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Tenencia de Gobierno de Alonso de Quesada

El 17 de Noviembre de 1783, Juan García de Cossio entregó el mando como Teniente Gobernador de Corrientes a Alonso de Quesada por nombramiento del virrey Juan José de Vértiz y Salcedo.

Alonso de Quesada era un militar alicantino, egresado de la Escuela de Segovia y que prestaba servicios en Buenos Aires. Al nombrarle, el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo le dio Instrucciones que comprendían siete capítulos:

* al pasar por Santa Fe, debería visitar a los blandengues de esa ciudad para enterarse de su talla, disposición, costumbres, salud y servicio que hacen, de lo cual informaría directamente al virrey; además,
* examinaría las cuentas, sus alcances, estado de su vestuario y métodos que siguen los blandengues para proveerse de él, armamento, clase de instrucción que tienen;
* procurará verlos formados y verificará la existencia de los anotados en las listas;
* examinaría si los oficiales estaban impuestos de su obligación;
* tomará informes de su conducta y si saben imponer su autoridad a los soldados;
* corregirá los defectos y despediría a quienes no fuesen útiles;
* pediría los alistamientos de milicias, formaría las compañías y estudiaría la forma en que podían ser útiles en la frontera de Melincué y contra los indios infieles.

Idéntico trabajo debería efectuar en Corrientes, una vez recibido del mando.

Dio las Instrucciones, Vértiz y Salcedo, en Montevideo, el 6 de Mayo de 1783.

Apenas llegado a su destino, Quesada debió abocarse al estudio del conflicto suscitado por el coronel Arias con la ciudad, por sus pretensiones de que tanto la estancia del Rincón de Luna como la conocida por la “Estanzuela”(1), se aplicaran al fomento de las reducciones del Chaco.

(1) Archivo General de la Nación, División Colonia, Legajo Corrientes II, año 1783, Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

El 11 de Diciembre de 1783, el arcediano Suárez de Cantillana se quejó de que en el Rincón de Luna no existían treinta mil cabezas de ganado vacuno sino sólo ocho mil, estropeados por la anterior mala Administración. Solicitaba mayor ayuda.

- Problemas para instrumentar la enseñanza

Cabe señalar el perjuicio que la enseñanza sufrió con motivo de esa afectación al Chaco del Rincón de Luna. Bucareli y Ursúa había prohibido a Juan Manuel de Lavardén -una vez expulsados los jesuitas- que abriesen escuelas, el 3 de Agosto de 1767, considerando suficiente para los niños de Corrientes la instrucción que les dieran los frailes de los conventos, la que no igualaba a la de los jesuitas.

Por eso, el 27 de Septiembre de 1771, la Junta Provincial de Temporalidades de Buenos Aires había resuelto que, sin pérdida de tiempo, se fundasen escuelas en Corrientes, señalando la necesidad de que se creara también una Cátedra de Guaraní, por ser idioma general en la región y en el Paraguay.

No fue posible establecer Escuela de Gramática sino tan sólo de Primeras Letras, por faltar preceptores hábiles para regentear aquélla, pues aun entre los sacerdotes eran muy escasos los que conocían suficientemente Gramática y Latín como para enseñarles.

Cupo el honor de inaugurar la Escuela de Primeras Letras por una de esas extrañas casualidades que a veces acontecen, a un descendiente del primer maestro Ambrosio de Acosta, Gregorio de Araujo, a quien se le asignaron doscientos veinticinco pesos anuales de sueldo.

Recién en Noviembre de 1772 pudo crearse la Escuela de Gramática y Latinidad, a cargo del presbítero Pedro de Solís y Sánchez Negrete, con doscientos cincuenta pesos de sueldo.

Instaláronse las escuelas en la parte del antiguo Colegio de los Jesuitas que miraba al río Paraná, afectándose al sostenimiento de ella la estancia del Rincón de Luna, una de las más valiosas propiedades de la Compañía.

Sin embargo, los dos estandartes que usaban los escolares en las procesiones en tiempo de los jesuitas habían sido entregados, el 18 de Septiembre de 1770, es decir, con anterioridad, a la Escuela Pública del Convento de San Francisco, que regenteaba fray Francisco de Cabrera.

