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La historiografía sobre la expedición militar al Paraguay

- Causas del rechazo del Paraguay

“La explosión paraguaya que saludó y derrotó a Manuel Belgrano y su ejército en las batallas de Paraguarí y Tacuarí en el año 1811, fue básicamente obra del localismo provincial y la desconfianza sobre la conducción de Buenos Aires. Ello no fue debido a la lealtad a la corona española. Durante los siglos posteriores a la Conquista, el Paraguay se había desenvuelto en soledad; con cultura, manera de vivir y raza diferentes y había vivido sin ayuda de nadie”(1).

(1) John Hoyt Williams (1969). “Dr. Francia and the creation of the Republic of Paraguay. 1810-1904”, p. 120, en inglés. University of Florida, Florida (EE.UU.).

No era ese el único motivo:

“La mayor influencia de los comerciantes porteños sobre las autoridades coloniales en comparación con sus colegas del Alto Plata generó en las distintas áreas que componían dicha región (Paraguay, las provincias del Litoral, sur del Brasil) un profundo sentimiento de suspicacia y recelo hacia la poderosa ciudad-puerto”(2).

(2) Andrés Cisneros; Carlos Escudé y otros (1998). “Historia general de las relaciones exteriores de la República Argentina (desde los orígenes hasta el reconocimiento de la independencia formal)”, p. 118 volumen 2, Cap. 6. Buenos Aires. Nuevohacer / Grupo Editor Latinoamericano.

La Junta de Buenos Aires cometió el error de querer mantener su privilegiada posición colonial con medidas económicas, políticas y militares. Los paraguayos reaccionaron en masa ante esta pretensión.

En un artículo publicado en La Gazeta el 6 de Marzo de 1812, Bernardo de Monteagudo criticó a la Junta e indirectamente a Cornelio Saavedra por esta actitud:

“Se instaló el 25 de mayo de 1810 la primera junta de gobierno: ella pudo haber sido más feliz en sus designios (...) si en vez de un plan de conquista se hubiera adoptado un sistema político de conciliación con las provincias (...) el Paraguay hizo en mi opinión la resistencia que debió y ha acreditado hasta el fin que conoce su dignidad: el quiere vivir confederado y no sujeto a un pueblo (Buenos Aires) cuyos derechos son iguales”(3).

(3) Bernardo de Monteagudo, artículo La Gazeta, 6/3/1812 en: Javier A. Garín (2013). “El discípulo del diablo: vida de Monteagudo, idéologo de la unión sudamericana”, p. 119, segunda edición, Buenos Aires. Editorial Dunken.

Dos años más tarde, Belgrano agregaría:

“A la salida del doctor Castelli, coincidió la mía, que referiré a continuación hablando de la expedición al Paraguay, expedición que sólo pudo caber en unas cabezas acaloradas que sólo venían su objeto y a quienes nada era difícil, porque no reflexionaban ni tenían conocimientos”(4).

(4) Belgrano, Autobiografía, en: Mario Belgrano (1944). “Historia de Belgrano”, p. 8, Buenos Aires. Espasa-Calpe Argentina S.A.

Tanto Cabañas como Yegros, ricos hacendados y yerbateros, sabían que tras la expulsión de Belgrano se podían iniciar los cambios políticos que se estaban dando en diversas partes de América y al mismo tiempo librarse del yugo económico de Buenos Aires, postergados por la misión Espínola y Peña, las acciones políticas y económicas, el ultimátum y finalmente la invasión.

Por otro lado, la acción militar de la Junta de Buenos Aires fue utilizada por determinados sectores del Cabildo de Asunción para justificar un pedido de “ayuda” a los portugueses que pretendían incorporar la provincia a la Corona de Carlota Joaquina.

Y fue este nuevo peligro el que provocó que el 14 de Mayo de 1811, el Gobierno de Velasco y Huidobro fuera intervenido con el agregado de dos consocios hasta la realización de un Congreso.

Ese Congreso destituyó a Velasco y Huidobro y estableció una Junta de cinco miembros que de inmediato reiteró a Buenos Aires su decisión de autogobernarse.

- La historiografía sobre la expedición militar al Paraguay

En general la historiografía paraguaya consideró a la expedición militar como una invasión conquistadora basándose en las Instrucciones dadas a Belgrano y en los Oficios enviados por éste a la Junta de Buenos Aires el 16 de Diciembre de 1810; el 24 de Enero, 31 de Enero y 14 de Marzo de 1811, en los que manifestó que ése era su objetivo.

La expresión “conquista del Paraguay” apareció varias veces y los paraguayos, ahora en calidad de enemigos, fueron definidos como “salvajes” a los que sólo se “pueden convencer a fuerza de balas”(5).

(5) Blas Garay (1897). “La revolución de la independencia del Paraguay”, pp. 52-53, Madrid. Est.tip. de la viuda e hijos de Tello.

Por su parte, la tradicional historiografía argentina dedicada a las “guerras de la independencia” la consideró como libertadora o auxiliadora. Esta corriente historiográfica se constituyó -desde 1887 y durante un siglo- en un compartimento casi estanco, con pocas variaciones en los esquemas de análisis.

