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Creciente acción opositora morenista

- Reacción morenista

A comienzos de 1811 tres partidos se disputaban el predominio en el mando porteño:

a) Los morenistas deseaban retomar el poder que habían perdido después de la incorporación de los diputados provinciales a la Junta y del alejamiento de su más destacada figura. Su acción opositora se concentró en la Sociedad Patriótica.
b) Los saavedristas contaban con el apoyo de la casi totalidad de las fuerzas militares y del elemento humilde de los suburbios. Su hostilidad hacia los morenistas se había acentuado luego del “decreto de los honores” (6 de Diciembre de 1810). Aunque tenían el mando consideraban efímera esta posición de privilegio hasta tanto no fueran eliminados sus adversarios.
c) Los provincianos -encabezados por el deán Gregorio Funes- sostenían que la Junta Grande estaba sujeta al predominio centralista de Buenos Aires y, en consecuencia, no representaba la voluntad de todos los pobladores de la campaña.

Si bien el morenismo como grupo gobernante había claudicado el 18 de Diciembre de 1810 abandonando a su jefe, mantenía en la calle cierto vigor, que se sintió alentado por su nueva situación de grupo opositor.

Además, contaba todavía con cuatro miembros en el Gobierno a los que se agregaron Hipólito Vieytes -en reemplazo de Mariano Moreno- y Nicolás Rodríguez Peña en sustitución del recién fallecido Manuel Alberti.

Estos dos hombres -pertenecientes originariamente al grupo de Juan José Castelli y Manuel Belgrano- se sentían mucho más afines con el sector morenista que con la mayoría saavedrista de la Junta.

Contaban también con el apoyo militar del Regimiento "La Estrella" -comandado por Domingo French- pero, en su conjunto, el grupo carecía de la necesaria cohesión y repercusión para forzar una situación política como lo demostraron ciertos intentos de French.

Se recurrió entonces a utilizar el café como centro de reunión y agitación política logrando entusiasmar a los elementos más jóvenes e ideológicamente más avanzados.

Pronto se desarrolló un movimiento pasquinero y se organizó un club donde tenía principal predicamento Julián Alvarez y cuyos asesores eran nada menos que los dos flamantes miembros del Gobierno.

Con esta estructura típica de grupo opositor la prédica antisaavedrista subió de tono y como no lograra disminuir la adhesión popular al jefe de los Patricios, se lanzó la especie de que había entrado en negociaciones con la infanta Carlota para entregarle el virreinato.

A la vez, la pluralidad de miembros demoraba las resoluciones del Gobierno dando lugar a nuevas especies deteriorantes, y la noticia de la instalación de las Cortes en Cádiz a las que se invitaba a participar por primera vez a las ciudades americanas acabó por complicar el panorama político.

- La Sociedad Patriótica

El año 1811 marca el comienzo de la crisis del Gobierno revolucionario por el poco éxito de las campañas militares y las disidencias internas. En este último aspecto, se agrupan las facciones que más tarde formarán partidos y se dispersan muchos esfuerzos debido a la aparición de las primeras rebeldías o episodios violentos de la vida política argentina.

Prácticamente el virreinato se había desmembrado con la autonomía del Paraguay, la pérdida del Alto Perú -después de Huaqui- y la situación de la Banda Oriental, ante la actitud de Francisco Javier de Elío y también de José Gervasio Artigas.

A comienzos de Marzo de 1811 los morenistas -que formaban una minoría intelectual- decidieron “reanimar el espíritu amortiguado de la revolución” e ilustrar al pueblo sobre la necesidad de un cambio en la dirección gubernativa. Con este propósito formaron un centro que llamaron Sociedad Patriótica(1).

(1) Estos revolucionarios, que se reunían en el café de Marco (frente a la Iglesia de San Ignacio) adoptaron como distintivos cintas celestes y blancas. Dice un documento de la época: “Los complotados tomaron por divisa un lazo de cintas azul y blanca y, corriendo por las calles y plazas, convocaban al pueblo para el 23 de Marzo en el café de Marco”.
En esas circunstancias los jóvenes propagandistas fueron detenidos por orden del Gobierno y alojados en la Fortaleza. Pronto recuperaron su libertad y, entonces, volvieron a gritar por las calles: “¡Al café! ¡Al café!”. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Los integrantes de la Sociedad -que se destacaron por su acentuado porteñismo- sólo contaban con el apoyo de dos jefes militares: Domingo French, comandante del regimiento “La Estrella”, y Florencio Terrada, que dirigía el “Granaderos de Fernando VII”.

