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Los diputados del Interior y su incorporación a la Junta

La llegada de los diputados de las ciudades interiores a Buenos Aires -hombres en general más pacíficos y moderados donde no faltaba un sujeto de cultura amplia y con veleidades políticas como el deán Gregorio Funes- dio a Cornelio Saavedra ocasión de trabajar contra el predominio de los morenistas.

Estos diputados reclamaban el cumplimiento de la convocatoria cursada.

Dicha convocatoria envolvía un error de técnica política, bastante explicable en aquellos tiempos en que la división de poderes era desconocida en la tradición española.

En vez de disponer que aquellos diputados se reuniesen en un Cuerpo deliberativo a manera de Cortes o soberano a modo de Congreso, se dispuso que fueran incorporados a la Junta por el orden de su llegada, para dar a ésta progresivamente la representación total del virreinato.

Moreno tuvo la suficiente perspicacia para darse cuenta que semejante aglomeración de gente iba a restar al Gobierno toda agilidad en el despacho y la muy escasa unidad de miras que le quedaba, amén del daño que ocasionaba al secreto de las deliberaciones.

Por ello se opuso tenazmente a tal incorporación, mientras los recién llegados -por boca de Funes entre otros- insistían en ser recibidos con la velada complacencia de Saavedra(1).

(1) Pronto el conflicto ganó la calle y alentó la formación de grupos partidarios. Moreno -que se daba cuenta del movimiento táctico de su adversario- perdió la paciencia y aprovechó de un incidente minúsculo para tratar de desacreditar al presidente y alterar el equilibrio de fuerzas. Con motivo de festejarse el triunfo de Suipacha, el regimiento de Patricios dio un banquete a su antiguo jefe, el presidente Saavedra. A los postres, un capitán Duarte -que presuntamente habría bebido copiosamente- hizo un brindis ofreciendo a Saavedra una corona de azúcar que había servido para decorar uno de los manjares. Saavedra la aceptó y la pasó inmediatamente a su mujer. Moreno, a quien se había negado la entrada al cuartel, tal vez haya supuesto que en el banquete se buscaba el apoyo militar para la incorporación de los diputados y, sabedor del episodio de la corona proyectó su contragolpe, mientras comenzaban a correr rumores de que el presidente quería ser proclamado rey. El 6 de Diciembre de 1810 Moreno presentó a la Junta un proyecto de decreto que suprimía los honores a la persona del presidente dispuestos el 28 de Mayo; establecía la igualdad de todos los miembros de la Junta; y se exigía la concurrencia de por lo menos cuatro firmas para que las resoluciones de la Junta fuesen válidas. Esta última disposición -la menos recordada por la historia popular- era la fundamental pues, dado que Moreno tenía mayoría en la Junta, podía así enervar la incorporación de los diputados. Saavedra firmó pacíficamente el decreto.// Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Pocos días después se reunió la Junta para recibir la petición formal de incorporación de los diputados. La previsión de Moreno falló cuando se invitó a los peticionantes a participar del acto y, tras exponer sus opiniones, votar sobre la cuestión, constituyéndose en Gobierno antes de serlo.

- Los diputados del Interior

En el transcurso de la Semana de Mayo fue visible el empeño de Baltasar Hidalgo de Cisneros y de sus partidarios por convocar a los diputados del Interior para realizar un Congreso General en Buenos Aires, a fin de establecer un Gobierno definitivo.

Aunque la posición se basaba en la unidad del virreinato y era a todas luces legal, detrás de ella se escondía una hábil maniobra, por cuanto las autoridades del Interior -intendentes, gobernadores y cabildos- no habían sido removidas y en consecuencia respondían al partido español.

Además, debe tenerse en cuenta que en los primeros momentos el vecindario del Interior ignoraba los verdaderos propósitos de los revolucionarios.

El Reglamento del 25 de Mayo -impuesto por el Cabildo a la Junta- disponía que los diputados provinciales arribarían a Buenos Aires para integrar un organismo separado de la Junta.

No expresaba lo mismo la Circular emitida el 27 de Mayo de 1810 por la Junta. En ella, el nuevo Gobierno comunicó a las autoridades del Interior que debían elegir representantes, los cuales “han de irse incorporando a esta Junta, conforme y por orden de llegada a esta capital”. En este caso, los diputados debían participar directamente en el Gobierno, por cuanto serían Vocales de la Junta misma.