Funcionaban normalmente las escuelas cuando hicieron irrupción en el escenario correntino el coronel Arias y el arcediano Sánchez de Cantillana, ambos protegidos del virrey Vértiz y Salcedo.

- Dificultades para sostener reducciones fundadas en el Chaco

La reducción de San Fernando del Río Negro había fracasado, pues ni siquiera el famoso Ñaré se había convertido a la Religión Católica, lo que auguraba poco futuro a lo fundado por Arias.

Ni Arias ni Cantillana lograban que religioso alguno quisiera ir de doctrinero a las nuevas reducciones y los que aceptaron por vía de ensayo -apenas llegados a ellas- se volvieron a Corrientes, negándose a regresar.

El mismo fray Francisco Morillo, el 24 de Agosto de 1782, en carta al entonces Teniente de Gobernador Juan García de Cossio, explicaba cómo se manejan con los indios aquellos dos, con estas elocuentes frases:

“Debe Vuestra Merced estar entendido que nuestro paso paga réditos. Por lo que las paces generales que hicieron con los indios los señores de la expedición reduccional fue en esta forma: dame paso y toma; sé cristiano y te daré; y, como al tomar son ligeros sacristanes, a todo responden amén”.

Continuaba su carta diciendo que para obtener que se convirtieran, les regalaban a los infieles dinero, ropas, animales vacunos, etc., y agregaba que si se enviaba ganado en socorro de las reducciones, ningún animal llegaría a éstas si no se pagaba a los indios por dejarlos pasar, concluyendo con la categórica afirmación de que todo había resultado un fracaso.

Contra lo que razonablemente se podía esperar, Vértiz y Salcedo dispuso que se entregase el Rincón de Luna al coronel Arias, para sustentar sus reducciones. Inútilmente habían tratado los correntinos de evitar la ejecución de la Orden y ante las exigencias perentorias del virrey no hicieron otra solución que cumplirla.

Apenas tomaron posesión de la estancia Arias y Cantillana, se redujo el sueldo de los maestros a cien pesos anuales cada uno, y como la administración de la misma fue desastrosa -pues el encargado de ella quebraría en 1790, dejando deudas enormes e impagables y ningún capital- se extinguieron los recursos con que se contaba para la enseñanza pública.

Abandonadas por sus fundadores, las reducciones desaparecieron en 1796. La pésima Administración había sido de José Ponciano Rolón.

No pudieron obtener las autoridades correntinas, pese al empeño que en ello puso Alonso de Quesada, que se le proporcionaran nuevos recursos, no obstante cuánta diligencia realizaron ante los virreyes. El mal causado por Arias y Cantillana y su protector el virrey Vértiz y Salcedo, fue casi irreparable.

Este desgraciado episodio acrecentó la hostilidad entre los dos bandos, de patricios y peninsulares.

- Conflicto de jurisdicción por Curupayty

Tuvo Quesada un serio problema que afrontar, el de Curupayty, que era pretendido por el Paraguay, en Enero de 1784, por lo que el 27 de Mayo de ese año se dirigió al virrey pidiendo pronta resolución en el litigio, pues él entendía que -indiscutiblemente- esas tierras pertenecen a Corrientes y que había cien familias dispuestas a establecerse allí.

El gobernador del Paraguay había pretendido que Quesada retirase sus tropas, sin reparar en que Vértiz y Salcedo ya había resuelto la división de esa zona.

En cumplimiento de las citadas Instrucciones del virrey, Quesada informó al mismo que las milicias “eran de las mejores de la provincia, tanto por su calidad cuanto por ser mui dosiles y con una subordinación inexplicable al Superior de modo que podían manejarse, según el modo de quién las dirija”.

- Mejoras en la ciudad

La gestión de Quesada era eficaz y ello se revela en Oficio del Cabildo al virrey, de fecha 26 de Mayo de 1784, en que solicita no sea trasladado a ningún otro puesto porque había ya realizado las siguientes obras: fábrica de las Casas capitulares y de varias capillas para parroquias -sumamente necesarias en su dilatada campaña- y haber levantado un pueblo en la zona de Curupayty.

El hospital, fundado en 1765, fue mejorado, y para ello se afectaron los diezmos, con buen resultado.

