El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

La crisis del sistema político español

- La invasión napoleónica en España. José Bonaparte, rey de España y de las Indias

En 1806 Inglaterra levantó una cuarta coalición contra el emperador francés Napoleón Bonaparte, por lo que el último decretó -a modo de réplica- el bloqueo continental contra su enemiga. Portugal -aliada con Inglaterra- no cumplió con las disposiciones del bloqueo continental y entonces Napoleón Bonaparte ordenó ocupar el territorio lusitano.

El rey de España, Carlos IV, autoriza el paso de las tropas francesas que se dirigieran hacia Portugal. En Noviembre de 1807, el último país fue ocupado por los franceses, mientras la familia real lusitana buscaba refugio en el Brasil en naves de bandera inglesa.

La gran cantidad de efectivos franceses en suelo español -puestos a las órdenes del mariscal Joaquín Murat- preocuparon a la opinión pública, pues era visible que el emperador extendería sus deseos de conquista(1).

(1) Los planes imperialistas de Napoleón, perjudiciales para España, se vieron favorecidos por el débil y bondadoso monarca Carlos IV y la política seguida por su primer ministro y favorito, Manuel Godoy. Era visible en la Corte la enemistad existente entre Godoy y el príncipe Fernando, hijo mayor del monarca y heredero de la Corona. La impopularidad del primer ministro hizo surgir el partido fernandista, que contó con gran cantidad de adeptos en España y también con el apoyo de Napoleón, quien había prometido ayuda a Fernando con el solo objeto de derribar del trono a Carlos IV y a la monarquía borbónica que gobernaba la Península. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Nuevas tropas francesas continuaron penetrando en España y entonces el ministro Godoy aconsejó a la Corte que se retirara hacia el Sur, para luego -en caso de empeorar la situación- poder embarcar rumbo a América.

Así se hizo, pero cuando la Corte arribó a la ciudad de Aranjuez se produjo un motín organizado por el partido fernandista, a raíz del cual Carlos IV abdicó la Corona en favor de su hijo Fernando; el ministro Godoy fue apresado (Marzo de 1808).

Poco después, Carlos IV retractóse de su abdicación -so pretexto de haber sido coaccionado- y pidió la ayuda de Napoleón. En esta forma, España y sus dominios tuvieron dos reyes simultáneos.

Entretanto, el general francés Murat persuadió a Carlos IV y a Fernando VII para que se dirigieran a Bayona(2) con el objeto de celebrar una entrevista con el emperador.

(2) Ciudad francesa cercana a los Pirineos. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

jos i
José I Bonaparte -hermano mayor de Napoleón- que gobernó España entre 1808 y 1813. Fue resistido por el pueblo y apodado despectivamente "Pepe Botellas".

Allí se realizó una agria reunión en cuyo transcurso Fernando devolvió la Corona a su padre, quien entonces cedió a Napoleón todos sus derechos. El último resolvió proclamar Rey de España y de las Indias a su hermano José Bonaparte, quien tomó posesión del trono el 11 de Junio de 1808(3).

(3) Los dos ex soberanos fueron internados en castillos de Francia: Fernando VII en Valençay y su padre Carlos IV en Compiégne. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

- La Junta Central de Sevilla

Los sucesos de Bayona provocaron tremenda indignación en toda España y en las distintas provincias comenzaron a equiparse batallones para defender la independencia del país.

Protegido por las bayonetas francesas, José I llegó a Madrid el día 20 de Junio de 1808. Las provincias de Oviedo y Gijón iniciaron levantamientos, que rápidamente se extendieron a las demás partes del reino. Pronto surgieron Juntas provinciales que -con gran apoyo popular- juraron fidelidad a Fernando VII, el rey cautivo.

Con el propósito de unificar los esfuerzos se constituyó -en Madrid- la Junta Central, instalada en Septiembre de 1808 bajo la presidencia del Conde de Floridablanca. Este Gobierno -producto de un acuerdo federal- estaba facultado para resolver los problemas exteriores y acordar tratados de paz o guerra.