Con respecto a la elección de los diputados provinciales la Junta exigía la reunión de cabildos abiertos -pero de tipo revolucionario- tal como sucedió en Buenos Aires el 22 de Mayo de 1810. Era evidente que de no procederse de esa forma sólo se permitiría el acceso a los miembros del partido español.

Mariano Moreno consideraba que los diputados provinciales debían dictar una Constitución y establecer un “gobierno sólido y permanente”, en consecuencia, se oponía -junto con sus partidarios- a que esos representantes se incorporaran a un Gobierno provisional.

- Negociaciones preliminares

Uniformando sus puntos de vista, los diputados de las provincias piden su incorporación a la Junta produciéndose una serie de negociaciones preliminares.

Su presidente, Cornelio Saavedra, y su secretario, el doctor Mariano Moreno, encabezaban los dos partidos que ya se diseñaban en su seno, apoyando y contrariando respectivamente el petitorio de los diputados, dando pie a la sesión del 18 de Diciembre de 1810 en que se debatió ampliamente el asunto.

El dean Gregorio Funes -diputado por Córdoba- llevó la palabra en nombre de sus colegas(2).

(2) “El Deán Funes en la Historia Argentina”, p. 44, de Mariano de Vedia y Mitre. Edición del Instituto de Enseñanza (1909). // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

Fundó primeramente su alegato en la citada Circular del 27 de Mayo de 1810

* en que los pueblos miraban con pesar que sus Representantes no estuvieran en posesión de una regalía que les era debida y se les había prometido solemnemente;
* en que los diputados no podían renunciar al goce de sus derechos;
* y en que la autoridad de la Junta estaba quebrantada por el general descontento, que afincaba en el desconocimiento a los diputados, de un derecho incuestionable.

El reclamo de los diputados era justo. No solamente habían sido convocados para constituir un Gobierno General sino que el mandato -calificado por los términos de la Circular del 27 de Mayo- era perentorio; ellos no podían renunciar motu propio al derecho de ejercer el Gobierno -conformándose con una función secundaria de control- sin subalternizar un cargo tenido por meritorio y esencial.

Y es así, por ejemplo, que si Córdoba había enviado al doctor Funes -eminencia en el mundo de las nuevas ideas y prestigioso funcionario de la Iglesia- Corrientes había acreditado al más calificado de sus hijos, el doctor José Simón García de Cossio.

Junto a Moreno se opuso a la incorporación el doctor Juan José Paso. Dijo éste que la Circular del 27 de Mayo de 1810 fue un rasgo de inexperiencia, que el tiempo había acreditado y, entre otros argumentos, que el reconocimiento de la Junta -hecho por los pueblos- subsanaba la falta del concurso de los diputados a la instalación de la Junta Gubernativa.

La mayoría votó la incorporación, consignando Moreno en el Acta la reputaba contraria al Derecho y al bien general del Estado, “en las miras sucesivas de la gran causa de su constitución”.

Lejos de nuestro propósito afincar la lógica de esa incorporación, exclusivamente, en los términos de la Circular del 27 de Mayo, y lejos porque frente a la promesa que en ese documento se hacía a los pueblos -de integrar el Gobierno de la colonia- y que tal vez hubiese decidido de la adhesión de más de uno de los Cabildos que reconocieron la Junta, se encontraban dos razones fundamentales:

* la una es de mera consistencia doctrinaria; producido el movimiento de Mayo -en nombre de Fernando VII y en uso del derecho popular de darse un Gobierno mientras la soberanía del rey estuviese avallada por los ejércitos franceses -el mismo derecho invocado por las provincias peninsulares- era obvio que por Justicia debían tener voz y voto en esas Juntas de Gobierno nacidas de la soberanía del pueblo, el pueblo de las provincias integrantes del Virreinato.

Era una cuestión de principios, fundamental, porque negar el derecho de las provincias importaba la sanción de usurpaciones que la Junta de Buenos Aires repudiaba al negar obediencia a los interinatos de la Península.

