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El llamado de la Junta llega a Corrientes

Producida la revolución de 1810, la Junta Provisoria Gubernativa de Buenos Aires se apresuró a comunicar a los poderes político-administrativos del Virreinato

* su exaltación al Gobierno;
* el cese del virrey;
* y la necesidad de reunir un Congreso de diputados de las Intendencias, a cuyo efecto debía procederse al nombramiento de representantes.

virrey
Baltasar Hidalgo de Cisneros (Museo Naval de Madrid)

La Circular de la Primera Junta fue antecedida de otra, en que Baltasar Hidalgo de Cisneros -el virrey- avisaba su abdicación. Inteligente y hábil -al anticiparse en la comunicación- el funcionario de España restaba al movimiento la trascendencia que luego habría de tener con la independencia, caracterizando que se buscaba

* conservar los dominios al rey -o a su legítimo sucesor-;
* y avisando la urgencia de la reunión de representantes.

- La noticia llega a Corrientes

Las comunicaciones de la Junta (fechada el 27 de Mayo de 1810) y del Cabildo porteño (fechada el 29 de Mayo de 1810) fueron llevadas a Asunción por el ex coronel de milicias del Regimiento Nro. 2 de Voluntarios de Caballería de Costa Abajo (al Sur de Asunción), José de Espínola y Peña.

En su viaje a Asunción, Espínola y Peña llevó las comunicaciones oficiales que anunciaban la instalación de la Junta porteña a las ciudades y villas que se hallaban en el camino de postas o Carrera de Asunción.

En la tarde del 5 de Junio de 1810, Espínola y Peña llegó a Santa Fe donde el Teniente de Gobernador Prudencio María Gastañaduy despachó esa misma tarde una carta a la Junta manifestando su adhesión. Pasó ese mismo día a La Bajada, en donde obtuvo la adhesión del Alcalde de Hermandad.

El 15 de Junio de 1810 entregó los pliegos al Teniente de Gobernador de Corrientes, Pedro Fondevila, logrando también su adhesión. Es decir que, el 16 de Junio de 1810 ya estaba en Corrientes la noticia de los sucesos de Mayo en Buenos Aires.

Ese día -sábado- el Cabildo correntino había recibido -casi simultáneamente con la del virrey- la Circular de la Junta. La mayor parte de los oficios del Cabildo estaban en manos de peninsulares.

La Circular de la Junta Gubernativa cambiaba el concepto de la representación y el destino de los diputados. Debían estos -según aquélla- incorporárseles para realizar el Gobierno.

Deben enviar -decía- “inmediatamente a esta capital, diputados autorizados, con los necesarios poderes, para que en la Junta General determinen lo que deba practicarse”(1).

(1) Original de la Circular en el Archivo de la Provincia. // “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”, del doctor Hernán Félix Gómez.

El mismo día en que el Oficio de la Junta llegó a Corrientes, su Cabildo deliberó sobre el asunto. Resolverá acatar su autoridad, postergando para dos días después la elección de diputado.

"El Cabildo de Corrientes estaba formada -en 1810- por Francisco Alvarez Valdez y José Ignacio Benítez, como Alcaldes de 1ro. y 2do. voto; José Luis Acosta, como Alcalde Provincial; Juan Esteban Martínez, como Alguacil Mayor; Félix de Llanos, como Regidor; José Asencio Virasoro, como Alférez Real; Pedro Obregón, como Defensor de Pobres y Menores; y Gaspar López, como Síndico Procurador"(2).

(2) Esta conformación del Cabildo está entrecomillada, poque así lo relatan Manuel Florencio Mantilla, primero, y luego Hernán Félix Gómez. Sin embargo, Ernesto J. A. Maeder cita otros nombres: Angel Fernández Blanco y Juan Asencio Virasoro, Alcaldes de 1ro. y 2do. voto, respectivamente; Domingo Rodríguez Méndez y Manuel Antonio Cabral, Alcaldes de Hermandad; Procurador de la Ciudad: Juan José Lagraña; Alguacil Mayor -único cargo que coincide en cuanto a su titular- Juan Esteban Martínez, cargo que estaba vacante hasta que en 1775 lo adquirió en $ 407, y lo desempeñará hasta su fallecimiento, en 1813; Mayordomo: Manuel Antonio Toledo. // Citado en el Apéndice I de la obra "Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810", del doctor Ernesto J. A. Maeder.

