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Repercusión de la política europea en América

- Virreinato de Santiago de Liniers

A los pocos días de la deposición de Rafael de Sobre Monte -Febrero de 1807- la Audiencia se hizo cargo del mando militar y político del Virreinato.

En Junio de ese año, y de acuerdo con órdenes llegadas de España, el citado organismo entregó el mando a Santiago de Liniers, quien pasó a desempeñar interinamente las funciones políticas y militares de virrey.

En Mayo de 1808 llegó a Buenos Aires una real cédula de Carlos IV, en la que el monarca español confirmaba a Liniers como virrey interino del Río de la Plata. El nuevo mandatario prestó juramento tres días después, ignorando -por desconocer los últimos sucesos europeos- que asumía la representación de un rey cautivo y que España se hallaba en cruenta lucha contra su patria de nacimiento(1).

(1) Santiago de Liniers había nacido en Niort (Francia), el 25 de Julio de 1753. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

En el transcurso del virreinato de Liniers se produjeron los siguientes sucesos de importancia:

a) Las ambiciones de Portugal sobre el Río de la Plata

Expulsada por las armas napoleónicas, la familia real portuguesa debió trasladarse al Brasil(2), episodio que produjo justificada intranquilidad en Buenos Aires, pues los lusitanos ambicionaban -desde tiempo atrás- extender su dominación por los territorios del Plata.

(2) Así arribaron al suelo americano la reina madre María Luisa, incapaz de gobernar pues estaba demente; su hijo Juan VI en funciones de príncipe regente; su esposa Carlota Joaquina; y los hijos del matrimonio. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Cuando en Río de Janeiro se confirmaron las noticias sobre las renuncias de los Borbones y la proclamación de José I, la princesa Carlota Joaquina -hija de Carlos IV y hermana mayor de Fernando VII- no vaciló en proclamar sus pretensiones al trono de España para protegerlo contra las usurpaciones de Napoleón.

Sostenía sus derechos a gobernar toda la América hispana en carácter de regente, para defender la integridad de esos dominios ante una probable invasión francesa(3).

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La princesa Carlota Joaquina de Borbón -esposa de Don Juan de Portugal- que pretendió extender su dominación al Río de la Plata (pintura de la época).

(3) Aunque las pretensiones de la princesa Carlota tenían aspectos legales, debido a su vinculación con la monarquía española, era evidente que la Corte portuguesa la utilizaba como un simple instrumento para satisfacer las exigencias comerciales de los ingleses -sus aliados- y dominar, por lo menos, la Banda Oriental. Radicado en Río de Janeiro, Saturnino Rodríguez Peña encabezó a un grupo de revolucionarios porteños quienes apoyaban los propósitos de la princesa Carlota. Varios personajes sirvieron de enlace y desarrollaron una compleja actividad con el mismo fin, tales como el contraalmirante Sidney Smith -jefe de la flota británica en el Brasil-, el italiano Felipe Contucci, José Guezzi y otros. El plan consistía en trasladar a la princesa al Río de la Plata y proclamarla regente de una monarquía constitucional para gobernar toda la América hispana. Manuel Belgrano y José Castelli apoyaron la proclamación de la nueva dinastía, sobre la base de una posible emancipación de la metrópoli. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Todas las tratativas para coronar a la princesa Carlota fracasaron. El regente Juan VI se opuso al viaje de su esposa al Río de la Plata, y tampoco apoyó la intentona el influyente lord Strangford, embajador inglés en Río de Janeiro.

Por su parte, Liniers y las autoridades de Buenos Aires no accedieron a las pretensiones lusitanas.

b) El marqués de Sassenay, emisario de Napoleón

Los confusos sucesos ocurridos en España causaron incertidumbre en las autoridades del Virreinato del Río de la Plata. Sin embargo, ante las noticias llegadas de la Península, Liniers dispuso efectuar la proclamación y jura de Fernando VII (Agosto de 1808).

Para comunicar el cambio dinástico ocurrido en España y obtener acatamiento al nuevo soberano, Napoleón envió al Río de la Plata -en misión diplomática- al marqués de Sassenay.

El emisario llegó a Buenos Aires a mediados de Agosto. Liniers reunió en el Fuerte a miembros del Cabildo y de la Audiencia y luego recibió a Sassenay, quien hizo entrega de los pliegos de que era portador.

Al enterarse de su contenido las autoridades dispusieron rechazar las proposiciones y embarcar a la brevedad al emisario imperial con destino a Europa.

c) Rivalidad entre el Cabildo porteño y el virrey

Después de las invasiones inglesas, el Cabildo de Buenos Aires robusteció en forma vigorosa su prestigio, lo que produjo un desequilibrio en el ordenamiento político al pretender ejercer la preeminencia en el Gobierno y actuar sobre la autoridad del virrey Liniers.

La figura más destacada de esta acción opositora fue el Alcalde de primer voto Martín de Alzaga.

Las vacilaciones del virrey para proceder a la jura de Fernando VII y el trato cordial que dispensó al marqués de Sassenay, fueron argumentos bien utilizados por Alzaga y los cabildantes para crear un ambiente adverso a Liniers.

Este era francés de nacimiento, lo que hacía dudar de su fidelidad a España. La lucha que se libraba en la Península contra la invasión napoleónica colocaba al virrey en delicada situación, pues todo hacía suponer -a pesar de su reconocida lealtad- que se inclinaba hacia el enemigo.

d) Separación de Montevideo

Francisco Javier de Elío, el gobernador de Montevideo, era un militar díscolo y violento, que encabezó la oposición al virrey. Acusó a Liniers de conducta sospechosa y efectuó la jura de Fernando VII antes que en Buenos Aires. Finalmente, a través de una nota, ordenó al virrey que dejara el mando.