El argumento empujó a los pueblos a los primeros balbuceos del federalismo y constituye lo que los caudillos del Litoral llamaron el “sistema” en su especial organización.

* Pero esta razón doctrinaria que fundaba la actitud de los diputados no pudo ser el único factor en la emergencia, desde que a ser exclusiva pudo trocarse con nuevos actos políticos. Frente a ella cabe consignar la individualidad notoria que en la sociabilidad colonial fundara la acción propia de las ciudades con Cabildo que, al polarizar los vecindarios rurales y definir los urbanos con la práctica del cabildo abierto, formaron fuerzas de opinión que actúan con eficacia en el equilibrio lógico de las soluciones generales.

Y no es esto sólo en el complejo organismo de la Administración española donde afincaron los vecindarios con privilegios de emergencia, cuya síntesis elocuente fueron los “propios”, impuestos locales que se creaban para dar vida a las comunidades originarias y que enfrentaban a las ciudades en su desarrollo sucesivo.

El Puerto preciso de Santa Fe, en el Paraná; las Aduanas internas de Santiago del Estero y Córdoba; etc., son sucesos típicos que dieron forma al espíritu localista y que lo enfrentaron al organismo de la capital interesada en defenderse con la liberación de las cargas que creaban para su comercio.

No escapa -por los demás- a un sano criterio sociológico que si no hubiesen existido estas individualidades provinciales hubiese bastado, en vez de la conceptuosa Circular del 27 de Mayo, una orden general y conminativa a los Cabildos interiores(3).

(3) No pretendemos enfrentar al suceso justo de la incorporación de los diputados las buenas o malas consecuencias del hecho. Se trata de un acto político que, como tal, es imperioso y esencial -a veces- no obstante sus consecuencias retardatarias. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

La Justicia de la incorporación de los diputados -desde el punto de vista de los motivos de doctrina y de dinamismo social- se acentúa luego con la instalación de Juntas subalternas en cada capital de provincia y pueblos de importancia, a fin de encaminar al Estado a una forma regular -aunque embrionaria- de Gobierno popular(4), dando a los pueblos el ejercicio de los deberes cívicos.

(4) Mariano de Vedia y Mitre. “El Deán Funes en la Historia Argentina”, p. 56. Edición del Instituto de Enseñanza (1909). // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

El artículo 21 del decreto(5) inspirado por el deán Funes llamaba a todos los individuos del pueblo, sin excepción de empleados -ni aún de los cabildantes eclesiásticos y regulares- a la elección de los miembros de estas Juntas, quedando así sancionado -por primera vez- en el Río de la Plata el voto popular, la participación del pueblo en los negocios públicos y el sufragio universal.

(5) Véase Registro Nacional 1810. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

Los amigos del doctor Moreno iniciaron una fuerte oposición desde la “Sociedad Patriótica” que fundan y con la que agitan la opinión. Dirigían sus dardos sobre Saavedra, el deán Funes, el doctor Felipe Molina, M. Ignacio Molina y contra el doctor García de Cossio, diputado correntino, dirigente -con el deán- del sector de diputados provincianos.

La opinión de los diputados del Interior fue unánime y coherente con la convocatoria de la Junta. Juan José Paso se declaró contrario a lo pedido y Saavedra -a la vez que aceptaba que la incorporación no era según derecho- votaba por ello por razón de conveniencia pública.

Los Vocales partidarios de Moreno retrocedieron en ese momento. Sea que les impresionase la unanimidad o argumentos de los provincianos, sea que apreciasen en ello la fuerza que todavía tenía el presidente, lo cierto es que conformaron sus votos con el de este último.

Reconociendo su derrota Moreno reiteró su oposición y presentó su renuncia por “no ser provechosa al público la continuación de un magistrado desacreditado”.

La Junta incorporó a los diputados y rechazó la renuncia de Moreno.

La paciencia de Saavedra había triunfado sobre la exaltación de Moreno. Este decidió apartarse del teatro de su derrota y a su pedido se le encomendó una misión ante el Gobierno británico.

La Providencia frustró la posibilidad de su eventual retorno a la lid pública, pues una enfermedad imprevista puso fin a sus días -durante la travesía marítima- en Marzo de 1811.

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