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Avance de Belgrano por la Mesopotamia

En su carta a Mariano Moreno del 27 de Octubre de 1810, Manuel Belgrano escribió que se alegraba de que finalmente el Gobierno se hubiera decidido “del todo” por el Paraguay como objetivo prioritario. Belgrano se refería a la Nota de la Junta del 9 de Octubre de 1810 en la que se le ordenaba:

“No debe empezar a obrar contra las dependencias de Montevideo mientras toda la provincia del Paraguay no se halle completamente reducida; ni fiarse su conformidad a otros medios que (...) a la fuerza que esta a las órdenes de V. E. Así quiere la Junta que V. E. convierta toda su atención en la provincia del Paraguay”(1).

(1) Julio César Chaves (1959). “Historia de las relaciones entre Buenos-Ayres y el Paraguay. 1810-1813”, p. 66, segunda edición, Buenos Aires. Ediciones Nizza.

Esto implicaba que hasta ese momento existía cierta actitud ambigua motivada -en parte, según Belgrano- por “la poca confianza (de la Junta) de un éxito (...) en mis operaciones”(2).

(2) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, pp. 304/5, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

El refuerzo de dos regimientos al mando de Perdriel y su negativa a que se desviaran recursos hacia otros objetivos estuvo en línea con el pensamiento de la Junta de Buenos Aires de que se debía reducir completamente y antes que nada a la provincia del Paraguay.

- Desde La Bajada a Curuzú Cuatiá

En La Bajada, Belgrano incorporó a su expedición 200 hombres formando un escuadrón de caballería con el nombre de Milicias Patrióticas del Paraná. Como no tenían armas sirvieron para cuidar las carretas y tirar la artillería, por lo que fueron distribuidas entre las otras fuerzas.

Para facilitar la marcha, las divisiones salieron -a partir del 22 de Octubre de 1810- con un intervalo de un día cada una. Belgrano se quedó a la espera de las fuerzas de Perdriel y Saraza, que venían desde Buenos Aires.

Estas llegaron a La Bajada el 1 de Noviembre de 1810 y el día 2 partieron con Belgrano siguiendo a las tres divisiones de las cuales -la más atrasada- estaba a unos 75 kilómetros de distancia. Esta fuerza conformó la cuarta división.

En la primera parte de la ruta, el recorrido fue casi paralelo al río Paraná, cruzando los arroyos de Las Conchas, Antonio Tomás y Feliciano. A partir del cruce de este último, al este de la actual Santa Helena, la marcha se dirigió por la línea divisoria de aguas en dirección nordeste hasta las puntas del arroyo Basualdo y el río Mocoretá, hasta llegar a Curuzú Cuatiá.

Esta línea de avance evitó cruzar cursos de agua que por la época de lluvias estaban crecidos. Se facilitó así el transporte de la artillería y municiones -pese a que hubo algunas pérdidas- y la obtención de víveres sobre las costas del arroyo Feliciano y Estacas donde existían extensas estancias pertenecientes a pobladores de la zona y/o propietarios santafesinos(3).

(3) Es de destacar la ayuda que Belgrano recibió de Gregoria Pérez de Denis que fue reconocida a posteriori como la primera patricia argentina.

La marcha se hizo en 12 jornadas seguidas, con velocidades que oscilaron entre un máximo de 44 kilómetros y un mínimo de 24 kilómetros por día, con un recorrido total de aproximadamente 450 kilómetros desde La Bajada hasta Curuzú Cuatiá(4).

(4) Luis Vittone (1960). “El Paraguay en la lucha por su independencia”, pp. 18-19. Asunción. Imprenta Militar - Dirección Publicaciones.

Además de las dificultades con la topografía y el clima, Belgrano tuvo que superar otros inconvenientes relacionados:

* Con la falta de carretas pesadas tiradas por bueyes de las cuales dijo que “le daría fuego de buena gana” y con la escasa utilidad de las carretillas tiradas por caballos.
* Con la venalidad, robos o “vicios del antiguo sistema” de los proveedores a los cuales definió como “pícaros” y a quienes había que controlar.
* Con la calidad de los oficiales por su falta de “disposición, socaineros e inútiles, en una palabra”. Salvo excepciones, dijo Belgrano, “todos los demás (oficiales) no valen un demonio"(5).

