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LAS INVASIONES INGLESAS

- Antecedentes de las invasiones inglesas de 1806 y 1807

Las invasiones inglesas al Río de la Plata en 1806 y 1807 obedecieron a antecedentes lejanos y a causas próximas, que pueden agruparse de la siguiente manera:

- La alianza franco-española
A comienzos del siglo XVIII, la dinastía francesa de los Borbones comenzó a reinar en España y por este motivo la última nación quedó vinculada a Francia, Alianza que se consolidó cuando ambos países firmaron el Segundo Pacto de Familia (1761) destinado a unir sus fuerzas contra Inglaterra.

- La rivalidad entre Inglaterra y España
Cuando la reina Isabel ocupó el trono de Inglaterra (1558), esta nación -de religión anglicana- siguió una política inamistosa contra España, cuyo monarca Felipe II se mostró decidido defensor de los católicos.

Ambos países lucharon en bandos contrarios en las llamadas “Guerras de Religión” y en el siglo XVII -al advenimiento de los Estuardo- la mayoría del pueblo inglés era anglicano fanático, mientras los católicos fueron perseguidos como integrantes de una secta “que debía ser combatida y desterrada”.

- La evolución económica de Inglaterra
El siglo XVIII se caracteriza, en el aspecto económico, por el gran desarrollo de la industria y del comercio. Inglaterra es el país que más se destaca en este proceso evolutivo, debido al incremento de la maquinaria, al empleo de nuevas fuentes de energía y a la aplicación de la fuerza motriz en la actividad industrial.

Diversos factores, entre ellos los avances científicos y el espíritu utilitario de la época, dieron origen a la llamada “revolución maquinista”, que consiguió sus mayores progresos en la industria textil algodonera.

- La decadencia española
El período de mayor florecimiento de España se inicia con los Reyes Católicos, prosigue con Carlos V y culmina con el monarca Felipe II.

Sin embargo, mientras el siglo XVII señaló para la Península una época de grandeza, en la centuria siguiente se inicia la decadencia o agotamiento español.

Este período comienza cuando ocupan el trono los Austrias menores -Felipe III, Felipe IV y Carlos II- reyes incapaces que abandonaron el Gobierno en manos de favoritos.

El advenimiento de los Borbones remedió en parte la situación aunque -a pesar de los esfuerzos de estos monarcas por impulsar el progreso- no lograron devolver a España su anterior grandeza.

La invasión británica convergió sobre el Río de la Plata tanto por la fuerza de los acontecimientos internacionales como por los tejemanejes ministeriales alentados por los precursores. El quehacer de los protagonistas y las líneas del movimiento histórico coincidían y por ello el resultado era inevitable en la medida en que lo histórico puede considerarse inevitable.

Reanudada la guerra entre Inglaterra y España -a causa de la deficiente neutralidad española y el subsidio que España entregaba a Francia en pago de su neutralidad- y derrotadas en Trafalgar las escuadras unidas de España y Francia, la marina inglesa quedó en gran libertad de acción, lo que a su vez hizo posible la puesta en marcha de la tradicional estrategia británica.

Frente a un poder continental que superaba sus posibilidades militares, Gran Bretaña recurría a la estrategia indirecta, ya cultivada por Lord Malborough en el siglo anterior: golpear al enemigo, no en el centro de su poder sino en los puntos más débiles, de modo tal que, sin obtener una victoria decisiva, se mejorase gradualmente la situación estratégica general obteniendo pequeños triunfos y pequeños territorios que hiciesen costosa al enemigo la prosecución de la guerra y ventajosa la posición de Gran Bretaña para las discusiones de paz.

Ya que no se podía golpear al enemigo en la cabeza sin correr el riesgo de recibir de él un golpe fatal, se recurría a golpearle en los pies, de modo que se viera imposibilitado de caminar.

Esta estrategia se combinaba muy bien con las posibilidades de una potencia naval sin rivales, capaz de trasladar sus tropas con mayor o menor secreto de un punto a otro del globo y asestar sobre sus adversarios golpes sorpresivos, que eran a la vez definitivos en el orden local(1).

(1) Esta estrategia, que se expresó en las guerras napoleónicas en las campañas transoceánicas, continuó en la Primera Guerra Mundial en las acciones periféricas, como la campaña del Asia Menor, Gallípoli, etc., y se mantuvo hasta la Segunda Guerra Mundial, mientras Gran Bretaña fue demasiado débil o estuvo demasiado sola para dar batallas decisivas en el teatro europeo: Narvik, Etiopía, Africa del Norte. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

En 1804, la alianza de Napoleón con Carlos IV producía tal suma de poder continental -pese a la debilidad relativa de España- que Gran Bretaña movió sobre aquéllos a las demás potencias continentales para mantenerlos en jaque mientras ella se dedicaba a dar golpes periféricos sobre las posesiones coloniales de las dos potencias aliadas y sus satélites.

Además, el interés comercial inglés coincidía con las perspectivas de esta técnica militar. El mercado europeo estaba cerrado por la guerra y la producción manufacturera inglesa, realizada a nivel de país exportador, necesitaba con urgencia nuevos campos de venta. Los países coloniales constituían un excelente sustituto del mercado europeo.

Todo esto explica que en 1805 el gabinete de Pitt encontrara perfectamente lógico, además de factible, lanzar una fuerza combinada sobre la Colonia de El Cabo, posesión holandesa sometida a la órbita napoleónica.

