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Movimientos sediciosos en el Alto Perú

- Revolución de Chuquisaca

En 1809 se produjeron en dos importantes ciudades del Alto Perú -pertenecientes al Virreinato del Río de la Plata- insurrecciones contra las autoridades españolas.

El 25 de Mayo de 1809 estalló en Chuquisaca una revolución que tuvo su origen en un incidente político entre el arzobispo Benito María Moxó y Francoli y el Cabildo eclesiástico.

Los acontecimientos se precipitaron con la llegada de José Manuel Goyeneche, emisario de la Junta Central de Sevilla y portador de documentos “carlotistas” tendientes a crear un protectorado portugués en el Alto Perú.

Goyeneche contó con el apoyo del arzobispo Moxó y Francoli y del inepto gobernador Ramón García de León y Pizarro, pero no sucedió lo mismo con el Cabildo eclesiástico y la Audiencia. Esta última -que contaba con la adhesión de los criollos- denunció al pueblo que el gobernador deseaba entregar esos territorios a la Corte portuguesa.

El patriota Bernardo de Monteagudo enardeció los ánimos y la agitación cundió rápidamente. El 25 de Mayo, Ramón García de León y Pizarro debió renunciar y la Audiencia asumió el mando; el coronel Antonio Alvarez de Arenales fue nombrado Comandante General del ejército.

Aunque el nuevo Gobierno se declaró dependiente del virrey de Buenos Aires y demostró su adhesión a Fernando VII, la importancia del movimiento radica en el grupo americano, que despertó en la masa popular un fermento de emancipación.

- Revolución de La Paz

Al poco tiempo, la importante Ciudad de La Paz imitó el ejemplo de Chuquisaca. El 16 de Julio estalló una revolución acaudillada por los criollos, quienes eligieron comandante a Pedro Domingo Murillo, e intendente a Juan Indaburu.

El pueblo se volcó en las calles a los gritos de “¡Viva Fernando VII!” y “¡Mueran los chapetones!” (españoles).

El Cabildo asumió el Gobierno hasta que se organizó una Junta tuitiva (defensora) de carácter consultivo, presidida por Murillo e integrada exclusivamente por americanos.

Las autoridades realistas de Lima y Buenos Aires enviaron fuerzas para reprimir estos movimientos. Cisneros comisionó al mariscal Domingo Nieto y Márquez para que se dirigiera a Chuquisaca; José Fernando de Abascal -virrey del Perú- dispuso que Manuel Goyeneche -a la sazón presidente de Cusco- sofocara la insurrección de La Paz.

Los rebeldes carecieron de unidad y fueron vencidos en varios combates.

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