En la primera mitad del siglo XX Ricardo Levene, director de la obra colectiva “Historia de la Nación Argentina” de la Academia Nacional de la Historia, encomendó catorce de los quince capítulos relacionados con el conflicto por la independencia a militares historiadores, influenciados por la historiografía mitrista.

El coronel Leopoldo R Ornstein fue el encargado de escribir sobre la expedición militar al Paraguay. En su análisis del juicio a Belgrano justificó a Velasco y Huidobro diciendo que lo único que pudo hacer fue “defender su provincia contra una invasión de fuerzas porteñas” y responsabilizó a la Junta de Buenos Aires de los resultados obtenidos “de manera que era ésta, en pleno, la que debió ser sometida a juicio y no (Belgrano)”(6).

(6) Leopoldo R. Ornstein (1970). “El proceso al general Belgrano por el fracaso de la expedición al Paraguay”, pp. 262-264. Investigaciones y Ensayos - Academia Nacional de la Historia.

Medio siglo después -en 1999- en la actualización de la misma fue nuevamente un militar, el general de brigada José Teófilo Goyret, el encargado del rubro guerra de la independencia(7).

(7) José Teófilo Goyret. “Huestes, milicias y ejército regular”, en Manuel Chust (2007). “Debates sobre las independencias iberoamericanas”, Madrid. AHILA-Iberoamericana-Vervuert.

Estos militares historiadores consideraron la guerra como una consecuencia de la revolución de Mayo de 1810, es decir, un conflicto por la independencia de la dominación española:

“El objetivo político de la Revolución, hecha a nombre de Fernando VII (era) (...) propagar la insurrección a los límites naturales del Virreinato, para luego extenderla a todo el continente sudamericano. A esta concepción obedecieron la primera expedición del Alto Perú, la enviada al Paraguay y la campaña de la Banda Oriental”(8).

(8) Emilio Loza (1939). “La guerra en la frontera norte. Yatasto, Tucumán y Salta”, p. 492. El Ateneo, Buenos Aires, “Historia de la Nación Argentina 4 (1, Cap. XIII).

Según el mayor Emilio Loza, la reacción española (o el “plan realista”) consistió en “apagar el foco revolucionario del Río de la Plata”

En 1946, el historiador Enrique de Gandía presentó una interpretación diferente a este paradigma en los estudios historiográficos y los textos escolares. Basándose en los actores principales de aquellos sucesos y en las Memorias de Tomás de Iriarte, Gandía definió a los conflictos que se suscitaron a partir de Mayo de 1810 como una “guerra civil” y no como expediciones “libertadoras”.

Partió de la base de que la “Revolución de Mayo” había sido un “cambio de gobierno”, “un acto de inmensa adhesión a España y Fernando VII” y no un levantamiento “contra un orden existente”(9).

(9) Enrique De Gandía (1972). “La revisión de la Historia Argentina”, p. 193, volumen 4 de la Colección Argentoria, Buenos Aires. Colmegna.

Esta idea no era nueva. La había sostenido Juan Manuel de Rosas -contemporáneo de los hechos- en su discurso del 25 de Mayo de 1836 y publicado a partir de 1843 -reiteradas veces- en La Gaceta Mercantil(10).

(10) Avellaneda, pp. 98-99 (2003).

Con motivo de la conmemoración del 150 aniversario de la Revolución de Mayo -en 1960- el coronel Félix Best publicó la “Historia de las Guerras Argentinas”, en dos volúmenes(11).

(11) Enrique De Gandía (1972). “La revisión de la Historia Argentina”, p. 193, volumen 4 de la Colección Argentoria, Buenos Aires. Colmegna.

En el capítulo dedicado a la campaña al Paraguay mantuvo los mismos lineamientos realizados por Ornstein dos décadas antes: breve detalle de las causas, descripción del teatro de operaciones, composición de los ejércitos, itinerarios, alternativas de los enfrentamientos entre “patriotas” y “paraguayos” y las consecuencias fundamentalmente militares.

El novelista paraguayo Augusto Roa Bastos, en su novela “Yo el Supremo”, menciona la expedición militar de la siguiente manera:

“Por aquel entonces vino Manuel Belgrano al frente de un ejército. Abogado, intelectual, pese a su profunda convicción independentista, vino a cumplir las órdenes de la Junta de Buenos Aires: meter por la fuerza al Paraguay en el rodeo vacuno de las provincias pobres. Vino con esas intenciones que en un primer fermento debió haber creído que eran justas. Vino Belgrano acalorado por ese vino de imposibles. Como en otras ocasiones, vino acompañado, él también, por esa legión de malvados migrantes (referencia a los paraguayos Machain, Cálcena, los hijos de Espínola y Peña); los eternos partidarios de la anexión, que sirvieron entonces, que servirán después como baqueanos en las invasiones a su Patria. Vino hecho vinagre”(12).

(12) Circular perpetua en: Augusto Roa Bastos (1974). “Yo el Supremo”, p. 114, Buenos Aires. Siglo XXI - Argentina Editores S.A.

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