Por tanto, según las comunicaciones oficiales recibidas por correo extraordinario, dos eran los asuntos fundamentales cometidos al Cabildo, a saber:

* el reconocimiento de la autoridad de la Junta;
* y el nombramiento de un diputado que, en unión con los representantes de los demás pueblos, formaría el Congreso General encargado de establecer la forma de gobierno más conveniente.

Europeos y criollos vivían en armonía, pero los sucesos de Buenos Aires la alterarán, porque pretenderán -los primeros- desconocer la autoridad de la Junta Gubernativa que los segundos aceptarán desde el primer momento.

- Análisis de la situación

Conviene detenerse un poco a pensar lo que debió ocurrir en la tranquila y rutinaria Corrientes ante el inesperado y extraordinario acontecimiento. Desde la época de los comuneros nada que pudiera conmover el alma colectiva había pasado(3).

(3) Justo Díaz de Vivar. "Las Luchas por el Federalismo", Buenos Aires (1935). Ed. por Viau y Zona.

Y aún entonces, lo que la movió y agitó fue algo que tenía mucho de interés local; la lucha de los lesionados moradores de la Villa, encabezados por su gran burguesía, contra la absorción que en su economía producía el enorme pulpo: la Compañía de Jesús.

Posiblemente se enlazó con el movimiento comunero del Paraguay, porque esto ofrecía la única posibilidad de éxito contra la positiva influencia que “los buenos Padres” tenían con los funcionarios reales del virreinato y, allende el mar, con la Corte de Madrid.

Con todo ello, el movimiento comunero de Corrientes de 1764 fue una insurrección, por lo menos por las ideas que allí nacieron, pues el cabildo abierto que la personificó sostuvo que “el vecindario tiene derecho a nombrar autoridades” (se refería a las que entonces eran de origen real); y el maese de campo José González pronunció esta frase subversiva, verdadera trastornadora de los sagrados principios fundados en lo divino y en lo humano, que eran inconcuso en lo político en la época, frase que no se atrevieron a pensar y menos a decir los cabildantes de Mayo de 1810 en Buenos Aires: “Defenderemos nuestra patria y sabremos defenderla aunque sea contra el rey”.

Pero desde que el aventurero irlandés Morphi -al servicio de la autoridad central- ahogó en sangre la rebelión, la quietud volvió a la aldea, aminorados ya los jesuitas aún antes de su expulsión y reivindicados en algo de sus pretensiones (las económicas), los vecinos.

Desde entonces nada alteró la vida parsimoniosa de la ciudad. Y ahora, Mayo de 1810, se producía este extraño y perturbador acontecimiento: el virrey depuesto y reemplazado; y ¿por quién? Por una Junta de “criollos”.

El golpe debió producir estupor y, con ello, indecisión y desorientación. Y todo esto tan súbitamente, sin que se hubiera oído un sordo trueno que lo precediera; sin que las graves epístolas de los correos anteriores hicieran presagiar nada.

Y el Cabildo estaba conminado a reconocer la nueva autoridad y a nombrar un diputado para contribuir a organizar el nuevo Gobierno. ¿Qué no habrá pasado por la cabeza de esos pobres cabildantes correntinos? Un nuevo Gobierno, un nuevo orden de cosas. ¿Y el rey “nuestro señor”?

Cierto es que la flamante Junta y el futuro Congreso proyectado obrarían en su nombre y representación pero, ¿por qué, y cómo, y hasta cuándo?

No era nuevo sin embargo, un hecho tan extraordinario y que volvía a conspirar contra la obediencia pasiva, tan agradable y tan cómoda, que no traía ningún conflicto de conciencia. ¿Acaso un cabildo abierto no había depuesto ya a otro virrey? Y tal medida, verdaderamente subversiva, no fue aprobada por el rey, o quien en su nombre mandara, con beneplácito de todos?

Sí, pero entonces a un funcionario español sucedió otro que, aunque no lo fuera de origen, lo era en el hecho: y ahora eran “criollos”, que hacían “Juntas, como las de España”. No, esto era otra cosa.

Todo este cúmulo de pensamientos se revela en la reticente respuesta del Cabildo que, si bien reconoce el hecho consumado, lo condiciona a la salvaguardia de “las Américas” para la Corona.