Además, seguían la orientación morenista el doctor Pedro Agrelo, quien utilizaba las páginas de “La Gazeta” para la propaganda política, y Julián Alvarez, dirigente de una logia con rituales masónicos.

- Asonada del 5 y 6 de Abril de 1811

Domingo French, considerando que el clima era adecuado para un pronunciamiento e interpretando las medidas conciliatorias de Saavedra como debilidad se preparó a dar un golpe para fines de Abril de 1811.

La reacción de los saavedristas no se hizo esperar; parece que se gestó principalmente en los cuarteles y buscó la adhesión popular en las gentes simples y pobres de los suburbios, proclives a seguir en Saavedra, el “jefe”, y a alarmarse ante los modernismos de los asistentes al Club de Marco.

Así, mientras el movimiento morenista se presenta en ese momento como la acción de los ilustrados, los saavedristas se ven representados por la plebe y las fuerzas armadas. Esta distinción tienta a presentar este episodio político como la primera manifestación de un enfrentamiento social.

No se percibió como tal por cuanto el movimiento popular era dirigido desde arriba, desde los cuarteles, donde mandaban oficiales pertenecientes a la misma clase social que sus opositores y por hombres de toga o hábito.

El movimiento preventivo estalló en Buenos Aires al anochecer del 5 de Abril de 1811 cuando -dirigidos por Tomás Grigera y Joaquín Campana- se reunieron en los corrales de Miserere “hombres de poncho y chiripá”, como los describe Núñez, y durante la noche avanzaron sobre la Plaza Mayor, reclamando la reunión del Cabildo.

Este es el primer intento de sedición contra las autoridades constituidas -no españolas- que marca el comienzo de las luchas internas del país.

Lo cierto es que en la noche del 5 al 6 de Abri de 1811 grupos de pobladores procedentes de los suburbios de Buenos Aires -chacras y quintas- se reunieron en los corrales de Miserere acaudillados por Grigera -conocido como “el alcalde de las quintas” y partidario de la facción saavedrista.

Era evidente que “los hombres de poncho y chiripá” se agrupaban para enfrentar a “los hombres de capa y casaca”.

La compacta y heterogénea multitud llegó a la Plaza de la Victoria en la madrugada del 6 de Abril de 1811 protegida por los sables de las fuerzas militares. En esas circunstancias Saavedra se encontraba en el Fuerte con miembros del Gobierno a la espera de los acontecimientos; por su parte, el Cabildo también se hallaba reunido.

Reunido éste con la Junta se desarrolló una tumultuosa reunión, donde Hipólito Vieytes y Nicolás Rodríguez Peña increparon a Saavedra por no haber reprimido el movimiento con las tropas.

El presidente permaneció impasible y, poco después, los comandantes Rodríguez, Balcarce y otros exigieron a la Junta que permitiera la reunión separada del Cabildo gesto que -junto con la participación de las tropas en la plaza- revela la verdadera conducción y naturaleza del movimiento.

Una comisión encabezada por el doctor Campana -hombre mediocre a pesar de su título- se adelantó hasta el Cabildo e hizo entrega de un largo Memorial que -en síntesis- expresaba lo siguiente:

a) Separación de cuatro miembros de la Junta Grande: Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Miguel de Azcuénaga y Juan Larrea. Se los acusaba de haber sido designados sin consultar la voluntad del pueblo.

En su reemplazo ocuparían las vacantes Feliciano Chiclana, Atanasio Gutiérrez, Juan de Alagón y Joaquín Campana, este último en el cargo de Secretario.

b) Exigía que Saavedra volviera a ocupar el cargo de Comandante General de Armas.

Manuel Belgrano debía comparecer ante el Gobierno para informar sobre la derrota sufrida por sus tropas en el Paraguay(2).

(2) Manuel Belgrano recibió las comunicaciones cuando marchaba para auxiliar a los patriotas de la Banda Oriental; entregó el mando a José Rondeau y regresó a Buenos Aires. Abierto el proceso, defendió su correcto proceder con estas notables palabras: “Fío mi defensa a la correspondencia que he tenido con V. E. (la Junta); la dejo a las declaraciones de cuantos han presenciado mi conducta, sean los que fueren, castigados o no por mí, tal es la confianza que tengo de haber procedido según mis obligaciones”. El 9 de Agosto de 1811 se dictó la sentencia que lo eximió de culpa y cargo. Dice el documento: “El general Belgrano se ha conducido en el mando de aquel ejército con un valor, celo y constancia dignos del reconocimiento de la patria”.

c) Expatriación de varios morenistas (Domingo French, Antonio Luis Beruti y otros) y designación de un Tribunal de Seguridad para vigilar la tranquilidad pública.

