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La invasión portuguesa y la conspiración de Alzaga

La alianza de Portugal con Montevideo presentaba una amenaza a la estabilidad de la revolución y además a la integridad de los territorios españoles, hecho este último que -en su obcecación- no vieron las autoridades de Montevideo que habían iniciado con su pedido de ayuda a los portugueses una funesta práctica que durante medio siglo complicaría la vida política uruguaya.

La alianza de los portugueses con Gaspar de Vigodet parece haber tenido serias ramificaciones en Buenos Aires, donde habrían estado comprometidos Martín de Alzaga y otros españoles europeos a dar un golpe coordinado con el avance de los portugueses de Diego de Souza y la resistencia de Vigodet.

Martín de Alzaga -la figura más destacada del partido español- elaboró un cuidadoso plan para adueñarse del poder, ejecutar a las autoridades patriotas y establecer un Gobierno que respondiera al Consejo de Regencia de Cádiz.

Los conjurados iniciaron una serie de reuniones en comercios y domicilios particulares y en los últimos días de Junio de 1812 todo estaba preparado para la intentona. El momento era oportuno pues el Triunvirato gobernaba asediado por la oposición y sólo unos pocos efectivos militares defendían a Buenos Aires.

Es muy probable que el complot contara con el apoyo exterior de las tropas realistas de la Banda Oriental y del ejército portugués que aún permanecía en el territorio.

Los antecedentes de Alzaga explican el hecho: partidario de un Gobierno de peninsulares, no podía estar de acuerdo con un sistema donde los criollos mantenían una supremacía total y perseguían con gravámenes y confinamientos a los españoles europeos.

La proximidad de José Manuel de Goyeneche, el desprestigio del Gobierno, la reducción al mínimo de la guarnición de Buenos Aires y el eventual apoyo de Souza y Vigodet hacían posible un golpe exitoso.

Pero a último momento el avance portugués se vio paralizado por la intervención inglesa. Lord Strangford advirtió que la acción portuguesa sobre el Río de la Plata no era ocasional y que conducía a asentar el dominio del príncipe Juan sobre el río, lo que contrariaba los intereses británicos.

Presionó entonces sobre el gabinete portugués para imponer una mediación británica que aquél se vio forzado a aceptar dada la casi dependencia en que se encontraba con respecto a Inglaterra.

El mediador fue John Rademaker quien logró un Armisticio el 26 de Mayo de 1812 por el cual Portugal se comprometía a evacuar la Banda Oriental. La combinación esperada por Alzaga y Vigodet quedaba así desbaratada en uno de sus principales elementos.

- Fracasa la conjuración

El estallido del movimiento sufrió una demora pues Alzaga deseaba que coincidiera con el aniversario de la heroica defensa (5 de Julio); esta actitud fue providencial para los porteños por cuanto permitió reprimir con éxito la rebelión.
En esos días integraban el Gobierno Juan Martín de Pueyrredón, Feliciano Chiclana y Bernardino Rivadavia; la rivalidad entre los dos primeros les hacía no dar mayor trascendencia a los rumores sobre el peligro, pero no sucedió lo mismo con Rivadavia, quien se dispuso a actuar con toda energía.

Varias denuncias llegaron al Gobierno por distintos conductos. La primera información concreta la suministró un esclavo de color llamado Ventura, quien lo comunicó a su dueña, ésta al Alcalde de Barracas y el último al Triunvirato (1 de Julio).

Al día siguiente Rivadavia comisionó a Chiclana para que iniciara la investigación; el 3 de Julio, la comadre de Alzaga confesó que en su propio domicilio los conjurados efectuaban reuniones.

Lo cierto es que el 1 de Julio de 1812 se descubrió fortuitamente en Buenos Aires la conspiración de Alzaga(1).

(1) El Triunvirato actuó rápidamente llevando por delante en su prisa los procedimientos judiciales normales. Fueron detenidos los inculpados y, cuando el Gobierno dio fin a la represión, el 24 de Julio de 1812, había sido fusilado el héroe de la Defensa de 1807 y acusados otros veintisiete. Estas irregularidades han dado lugar a que algunos investigadores de hoy -por ejemplo, Enrique de Gandía- crean que la conspiración no existió en realidad y que fue el resultado del pánico oficial ante el peligro. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce en “Historia de los Argentinos”.

Paralelamente, Belgrano recibía orden de retroceder con el Ejército del Norte hasta Córdoba para evitar un encuentro prematuro con Goyeneche y para cubrir mejor la Capital. Pero ni todas estas medidas ni el comienzo de un nuevo sitio de Montevideo que prometía mayor seguridad fueron suficientes para restablecer el prestigio del Gobierno.

Más aún, un nuevo elemento trabajaba para ponerle fin y reencauzar la revolución americana: la Logia Lautaro.

Descubierta la conspiración, Rivadavia decreta -ese mismo día- la pena de muerte sobre los principales cabecillas. Encabezados por Martín de Alzaga, los miembros del partido español se reunieron para conspirar contra el primer Triunvirato. De triunfar el golpe, pensaban “colgar las cabezas de los patriotas en las verjas de la Pirámide de Mayo”.

Alzaga cambió varias veces de escondite, hasta que finalmente fue apresado en la madrugada del 6 de Julio y ejecutado esa mañana. Un Tribunal creado al efecto ordenó penas de muerte -fusilados y colgados de la horca- condenas a varios años de prisión o confinamientos, según la culpabilidad.

Después del ejemplar castigo y para tranquilizar los ánimos, el Gobierno publicó -a intercesión del Cabildo- una Circular dirigida al pueblo, que comenzaba con estas palabras:

“Ciudadanos, basta de sangre: perecieron los principales autores de la conjuración y es necesario que la clemencia sustituya al rigor de la justicia”.

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