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La Asamblea Constituyente de 1813

- Inauguración de la Asamblea

El segundo Triunvirato surgió del movimiento popular del 8 de Octubre -dirigido por la Logia Lautario- y que los sublevados exigieron la convocatoria de una Asamblea General a realizarse en el término de noventa días. Cabe recordar que desde la Semana de Mayo se venía exigiendo la tan anhelada Asamblea.

A fines de Octubre de 1812 el Gobierno publicó el Reglamento de convocatoria, el cual establecía la forma de elección de los diputados. Estos sería cuatro por Buenos Aires, dos por cada capital de provincia y uno por cada ciudad dependiente de las últimas.

Fue exceptuada Tucumán -dependiente de Salta- quien pudo enviar dos diputados por el apoyo de su población al ejercito de Belgrano. Ningún representante podía tener limitaciones a sus poderes.

El 31 de Enero de 1813 la Asamblea General Constituyente inició sus sesiones en el antiguo edificio del Consulado.

El triunviro Juan José Paso pronunció el discurso de apertura y a continuación fue elegido presidente Carlos María de Alvear -representante de Corrientes- y secretarios los diputados por Buenos Aires, Hipólito Vieytes y Valentín Gómez, este último sacerdote(1).

(1) La Asamblea inauguró sus sesiones con los siguientes diputados: Carlos María de Alvear (Corrientes), Mariano Perdriel (Santiago del Estero), Juan Larrea y Gervasio Antonio de Posadas (Córdoba), Fermín Sarmiento (Catamarca), Vicente López, Hipólito Vieytes y Valentín Gómez (Buenos Aires), Francisco Argerich (Luján), Antonio Valle (San Juan), Ramón Balcarce (Tucumán), José Ugarteche (La Rioja), Pablo Vidal (Jujuy), Bernardo Monteagudo (Mendoza), Agustín Donado (San Luis), José Agrelo y José de Moldes (Salta). // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

La primera disposición fue un decreto de diez artículos a través de los cuales asumió la “representación de la soberanía”, decretó la inviolabilidad de sus diputados y confirmó en el Gobierno a los miembros del segundo Triunvirato, hasta que ella “tenga a bien disponer otra cosa”.

La Asamblea del Año XIII hizo público el ideal de independencia cuando asumió el ejercicio de la soberanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata y aunque no llegó a dictar una Constitución -a pesar de su denominación “Constituyente”- tomó varias disposiciones que equivalían a haberla promulgado.

- Las dos tendencias en el seno de la Asamblea

La Logia Lautaro -unificada con la Sociedad Patriótica- sostenía dos principios fundamentales: declarar la Independencia y dictar una Constitución republicana(2).

(2) Conviene recapitular la acción de los grupos políticos hasta esa época. En la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentáneamente los últimos y se produce la incorporación de los diputados del Interior y la formación de la Junta Grande.
La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de Abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el primer Triunvirato -de marcada posición porteña- quien envía de regreso al Interior a los diputados provinciales. En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro con sus principios Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del Gobierno y apoyan al segundo Triunvirato, cuyos miembros -al subir al poder- reúnen la Asamblea del Año XIII para cumplir con los designios de la Logia: Independencia y Constitución. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Después del movimiento del 8 de Octubre dos tendencias se vislumbraron dentro de la Logia que luego se hicieron presentes en el seno de la Asamblea del Año XIII: San Martín deseaba cumplir con las directivas trazadas por dicha sociedad secreta y bregaba por resolver cuánto antes el problema interno en base a la independencia y a una Constitución.

Por su parte, Alvear consideraba necesario adecuar la situación interna del país a los problemas exteriores: política europea, amenaza portuguesa y probable invasión realista.

Defendía un Poder Ejecutivo representado en una sola persona y a su juicio podían postergarse los dos principios fundamentales defendidos por la Logia.

Según constancias documentales que pertenecieron a José Matías Zapiola (uno de los integrantes de la Logia que mantuvo amistad con San Martín) los diputados de la Asamblea -de acuerdo con sus tendencias- podían agruparse en “alvearistas”, “sanmartinistas”, “acomodaticios”, “teocráticos” e “independientes”. Los primeros no tardaron en constituir mayoría(3).