Debido a los avances de las tropas francesas dentro del territorio español, la Junta Central se vio forzada a cambiar de residencia y se estableció en Sevilla.

La proximidad del ejército napoleónico obligó a un nuevo traslado de la Junta Central, que se estableció -Enero de 1810- en la Isla de León (bahía de Cádiz). Allí transfirió sus poderes a un Consejo de Regencia, integrado por cinco miembros.

- La lucha en España contra Napoleón

La dura contienda que libraron los españoles para defender su territorio se prolongará por seis largos años (1808-1814). Entre los combates de mayor importancia podemos citar la gran victoria de Bailén (Julio de 1808) sobre los franceses.

Irritado por el fracaso de sus fuerzas, Napoleón se dirigirá personalmente a España y obtendrá buenos triunfos (en Madrid, Zaragoza, Burgos, etc.), pero deberá abandonar la Península en 1809, reclamado por una conspiración contra su persona urdida en la Ciudad de París.

En 1812, lord Wellington iniciará una violenta ofensiva contra las tropas imperiales; al año siguiente, y favorecido por las derrotas de Napoleón en Rusia, venció a José I en la batalla de Vitoria, lo expulsó de Madrid y, finalmente, obligó a los franceses a dejar el territorio español.

Pero volvamos a 1808-1809. Mientras el pueblo español luchaba por resistir a la dinastía espuria de José I en defensa de Fernando VII de Borbón y sobre todo de la independencia nacional, Napoleón -liberado de su guerra con Austria- aplicaba sus esfuerzos para someter a España.

Buenos Aires iba conociendo los sucesos de la Península en relativo orden y de manera no siempre clara.

Cuando ocurrió la cautividad de los reyes, Buenos Aires vivió treinta días más creyéndose sujeta al mando de Carlos IV(4).

(4) “La Revolución de Mayo y sus antecedentes desde las invasiones inglesas”, de Enrique C. Corbellini. // Ed. Lajouane, Buenos Aires (1950), pp. 279-281. // Citado en “Historia de los Argentinos”, de Carlos Alberto Floria y Césa A. García Belsunce.

- La información

Paul Groussac recuerda, en uno de sus ensayos, que los sucesos de Europa tenían resonancia mediata en América, a veces por vías no del todo confiables, “debiéndose no pocas veces a la desigual velocidad de las naves o su captura por los cruceros enemigos, el que las noticias antiguas y recientes se entretejieran hasta formar inextricable maraña”(5).

(5) “Santiago de Liniers”, de Paul Groussac. // Buenos Aires, 1907, pp. 177 y 197, también citado por Enrique C. Corbellini. // “Historia de los Argentinos”, de Carlos Alberto Floria y Césa A. García Belsunce.

Así había pasado con la abdicación de Carlos IV, cuando el comunicado de Fernando VII, haciendo saber la “espontánea” actitud de su padre y ordenando se le proclamara sucesor. Así ocurriría respecto de la formidable reacción española que amenazaba con desalojar a los franceses de su territorio.

Desde 1808 la lucha era sin cuartel, hasta que Napoleón envía a sus mariscales para que contengan el levantamiento peninsular. Madrid había capitulado a fines de ese año. Casi doce meses después -en Noviembre de 1809- José I derrotaba a los ejércitos españoles en Ocaña e invadía Andalucía, reducto de la resistencia organizada de aquéllos.

El 31 de Enero de 1810 cae Sevilla, de donde huye la Junta Central del Reino, la que opta por disolverse y constituir un Consejo de Regencia. Este sólo pudo hacer pie en la Isla de León que, con Cádiz, sitiada desde principios de Febrero, eran los únicos territorios de la España europea libres del dominio francés.

- El desorden social

La situación americana era simétrica. Rebeliones, desórdenes, asonadas, incluso de signo diverso, iban deteriorando gradualmente el orden político-social del sistema de Gobierno americano.