(5) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, p. 305, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

La marcha hacia Curuzú Cuatiá obedecía a dos objetivos estratégicos: por un lado “por ser el mejor camino de carreta como para alucinar a los paraguayos, de modo que no supieran por qué punto intentaba pasar el Paraná"(6).

(6) Luis Vittone (1960). “El Paraguay en la lucha por su independencia”, p. 17, Asunción. Imprenta Militar, Dirección Publicaciones.

Por otro lado le permitía no alejarse demasiado de la zona de Arroyo de la China, desde donde podrían solicitar su ayuda por la presencia de fuerzas provenientes de Montevideo.

- Operaciones militares en Arroyo de la China

El 4 de Octubre de 1810 fue aceptada la renuncia de Josef de Urquiza, padre de Justo José de Urquiza, como Comandante del partido de Arroyo de la China. Urquiza no estaba de acuerdo en depender de la Tenencia de Gobierno de Santa Fe.

Quince días después Belgrano nombró en su lugar -como Comandante Militar- a José Miguel Díaz Vélez a quien envió acompañado con un escuadrón de la Caballería de la Patria al mando del capitán Diego González Balcarce.

Esto también produjo malestar, pero ahora con las autoridades de Santa Fe, que no fueron consultadas. Los objetivos dados a Díaz Vélez eran:

* Continuar con el corte de las comunicaciones y comercio entre el Paraguay y Montevideo.
* Vigilar la opinión pública que no era afecta a la Junta de Buenos Aires.
* Formar un regimiento colocando un escuadrón en Arroyo de la China y otro en Gualeguaychú.
* Observar a las tropas portuguesas(7).

(7) Filiberto Reula (1963). “Historia de Entre Ríos: política, étnica, económica, social, cultural y moral”, p. 115, tomo I, Santa Fe. Editorial Castelví S.A.

Casi en simultáneo, el capitán de navío Juan Angel Michelena -por orden del gobernador de Montevideo Gaspar de Vigodet- avanzó sobre las costas occidentales del río Uruguay, apoyándose en grupos partidarios residentes en la zona.

El 3 de Noviembre de 1810 Belgrano recibió el pedido de auxilio de Díaz Vélez porque Michelena había ocupado Paysandú con 210 hombres y sospechaba que avanzaría contra Arroyo de la China, donde el pueblo y las milicias mostraban “su frialdad”, o sea, que esperaban sucesos favorables para mostrar su oposición a la Junta de Buenos Aires.

Belgrano respondió que no sólo no podía auxiliarlo -porque dispersaría sus fuerzas- sino que Michelena podía desembarcar y atacar en cualquier parte a lo largo del río Uruguay. Insistió a Díaz Vélez que su objetivo era impedir o retardar que “las gentes” auxilien a Michelena y, en última instancia, amenazarlos con que él, “a su vuelta” (del Paraguay), castigaría esa desobediencia.

Otra noticia que proporcionó Díaz Vélez fue que 1.200 soldados portugueses habían acampado sobre el río Ibirá-Puitá y esperaban a José Gervasio Artigas.

Por otros medios Belgrano recibió la información de que sólo eran unos 800 hombres y presumió que estaban a la espera, “para pescar” (en río revuelto)(8).

(8) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, p. 315, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

El 6 de Noviembre de 1810, a la madrugada, Michelena arribó a Arroyo de la China. Díaz Vélez esperó hasta el amanecer y viendo la superioridad numérica -o quizás por falta de decisión para combatir- se retiró, primero al Paso de la Laguna, sobre el río Gualeguay y, después, a La Bajada(9).

(9) Filiberto Reula (1963). “Historia de Entre Ríos: política, étnica, económica, social, cultural y moral”, p. 117, tomo I, Santa Fe. Editorial Castelví S.A.