Y vendrá después el cavilar, el debatirse en la ignorancia de los hechos y de los propósitos de las nuevas autoridades, de lo íntimo y oculto que podría haber tras el inocente pensamiento confesado, tan agradable como era sólo esa pacífica correspondencia sobre debate de jurisdicciones, sobre la reglamentación de las procesiones o ¡sobre los bastimentos de la ciudad!

Pero la insubordinación había entrado en los espíritus y ya no habría quietud; ya el ‘‘criollismo’’ hará su aparición en la escena, y los sarracenos pronto formarán campamento aparte.

- El Cabildo adhiere al movimiento

La falta de noticias relativas a la actitud de los demás pueblos del Virreinato inclinará a los europeos a no extremar su conducta, cediendo de su propósito, con la expresa condición de declarar que Corrientes “no reconocía otro soberano que el señor Don Fernando VII”, salvedad que los mismos directores del movimiento rebelde habían tomado -como máscara- para evitar resistencias.

Pero quizás ésta no era la única causa del por qué el Cabildo optó por acatar el aviso de la Junta. Eran mayoría respetable los españoles de origen y, no obstante ello, la adhesión al movimiento de Buenos Aires fue instantánea.

Fácil es encontrar la razón. Las cuestiones de límites con el Paraguay no terminaron con el laudo de 1779 pues, aunque la autoridad superior del Río de la Plata ordenó a los partidos de Curupayty y Pedro González obedecieran al Gobierno de Corrientes, los abusos por parte del Paraguay continuaron.

El 3 de Junio de 1810 -pocos días antes de llegar la noticia de la revolución- el Cabildo correntino habíase dirigido al virrey Cisneros solicitando el respeto de sus derechos históricos. El cambio de gobierno en Buenos Aires ponía el asunto en otras manos, y era obvio que el interés local buscara su amparo, tanto más cuando este interés era el de las clases ricas y de grandes ganaderos, integrantes del grupo de cabildantes y allegados.

Como se dijo, el Cabildo deliberó el mismo día de recibida la Circular de la Junta -el 16 de Junio de 1810- "contrayéndose a la mejor seguridad de las Américas, de común acuerdo y beneplácito, prestó deferente el debido acatamiento a la Junta, postergando el nombramiento de diputado para el día lunes dieciocho”.

El reconocimiento fue publicado por Bando y comunicado a los pueblos de la campaña. Así, en tranquilidad y orden, Corrientes se incorporaba a la revolución el mismo día de conocerla, sin que la importancia del hecho pueda ser amenguada por la concesión hecha a los españoles, pues ella tenía de contrapeso la declaración de que se consultaba “la seguridad de las Américas”.

- El Teniente de Gobernador

Ejercía entonces la Tenencia de Gobierno el capitán veterano, español europeo -peninsular de nacimiento- Pedro Fondevila, antiguo oficial del regimiento “Burgos”.

Fondevila (1808-1810) había sido designado Teniente de Gobernador el 17 de Diciembre de 1808 y tomó posesión el 30 de Diciembre de 1808. Desde el 19 de Abril de 1809 es investido -además- de las facultades de Subdelegado de Hacienda.

Había sido designado Comandante de Armas el 2 de Marzo de 1802. Se recibió el 5 de Julio de 1802. Su designación posterior de Teniente de Gobernador, Justicia Mayor y Capitán de Guerra -del 17 de Diciembre de 1808- unió este cargo a aquél.
Fondevila ejercía el cargo -además- de Subdelegado de la Real Renta de Correos (1809-1810), por disposición del virrey, que lo encarga de dicha tarea el 19 de Abril de 1809(4)(5).

 

(4) Citado en el Apéndice I de la obra "Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810", del doctor Ernesto J. A. Maeder.
(5) Otros cargos de importancia del momento eran: 1.- el de Administrador de la Real Renta de Tabaco y Naipes, ejercido por José Fernández Blanco (1779-1811) -que sirvió el cargo desde el 16 de Junio de 1779 hasta su retiro, el 2 de Septiembre de 1811, aunque la letra de sus cartas llega hasta el 2 de Diciembre de 1811-; 2.- el de Diputado por Corrientes al Consulado, ejercido por Angel Fernández Blanco (1808-1810); y 3.- el de Teniente Tesorero de la Real Hacienda: Manuel Mantilla y los Ríos (1806), por Título del 23 de Diciembre de 1805, tomando posesión el l de Octubre de 1806. // Citado en el Apéndice I de la obra "Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776-1810", del doctor Ernesto J. A. Maeder.