Antes de Mayo de 1810 el juntismo era una fórmula conocida y aplicada aun para propósitos contrarrevolucionarios, como el del 21 de Septiembre de 1808, en Montevideo, y seis días antes en México.

En ese proceso deben computarse la crisis del 1ro. de Enero de 1809 en Buenos Aires -dominada por españoles- y las que derivaron en Juntas en Caracas, Charcas, La Paz y Quito entre Febrero y Agosto del mismo año.

Salvo las tres primeras experiencias citadas -las de Montevideo, México y Buenos Aires- las demás significarán el acceso de los americanos al Gobierno y, por lo tanto, la multiplicación y la expansión de crisis políticas que trastornarán la estructura del Imperio hispánico en América.

- El juntismo

En 1810, el proceso “juntista” avanzará desde Caracas -19 de Abril- y seguirá por los sucesos de Buenos Aires -22/25 de Mayo-, Cartagena -14 de Junio-, Bogotá -20 de Julio-, Santiago de Chile -18 de Septiembre-.

Si se advierte que Buenos Aires, Montevideo, Charcas y La Paz eran -con Potosí- las ciudades más importantes del Virreinato, se apreciará mejor la convergencia entre el movimiento juntista y los sucesos españoles.

- El sistema político

El llamado Imperio español constituía un único y formidable sistema político(6) en el sentido de una serie interrelacionada y persistente de actividades y de instituciones que -de manera consecutiva o articulada- permitían la elaboración y la aplicación de decisiones destinadas a comprometer al conjunto.

(6) Véase “Análisis sociológico de la política”, de Robert A. Dahl. // Ed. Fontanella, y David Easton, “The political system”, Ed. A. Knopf, N. Y. (1953), sobre sistema político. // Citado en “Historia de los Argentinos”, de Carlos Alberto Floria y Césa A. García Belsunce.

Metrópoli y colonias, España y sus posesiones americanas, habían constituido una red impresionante de relaciones internas, de canales de comunicación, de vías para el procesamiento de expectativas, demandas, aspiraciones y conflictos que ocurrían en sus inmensos dominios.

El corazón del sistema, donde se adoptaban las decisiones políticas fundamentales y orientadoras para el conjunto, estaba en la Península. Los sucesos europeos y el impacto napoleónico hirieron al sistema en el corazón; las rebeliones americanas, en los flancos.

Se produjo una interrupción en las comunicaciones, en la relación de autoridad entre el rey -incapacitado para gobernar- y sus pueblos y colonias y, al mismo tiempo, se puso en cuestión la legitimidad de las nuevas reglas de juego que querían imponer los representantes españoles del monarca cesante.

Cada una de esas cuestiones pudo poner por sí sola en crisis el sistema político español. Juntas, provocaron su quiebre. Y es ese panorama de fondo el contexto que explica las alternativas y el rumbo de los sucesos porteños.

- El clima político

Los primeros meses del año 1810 se presentaron en el Río de la Plata menos turbulentos -en apariencia- que los del año precedente. Existía sí el temor de que las elecciones de alcaldes y regidores provocaran, el 1ro. de Enero, algún alboroto, pero la cosa transcurrió en paz y los meses siguientes no acusaron mayores alteraciones.

Sin embargo, el clima de 1809 no había desaparecido y bastó un suceso para ponerlo en evidencia. En el mes de Marzo llegaron a Buenos Aires las noticias de la violenta represión de la revolución paceña por el general José Manuel de Goyeneche y Barreda.

La ejecución de los jefes americanos del movimiento, así como las prisiones y otros castigos que la acompañaron, provocaron general irritación entre criollos y liberales y dieron nuevo vigor al desafecto de los primeros por los peninsulares.

Un contemporáneo afirma que desde aquél momento los americanos se mostraron decididos a sacudir el “yugo español”(7).