(3) Los teocráticos -o de marcada tendencia conservadora- no gustaban de las innovaciones y formaban un grupo semejante a los independientes en cuanto a su falta de una posición definida, al margen de cualquier apoyo a otras facciones.
Los alvearistas se hallaban representados -en principio- por seis diputados pero, de inmediato, contaron con la adhesión de los acomodaticios -trece diputados- y en consecuencia formaron un grupo de diecinueve representantes; por su parte los sanmartinistas -cinco en total- no fueron apoyados en sus principios y a su vez su jefe debió alejarse para luchar en San Lorenzo. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

- La Asamblea General y los diputados orientales

Manuel de Sarratea -genio nefasto de la intriga- fue expulsado del Ejército sitiador de Montevideo por sus propios oficiales lo que permitió la incorporación de José Gervasio Artigas y sus tropas al ejército sitiador, ahora comandado por José Rondeau (26 de Febrero).

Enterado de la instalación de la Asamblea General Constituyente en Buenos Aires, José Artigas reunió el 4 de Abril -en las proximidades de Montevideo- un Congreso de representantes de la Banda Oriental, el cual dispuso reconocer a la Asamblea reunida en Buenos Aires siempre que ésta aceptara el sistema político de la “Confederación” y respetara la autonomía oriental dentro de la obediencia a la Constitución que promulgare la citada Asamblea.

Fueron elegidos seis diputados para representar a la Banda Oriental ante la Asamblea General Constituyente.

- Las Instrucciones de los diputados orientales

E1 13 de Abril de 1813 el Congreso reunido en las proximidades de Montevideo impartió varias Instrucciones a los diputados que debían viajar a Buenos Aires.

Sus puntos fundamentales eran los siguientes:

a) Proclamación de la Independencia. El artículo 1ro. dice textualmente: “Pedirán la declaración de la independencia absoluta de estas colonias; que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España”.
b) Gobierno confederativo. “El Gobierno Supremo” de la Confederación sólo se ocuparía de “los negocios generales del Estado” y la Banda Oriental “retendrá su soberanía, libertad o independencia”; además se comprometía a entrar “en una fizme liga de amistad” con las demás provincias “para su defensa común, seguridad de su libertad y para su mutua y general felicidad”.
La Banda Oriental quedaría autorizada -al igual que las demás provincias- a dictar su propia Constitución.
c) Libertad civil y religiosa. Debía proclamarse la libertad civil y religiosa y asegurar -por parte de los Gobiernos- el respeto a la igualdad de los ciudadanos y de los pueblos.
d) Impedir la decisiva influencia de Buenos Aires. El artículo 19no. establecía que la capital de la Confederación se erigiera “precisa e indispensablemente fuera de Buenos Aires”(4).

(4) La lectura de las Instrucciones permite deducir los siguientes conceptos: los anhelos de independencia son muy semejantes a los proclamados años más tarde por el Congreso Nacional reunido en Tucumán. Las bases del federalismo argentino están presentes en el Gobierno de tipo confederativo. La consagración de la libertad civil y religiosa nos recuerda el Acta de la Confederación norteamericana de 1777.
Con respecto al temor e inquina que provocaba el centralismo porteño no sólo fue expresado a los diputados orientales sino que Instrucciones semejantes recibieron los representantes de Tucumán, Jujuy y Potosí; además el deseo de que la capital se situara en lugar diferente a Buenos Aires figura en los dos proyectos constitucionales presentados ante la Asamblea General. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

- El rechazo de los diputados

Los diputados orientales -presididos por Dámaso Larrañaga- presentaron sus poderes en Buenos Aires el 1 de Junio de 1813, ante la Asamblea General reunida en sesión secreta.

La mayoría alvearista que integraba el organismo rechazó el mismo día los poderes de esos representantes, argumentando que los nombramientos se habían efectuado sin llenar los requisitos de forma exigidos por la convocatoria.

El 11 de Junio de 1813 los diputados artiguistas insisten en incorporarse a la Asamblea, pero se les rechaza nuevamente.

Las Instrucciones de esos representantes no respetaban lo dispuesto en el artículo 8vo. del Reglamento de convocatoria según el cual los diputados no podían obrar por comisión(5).

(5) Es evidente que detrás de esa situación legal la mayoría alvearista -que dominaba la Asamblea General- rechazó a los diputados artiguistas porque, de incorporarse, los últimos se sumarían a los partidarios de San Martín, de quien Alvear estaba distanciado ideológicamente. // “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Ante la situación creada, Artigas se retiró con sus tropas del sitio de Montevideo (20 de Enero de 1814).

- La obra de la Asamblea

La Asamblea General Constituyente se inauguró el 31 de Enero de 1813 en medio de la esperanza de grandes realizaciones. Sus propósitos manifiestos eran la emancipación y la constitución del Estado.