 

El Comandante Militar Fondevila de inmediato cumplió las Instrucciones del virrey depuesto. Con fecha 18 de Junio de 1810 se dirige al Cabildo de la ciudad transcribiendo la Circular para que -de acuerdo a los artículos 10 y 11 del Bando del Cabildo de Buenos Aires- se procediera a la elección del representante que debía acreditarse ante la Junta de Mayo.

La actitud del Teniente de Gobernador urgiendo la elección del diputado e indicando las bases sobre las que debía actuar -conforme a la Circular de Cisneros- era política.

Fondevila, entonces, al oficiar al Cabildo -de acuerdo al comunicado del virrey depuesto- elegía para su comunicado la fecha señalada por los capitulares para la elección, en forma que ésta resultase corresponder a las dos incitaciones producidas.

- Conformación de la lista de vecinos electores

El 18 de Junio de 1810 el Cabildo hizo la lista de los vecinos prestigiosos que debían integrarlo para la elección de diputado, y el viernes 22 de Junio, reunida la Asamblea electora, calificará a los posibles electos.

El Cabildo, para formar la lista de los vecinos “de la parte principal y más sana” a quienes, en unión con él, había investido la revolución -por órgano de sus poderes organizados- del derecho de sufragio, innovación que reproducía los procedimientos de los comuneros y que estableció -aunque con restricciones- el principio de la soberanía popular.

La designación fue imparcial y recta, comprendiendo la lista el elemento pensante y pudiente, que discretamente podía ser tomado como reflejo genuino de la opinión(6).

(6) La lista era la siguiente: Pedro Fondevila, Teniente de Gobernador; capitulares: Francisco Alvarez Valdez y José Ignacio Benítez, Alcaldes de 1ro. y 2do. voto, respectivamente; José Luis Acosta, Alcalde Provincial; Juan Esteban Martínez, Alguacil Mayor; Félix de Llanos, Regidor; Juan Asencio Virosoro, Alférez Real; Pedro Obregón, Defensor de Pobres y Menores; Gaspar López, Síndico Procurador; vecinos: Manuel F. Mantilla y los Ríos, ministro de la Real Hacienda; Juan José Arce, cura del Palmar; Idelfonso González, cura de Santa Lucía; Bartolomé Paz, clérigo; doctor José Vicente Fernández Blanco, clérigo; José Luis Cabral, clérigo; José Fernández Blanco, Administrador de Tabacos; Angel Fernández Blanco, diputado del Consulado; teniente coronel Juan Manuel Salcedo; Manuel de Vedoya; Miguel Ferragut, interventor de Correos; Francisco Quevedo; Felipe Díaz Colodrero; Eugenio Cabral; Pedro José Perugorría; Antonio Cueto; Francisco José López; José Ramírez; Bartolomé Cabral; Francisco Javier de Lagraña; Juan Antonio González; Francisco Antonio de Soto; Isidoro Martínez y Cires. // Citado en “Crónica histórica de la provincia de Corrientes”, del doctor Manuel Florencio Mantilla.

- Designación del diputado

El viernes 22 de Junio de 1810 se instaló el Cuerpo electoral así formado, con inasistencia de cuatro. Aunque el Acta del 25 de Mayo y el Oficio de la Junta no determinaron las condiciones que debían llenar los diputados, la Asamblea clasificó -previamente- las personas en quienes podía recaer el nombramiento, ajustándose a los dos primeros artículos de la Real Ordenanza del 6 de Octubre del año anterior, mandada observar después por la Junta.

Los candidatos elegidos fueron: doctor Juan Francisco de Castro y Careaga; doctor José Simón García de Cossio; Isidoro Martínez y Cires; doctor José Vicente Fernández Blanco; doctor José Baltazar de Casajús; doctor Juan Francisco Cabral; doctor Francisco Benigno Martínez; Angel Fernández Blanco; Sebastián de Almirón; Félix de Llanos.

Circunscripta la votación a los nombrados fue electo diputado el doctor José Simón García de Cossio(7).

(7) El doctor García de Cossio obtuvo 23 votos; Martínez y Cires, 6; el doctor Casajús, 2; el doctor Castro y Careaga, 1; el doctor Cabral, 1. // Citado en “Crónica histórica de la provincia de Corrientes”, del doctor Manuel Florencio Mantilla.