(7) “Los últimos cuatro años de la dominación española en el Río de la Plata”, de Francisco Saguí. // Buenos Aires (1874), pp. 146-147. Citado por Roberto Marfany, “Vísperas de Mayo” - Ed. Theoría, Buenos Aires (1960), p. 67. // “Historia de los Argentinos”, de Carlos Alberto Floria y Césa A. García Belsunce.

A tal punto se hizo evidente el malestar que cuando a fin de mes llegó la nueva de la caída de Gerona en poder de los franceses y del avance de éstos sobre Sevilla, en vez de producirse manifestaciones de pesar y patriotismo -como en ocasiones similares anteriores- la noticia fue recibida con júbilo, lo que provocó la justa alarma de Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Pocos días después se conoció la disolución de la Junta Central y la constitución del Consejo de Regencia, y se recibió la orden de que Santiago de Liniers se presentase en España. Era evidente que el Gobierno español sospechaba aún del ex virrey y del papel que podía desempeñar en una emergencia.

La inquietud creció al conocerse -en Abril- la caída de Sevilla en poder de los franceses, y muchos esperaban que estallara una revolución de un momento a otro:

“... no sé lo que es sosiego de espíritu; cualquier ruido me parece que es el principio de la jarana, y agregando a esto una especie de desconfianza de unos a otros, vea Vm. cómo lo pasaremos. Inmediatamente que acabe la casa de la chacra, aunque sea en invierno, pienso mudarme allá con toda la familia, porque esto no es vivir. Vms. ahí deben temer menos, pero no descuidarse en tomar medidas de seguridad porque bastará que salte una chispa para que todo se incendie ... Temo el momento de la llegada del primer barco de España”(8).

(8) Carta de Francisco A. de Letamendi, del 27 de Abril de 1810, citada por Roberto Marfany, “Vísperas de Mayo” - Ed. Theoría, Buenos Aires (1960), pp. 73-74. // “Historia de los Argentinos”, de Carlos Alberto Floria y Césa A. García Belsunce.

- La noticia del colapso español

Estas temidas noticias llegarían una quincena después de escrita la carta mencionada. El 14 de Mayo de 1810 el buque inglés “Mistletoe” trajo periódicos británicos que confirmaban la caída de Sevilla, la constitución del Consejo de Regencia en la Isla de León y el avance de los franceses sobre Cádiz, único punto de la Península española no dominado aún por Napoleón.

El día anterior, la fragata “John Paris” había llegado de Montevideo con iguales noticias.

Los patriotas, que ya en Marzo habían decidido poner fin a la dominación metropolitana, vieron llegado el momento oportuno. Cisneros no dejó de percibir el peligro y, temeroso de que las noticias fueran abultadas, las hizo publicar el 17 de Mayo de 1810, pero sin garantizar su veracidad.

- El método de análisis

* crisis en la España peninsular;
* litigio de ideas y de creencias políticas;
* tensiones o rebeliones en Buenos Aires y en las colonias americanas más importantes;
* grupos que cuestionan a las autoridades o que las defienden según sus intereses;
* trasformaciones económicas;
* conflicto social especialmente entre criollos y españoles europeos;
* un poder militar emergente que participa en todos los hechos decisivos que suceden en la capital del Virreinato del Río de la Plata luego de los sucesos de 1806 y 1807 ...

Todos esos factores habrán de converger en los momentos críticos del año 1810.

El método de análisis debe asumir no sólo los episodios de ese año, sino el proceso de cambio político en el que aquéllos se insertan. Los factores e influencias que se cruzan entonces -de índole económica, social, política, administrativa, militar e ideológica- deben ser apreciados como interacciones que se explican dentro de un sistema social del cual forman parte, con autonomía relativa, un sistema -o subsistema- político, y otro económico, en cada uno de los cuales suceden hechos que rompen o hieren su lógica interna.

La interpretación del proceso revolucionario rioplatense no puede verse en su totalidad desde una sola perspectiva.