En la misma madrugada del 6 de Abril el Cabildo elevó a la Junta las peticiones de los amotinados: destitución de Juan Larrea, Miguel de Azcuénaga, Nicolás Rodríguez Peña e Hipólito Vieytes, y que no se volviera a nombrar a ningún Vocal si no es con el voto del pueblo, alusión a la designación de los dos últimos por el voto directo de la Junta.

Esta aceptó el petitorio con lo que quedó eliminado definitivamente el movimiento morenista. Saavedra quiso vindicarse inmediatamente de toda participación en el suceso pero si no intervino en su ejecución es evidente que al menos lo consintió.

Los pasos siguientes del Gobierno no fueron felices.

* Los vocales depuestos fueron confinados en las provincias interiores junto con Gervasio Antonio de Posadas, Domingo French, Antonio Luis Beruti y otros.
* Se constituyó un Tribunal de Vigilancia que se transformó inmediatamente en un instrumento de persecución política. Dispuesto el Gobierno a cargar sobre otros todos los errores sometió a proceso militar a Manuel Belgrano por su derrota en el Paraguay cuando éste se disponía a operar sobre la Banda Oriental.

Exceptuando la concentración del poder en Saavedra, la Junta Grande aceptó las condiciones impuestas por los cabecillas del movimiento. Este finalizó con una nueva victoria del bando saavedrista y permitió a la Junta Grande subsistir un tiempo más al frente del Gobierno.

Aunque la asonada dominó aparentemente la tenaz oposición morenista sus orígenes no están aclarados y las fuentes históricas se presentan confusas. Si la asonada del 5 y 6 de Abril de 1811 eliminó del poder a la oposición no dio en cambio vigor al Gobierno y tuvo el funesto efecto de dividir a todos irreconciliablemente.

Buenos Aires albergó en su seno las dos tendencias: muchos de sus hijos miraron a los diputados provincianos como forasteros indeseables, la división se propagó al ejército y las tropas situadas en el Alto Perú fueron presa de la pasión política.

Se creyó en el “ejército auxiliador” que el propósito del Gobierno -según los rumores de los morenistas- habría sido facilitar la entrada de la Infanta Carlota.

Juan José Castelli, indudablemente afín con los vencidos, no dejó de protegerlos; González de Balcarce presentó la renuncia al mando militar y el mismo Juan José Viamonte -amigo de Saavedra- tuvo un momento de duda.

En definitiva, cada uno tomó su partido, lo discutió y promovió. Allí naufragó toda disciplina, ya bastante desquiciada en muchos oficiales que se sentían dueños del mundo porque habían vencido en Suipacha. El ejército se debilitó; se había introducido el germen que ocasionaría el desastre de Huaqui.

- Análisis de la expulsión de los amigos del doctor Moreno

La reacción no se hizo esperar, produciéndose el movimiento del 5 y 6 de Abril de 1811 que apartó a los amigos de Moreno de los círculos oficiales pero que no pudo evitar el auge de la oposición y el convencimento público de la necesidad de simplificar el organismo político.

Los historiadores que más han fustigado la llamada anarquía del Litoral -nacida de una desviación humana del sentimiento localista- están contestes en reconocer la existencia de las individualidades regionales y la razón dogmática que nos las explican(3).

(3) Vicente Fidel López. “Historia de la República Argentina”, tomo VII, p. 344. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

El doctor López -notoriamente antiartiguista- dice, refiriéndose a las provincias del Alto Perú integrantes del viejo Virreinato: “Era notorio el sentimiento espontáneo de vida y de gobierno propio que la revolución de Mayo despertaba en todas partes, como una consecuencia de los principios que le habían dado origen y que ella misma quería consagrar contra el centralismo colonial”.

Y agrega: “Un Gobierno central y metropolitano llevado al Perú en nombre de la Comuna revolucionaria del Plata debía acabar por ser tan antipático como el Gobierno central y metropolitano de Madrid o de las Juntas de Sevilla y de Cádiz pues, al fin, uno y otro imponían sobre los pueblos lejanos la presión de intereses, de hombres y de leyes extrañas a los hombres y a los intereses locales que las recibían y que debían someterse a ellas”(4).

