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Nuevo Gobierno. La Junta Grande

A fines de Junio de 1810 comenzaron a llegar a Buenos Aires los diputados electos por los cabildos del Interior con documentos relativos a sus poderes y la misión que les era encomendada.

El plan concebido por los adversarios de Mariano Moreno consistía en incorporar esos representantes a la Junta con carácter de Vocales para dar satisfacción a Cornelio Saavedra -desprestigiando al secretario- y aplazar la reunión del Congreso.

La fracción conservadora deseaba que el movimiento revolucionario continuara sin definirse a la espera de los sucesos que agitaban la Península. Al no reunirse el Congreso no podía dictarse una Constitución ni tampoco cortar definitivamente los vínculos políticos con España.

A mediados de Diciembre de 1810 se conocía el nombramiento de catorce diputados, nueve de los cuales ya estaban en Buenos Aires -entre ellos el deán Gregorio Funes, representante de Córdoba- quien se solidarizó con Saavedra pues ambos coincidían en que Moreno se adelantaba a los sucesos en una actitud que podría perjudicar a la revolución.

Con motivo del decreto del 6 de Diciembre de 1810 -que fue muy censurado por la opinión opositora- el deán propuso a Saavedra la incorporación de los diputados.

En la sesión del 18 de Diciembre de 1810 la Junta en pleno recibió a nueve diputados(1) y en nombre de ellos habló el deán Gregorio Funes(2).

(1) Los nueve diputados provinciales eran los siguientes: Gregorio Funes (Córdoba), Simón García de Cossio (Corrientes), Francisco de Gurruchaga (Salta), Manuel Ignacio Molina (Mendoza), José Antonio Olmos de Aguilera (Catamarca), Juan Francisco Tarragona (Santa Fe), Manuel Felipe Molina (Tucumán), Julián Pérez (Tarija) y Juan Ignacio Gorriti (Jujuy). // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.
(2) Argumentó que Buenos Aires “no tenía títulos legítimos para elegir por sí sola gobernadores” y que a la Junta “no se le presentaba otro remedio más legal, seguro y equitativo, que la asociación de los diputados a los vocales”. Funes sostuvo que el Gobierno no contaba con la confianza pública y entonces “era necesario reparar esta quiebra con la incorporación de los diputados que los mismos descontentos reclamaban”.
La mayoría de los vocales se mostraron contrarios a la incorporación de los representantes del Interior. Su oposición se basó en los fundamentos siguientes:
a) el propósito de los diputados era integrar un Congreso;
b) no debían incorporarse a la Junta porque ésta era un organismo provisorio; y
c) la invitación que figuraba en la Circular del 27 de Mayo “había sido un rasgo de inexperiencia, que el tiempo había acreditado después enteramente impracticable”. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Para resolver el problema se dispuso efectuar una votación conjunta, es decir, “reunidos los vocales con los diputados presentes”.

Catorce lo hicieron en favor y sólo dos -Moreno y Paso- se opusieron(3).

(3) Los diputados del Interior -favorables lógicamente a la incorporación- eran nueve, mientras la Junta se encontraba reducida a siete vocales -por ausencia de Castelli y Belgrano-. Saavedra dio su voto afirmativo basado en la “conveniencia pública” y le siguieron Alberti y Matheu; por su parte Larrea y Azcuénaga lo hicieron argumentando la unidad política. Moreno fundamentó su voto negativo en que la incorporación de los diputados “era contraria al derecho y al bien general del Estado”. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Con la incorporación de los diputados provinciales quedó constituido un nuevo organismo provisional de Gobierno, que se llamó Junta Grande.

A partir de ese momento -dice el historiador Ravignani- “surge un nuevo elemento político: el factor provincia. Comienza a tener la consistencia de una facción para convertirse en partido, que gravitará de una manera singular en la contextura del Estado argentino”.

- Renuncia y muerte de Moreno

Firme en sus convicciones y desautorizado ante la votación, Mariano Moreno presentó la renuncia al cargo de secretario de la Junta y solicitó partir hacia Europa, en misión diplomática ante el gobierno de Londres.

