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Belgrano y su reordenamiento del distrito de Yapeyú

- Los pleitos entre Corrientes y Misiones

“... he venido en quitar todos los obstáculos que se oponían a la formación, adelantamiento y progreso de estos pueblos...”

(Manuel Belgrano, 16 de Noviembre de 1810)

Cuando el 22 de Septiembre de 1810 la Junta Provisional Gubernativa -a nombre de Fernando VII- expidió Instrucciones para que su vocal, doctor Manuel Belgrano, pasase en expedición militar al Paraguay, entre otras disposiciones le ordenó lo siguiente:

“Tomará tales disposiciones que los pueblos y habitantes de nuestras campañas palpen ventajas en el nuevo sistema, y tomen un interés personal para sostenerlo ...”.

El permanente contacto con la burocracia virreinal le había permitido conocer a Belgrano los problemas existentes en los pueblos y campañas mesopotámicas.

En su paso por La Bajada (actual Ciudad de Paraná) ordenó la separación del occidente entrerriano del Cabildo santafesino, hecho largamente esperado por aquellos habitantes. Se informó sobre los graves problemas de las propiedades de las tierras en aquel territorio, proveyendo a su solución como funcionario del nuevo Gobierno(1).

(1) Material extraído del libro “Corrientes Jesuítica (historia de las misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la etapa jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución), del doctor Ernesto J. A. Maeder y el profesor Alfredo J. E. Poenitz.

En Curuzú Cuatiá debió enfrentar viejas controversias jurisdiccionales entre Corrientes y las misiones. El Cabildo correntino alegaba una enorme jurisdicción otorgada por su fundador aunque -de hecho- durante más de dos siglos no habían avanzado más que hacia el Iberá y atravesado el río Corriente recién hacia fines del siglo XVIII, a partir de una ocupación espacial, más o menos planificada, que se afianzó con la erección del poblado de Nuestra Señora del Pilar “de Curusuquatia”, en 1797.

Tampoco habían avanzado al oriente del río Miriñay, jurisdicción misionera desde la fundación de la Provincia Jesuítica del Paraguay. Casi paralelamente, pero obedeciendo a fenómenos diferentes, los correntinos sobrepasaron el río Corriente, mientras los misioneros atravesaban el Miriñay hasta el arroyo Yeruá.

Respondiendo a impulsos individuales, muchos naturales escaparon de la vida comunitaria y se afincaron en las rinconadas occidentales del Miriñay, sobre el Mocoretá, el arroyo Curuzú Cuatiá y algunos afluentes del Uruguay. Las autoridades yapeyuanas no quisieron desprenderse de esas familias que se autoapartaban de aquella comunidad, conservándolos jurídicamente bajo su protección.

Paralelamente, hacendados correntinos poblaban estancias en la región del Paiubre, como se llamaba al espacio del Sur de la actual provincia de Corrientes, entre los ríos Corriente y Miriñay.

Esto último se realizó bajo permanentes reclamos del Cabildo de Yapeyú iniciándose -hacia 1798- una larga y agria disputa por respectivas jurisdicciones entre ese pueblo y Corrientes, disputa con la que se encontró Belgrano y a la que debió enfrentar como funcionario del nuevo Gobierno naciente.

El virrey Gabriel de Avilés y del Fierro ya había tomado determinaciones en el conflicto a principios de 1800, fallando a favor de las misiones en la región en disputa, lo que provocó más enconos que soluciones entre los habitantes del lugar. Quedaban pendientes muchas cuestiones sobre la legítima propiedad de las empresas agropecuarias que, en general, habían montado los correntinos con mayor capital y mejores conocimientos jurídicos que los naturales guaraníes.

La documentación de la época es elocuente respecto al aprovechamiento, por parte de los hacendados correntinos, de esa situación.

Hernán Félix Gómez, por ejemplo, relata cómo un Alcalde Provincial de Corrientes fue autorizado a poblarse en un extenso campo al mínimo pago de un caballo de raza por bienio. Si el interesado en poblar los campos aceptaba los derechos yapeyuanos de esas tierras, no se ponían objeciones para su explotación. Quizás ello explique la convivencia armónica de españoles y guaraníes en la región meridional del distrito de Yapeyú.

En Curuzú Cuatiá, Belgrano se encontró con este pleito al que falló de manera ejemplar el 16 de Noviembre de 1810, un día antes de continuar su marcha hacia el Paraguay.

En la delimitación jurisdiccional retrajo a Yapeyú hacia su distrito original -tras el Miriñay- agregándole sólo el partido de La Merced, con límite meridional en el Timboy, por ser allí dominante la población indígena.

A la Tenencia de Gobernación de Corrientes fue incorporado Curuzú Cuatiá, dándole un territorio correspondiente a su actual Departamento, Sauce y Monte Caseros.

Fue novedosa e inteligente la fundamentación de esta resolución. Si bien reconoció los derechos de Yapeyú sobre las tierras cuestionadas, aceptó el argumento correntino de que aquella comunidad era incapaz de poblarlas convenientemente. A Mandisoví le otorgó la jurisdicción propia pero independizándola del Gobierno de Yapeyú y colocándola bajo directa dependencia del Superior Gobierno de Misiones.

Una vez en el Paraguay, y pese al aislamiento e impotencia en que se encontraba, el 20 de Diciembre de 1810 dictó Belgrano su Reglamento para los Naturales de Misiones. Fueron treinta artículos que revelan en el prócer sus extraordinarias dotes de estadista. En épocas normales esas Ordenanzas hubieran promovido la transformación y recuperación de las decaídas misiones.

Sin embargo, el destino deparaba a esos pueblos y a esos indígenas civilizados, el ser presas de apetencias exteriores a sus comunidades y, en pocos años más, hasta su propia existencia concluyó para siempre.

La derrota de Belgrano en Tacuarí, el 9 de Marzo de 1811, tuvo graves consecuencias para las misiones quedando como resultado del Tratado suscripto con el oficial paraguayo, dos Departamentos para Buenos Aires: Yapeyú y Concepción, y Santiago y Candelaria para el Paraguay.

Desde allí en adelante las misiones quedaron fragmentadas entre las Provincias Unidas (Argentina) y Paraguay. El gobernador de Asunción nombró los Subdelegados correspondientes a Santiago y Candelaria, y Buenos Aires hizo lo propio con Concepción y Yapeyú.

Fue nombrado entonces gobernador de Misiones, José Gervasio Artigas, con sede en Santo Tomé, el 15 de Noviembre de 1811, iniciándose a partir de allí el más grave período de la historia de las misiones argentinas que concluyó con su total disolución.

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