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Los precursores

Los movimientos emancipadores americanos fueron precedidos por la acción de un grupo de hombres que han merecido la calificación de precursores de la emancipación.

Dejaremos de lado la historia de algunos aventureros, como Aubarède y Vidal y sólo recogeremos los nombres de aquellos que, como Francisco de Mendiola -en México- Gual, en Venezuela, y Antonio Nariño, en Colombia, revelan que una agitación simultánea movía los espíritus de ciertos americanos que presentían mejor que la mayoría de sus paisanos el destino de sus respectivas patrias(1).

(1) Material extraido de la obra de Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Se revela así la dimensión americana del proceso, simultáneo en distintas regiones de América, y el sentido de unidad que -para los precursores- tuvo el gesto emancipador; no se circunscribía a intereses locales sino que llevaba el signo de América como una unidad. Los sentimientos nacionales sólo eran por entonces confusamente intuidos como afectos regionales, que cedían al común denominador americano, al punto que producidos los movimientos revolucionarios nacen primero los Estados que las nacionalidades como entes definidos y perfectos.

- Godoy

Sólo nos ocuparemos aquí de aquellos precursores que tuvieron relación con el Río de la Plata. En primer término corresponde citar a Juan José Godoy, ex jesuita que se trasladó a Londres y allí trató de interesar al Gobierno inglés -desde 1781- en sus planes para emancipar el Río de la Plata y Chile, planes cuya génesis se desconoce realmente.

Murió en una prisión gaditana.

- Viscardo

Si la empresa de Godoy no tuvo otros méritos que los de su personal esfuerzo, mayores ecos despertó la del abate Juan Pablo Viscardo. Natural de Arequipa, Perú, había obtenido las Ordenes menores de la Compañía de Jesús cuando llegó la expulsión.

Se retiró a Italia, como tantos otros, y padeció grandes privaciones que alentaron su resentimiento contra el Gobierno español. De allí pasó gradualmente a concebir ideas independentistas y con ese objeto se trasladó a Londres -en 1782- sin encontrarse aparentemente con Godoy ni con Miranda.

En 1792 redactó una Carta a los Españoles Americanos -que publicó en 1799- firmada por “Uno de sus Compatriotas”, la que posteriormente llegó a conocimiento de Miranda quien la hizo traducir al español y la publicó en 1801, difundiéndola desde Trinidad -entre 1802 y 1804- y posteriormente desde la sublevada Venezuela.

La primera parte de la Carta resume los tres siglos de injusta dominación de los españoles en América, siguiendo la orientación del Inca Garcilaso y de Herrera; la segunda parte contiene una invitación a independizarse de España como única solución ante la violencia hispánica, que ejemplifica citando a Las Casas.

Batllori ha señalado en la Carta las influencias de Rousseau y de Raynal(2).

(2) Miguel Batllori. “El Abate Viscardo” (1953), p. 147, Caracas. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Esta carta no parece haber tenido difusión en Buenos Aires antes de 1810, pero en 1816 sirvió a la literatura que propugnaba la coronación de un Inca.

- Miranda

El tercer precursor que interesa es el legendario y original Francisco de Miranda. El héroe venezolano convergió -como los anteriores- en las antesalas de los ministerios británicos para obtener apoyo a sus planes independentistas aunque no se limitó a ello y no dejó de hacer gestiones en los Estados Unidos, Francia y Rusia.

No nos detendremos en su novelesca vida, en la que pasó por situaciones tan variadas como huésped de Catalina II y general de la revolución francesa. Atenderemos sólo a sus gestiones fundamentales.

Esta concurrencia de los precursores ante los ingleses demuestra el público conocimiento del interés británico en la liquidación del Imperio español. Desde 1701, políticos y ciudadanos ingleses habían proyectado la conquista de distintos puntos de América y, desde 1741, aparece como idea sustitutiva la de provocar una insurrección de las colonias españolas.

A las actividades de Godoy y Viscardo -en la década del 80- se agrega un plan de Fullarton en 1782 y las actividades de Miranda. Este presenta -en 1785- a los ingleses un plan para la ocupación de varios puntos de Costa Firme. El momento no era propicio y Miranda debió esperar hasta 1797 para presentar un nuevo proyecto tendiente esta vez a la independencia de Venezuela.

En ello coincidía con Lord Melville, quien procuraba que desde Trinidad, conquistada por los ingleses, se fomentara la insurrección. La guerra con España favorecía los proyectos de Miranda: Melville se mostró partidario de ocupar Chile, en tanto que Miranda propiciaba una acción conjunta de una escuadra británica y un ejército norteamericano con el objeto de establecer un Gobierno independiente en América española.

Este proyecto, de 1798, contó con el apoyo -en principio- de Hamilton, pero no llegó a cuajar. Dos años después, Melville y Vassintart presentaban varios provectos destinados a conquistar distintos puntos del continente. Otros dos años pasaron y Miranda presentó un nuevo proyecto libertador.

Las dos ideas se entrecruzaban permanentemente en los ministerios británicos, mientras el objetivo era uno sólo por parte de Gran Bretaña: aplastar política y económicamente el poderío español.

En Agosto de 1803, Miranda fue presentado a Sir Home Popham con quien, desde entonces, mantuvo una amistad regular. De las relaciones entre estos dos hombres surgió, primero, el plan de Popham de Noviembre de 1803 referido a una expedición al Río de la Plata y, luego, rotas nuevamente las hostilidades entre las dos potencias rivales, el Memorándum de Octubre de 1804 firmado por Popham pero realizado en colaboración con Miranda, donde se repetía la misma idea.

La circunstancia de ser Pitt -Primer Ministro- y Melville -Primer Lord del Almirantazgo- hacían factible el plan, pero como su aprobación se demoraba, Miranda resolvió expedicionar sobre Venezuela por su cuenta y desembarcó en Coro -en 1805- pero no recogió ni triunfos ni adhesión popular, por lo que debió retirarse frustrado.

Pero mientras tanto Miranda había dejado el germen de la expedición británica al Río de la Plata y a través de ella y sin intuir demasiado cómo se desarrollarían los sucesos, había dado un paso decisivo para la emancipación argentina y americana.

El mismo año un espía británico, Burke, tras recorrer el Río de la Plata había presentado planes coincidentes al Gobierno inglés y había anudado una sintomática amistad con Juan José Castelli.

Las bases para la invasión inglesa estaban echadas.

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