Belgrano en sus Memorias dijo que huyó “precipitadamente”. Ante esta situación ordenó la vuelta de Balcarce.

En su Oficio a Buenos Aires del 10 de Noviembre de 1810 pese a considerar que la acción sobre el río Uruguay era para distraerlo, sugirió una acción conjunta con fuerzas marítimas que debía enviar Buenos Aires para tomar a Michelena entre dos fuegos aprovechando que su marcha desde Curuzú Cuatiá hacia el Norte recién comenzaría en ocho días más.

Otro pedido a la Junta fue que enviara 400 hombres a La Bajada con los cañones de a 2 que había dejado en Santa Fe(10).

(10) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, p. 318, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

Dos días más tarde comunicó que pese a sus órdenes anteriores podían haber vecinos ayudando a Michelena sobre los que dice

“Estoy convencido de que es necesario el rigor para entrarlos al camino de la obediencia” (y en otro Oficio agrega): “Pero no me da pena alguna, pues iré a concluir los del Paraguay y luego limpiaré todo esto, que es muy necesario porque todo está infestado, particularmente en los pueblos de la costa del Uruguay”(11).

(11) Belgrano a la Junta en: Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, pp. 322 y 331, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

El día 7 de Noviembre de 1810 un cabildo abierto en Gualeguaychú prestó obediencia a Montevideo y el 18 de Noviembre al Consejo de Regencia(12).

(12) Academia Nacional de la Historia, p. 99 (1941).

El 20 de Noviembre, el capitán González Balcarce y su compañía, menos unos cuantos desertores que perdió en el camino, se unieron a Belgrano en el Paso de Caa Guazú, sobre el río Corriente.

Belgrano nunca quedó conforme con esta fallida operación militar sobre el río Uruguay. Aclaró a la Junta de Buenos Aires que si no hubiera sido por la información errónea “a causa del miedo” sobre la importancia de las fuerzas de Michelena no hubiera retirado a González Balcarce de la zona.

Años después -en 1814, en sus Memorias- Belgrano volvió sobre el tema. Responsabilizó a Díaz Vélez por haber huido sin escuchar los consejos de Diego González Balcarce. Mencionó que pidió varias autorizaciones a la Junta para atacar a Michelena, las que le fueron negadas.

Pensó que los oficiales enemigos -incluido el propio Michelena- se hubieran plegado a su favor “pues le unían lazos a Buenos Aires de que no podían desentenderse”. Por otro lado, considerando que estas fuerzas quedarían peligrosamente en su retaguardia, acotó: “Siempre nuestro Gobierno, en materia de milicia, no ha dado una en el clavo”(13).

(13) José María Paz (1855). “Memorias Póstumas”, pp. 335-336, Buenos Aires. Imprenta de la Revista.

Esta crítica ex post que realizó Belgrano a la Junta de Buenos Aires lo hizo a pesar de que Michelena no se movió de Arroyo de la China ni afectó su avance hacia el Paraguay.

- Desde Curuzú Cuatiá hasta el río Paraná

El 8 de Noviembre de 1810 Belgrano comunicó a la Junta su llegada al caserío de Curuzú Cuatiá con la 3ra. división, llegando dos días después la 4ta. división. Allí hizo fusilar a los dos desertores recapturados del Regimiento de Caballería de la Patria.

Recién el 14 Noviembre de 1810 -cuando llegaron las municiones desde Santa Fe- el ejército comenzó a moverse desde el campamento de Curuzú Cuatiá por la región del arroyo Paiubre.

Lo hizo separado en tres divisiones comandadas por Machain, Perdriel y el propio Belgrano, quien dejaba el mando de la 3ra. división a Saturnino Saraza cuando se adelantaba a inspeccionar las otras dos.

El cruce del río Corriente -por el Paso de Caa Guazú- insumió tres días. El 20 de Noviembre de 1810 pasó la 1ra. división. Se utilizaron dos canoas y pelotas de cuero, aunque la mayoría de los soldados cruzó a nado, ahogándose dos de ellos.