El Alcalde de primer voto recibió la comisión de hacer extender el respectivo diploma. El segundo acto capital de la incorporación de Corrientes a la revolución quedó, de esa suerte, concluido; en lo sucesivo, intervendría ya en el Gobierno patrio, por medio de un representante de su libre elección.

- Escasez de recursos del Erario público

Corrientes fue el primer pueblo que eligió diputado pero, al comunicar el hecho a la Junta Gubernativa, no se remitió testimonio del Acta al Congreso ni se mandó el correspondiente diploma al doctor García de Cossio, por carecer de recursos para sostener al representante, ignorar los medios de que podía echarse mano y también cuál sería la remuneración.

Sobre estos puntos consultó el Cabildo proponiendo -a la vez- impuestos sobre artículos libres de ellos, el aumento moderado de algunos existentes y derechos municipales, tanto para hacer frente a las necesidades del momento como para disponer de una Renta segura, solicitando igualmente ayuda eficaz de la Real Hacienda local que absorbía toda la Renta.

Iguales dificultades ocurrieron en otros pueblos. A consulta del Cabildo de Santiago del Estero, la Junta Gubernativa adoptó una Resolución general sobre el modo de concurrir a sostener el rango de los diputados:

“Las cuotas y la manutención de los diputados -decía- deben ser abonados de los propios de cada ciudad y, en caso de que éstos no sufraguen para dichos Gastos, el Cabildo está facultado para aumentarlos, como también para establecer los arbitrios necesarios a cubrir la cantidad de ocho pesos diarios en que se regulan las dietas de cada diputado, desde la salida de su destino hasta su regreso”.

Allanados los inconvenientes, se remitió el diploma al doctor García de Cossio y a la Junta copia del Acta electoral.

El diploma(8) ni el Oficio dirigidos al diputado contenían Instrucciones; en uno y otro documento se expresaba únicamente que el mandato era para representar a la jurisdicción “en el Congreso General y como vocal de la Junta Gubernativa, mientras aquél no se reuniese”, sin otra limitación que el texto del artículo 11 del Acta del 25 de Mayo(9).

(8) Poder fue el término empleado para determinar la naturaleza de la investidura. // Citado en “Crónica histórica de la provincia de Corrientes”, del doctor Manuel Florencio Mantilla.
(9) “Elegido el representante, tanto los electores como los individuos capitulares le otorguen poder en pública forma, que deberán manifestar cuando concurran a esta Capital, a fin de que se verifique su constancia; jurando en dicho poder no reconocer otro soberano que el Señor Don Fernando VII y sus legítimos sucesores, según el orden establecido por las leyes, y estar subordinado al Gobierno que legítimamente les represente”. // Citado en “Crónica histórica de la provincia de Corrientes”, del doctor Manuel Florencio Mantilla.

- García de Cossio solicita se le dicten Instrucciones

José Simón García de Cossio era un correntino eminente, avecinado en Buenos Aires y abogado de nota, recibido en los claustros de la Universidad de Charcas a quien el año anterior la ciudad natal designara para entrar en el sorteo de los candidatos a la diputación de las Cortes del Reino.

Por una feliz casualidad, el mismo día que Corrientes designaba su diputado al doctor García de Cossio, la Junta de Mayo lo nombraba Fiscal en todos los asuntos ante la Real Audiencia.

El 3 de Julio de 1810, el Teniente de Gobernador de Corrientes, Pedro Fondevila, comunicaba a la Junta la elección del doctor García de Cossio, y éste, al aceptar el nombramiento, requería de sus comitentes las Instrucciones necesarias “que no estaría de más se las dieran ... pues reconociéndose obligado a promover el bien y la felicidad de la patria -por cuantos medios me fuere compatible con su actual constitución- no quería que en ningún tiempo fuese censurada mi conducta como desleal”.

No se las dieron; confiaron plenamente en él. El acierto en la designación del diputado fundaba la confianza. Era el doctor García de Cossio uno de los hombres civiles más espectables de su época, por su ilustración y su talento; pertenecía a familia antigua, pudiente y distinguida; educóse en Charcas, cuya Universidad le doctoró, y ejercía con gran fama la profesión de abogado ante la Audiencia de Buenos Aires.

Su ciudad natal, Corrientes, le había designado un año antes para entrar en el sorteo de candidatos a la diputación de las Cortes del Reino, y el mismo día que le eligió diputado al Congreso General, la Junta Gubernativa lo nombraba Fiscal encargado de todos los ramos, juntamente con los doctores Darregueira, Echevarría y Medrano, que sustituyeron a los oidores del régimen caído(10).