En Junio de 1785 Quesada procedió al arreglo de calles y veredas, con el fin de hermosear la ciudad, donde hasta entonces se había edificado a capricho. Se hizo regular el trazado de las calles. El 11 de Septiembre, por voz de “Miguel, indio que hace de pregonero y a son de caja de guerra”, publicó por Bando la Reglamentación pertinente(2).

(2) Archivo General de la Nación, División Colonia, Legajo Corrientes III, años 1784 y 1785, Buenos Aires. // Raúl de Labougle. “Historia de los Comuneros” (1953), p. 166, Nota 1, Buenos Aires. Ed. Coni. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Alonso de Quesada es designado por el virrey Nicolás del Campo, marqués de Loreto, como Subdelegado de la Real Renta de Correos de Corrientes -1785/1788- (Título del 7 de Mayo de 1785). Lo desempeñará hasta el cese de su función de Subdelegado de Hacienda y Guerra.

La creación del Virreinato del Río de la Plata no alteró el Gobierno de la ciudad, ni tampoco en el año de 1786, en que se aplicó la Real Ordenanza de Intendentes de Ejército y Real Hacienda.

El Teniente de Gobernador cambió su título por el de Teniente de Gobernador de Armas, Subdelegado de Real Hacienda y Correos, Presidente de la Junta de Temporalidades.

En otro orden de cosas, cabe citar aquí que el vecindario de lo que será Esquina (Corrientes) comenzó a formarse en 1785, cuando el propietario de las tierras y “maestro de posta” Benito Lamela invitó a los vecinos de la zona a nuclearse alrededor de la posta.

- Incidentes entre criollos y peninsulares

Alonso de Quesada, no obstante el prestigio que adquirió, no pudo impedir los incidentes entre los dos bandos que dividían al vecindario.

En el Acuerdo capitular del 4 de Junio de 1785 se trató el expediente de Juan de la Fuente, que pretendía el cargo de Regidor Depositario General. Era natural de Cádiz y radicado en Corrientes en 1764; contrajo matrimonio en 1769 con Ana López, hija legítima de Bernardo López de Luján y de María de Villanueva, calificados vecinos de la ciudad.

Se opuso a su designación el Alcalde de primer voto, Antonio Hidalgo de Casajús, arguyendo que el doctor Villadiego, en su “Política”, Capítulo VIII, Nros. 6 y 10, sostenía que entre las calidades que ha de tener el que desee ser Regidor, está la de que sea noble, cristiano viejo, limpio de toda mala raza y que sea virtuoso y de buena fama

“y como el pretendiente actual es forastero, se ignora la calidad de su nacimiento y demás circunstancias, por lo que era necesario que hiciese constar a este Ile. Congreso su Nobleza y Limpieza, con Documentos auténticos de su mismo Pays, sin que en el entretanto pueda guardársele de idóneo para obtener semejante empleo”, “demás padese dho. sugeto, la nota de ser un hombre temerario, cabiloso, y desaforado en sus acciones, y lenguaje, como lo acreditan muchos echos suyos”.

Cita, como ejemplo, que en 1775, siendo La Fuente Alcalde de segundo voto, y yendo de ronda, vio a unos frailes de “cierto convento” que se estaban divirtiendo honestamente con sus propios hábitos puestos, “en casa de unas señoras principales de reconocida virtud” e inmediatamente se fue al convento y tocó las campanas, acudiendo los frailes, a quienes insultó, y entonces éstos le dieron de palos, dejándole “quasi por muerto, todo estropeado y descalabrado”, con lo que puso en comentario la honra de dichas señoras.

Además, en otra oportunidad, había dirigido al médico de la ciudad, Antonio Gutiérrez, una carta en verso llena de injurias. De la Fuente no logró su propósito(3).

(3) Archivo General de la Nación, División Colonia, Tribunales, Legajo 65, Expediente Nro. 58, Buenos Aires. // Raúl de Labougle. “Historia de los Comuneros” (1953), pp. 267 y 268, Buenos Aires. Ed. Coni. // Archivo General de la Provincia, Actas Capitulares del año 1785, Libro LXXX, Corrientes. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Al año siguiente, al aplicarse la Real Ordenanza de Intendentes, se planteó un conflicto entre ambos bandos, resultando vencedor el de los peninsulares, si bien la Real Audiencia de Buenos Aires -en última instancia- dio la razón a los patricios.