El día 25 de Noviembre pasaron por el pueblo de Yaguareté Corá (hoy llamado Concepción). Desde la Ciudad de Corrientes el Teniente de Gobernador Elías Galván envió 800 cabezas de ganado y prometió caballos que no se recibieron.

- Avance por la ribera del río Paraná

Venciendo las dificultades del terreno, la falta de caballos y, especialmente, las continuas lluvias, el 1 de Diciembre de 1810 el ejército llegó al río Paraná, frente a la isla Apipé Grande(14).

(14) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, p. 335, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

La idea de cruzar el río por el paso de Ibaricary (o Ibirricury, actual Ituzaingó) hacia la Isla Apipé para dirigirse hacia el pueblo misionero de San Cosme y Damián fue abandonada por falta de embarcaciones, ya que se encontró sólo una canoa.

Belgrano se dirigió al Paso de Caraguatá para apoderarse de un barco que un gallego estaba construyendo y que se había salvado de la destrucción de todas las embarcaciones ordenada por Velasco y Huidobro. Desde allí, el 6 de Diciembre de 1810 Machain se dirigió al pueblo misionero de Santa María de la Candelaria para observar la anchura del río en ese lugar, retornando poco después.

Machain partió nuevamente hacia Candelaria por el Paraná con un bote artillado con un cañón y canoas que encontró en la zona. Avanzando por tierra, el 15 de Diciembre de 1810, Belgrano llegó Candelaria dejando sus dos divisiones sobre la margen izquierda del río Igarupá (Garupá), a 9 kilómetros de distancia, a la espera de que bajaran las aguas.

El día siguiente, la segunda y tercera división cruzaron ese río y llegaron a Candelaria. A las 21:30 arribó la vanguardia de Machain que venía por el Paraná. Por lo tanto, el día 17 de Diciembre, las tres divisiones estaban reunidas y listas para cruzar el río.

Ese día se envió un Oficio al comandante Thompson diciendo que no había cumplido su promesa de respetar el Armisticio dado que “europeos” (sic) de su jurisdicción habían ingresado en la estancia “Santa María” de Bartolomé Coronil (Coronel) para robar.

Thompson rechazó esa acusación. Belgrano avisó que pronto iba a cruzar el río y, cumpliendo con las Instrucciones de la Junta del 29 de Noviembre de 1810 amenazó con fusilar a todo aquél que “hiciera fuego a las tropas de su majestad el rey don Fernando VII” bajo su mando(15).

(15) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, p. 356, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

- Oficios de Belgrano

Belgrano intentó hasta el último momento evitar el uso de la fuerza para someter a la provincia del Paraguay(16).

(16) Andrés Cisneros; Carlos Escudé y otros (1998). “Historia general de las relaciones exteriores de la República Argentina (desde los orígenes hasta el reconocimiento de la independencia formal)”, varios volúmenes. Buenos Aires. Nuevohacer / Grupo Editor Latinoamericano.

Desde Ibaricary Belgrano dirigió Oficios al Gobierno, al Cabildo y obispo de Asunción. El capitán de dragones Ignacio Warnes -secretario de Belgrano- llevó esas Notas por el Paso del Rey.

Pese a la relación de amistad que existía entre Velasco y Huidobro y los familiares de Warnes, este fue apresado por el capitán paraguayo Fulgencio Yegros y enviado engrillado a Asunción -vía Ñeembucú- por haber traído además “papeles para particulares”(17).

(17) Julio César Chaves (1959). “Historia de las relaciones entre Buenos-Ayres y el Paraguay. 1810-1813”, p. 69, segunda edición, Buenos Aires. Ediciones Nizza.

En sus oficios, Belgrano argumentó que la conducta de Velasco y Huidobro era “ajena a un verdadero español” (sic), que estaba mal asesorado y le pidió que se retracte y “tranquilizando la provincia la ponga a mi disposición”.