Los auspicios militares bajo los cuales se constituyó fueron excelentes:

* José de San Martín batió en San Lorenzo (3 de Febrero) a las fuerzas de desembarco de la escuadrilla realista de Montevideo que incursionaba sobre las costas del Paraná;
* Manuel Belgrano derrotó y rindió en Salta (20 de Febrero) al general Pío Tristán, obteniendo la primera y única rendición de un cuerpo de ejército enemigo en batalla campal que registró la guerra de la Independencia.

Bajo estos auspicios, la Asamblea inició una obra legislativa propia del parlamento de una Nación independiente.

* se eliminó toda referencia al rey cautivo;
* se acuñó moneda nacional;
* se estableció el escudo e himno del país;
* se suprimieron los mayorazgos y títulos de nobleza;
* se abolió la Inquisición y las torturas judiciales; y
* se estableció la libertad de vientre para las esclavas.

Todas estas medidas trasuntan el espíritu liberal que presidía la Asamblea.

Sin embargo los objetivos capitales de la Asamblea no se cumplirían:

* ni se dictaría una Constitución definitiva;
* ni se declararía la Independencia.

Muchos factores influyeron en ello y no es el menor el internacional pero, fundamentalmente, la causa del fracaso final de la Asamblea fue que ni ella ni el nuevo Triunvirato ni el Directorio que le seguiría estaban maduros para tan importante tarea.

El nuevo Gobierno carecía de la necesaria unidad de miras y bien pronto se puso de relieve el enfrentamiento de Juan José Paso con los otros dos triunviros.

El espíritu de facción -promovido por el ambicioso Alvear para su promoción personal- hizo presa de la Logia Lautaro que debía haber sido el motor impulsor de las grandes decisiones políticas de la Nación según los propósitos de José de San Martín.

Perdida la unidad de la Logia y ganada finalmente por los alvearistas, el espíritu faccioso se extendió al Cuerpo constituyente que pasó a responder a las tendencias de Carlos María de Alvear.

Podría suponerse que esta suerte de concentración de poder efectivo pudo haber sido el fruto propio de toda conducción política homogénea, aunque su inspiración fuese egoísta.

Pero sucedió que cuando Alvear logró por fin el control total de la situación se vio enfrentado por la peor crisis política internacional que veía la revolución desde su inicio, coincidente con una tremenda crisis militar.

Ante esa delicada coyuntura aquel jefe -que carecía de auténticas condiciones de caudillo, aunque haya sido hábil para las maniobras de partido- perdió la fe en las posibilidades de supervivencia de la revolución, derrotismo que compartió su séquito.

Fue así cómo la Asamblea -que había sido reunida para definir el destino de las Provincias Unidas ante el concierto internacional- terminó convalidando lamentables negociaciones en las que se claudicaban los objetivos revolucionarios y se buscaba el perdón y la benevolencia del rey.

Alvear, que se imaginó ser el caudillo que conduciría con firmeza al Estado hacia sus más grandes realizaciones, iba a concluir en déspota minúsculo derribado por un pronunciamiento militar.

La evolución de la situación militar durante el año 1813 favoreció las aspiraciones de Alvear.

Belgrano había avanzado sobre el Alto Perú y esperaba abrir el camino a Lima por medio de una hábil combinación destinada a rodear al ejército realista, promoviendo la insurrección en el Perú. Pero su plan se frustró en la derrota de Vilcapugio (1 de Octubre) a la que siguió el desastre de Ayohuma (14 de Noviembre).

La noticia de Vilcapugio creó gran desazón y mientras por una parte se disponía reforzar al general vencido, por otra se enfriaron los impulsos de independencia de los asambleístas y del Gobierno que encomendó a Manuel de Sarratea solicitar ante el Gobierno inglés la mediación -rechazada el año anterior- entre estas provincias y el Gobierno español sobre bases razonables para ambas partes (29 de Noviembre).

Ante el desastre de Ayohuma fue evidente la necesidad de reemplazar a Belgrano y dar al ejército vencido un nuevo jefe que restituyera la confianza a las tropas y que tuviera la capacidad de enderezar la situación militar. Ese hombre era San Martín, y a él se encomendó la tarea.

Además de la utilidad militar de su nombramiento, con él se allanaba el dominio de Alvear en la Lautaro, eliminando a su antagonista prestigioso y con ideas bien distintas sobre los fines de la Logia.

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