(10) Aludiendo a los nombramientos, decía “La Gazeta”: “El concepto público de estos individuos será un nuevo vínculo a la confianza del pueblo”. // Citado en “Crónica histórica de la provincia de Corrientes”, del doctor Manuel Florencio Mantilla.

Pertenecía el doctor García de Cossio al núcleo selecto, formado en la tendencia y en las ideas reformadoras y liberales de la Universidad de Charcas(11), cuyos estudios jurídicos, filosóficos y literarios respondían al movimiento transformador del reinado de Carlos III(12); era, en consecuencia, fuerza de pensamiento y de gran valía moral toda entera de la nueva situación y su nombramiento revelaba que “la parte principal y más sana” de Corrientes se incorporaba de lleno a las aspiraciones trascendentales de la revolución.

(11) Mariano Moreno, Castelli, Monteagudo, Agrelo, Paso, López y Planes, Medina, Molina, Pérez, Terrazas, Serrano, Gorriti, Roxas Patrón. Diría Vicente Fidel López: “Comparando a los jóvenes que se formaron en Charcas con los que vinieron de la Universidad de Chile (Maza, Echavarría, Ugarteche y otros), los últimos -competentes y bien informados- eran de una escuela notoriamente opaca en las grandes cuestiones de la literatura y de la política del siglo”. // Citado en “Crónica histórica de la provincia de Corrientes”, del doctor Manuel Florencio Mantilla.
(12) La Universidad de Charcas era el foco del saber y de la gran enseñanza para los hijos del Río de la Plata, lo que Salamanca en España, La Sorbona en Francia, Boloña en Italia; un centro de elevada y trascendental iniciación, que dio a la educación literaria el espíritu revolucionario y los gérmenes de una nueva época. La Universidad de Charcas fue fundada para que sirviese de asiento al regalismo y consolidase en el virreinato la doctrina fundamental del patronato que es, en resumen, la de la soberanía política de las naciones, con el derecho de gobernarse a sí mismas en todo; en el desarrollo de la razón, en la dirección personal de la conciencia y en el gobierno. Vicente Fidel López en "Historia de la República Argentina", t. I , p. 11. // Citado en “Crónica histórica de la provincia de Corrientes”, del doctor Manuel Florencio Mantilla.

- Observación del contexto

¡Pobres sarracenos, que después de un débil chispazo cuando las expediciones restauradoras paraguayas sólo servirán para soportar los destierros y las contribuciones forzosas!(13)

(13) Justo Díaz de Vivar. "Las Luchas por el Federalismo", Buenos Aires (1935). Ed. por Viau y Zona.

A esta rebeldía espiritual caótica, sucedió la material, también caótica.

Corrientes, mientras sólo manejaba su libertad comunal -con sufragio restringido- andaba bien; para ello estaba educada y era apta, lo demás quedaba a cargo del tutor: el poder central.

Y ahora, súbitamente, se encontraba dueña de su destino, tenía que poner algo activo en la colaboración a que era invitada para el Gobierno General.

Azorado, agobiado por el peso de su responsabilidad, el primer diputado al Congreso General pide instrucciones, directivas generales sobre lo que debía hacer para interpretar el pensamiento de su comitentes. No se las dieron.

¿Qué iban a dárselas si ellos mismos no sabían lo que iban a hacer? ¿Es que estaban habilitados para ello? ¿Había triunfado alguna causa de que fueran soldados espirituales? No. Que hiciera lo que estimara conveniente.

¡Pobres avecillas, obligadas a volar y aún no tienen alas!

Y así fue. Se vivió en la indecisión, en la duda, a la deriva. La característica de Corrientes en el nuevo orden de cosas -hasta cerca de once años- es su impersonalidad.

Todo ese período, hasta 1821, fue cosa inerte, sin impulso propio. No podía ser de otra manera: nada se improvisa. ¿De dónde iba a sacar criterios sobre formas de gobierno, sobre sistemas, si nunca había practicado nada, si no tenía otra cosa que su tradición comunal, si carecía de una cultura creadora, que gesta los inquietos, los teóricos y despierta las aspiraciones?

Recién en 1821 resurgirá de su desmedro -había caído a ser una simple expresión geográfica- para ser ya una entidad moral, recuperando su personalidad que en un momento pareció borrarse.