El 22 de Enero de 1811 se alejó de Buenos Aires en una pequeña embarcación rumbo a La Ensenada y allí trasbordó -el 24 de Enero- a la fragata inglesa La Fama, la que partió de inmediato. Fue acompañado por su hermano Manuel y Tomás Guido, en carácter de secretarios.

En el transcurso de una penosa navegación, enfermó de cuidado y después de tres días de sufrimientos falleció en alta mar, el 4 de Marzo. Su cuerpo fue echado al océano(4).

(4) Algunos documentos de la época y la afirmación de Manuel Moreno -que comparó la muerte de su hermano con la de Sócrates- hizo afirmar que el joven secretario había sido asesinado. El historiador Ricardo Levene niega tal versión y sostiene que Mariano Moreno embarcó enfermo del estómago y con una profunda depresión espiritual. Un excesiva dosis de antimonio tartarizado suministrada al paciente por el capitán de la nave habría apresurado el deceso. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

- Junta Grande. El nuevo Gobierno

La Primera Junta se había transformado -desde el 18 de Diciembre de 1810- en Junta Grande, operándose con ella el primer cambio neto en la conducción revolucionaria.

Mientras se producían estos trastornos internos la causa revolucionaria había hecho señalados progresos: la “expedición auxiliadora” había penetrado en el Alto Perú y González de Balcarce había derrotado a las fuerzas realistas en Suipacha (7 de Noviembre de 1810) a consecuencia de lo cual todo el Alto Perú se pronunció por la revolución y las tropas de Buenos Aires se vieron libres de obstáculos inmediatos.

Los jefes realistas José de Córdoba y Rojas, Vicente Nieto y Francisco de Paula Sanz -conforme a las Instrucciones dadas a Juan José Castelli- fueron fusilados.

Al mismo tiempo Chile se había pronunciado por la instalación de una Junta a imitación de Buenos Aires: después de un lapso de indecisión y lucha entre los partidarios de la Regencia y los juntistas triunfaron éstos con la adhesión del propio gobernador, Mateo de Toro Zambrano, el anciano conde de la Conquista. Constituida la Junta bajo su presidencia se entablaron relaciones óptimas con la de Buenos Aires a la que los chilenos propusieron constituir una Confederación.

La Primera Junta consideró con frialdad esta sugerencia, pero su enviado Antonio Alvarez Jonte propuso a la Junta de Santiago -a fin de año- un Tratado de Alianza cuya cláusula séptima establecía la obligación de Buenos Aires de exigir en tratados con Inglaterra la independencia de Chile.

La idea de la emancipación había entrado en el terreno de las realizaciones.

Es lógico que ante este panorama la Junta Grande se sintiese optimista. Sin embargo, los meses venideros iban a traer sus inquietudes: Belgrano, tras penetrar audazmente en el Paraguay, había sido derrotado; el general Francisco Javier de Elío había regresado a Montevideo con el título de virrey del Río de la Plata y ordenado el bloqueo del puerto de Buenos Aires.

Las preocupaciones creadas por la amenaza militar -que crecería al conocerse la derrota de la flamante escuadrilla naval en San Nicolás (2 de Marzo) y el fracaso de Belgrano en Tacuary (9 de Marzo)- no impidieron a los dos bandos revolucionarios en pugna continuar sus rencillas; antes bien, los problemas que se sucedían alimentaban la discordia.

El 22 de Diciembre de 18190 el deán Gregorio Funes comunicó a las provincias la incorporación de los diputados “para tomar parte activa en el Gobierno”.

La Junta Grande cambió el lenguaje político utilizado hasta ese momento por el anterior organismo y volvió a invocar “a nuestra amada metrópoli”, en una actitud que pretendía apaciguar “las justas quejas de los españoles europeos”.

El nuevo Gobierno de dieciséis miembros -más adelante alcanzó a veintidós- careció de unidad en la acción y no pudo impedir las rencillas internas, propias de un Ejecutivo numeroso.

Saavedra siguió ocupando el cargo de presidente y el deán Funes tomó la iniciativa que antes había correspondido a Moreno(5); a pesar de la desaparición del último, sus partidarios -los jóvenes morenistas- no tardaron en organizarse y constituir un núcleo activo, de oposición al Gobierno.