(4) Agrega el doctor López que los abusos de las armas argentinas en esa provincia y la influencia del “orden regular y justo” de carácter administrativo que el general español José de la Serna estableció en ellas, integran el cúmulo de factores que decidió su independencia cuando “Bolívar vino a recogerlas bajo su guante”, después de Ayacucho. Abundamos en esto, porque el proceso del Litoral es análogo. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

Lo que se anota con respecto a estas lejanas provincias ocurría asimismo con las regiones del Litoral, donde la jurisdicción secular de las ciudades con Cabildo había creado elementos individuales e intereses que una política unilateral vulneraba.

El choque de intereses está evidente en los actos aduaneros.

El 5 de Junio de 1810, por ejemplo, la Junta da una orden disminuyendo los derechos de exportación sobre frutos del país -hasta la reunión del Congreso, y a pedido de los hacendados de Buenos Aires y Montevideo-; se habla en el texto de los grandes almacenamientos existentes y es obvio que la medida -acaparado ya el cuero a bajo precio- no beneficiaba sino a quienes vendían los stocks formados, ganando el tanto de la reducción de los derechos(5) pero nunca a los que irían produciéndolo.

(5) Registro Nacional, p. 31. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

Otro decreto, del 8 de Agosto de 1810 dispone que todos los géneros y efectos que viniesen de Montevideo “y de todos los puertos de la otra Banda”, no fuesen admitidos sin abonar los derechos que debían pagar viniendo en derechura de los puertos de su procedencia, aún siendo estos de distintos Puertos que los de Europa(6) y, el 10 de Noviembre de 1810(7) se ordenaba al Teniente de Gobernador de Corrientes que no se diera pase a guías expedidas por la Aduana de Montevideo o por los Receptores de la campaña oriental, embargando los efectos correspondientes.

(6) Registro Nacional, p. 62. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.
(7) Registro Nacional, p. 84. // Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo al Tratado del Cuadrilátero)”.

Eran estos actos calculados a beneficiar puramente al Puerto de Buenos Aires y a su comercio de exportación en detrimento del Litoral, con puertos accesibles y enorme oferta de frutos del país.

Esta sensación de injusticia que fundaba la actitud de los diputados y que luego los hizo reaccionar produciendo el movimiento del 5 y 6 de Abril, y la expulsión de los amigos del doctor Moreno de la Junta Gubernativa ha sido caracterizado por los mismos contemporáneos de aquella hora histórica.

Fray Cayetano Rodríguez dice en una carta dirigida al doctor Molina -de Julio 26 de 1812 (Revista Nacional, tomo V):

“...hay todavía algunos tontos que creen que los pueblos interiores deben ser pupilos de Buenos Aires, y entre ellos no debían mandar sino las bayonetas, haciéndoles entrar por donde quiera la Capital. Cada uno de aquéllos es parte de la soberanía y de todos y de cada uno debe arrancarse la voluntad con que legalice las acciones y ulteriores actos el Gobierno”.

- Corrientes toma nota del movimiento sedicioso porteño

Si el citado decreto del 10 de Febrero de 1811 significó algo así como la legalización de los elementos federales en latencia en el organismo del Virreinato, no concluyó con la oposición del partido morenista que siguió en su propaganda minando el prestigio de la Junta con el argumento de la necesidad de simplificar el organismo político.

Las cosas se extremaron obligando a la Junta a expulsarlos de su seno mediante las jornadas del 5 y 6 de Abril. Su pensamiento está perfectamente fijado en el documento que el diputado por Corrientes pasó a su Cabildo, al cual nos remitimos. Dice:

“Al Exmo. Cabildo, etc.: Desde que por la adhesión de los Pueblos al nuevo Gobierno se separaron los estorbos que impedían su consolidación, empezó a caracterizarse el Gobierno llevando el ejercicio de la autoridad sobre ciertas máximas y principios que, no siendo muy conformes a los primarios derechos de cada ciudadano, le hicieron perder la general confianza que a juicio de los sensatos era todo el apoyo que debía buscar para sostenerse.
“La desconfianza engendró los celos y éstos creciendo de día en día empezaron a presentar el peligro en que fluctuaban los ánimos hasta el punto de considerarlo cada uno bajo los pies, y hubo que conducir a esta noble y valerosa capital al rompimiento más inmoral e indecoroso.
“Los diputados no pudieron ser fríos espectadores a la fatalidad de unos síntomas cuyo progreso había de envolver inevitablemente a los pueblos de sus representaciones; armados de aquel valor frío -que exige la causa pública a los grandes momentos- se presentaron al Gobierno pidiendo una negociación pacífica cuyo objeto no era otro que buscar los medios de restituir a la capital la tranquilidad que había perdido.
“El Gobierno no pudo resistir este paso, en cuya oposición nada más habría conseguido que aumentar los recelos y acelerar el movimiento que se temía. Por parte de los diputados se hizo ver entonces la mengua que había padecido el Gobierno en su crédito, descubriendo con valor y firmeza la causa y origen que habían transformado la opinión pública. Que el único medio de recobrarla no era otro que el que fuesen incorporados al Gobierno, tomando una parte activa en todos los negocios de la Administración Pública.
“No es del caso repetir a V. S. S. los fundamentos en que los diputados sostuvieron por esta vez la dignidad y los derechos de los pueblos que representaban: basta decir que al grave peso de ellos quedó rendida la oposición contraria, decidida la causa por sí misma y triunfante la verdad y la justicia.
“Desde este momento la alegría serenó los ánimos sin otra costa que el odio y la difamación de los diputados que dieron impulso a la gestión. Un corto número de hombres incapaces de alcanzar la grandeza de la empresa, ni mucho menos de calcular los caminos que debían seguirse para llevarla a su perfección, fueron fascinados por algunos que en la incorporación de los diputados veían escapárseles de las manos el opulento patrimonio que creyeron vincular a su arbitrio, con el Gobierno de las ocho Provincias.
“Los diputados llevarán siempre la gloria de haber restituido a la capital por aquella vez la tranquilidad, libertándola del contraste de las opiniones que la agitaban y seguros en el juicio de los hombres sensatos, por la buena fe de sus primeras gestiones, por la moralidad de su conducta pública y por los principios de justicia y moderación de que jamás se separarán, mirarán siempre con desdén la bárbara política de algunos, el espíritu frenético de otros y, finalmente, la impiedad de los que se hallan malcontentos con el orden público.
“Este corto número de hombres ofreció al Gobierno en su misma impotencia el motivo para no recelar un progreso que turbase -segunda vez- la confianza que se había recobrado en la opinión pública. Pero quiso la desgracia que nuestra constitución política se hubiese ido combinando en tales términos, que echando raíces en el centro del propio Gobierno el sistema de aquellos refractarios comprometiesen -por segunda vez- la tranquilidad y la seguridad individual con el doble resguardo que les ofrecía el apoyo que paralizaba la acción y los movimientos del Gobierno.
“Pero el cálculo salió errado: olvidaron los perversos el carácter esforzado de los habitantes de Buenos Aires y cayeron en los lazos que tendieron para otros; cerciorado el pueblo de los conflictos a que se veía reducido, obró por sí mismo pidiendo la separación y confinación fuera de la provincia de cuatro vocales y otros individuos que U. S. verá en la adjunta Gazeta.
“U. S. debe ver que el día 6 de Abril es el más célebre de cuántas épocas pueden contarse, desde que las armas británicas turbaron la seguridad de estos dominios pues, separados de la capital y del Gobierno los áspides que se fomentaban entre nosotros mismos, se ha recobrado el reposo interior y el Gobierno queda sostenido en la confianza pública.
“Pero como es muy factible que algunos circulen en esa ciudad noticias inexactas, cambiando el objeto y fin del pueblo en el enunciado movimiento a otros muy distintos, con la idea de caracterizarlos de parcialidad y tumulto, yo creería faltar a la confianza con que me ha honrado mi patria si no previniese a U. S., aunque ligeramente, del origen, progreso y último fin en que ha terminado la contradicción del derecho de los diputados, para que queden advertidos sin dejar propagar ideas opuestas a la confianza que importa tanto sostener en la opinión de los pueblos, hacia las máximas y conducta del actual Gobierno, por ser éste un deber que a todos toca principalmente a U. S. cuyos sentimientos hasta ahora han sido caracterizados por aquellos nobles principios.
“Nuestro Señor que a U. S. guarde muchos años.
“Buenos Aires, Abril 19 de 1811. Dr. José S. García de Cossio”.

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