Hidalgo de Casajús, derrotado en la elección de ese año 1786, y que era quien recurrió ante el citado Tribunal en defensa de sus derechos lesionados, afirmaba en sus Escritos que el Cabildo representaba a todo el pueblo, de conformidad con las leyes en vigor, y se quejó acerbamente de que los españoles hubieran festejado su efímero triunfo con “¡salvas y vivas! con gran escándalo del vecindario”(4).

(4) Archivo General de la Nación, División Colonia, Tribunales, Legajo 211, Expediente Nro. 8, Buenos Aires. // Archivo General de la Provincia, Actas Capitulares, Legajo LXXX, Acuerdos del año 1786, Corrientes. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

- Corrientes quiere sustraerse de la jusridicción de Buenos Aires

La hostilidad del virrey Vértiz y Salcedo y de su sucesor, Nicolás del Campo, marqués de Loreto, sobre todo la del primero que no trepidaba en atropellar la Justicia si ello convenía a los intereses de sus amigos, despertó en los correntinos el deseo de sustraerse a la jurisdicción de Buenos Aires.

Tomó la iniciativa el Alguacil Mayor propietario, Juan Esteban Martínez quien, el 26 de Abril de 1788, envió al segundo de los virreyes citados un extenso “Memorial”, pidiendo la creación de Gobierno separado para Corrientes, invocando su numerosa población y la circunstancia de estar situada en los límites con Portugal.

Le atribuía -conjuntamente con las misiones- setenta mil habitantes y subrayaba que tan crecido número de gente estaba aislado del resto del virreinato y gobernado únicamente por los Alcaldes Ordinarios, pues el carácter altanero de los correntinos no admitía otra autoridad que aquélla que fuera semejante a la del soberano; tesis ésta, valiente y novedosa.

Su autor, Juan Esteban Martínez, que desde entonces resultó el jefe indiscutido del bando de los patricios, era de noble linaje de conquistadores y había nacido en Corrientes en el año de 1739, en la casa que ha sido declarada Monumento Nacional por Ley del Congreso, y levanta sus muros de ladrillo desde el año 1688 en que se edificara sobre el solar que correspondió al fundarse la ciudad a su antepasado el capitán y encomendero, Diego Pérez de Centurión, nieto éste, a su vez, del famoso Bernardo de Centurión, antiguo Cuatralbo de las galeras del príncipe Andrea Doria, de quien era su sobrino, y que vino a esta tierra argentina en 1535, en la grande Armada del Adelantado Pedro de Mendoza.

Conocedor profundo del latín, Martínez poseía una vasta y sólida cultura y había tenido participación directa en la revolución comunera de 1764, estando animado de un sano y exaltado amor a su país natal y que le llevó continuamente a defenderlo con valentía y con devoción.

Esta iniciativa la hizo suya el Cabildo en 1790, reproduciendo sus argumentos, pero el virrey Nicolás de Arredondo denegó la petición, considerando que la creación de Gobierno separado para Corrientes sería gravosísima a la Real Hacienda pues supondría aumento de empleos y de Gastos(5).

(5) Raúl de Labougle, “Litigios de Antaño” (1941), Apéndice, pp. 209 a 217, Buenos Aires. Ed. Coni. “Información de Nobleza” de Juan Esteban Martínez, en Corrientes, aprobada el 24 de Febrero de 1786 por el teniente de gobernador Alonso de Quesada. Manuscrito original en poder del autor. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. (1588-1814)” (1978), Buenos Aires.

Alonso de Quesada recibió Orden, el 31 de Enero de 1788, de entregar el mando de las armas a José Ponciano Rolón y de reintegrarse a sus actividades militares en Buenos Aires. Rolón se hizo cargo el 2 de Marzo.

El 27 de Mayo de 1788 se le comunicó a Quesada que entregase a quien correspondiese sus puestos de Subdelegado de la Real Hacienda y Renta de Correos y Presidente de la Junta de Temporalidades. Asumió estas funciones, con carácter interino, el Alcalde de primer voto, Felipe Díaz Colodrero.

Nuevamente Comandante de Armas, Rolón tropezó con dificultades, porque era de carácter autoritario y se extralimitaba en sus funciones, lo que determinó su reemplazo por Joaquín Legal y Córdova, quien asumió el 17 de Septiembre de 1790.

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