Advirtió que separarse de la “obediencia” a Buenos Aires daría lugar a una “guerra civil” que la definió como “la efusión de sangre entre hermanos, hijos de un mismo suelo y vasallos de un mismo rey”.

La necesidad de evitar “los desastres de la guerra civil” lo reiteró en los Oficios dirigidos al Cabildo, al obispo de Asunción, a Thompson y también figuró en las Proclamas que dirigió a su tropa y a los paraguayos.

Por otra parte, los argumentos de Belgrano de que la “gran capital” (término que repitió tres veces para referirse a Buenos Aires) no tenía otro interés que mantener la “unión de esa provincia a ella” para conservar la integridad de “estos dominios del rey” y de que ella no necesitaba del Paraguay mientras que “ésta no puede pasarse sin las relaciones con Buenos Aires” demostraron la carencia -por parte de la Junta de Buenos Aires- de una tradición doctrinaria para apoyar su pretensión de subordinar al Paraguay(18).

(18) José Carlos Chiaramonte. “La Ilustración en el Río de la Plata (cultura eclesiástica y cultura laica durante el Virreinato), pp. 143-144 segunda edición, Buenos Aires. Sudamericana (2007).

Luego de explicitar que tenía superioridad en tropas, fuerzas y entusiasmo (moral) propuso una entrevista para facilitar el entendimiento y evitar el uso de la fuerza. Velasco y Huidobro no respondió este Oficio que más tarde calificó como lleno de “ideas seductivas e invenciones ridículas”(19)(20).

(19) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, pp. 340-345, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.
(20) Mariano Antonio Molas (1867). “Descripción Histórica de la Antigua Provincia del Paraguay. Aditamento de documentos justificativos”, p. 205. “La Revista de Buenos Aires”, tomos XII-XIII // tomo XII, pp. 199-224; tomo XIII, pp. 370-399.

Belgrano también envió un Oficio al comandante Pablo Thompson -del destacamento paraguayo situado en Itapúa- diciendo no realizaría ningún acto hostil hasta tanto no llegase la respuesta de Velasco y Huidobro:

“Traigo la paz, la unión, la amistad en mis manos para los que me reciban, como deben; del mismo modo traigo la guerra y la desolación para los que no aceptaren aquellos bienes”(21).

(21) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, p. 346, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

Thompson hizo regresar al emisario y envió el Oficio a Asunción. El 12 de Diciembre de 1810 aceptó el Armisticio hasta saber la decisión de Velasco y Huidobro.

Días después, Belgrano emitió una Proclama a los pueblos de Misiones(22)(23).

(22) Mariano Antonio Molas (1867). “Descripción Histórica de la Antigua Provincia del Paraguay. Aditamento de documentos justificativos”, p. 205. “La Revista de Buenos Aires”, tomos XII-XIII // tomo XII, pp. 199-224; tomo XIII, pp. 370-399.
(23) “La Exma. Junta Gubernativa á nombre de S. M. el Sr. D. Fernando VII me manda a restituiros a vuestros derechos de libertad, propiedad y seguridad de que habéis estado privados por tantas generaciones, sirviendo como esclavos á los que han tratado únicamente de enriquecerse á costa dé vuestros sudores, y aun de vuestra propia sangre”.
- Citado por Bartolomé Mitre (1859) en: “Historia de Belgrano”, pp. 269-270, volumen 1, Buenos Aires. Librería de la Victoria.

- Avance de Rocamora hacia el río Paraná

El 25 de Septiembre de 1810 la Junta ordenó a Tomás de Rocamora, gobernador interino de Misiones con sede en Yapeyú, que se pusiera bajo el mando de Belgrano. Seis días después, Belgrano envió un Oficio al coronel Rocamora para que se uniera a sus fuerzas, conformando así la quinta división o División de Misiones, con 400 milicianos guaraníes y dos cañones de a 2 y dos de a 4.68.

Lo acompañaban 10 soldados del regimiento de dragones de Buenos Aires.