- Las ideas políticas de los hombres de Corrientes

La comunicación de Fondevila se cruzó con una Circular de la Junta -del 18 de Julio de 1810- en la que disponía que los electos debían reunir las calidades personales preceptuadas en la Real Orden del 6 de Octubre de 1809 para los diputados a las Cortes del Reino y, con otra -de la misma fecha- en que hacía saber su dictamen en consulta hecha por el Cabildo de Santiago del Estero.

Aludía a los sueldos a abonarse a los diputados, estableciéndose fuese de ocho pesos y a cargo de los propios de las ciudades comitentes.

Aunque importa adelantar en el tiempo, debemos ocuparnos de este asunto del sueldo del diputado que dio pie a los hombres de Corrientes a exponer sus ideas políticas sobre el momento de la revolución.

No vamos a abundar en lo difícil que resultaba a los Cabildos de las ciudades mediterráneas -pobres- abonar estos honorarios, que muchas veces en la historia argentina fueron vallas que se oponían a la representación popular de las provincias.

Pero es indudable que el Tesoro capitular, formado de “propios”, apenas si alcanzaba para los Gastos de las urgencias locales, razón que lleva a la Junta de Mayo a autorizar -en la recordada Circular sobre la consulta de Santiago del Estero- a los Cabildos su elevación.

Muchos han visto en esto exigencia de que los Cabildos, y luego las provincias, abonasen a los diputados, el propósito de los hombres de Buenos Aires de que los diputados no fuesen nombrados. Nosotros no vamos tan lejos, pero reconocemos que esa exigencia ató en cierto modo a los vecindarios comitentes.

Era también una injusticia. La revolución barrió con los organismos político-administrativos de la colonia y buscó crear un orden nuevo dentro del sentimiento general de americanismo, que debía luego plasmar en las naciones.

Corrientes, llamada a subvenir a su diputado de 1812-1813, produjo un documento memorable, obra de su entonces Síndico Procurador, Francisco de Paula Araujo, que el Cabildo hizo suyo(14) en el cual -después de argüir a la imposibilidad de que un Erario en crisis por su contribución a las luchas de la independencia, satisfaciese más cargas, y a que un pueblo empobrecido por sus donaciones pudiese resistir un alza de los impuestos de “propios”- establecía sus puntos de vista políticos sobre las Asambleas de diputados.

(14) En el Archivo de Corrientes. El Cabildo -que hace suyo esos puntos de vista- el 1 de Febrero de 1813, estaba formado por Almirón, Soto, Fernández, Rolón, Pérez, Cabral y Martínez. El documento contestaba una Nota del Gobierno del 19 de Diciembre de 1812. // “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”, del doctor Hernán Félix Gómez.

El texto del documento es el que sigue:

“¿Será éste motivo suficiente -se preguntaba- para que el diputado de esta benemérita ciudad siga indotado, o que por este accidente deje de ejercer los poderes que se le han dado?
“La resolución de estos problemas depende de un solo principio mirado -según mi corto entender- en toda la extensión que le da la causa que lo induce. Ella no es otra cosa que la de defender la libertad de la América, del yugo a que la quieren sujetar los tiranos que la invaden.
“Este objeto esencial indujo la necesidad de congregar la Asamblea bajo el carácter de toda la Representación nacional que debía aplicarse en la extensión de sus derechos para sacar a los pueblos de la indefinición política en que hasta ahora habían fluctuado.
“Sus miras y sus principales resoluciones no pueden dirigirse a otro punto que no sea el dar una Constitución permanente que, uniendo los pueblos entre sí, forme un todo que pueda y deba llamarse Estado, y cuyo movimiento sea consonante y unísono en las partes, arrancando de un centro común y comunicándoselo por varios y diferentes resortes que hayan de sostener toda la máquina.
“Es pues visto que el Congreso -en el momento de tratar esta obra- no es otra cosa que la voz común de los pueblos, explicada no por interés individual, de cada uno en particular, sino por el general de todos, conspirados a dar al Estado naciente un ser permanente.
“El diputado que, olvidado de este objeto, sólo propendiese a inclinar las resoluciones a beneficio de su respectivo pueblo, ni cumpliría con su deber, ni entendería los objetos precisos de toda ley constitucional, pues esta prescinde de los intereses relativos, calculando justamente que la industria, la población, el comercio y la ilustración son unos progresos y adelantamientos que son proporcionales a los períodos del tiempo y a las proporciones que ofrecen los pueblos por su producción local.
“Descubierto así este importante objeto que toca promover y consolidar a la Asamblea Nacional, ella no es otra cosa que un personaje moral, bajo cuya representación tratan los pueblos de darse asimismo constitución y leyes, en uso y ejercicio de los derechos supremos que reasumieron, obrando entonces por un acuerdo y movimiento común, consiguiente al estado de nulidad en que estuvieron y del que empiezan a salir; por este mismo principio, aquel acuerdo común forma una causa general que puede y debe denominarse del Estado.
“¿Y qué cosa puede ser más justa y más proporcionada que la que del seno del Estado mismo se arranquen los fondos y recursos para fomentar y sostener su origen y nacimiento?”.

