuya producción metalífera superó a todas las demás del virreinato. Debido a su importancia se formó una población y en las tareas mineras llegaron a trabajar hasta quince mil indios.

Los tesoros americanos eran enviados a España pero, generalmente, allí permanecían poco tiempo, pues eran utilizados para saldar deudas. El rey Enrique IV de Francia afirmaba con ironía “que no necesitaba tener yacimientos metalíferos mientras los tuvieran los españoles” que eran sus deudores.

- La pesca

Las actividades pesqueras se desarrollaron principalmente en el litoral patagónico, zona que -ante la amenaza de los corsarios ingleses- fue recorrida por naves españolas.

En épocas de Juan José de Vértiz y Salcedo se practicó la caza de ballenas y, más tarde, una Compañía Marítima se dedicó al aprovechamiento del cuero y del aceite de los lobos marinos. La industria dio buenos resultados y cuando la citada compañía cesó, la Real Hacienda se hizo cargo de la faena.

- El desarrollo industrial

Mientras no se aplicó la fuerza motriz del vapor y de la electricidad, la industria fue casi exclusivamente manual. La América hispana desarrolló sus actividades manufactureras en pequeños talleres -algunas veces con ayuda de sencillas máquinas- donde trabajaba el maestro u hombre experto, con sus aprendices y colaboradores(6).

(6) En el Río de la Plata la industria se desarrolló especialmente en el Interior, debido a la valiosa mano de obra facilitada por los criollos, mestizos y extranjeros. En su gran mayoría los españoles llegados al Nuevo Mundo menospreciaban las labores manuales, pues las consideraban “oficios viles”. En el transcurso del siglo XVII y mitad de la centuria siguiente, mientras estuvieron en vigor las trabas impuestas por el monopolio comercial, las primeras industrias del Río de la Plata se desarrollaron con rapidez. La aplicación del Reglamento del Comercio Libre, de 1778, benefició en vasta escala a Buenos Aires, que elevó rápidamente su comercio exterior, pero perjudicó a las industrias del Interior debido a la competencia extranjera. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

La industria textil sobresalió en la región central, oeste y norte del virreinato, donde se fabricaban cobijas, frazadas y ropas de abrigo. La región de Cuyo y, en menor escala, Catamarca, producían vinos, aguardientes, pasas de uva y “orejones” (duraznos) que eran consumidos en su mayor parte por Buenos Aires.

En Tucumán y Mendoza se construyeron cañetas y galeras para el transporte y en Corrientes se levantaron pequeños astilleros, donde fueron botadas embarcaciones de poco calado. En las misiones jesuíticas se confeccionaban imágenes religiosas, altares, púlpitos y ornamentos sagrados; allí también industrializaban la yerba mate y el algodón.

Las industrias derivadas de la riqueza ganadera se instalaron en Buenos Aires: saladeros, curtidurías, talabarterías, graserías y fábricas de velas y jabones. Los dulces no tenían fronteras, pues eran fabricados y también gustados en todo el virreinato.

- Los gremios

En los primeros siglos de la Edad Media, los artesanos de un mismo oficio se reunían con el objeto de dirigir la práctica de su ocupación manual y defenderse contra los inhábiles o mal intencionados, que desacreditaban el oficio y perjudicaban al consumidor.

Como sucedió con otras instituciones peninsulares, los gremios también se organizaron en el Nuevo Mundo.

En el Río de la Plata, el superintendente Paula Sanz reglamentó -en 1788- el funcionamiento del gremio de plateros. En la citada disposición se establecía que nadie estaba autorizado para abrir negocios “sin que haga constar haber servido cinco años de aprendiz y otros dos de oficial, con maestro conocido y que a su tiempo le dé la competente certificación”(7).

(7) En 1791 fue organizado el gremio de los panaderos, quienes habían intentado encarecer el producto, simulando malas cosechas. Los zapateros no pudieron agremiarse debido a las numerosas polémicas que originó la expulsión de extranjeros, pardos y negros del gobierno de la asociación. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

- Los medios de transporte

El aislamiento de los diversos núcleos de población fue una de las características del período virreinal. Resultaba difícil comunicarse con las ciudades debido a las grandes distancias, a los primitivos caminos y a la lentitud de los medios de transporte, que se efectuaba a caballo, a lomo de mula, en carretas, galeras y pequeñas embarcaciones para cruzar los cursos de agua(8).

(8) La mula era empleada en las regiones montañosas, especialmente como animal de carga. La carreta era un pesado vehículo de dos altas ruedas, que sostenían una tosca caja de madera protegida de las inclemencias del tiempo por medio de cueros vacunos. Se utilizaba para el transporte de pasajeros y carga. Tiradas por yuntas de bueyes, las carretas marchaban, para protegerse, en conjunto (“tropas”), acompañadas por baqueanos a caballo. Con buen tiempo recorrían unas cinco leguas diarias. Según cuenta el Padre Gervasoni, la travesía entre Buenos Aires y Córdoba demoró -en el invierno de 1747- casi treinta días.
Más veloces que las carretas eran las galeras, pequeños pero altos vehículos arrastrados por caballos. A grandes distancias se encontraban postas atendidas por indígenas, en las que se refrescaban los animales y descansaban los viajeros. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

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