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El militar español Francisco Javier de Elío, gobernador de Montevideo y más tarde -en 1811- virrey del Río de la Plata.

Enterado Liniers del comportamiento de su subordinado, reemplazó al gobernador por el capitán de fragata Juan Angel Michelena.

Este desembarcó en Montevideo el 20 de Septiembre y sostuvo una violenta entrevista con Elío; al día siguiente, mientras el Cabildo estudiaba la actitud del comisionado, los hombres de Elío provocaron un tumulto y Michelena se vio obligado a regresar a Buenos Aires.

Un cabildo abierto reunido en Montevideo resolvió desconocer la orden del virrey y mantuvo al enérgico gobernador en su puesto (21 de Septiembre de 1808).

Presidida por Elío, creóse en la vecina orilla una Junta de Gobierno, autónoma de Buenos Aires, compuesta exclusivamente por españoles y que se proclamó subalterna de la Junta de Sevilla.

En esta forma, la provincia de Montevideo quedó separada de la autoridad de Buenos Aires.

- Asonada del 1ro. de Enero de 1809

El Cabildo de Buenos Aires, que estaba en connivencia con su similar de Montevideo, envió a la Junta de Sevilla un Memorial solicitando el reemplazo de Liniers por un funcionario con mejores condiciones para el mando.

Deseosos de derribar al virrey, los cabildantes de Buenos Aires prepararon un movimiento armado que debía estallar a mediados de Octubre de 1808, pero fue aplazado cuando el propio Liniers se enteró de esos propósitos subversivos.

Fracasada la intentona, Alzaga empleó dos meses en preparar larga y dificultosamente un nuevo golpe.

En una reunión celebrada en el obispado, los complotados fijaron para el motín la fecha 1ro. de Enero de 1809, día en que el Cabildo debía efectuar la renovación anual de sus miembros.

Trascendió que Liniers nombraría candidatos favorables a su persona, por lo cual era necesario impedir la maniobra y, a la vez, destituir al virrey.

El 31 de Diciembre, Liniers envió al Cabildo la propuesta para el nombramiento de Bernardino Rivadavia para el cargo de Alférez Real. Los regidores rechazaron el pedido, argumentando que ese joven americano carecía de carrera y de méritos.

Ese mismo día, los batallones que respondían a los conjurados -Gallegos, Catalanes y Vizcaínos- recibieron orden de presentarse al amanecer en la Plaza Mayor; por su parte, las tropas adictas al virrey estaban prevenidas en sus respectivos cuarteles.

En la mañana del 1ro. de Enero el Cabildo efectuó la elección de sus miembros, resultando reelectos los mismos regidores que debían cesar en sus funciones.

Al enterarse de lo resuelto, la multitud agrupada en la Plaza Mayor comenzó a gritar: “¡Junta como en España! ¡Abajo el francés Liniers! ¡Viva el Cabildo y muera el mal gobierno!”

Los regidores reunieron de inmediato un cabildo abierto el que nombró una Junta Suprema compuesta exclusivamente por españoles, aunque sus secretarios fueron los criollos Mariano Moreno y Julián de Leyva.

Los miembros de la Junta se trasladaron al Fuerte para comunicar al virrey su destitución pero, cuando el último se disponía a acatarla, penetraron en el recinto los jefes leales -a las órdenes de Cornelio Saavedra- quienes lograron desbaratar la conspiración(4).

(4) Saavedra negó a los presentes en la reunión atribuciones como para obligar a un virrey a suscribir su renuncia. Acto seguido tomó a Liniers de un brazo y le indicó que se presentase ante el pueblo reunido en la Plaza; si la multitud lo repudiaba, él y sus acompañantes firmarían el acta de la destitución. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Cuando el virrey cruzó el puente levadizo de la Fortaleza, la multitud repitió a coro: “¡Viva don Santiago de Liniers! ¡No queremos otro que nos mande!”

Liniers destruyó el acta de su renuncia y las tropas rebeldes se rindieron. Alzaga -el principal cabecilla- y cuatro cabildantes fueron condenados a destierro y embarcados rumbo a Carmen de Patagones; pero Elío envió una nave que rescató a los presos y los condujo a Montevideo(5).

(5) La asonada del 1ro. de Enero de 1809 “no excede de un pleito doméstico -dice el historiador Ruiz Guiñazú- a base de rivalidades y presunciones”. El origen del movimiento debe buscarse en la acción omnipotente del Cabildo ante los organismos gubernamentales: el virrey y la Audiencia. Liniers era un sincero realista y no debe olvidarse que sus defensores sostenían autoridades peninsulares igual que sus adversarios del Cabildo, por tal causa los criollos y los españoles se volcaron en uno y otro bando. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

La importancia de la asonada -acontecimiento oscuro en sus objetivos- radica en el hecho de acentuar la decadencia del régimen político hispánico y en que se aplica una tendencia que triunfaría en 1810: el cabildo abierto de tipo revolucionario y la creación de Juntas de Gobierno(6).

(6) Medítese bien que en la asonada de 1809 la tendencia revolucionaria está representada por el bando “español” de Alzaga y sus adictos, quienes propiciaron el cabildo abierto y la creación de una Junta de Gobierno. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

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