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El impacto napoleónico

Los resultados de la revolución burguesa en Europa tuvieron en España su paralelo a raíz de la guerra con los ejércitos de Napoleón. El telón de fondo de la emancipación sudamericana debe contener, en efecto, un bosquejo de los conflictos, las alianzas y los litigios militares y políticos, sociales y económicos en la Europa de principios del Ochocientos.

El 18 de Mayo de 1803, el Reino Unido de Gran Bretaña -como se llamaba oficialmente Inglaterra desde 1800- declaraba la guerra a Francia que, dirigida por Napoleón, procuraba el predominio mundial. Al año siguiente, el jefe francés se designa Emperador y mientras las dos potencias combaten, España se aproxima a un nuevo conflicto, inevitable, arrastrada por Francia y ofendida por Gran Bretaña.

La Paz de Amiens -firmada en 1802- estallaba en pedazos y Europa entraba en una década de conflictos y guerras. Precisamente la que contiene las dos invasiones de los ingleses al Río de la Plata.

La vieja monarquía autoritaria y foral de los Reyes Católicos, relativamente modernizada y centralizada por la burocracia afrancesada de los Borbones, era entonces un antiguo edificio, con un armazón impresionante pero apenas afirmado en una tierra sin reposo ni seguridad.

A la guerra con los ingleses sucede la invasión napoleónica, lo que significó una forma brutal de intervención en los asuntos de España y estimuló la convergencia de las corrientes renovadoras.

Todo estalló cuando el motín de Aranjuez terminó con Godoy y el reinado de Carlos IV. De este modo comenzó uno de los períodos fascinantes de la historia española que, al propio tiempo, explican en buena medida el comportamiento de los españoles que estaban en Buenos Aires, las actitudes sucesivas de los criollos y las decisiones ambivalentes de la metrópoli.

- Españoles contra Napoleón

España se lanzó a resistir a Napoleón pero, al mismo tiempo, la guerra de la independencia fue un laboratorio en el que se dieron, juntas, la guerra militar, la guerra civil, el conflicto de ideas y la lucha de tendencias(1).

(1) Jaime Vicens Vives. “Historia General Moderna: Siglos XVIII-XX” (1952), tomo V, p. 341. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Conservadores, reformadores, innovadores, llevaban consigo un esquema de la España que había sido hasta entonces y de la que debía ser. Antiliberales -si se los aprecia desde la perspectiva europea- o liberales “a la española”, si se acepta que no hubo, ni hay, un liberalismo sino varios.

La pequeña aristocracia y la burguesía que toman el poder en las provincias periféricas y producen hechos apenas recordados, cuando en realidad se lanzaban al reemplazo de la burocracia central y de las altas jerarquías sociales, todas claudicantes. Intelectuales, artesanos, eclesiásticos enemigos de Napoleón como “supervivencia del espíritu revolucionario”, se reunían bajo el lema “Dios, Patria y Rey” contra la omnipotencia dictatorial al estilo Godoy.

Juntas regionales autónomas surgían por doquier pero, además, Juntas Corregimentales, expresión de la resistencia popular y de los problemas sociales latentes en una suerte de antiaristocracia que se manifestaba ante la claudicación de ésta.

La élite nacional española toma entonces tres direcciones: la burocracia acepta el estado de cosas anterior a Mayo de 1808; los tradicionalistas pretenden la reconstrucción monárquica junto a los realistas defensores de sus fueros, aunque con los reformistas combaten a los invasores, quienes creen en la necesidad de una Carta Constitucional de corte revolucionario y tienen como apéndice inconstante a los “afrancesados” que veían en el régimen de Bonaparte la introducción de las innovaciones europeas para cambiar España (de hecho, más de doce mil familias pasaron a Francia cuando Bonaparte cayó).

- Los liberales innovadores

Esa lucha de tendencias se resolverá al principio en favor de los liberales innovadores, aunque españoles, que darán batalla en las Cortes hacia 1810, sancionarán la “revolución tradicional” a través de la Constitución de Cádiz de 1812 y propiciarán la controversia sobre la extinción del Tribunal del Santo Oficio en 1813, que significará la primera polémica pública sobre el pasado español, entre una España “oficial” y otra “popular”.

- La Restauración

Pero el litigio ideológico, el peso de las constantes españolas en el liberalismo, cierto ambivalente anticlericalismo, el temor de las clases aristocráticas por la reforma agraria -sin embargo tímida- la lucha de personalismos, crearon el ambiente necesario para que se produjera la reacción monárquica anticonstitucional.

Cuando Fernando VII recupera la libertad, el movimiento restaurador -apoyado por la nobleza- recobra el poder. La Restauración se impone en España entre 1814 y 1833. Fernando es juguete de la nobleza y del partido reaccionario y absolutista, mientras la mayoría del pueblo queda lejos de las intrigas de palacio.

Exhausto por la guerra, el país no es representado en esa “parodia de Gobierno nacional”, donde el egoísmo, la mediocridad y la represión de los afrancesados y los constitucionalistas se suman como factores de una clase dirigente sin arraigo.

Si a eso se añade el favoritismo del rey en las designaciones militares, que alejó a muchos jefes y oficiales que pasaron a ser afiliados de logias masónicas liberales, se explicará en buena medida el éxito de los emisarios argentinos que hicieron circular oro americano entre los jefes del cuerpo expedicionario que preparaba en Andalucía una de las tentativas de reconquista de las colonias de América del Sur, como queda claro en Vicens Vives.

- El Pronunciamiento de Riego

El llamado Pronunciamiento de Riego surge de una milicia en parte reconquistada por los liberales, que recobran el poder entre 1820 y 1823 y terminan su breve experiencia de Gobierno derrotados por un ejército francés invasor llamado de los Cien Mil Hijos de San Luis.

La segunda reforma constitucional termina en España con un paseo militar y tendencias extremistas conservadoras y liberales seguirán librando, sobre el fondo de causas sociales y económicas, un litigio que marca casi toda la historia española futura. Un segmento de ese litigio es también contexto del proceso revolucionario de los argentinos.

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