Como Crane Brinton escribió una vez, el análisis de los cambios políticos revolucionarios no resulta satisfactorio cuando sigue exclusivamente la “escuela de las circunstancias”, que considera las revoluciones como resultado de un crecimiento espontáneo, en el que las semillas crecen entre la tiranía y la corrupción y su desarrollo estaría determinado por fuerzas ajenas a ellas mismas o, en cualquier caso, fuera del planeamiento humano.

Tampoco se aclara el análisis cuando atiende sólo a la “escuela del complot”, según la cual las revoluciones tienen siempre un crecimiento forzado y artificial: sus semillas, cuidadosamente plantadas en un suelo trabajado y fertilizado por los jardineros revolucionarios, maduran por la sola acción de esos jardineros contra la fuerza de la naturaleza.

Ambas posiciones extremas son insostenibles. En realidad, las revoluciones nacen de unas semillas lanzadas por hombres que quieren cambiar, que no actúan contra la naturaleza sino en un suelo y en un clima propicios a su tarea. Los frutos finales representan “una colaboración entre el hombre y la naturaleza”(9).

(9) “Anatomía de la Revolución”, de Crane Brinton. // Ed. Aguilar, Madrid (1958), pp. 112-113. // Citado en “Historia de los Argentinos”, de Carlos Alberto Floria y Césa A. García Belsunce.

- Las mentalidades revolucionarias

Esos hombres que quieren cambiar difieren en el contenido y en el sentido del proyecto de cambio, diferencia que deriva ya de sus temperamentos, ya de los medios de que intentan valerse, ya desde el nivel generacional donde viven los sucesos.

Los hechos revolucionarios tienen la virtud de reunir voluntades que no suelen tener afinidades totales. Los hechos compartidos son el único punto de encuentro de aquellas diferencias. Después, cada uno o cada grupo trata de conducir el proceso o de explotar las consecuencias de acuerdo con sus designios.

La carencia de armonía que sucede a la conquista del poder se explica por la acción de aquellos temperamentos o propósitos disímiles. Suele ser común a todos los movimientos revolucionarios que entrañan grandes cambios políticos en las sociedades donde ocurren, que las diferencias de fondo se revelen a través de diferencias de forma. Son a menudo los procedimientos los que denuncian las divergencias profundas.

En los primeros momentos, el cambio político permite la coexistencia de moderados y extremistas que derrotan a los conservadores partidarios del statu quo. Surge una suerte de “diarquía” que -al cabo- se resuelve por el triunfo de una de las partes, con frecuencia la de los extremistas.

Parecería como si los moderados debieran resignar su idealismo ante la presión de un realismo sin mayor preocupación por las reglas del juego acordadas. Aquéllos parecen obrar de acuerdo al sentido común, pero éste no parece regir las circunstancias revolucionarias, de ahí su rápida desubicación en el proceso.

Por esa vía de análisis se hacen accesibles contradicciones aparentes o reales entre protagonistas que responden a mentalidades distintas y a designios diferentes.

La figura de Saavedra -partidaria de un cambio ordenado con arreglo a formas tradicionales- se aproxima al tipo ideal del moderado en tanto que el Moreno de 1810 al del extremista audazmente renovador, con ciertos influjos jacobinos.

Es por eso adecuada la descripción que Ricardo Zorraquín Becú esboza respecto de Saavedra: “quiso mitigar (...) la violenta lucha ideológica y política que se desencadenó inmediatamente después de la revolución (pero) no pudo evitar que en Buenos Aires mismo se produjeran los motines populares y las maniobras políticas que, en definitiva, iban a quebrar su popularidad y a eliminarlo del Gobierno”(10).

(10) “Cornelio de Saavedra”, de Ricardo Zorraquín Becú. // Revista “Historia”, Nro. 18, Buenos Aires (1960), p. 8. // Citado en “Historia de los Argentinos”, de Carlos Alberto Floria y Césa A. García Belsunce.

Información adicional