El 4 de Noviembre de 1810 Rocamora avisó a Belgrano sobre la posibilidad de que los paraguayos y portugueses actuaran en forma conjunta contra sus fuerzas y pidió instrucciones al efecto. El 12 de Noviembre, Belgrano designó a Rocamora como Cuartel Maestre General del ejército expedicionario y le indicó la ruta que debía seguir desde Yapeyú por el interior de Corrientes(24).

(24) José María Paz (1855). “Memorias Póstumas”, p. 347, Buenos Aires. Imprenta de la Revista.

El trazado tenía la intención de ocultar el punto por donde se haría el cruce del río Paraná. Sin embargo, la posibilidad de sorprender al enemigo con esta maniobra táctica era remota dado que existían sólo dos puntos razonables para cruzar el Paraná: una, frente a Corrientes donde se ingresaba a Ñeembucú, una zona difícil llena de esteros; la otra estaba frente a Itapúa-Campichuelo, que era la más utilizada por el comercio.

Debe agregarse la inexistencia de embarcaciones para hacer el cruce en forma sorpresiva y la presencia de patrullas paraguayas que recorrían las costas.

El 20 de Noviembre de 1810 Tomás de Rocamora manifestó a la Junta su desacuerdo con el itinerario que le había dado Belgrano porque desprotegía la frontera oriental de las misiones donde operaban los portugueses. Además, puso en duda la eficacia del plan de invasión de Belgrano, que se apoyaba en la supuesta existencia de un “partido” favorable en el Paraguay.

Afirmó que ese partido era “dudoso y el peligro que he indicado a V. E. es evidente”(25)(26).

(25) Itinerario de Rocamora: “De Yapeyú por el camino más breve y cómodo, al Paso del Rosario, en el Miriñay; del Paso del Rosario a lo de Enrique Arévalo, en los Aguaceros. De los Aguaceros a lo de Fernández; de lo de Fernández al Paso del río Corriente, conocido por el Capitá-Miní. En éste recibirá mis órdenes y sin ellas de ningún modo pasará adelante” (...) Luego del cruce del río Corriente (...) al Puerto de Tacuaras, Tahiso, Yaguareté Corá y Capilla de San Francisco de Pauls, en donde se pasó revista de armas. (...) Santa Bárbara, Caapirú, San Miguel, pasaron el Ipucú Chico y el Grande a nado (estero Pucú), San Gerónimo, Caraguatá, Santa María la Mayor, estancia de José Ventura Godoy, San Luis, Mártires y, finalmente, se llegó el 30 de Diciembre al Puerto de San José (...).
- Citado por el Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, pp. 625 y 614-615, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.
(26) María Cristina Demonte; Rosa Coralía Troncoso (1972). “Tomás de Rocamora, pionero de la autonomía entrerriana”, p. 76, número 11 de la Colección “Entre Ríos”. Santa Fe, Librería y Editorial Colmegna S.A.

De todas manera Rocamora partió de Yapeyú con todas sus fuerzas el 28 de Noviembre de 1810 y cruzó el río Paraná frente a Itapúa el 6 de Enero de 1811. Belgrano, a esa fecha, ya había avanzado unos 150 kilómetros al norte de Itapúa, aproximándose al río Tebicuary.

Según la declaración del capitán Cayetano Martínez -en el juicio seguido a Belgrano- el itinerario de Rocamora desde Yapeyú hasta Candelaria extendió su marcha de 300 a casi 600 kilómetros, siendo una de las causas por las que no pudo alcanzar a la fuerza principal.

Ese desplazamiento fue más lento porque los caballos que recibía provenían de los que Belgrano iba dejando por estar agotados, a lo que se sumó la prohibición de que Rocamora comprara caballos en buen estado(27).

(27) Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, p. 632, tomo III, volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires. Instituto Nacional Belgraniano.

Era normal en unidades con altos porcentajes de deserción -como era la de Rocamora- que los soldados fueran equipados con caballos de mala calidad para que no pudieran escapar muy lejos y los guardias, con mejores monturas, pudieran capturarlos rápidamente antes de que se alejaran demasiado.

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