(5) En su cargo de secretario, Mariano Moreno fue reemplazado interinamente por Julián Pérez y, más tarde, por Hipólito Vieytes. El vocal Manuel Alberti falleció a comienzos del mes de Febrero y en su lugar fue nombrado Nicolás Rodríguez Peña. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

- Las Juntas Provinciales

Con la incorporación de los diputados, la Junta Grande estuvo a merced del elemento provinciano y con el objeto de satisfacer la opinión del Interior el deán Funes dictó el Reglamento del 10 de Febrero de 1811, por el cual se crearon Juntas Provinciales.

El citado Reglamento -la primera Carta Orgánica de la revolución- es de gran importancia por cuanto extendió a las provincias el sistema de Gobierno colegiado. Disponía la creación de Juntas Principales y Subordinadas (o menores).

Las principales se compondrían de cinco miembros, es decir, “el presidente o gobernador-intendente nombrado como tal y cuatro colegas (vocales) que eligiese el pueblo”.

Las Juntas Subordinadas se establecerían -según aclara el artículo 6to. del Reglamento- en las ciudades o villas que tuvieran Representantes ante Buenos Aires. Estarían integradas por tres miembros, a saber “el Comandante de Armas -que actualmente lo fuese- y los dos socios que se eligiesen”.

La duración de las Juntas Provinciales estaría limitada hasta la reunión del Congreso General.

Aunque se afirma que el Reglamento del deán Funes es el primer antecedente de un sistema federal, el historiador Emilio Ravignani sostiene con fundamento que es de neto corte unitario(6)(7).

(6) El presidente no surge de la elección popular, y es en realidad el mismo Intendente que subsiste como restos de la organización hispánica. El derecho de sufragio estaba limitado a “todos los vecinos españoles” y, en consecuencia, la palabra “pueblo” se refiere a los vecinos de raza blanca afincados y con familia, pero no a la masa de los habitantes. Las Juntas menores estaban subordinadas a su respectiva principal pero éstas -a su vez- dependían directamente de Buenos Aires. El canónigo Gorriti -diputado jujeño- criticó las disposiciones del Reglamento basado en la absoluta igualdad de derechos de todos los pueblos. Sostuvo que las Juntas debían llamarse territoriales y que cada una de ellas ejerciera en su jurisdicción “la plenitud de sus facultades”. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.
(7) En Agosto de 1821 recién se esboza un intento de verdadero sufragio popular. Hasta esa época en las elecciones de autoridades predomina una minoría de clase media o burguesa. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

La Junta ampliada con los diputados de las ciudades fue recibida con los mejores auspicios. Para consolidarse, el 10 de Febrero de 1811 decretó que cada provincia debía darse un Gobierno propio con sujeción al de la capital, creándose “Juntas subalternas” en los pueblos cabeza de Partido, con facultades administrativas.

- Creación de la Junta Subalterna de Corrientes

Corrientes, integrante de la provincia o Intendencia de Buenos Aires, estaba en esta categoría por lo cual, el 4 de Abril de 1811, creóse esta Junta subalterna.

Dividióse al efecto a la ciudad en siete Cuarteles, nombrándose a sus presidentes como Alcaldes de Barrio(8).

(8) Se organizaron los siguientes Cuarteles y presidentes:
1.- “El dulce nombre de Jesús” - presidente Félix de Llanos;
2.- “Nuestra Madre y Señora de las Mercedes” - Juan José Rolón;
3.- “Don Juan Bautista” - Pedro José Perugorría;
4.- “Santa Cruz de los Milagros” - Raimundo Molinas;
5.- “San Francisco” - sargento mayor Pedro Obregón;
6.- “San Sebastián” - Gaspar López;
7.- “San Roque” - Silvestre del Villar Martínez.
Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

Las Juntas Provinciales subsistieron hasta fines de Diciembre de 1811 en que un nuevo Gobierno -el Triunvirato- las disolverá debido a “la heroica resolución de concentrar el poder”.

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