Cuando el Procurador considera este primer principio de los Estados civilizados, no puede prescindir de aquel derecho supremo de mancomunidad que -derivado del interés primero de los pueblos- produce el empeño con que cada uno en particular, y todos en general, están obligados a promover y sostener la suprema dignidad que adquirieron.

“De aquí nace el deber que todos los pueblos y el Estado mismo reconocen de proteger y defender al otro, que invadido se considera débil y sin fuerzas para resistir al que trata de dominarlo, erogándose de los fondos generales del Estado los gastos de la empresa, no por otra razón sino porque los servicios se dirigen a mantener su integridad territorial y sus derechos.
“Del mismo principio nace el que los empleados civiles sean competentemente dotados del Erario común, porque llevando sobre sus hombros el peso y cuidado de la administración interior, es justo que descuiden de su subsistencia individual recibiéndola de la patria.
“¿Y será posible que los que obtienen la suprema dignidad del Estado hayan de mendigar su competente dotación de un pueblo que ha agotado sus recursos por haber sacrificado sus propiedades a la causa común?.
"Si los primeros no pueden ser excluidos de unos goces vinculados al servicio que prestan al Estado, ¿cómo lo podrán ser los vocales de una Asamblea Nacional de cuyos afanes, desvelos y tareas, espera el Estado las Leyes de su Constitución, es decir, de su felicidad?
“Si aquel derecho de recíproca mancomunidad que reconocieron los pueblos existe en los habitantes de ésta, ante el movimiento general con que todos han corrido a ofrecer y consumir, en servicio del Estado, sus patrimonios y fortunas, no hay razón para que el Estado desconozca hoy la obligación recíproca que le toca, sosteniendo de los fondos generales a su diputado en la Asamblea, mucho más si se considera que esta ciudad con su jurisdicción dio a la patria la exhorbitante cantidad de más de cien mil pesos en el valor calculado de más de dieciseis mil caballos y cincuenta mil cabezas de ganado sosteniendo -hasta ahora- a su costa siempre, sin gratificación alguna, el servicio activo que demanda el sagrado empeño de la patria y el desorden general con que se invadió la campaña”.

El Cabildo de Corrientes hizo suyo el dictamen de su Síndico Procurador elevándolo original a Buenos Aires.

Al transcribir casi en su totalidad el documento procedemos con la convicción que él define las ideas políticas de los hombres de Corrientes, en nombre de las cuales se adherían al Movimiento de Mayo.

Estas ideas, sobre todo las que anticipan el sentimiento de emancipación, no estaban solamente en las clases cultas. También latían en el pueblo, obligando a una acción preventiva de los funcionarios para orillar la anarquía.

José Ignacio Añasco, uno de los Comandantes militares de Partido(15) ha documentado una incidencia notable.

(15) Carta de José Ignacio Añasco desde Ensenadas, del 2 de Febrero de 1811, al teniente de gobernador Elías Galván. Archivo de la Provincia. // “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”, del doctor Hernán Félix Gómez.

Un viejo, casado, excluido por las disposiciones dictadas para la movilización de la milicia popular, vecino del distrito rural de Riachuelo, habiendo visto que su hijo era citado para la guardia del Paso del Rey, en el río Paraná, se opuso a su concurrencia, manifestando que no había rey, que no reconocía a Añasco por comandante y que todos eran simples cristianos.

El comandante desconocido intervino y, al escuchar al anciano vecino que él no hacía sino traducir un decir general, lo incorporó a las fuerzas, para que viese por experiencia existía autoridad y rey.

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