- Plan de Popham

Cuando el comodoro Home Popham fue nombrado Jefe de las fuerzas navales de la operación acababa de producir su plan en que se expresaba así: “La idea de conquistar a América del Sur está totalmente fuera de cuestión. Pero la posibilidad de dominar todos sus puntos prominentes, de aislarla de sus actuales conexiones europeas estableciendo alguna posición militar y de gozar de todas sus ventajas comerciales, puede reducirse a un simple cálculo, sino ya a una operación segura”(2).

(2) H. S. Ferns. “Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX” (1966), p. 31, Buenos Aires. Ed. Solar-Hachette. El proyecto de Popham no difería básicamente de la actitud que iba a observar posteriormente Gran Bretaña en el Extremo Oriente, donde se aseguraría una serie de bases (Singapur, Hong Kong) desde las cuales dominaría el comercio asiático. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

El Gobierno inglés no había considerado oportuno aún atacar las posesiones españolas por temor a fortalecer la alianza hispano­francesa, pero cuando el comodoro presenció la fácil captura de El Cabo y vio los medios militares disponibles en aquellas regiones, tuvo la audaz idea de llevar a la práctica su famoso Memorándum repitiendo sobre el Río de la Plata la operación realizada en Sudáfrica.

Suponía a la colonia española mal defendida, con una población enemistada con su Gobierno y proclive a los invasores que la liberarían del yugo español. Es evidente que las conversaciones con Miranda habían influido en el ánimo del comodoro.

- Causas de las invasiones inglesas

- Gran Bretaña a la conquista de nuevos mercados
Mientras sus industrias progresaban con rapidez y la marina acrecentaba su importancia, Gran Bretaña debió resolver el grave problema económico surgido de la independencia de sus trece colonias en América del Norte (4 de Julio de 1776) y además del cierre -para su comercio- de los puertos europeos, como consecuencia de las frecuentes guerras contra Francia y sus aliados.

El Gobierno de Londres ambicionó obtener materia prima y ubicar la superproducción de sus industrias en los dominios hispánicos del Nuevo Mundo, pero las trabas comerciales impuestas a estos últimos vedaban toda posibilidad legal.

De tal manera, los ingleses iniciaron en el Río de la Plata un activo contrabando, mientras periódicamente sus naves alarmaban a los pobladores del estuario.

- Las gestiones de Miranda
El patriota venezolano Francisco Miranda recorrió varios países europeos y en 1790 pasó a Inglaterra y expuso por vez primera al ministro Williams Pitt su proyecto de liberación de América hispana con ayuda de tropas expedicionarias británicas. El disparatado proyecto no fue tenido en cuenta.

En 1798, Miranda propuso nuevamente al ministro Pitt un plan de emancipación de las posesiones hispanas, que tampoco llegó a realizarse. Ante la indiferencia oficial, el incansable venezolano fundó una sociedad secreta, con el fin de llevar adelante sus propósitos revolucionarios.

Así surgió la Logia Lautaro, organización de carácter político con ritos masónicos.
En 1804, Miranda reanudó sus gestiones ante el Gobierno de Londres y también se puso al habla con el marino Home Popham, quien luego presentó a las autoridades un “Memorial” en el que aconsejaba una expedición militar a la América del Sur.

El proyecto fue bien recibido por las autoridades británicas, pero no se llevó a la práctica.

- El ataque a una flotilla española
En 1793, España se incorporó a la primera coalición organizada por Inglaterra contra los ejércitos de la revolución francesa. La alianza entre ambos países fue de corta duración, pues en 1795 España optó por abandonar la lucha y firmar la Paz de Basilea.

Al año siguiente los hispanos se unieron a los franceses por el Tratado de San Ildefonso, que provocó una nueva guerra anglo-española (1796-1802).

En el transcurso del conflicto, la Armada hispana fue vencida en la batalla del Cabo de San Vicente (1797) y los ingleses se apoderaron en América de la Isla de Trinidad (desembocadura del río Orinoco).

La guerra concluyó con la Paz de Amiens, firmada en 1802.

La Paz de Amiens fue de breve duración y en 1803 se inició una nueva guerra entre Inglaterra y Francia. Debido al sistema de alianzas, España debía intervenir directamente en favor de la última, pero el rey Carlos IV prefirió firmar con Napoleón -a la sazón Primer Cónsul- un Tratado secreto, llamado “de los subsidios”.

El monarca español se comprometía a entregar seis millones de francos mensuales a cambio de una aparente neutralidad (Octubre de 1803). El Gobierno de Londres no tardó en conocer la Alianza secreta y entonces ordenó a su flota atacar el tráfico comercial de España, sin previa declaración de guerra.

El 5 de Octubre de 1804 una flotilla de cuatro fragatas de guerra españolas fueron atacadas por una escuadra inglesa de igual número de naves pero de mayor armamento(3).

(3) La flotilla española había zarpado del puerto de Montevideo el 9 de Agosto con destino a la Península, a las órdenes de José de Bustamante y Guerra. Las embarcaciones transportaban -además de variado cargamento- cuatro millones de pesos fuertes, en su mayor parte producto de las Arcas de Lima y Buenos Aires. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

El encuentro se produjo en el océano, a unas millas del Puerto de Cádiz. Después de un breve combate resultó hundida una fragata hispana y las tres restantes debieron rendirse.

El atentado motivó que España se uniera con Francia en contra de Inglaterra. En Octubre de 1805, la Armada franco-española fue derrotada por la escuadra inglesa a las órdenes del almirante Nelson en el combate naval de Trafalgar.

El dominio de las aguas quedaba en poder de los británicos.

- Expedición inglesa al Cabo de Buena Esperanza
Con el propósito de asegurar la ruta comercial que llevaba a la India, el Gobierno británico dispuso apoderarse nuevamente de la colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza(4) ubicada al Sur del Africa.

(4) En Septiembre de 1795 los ingleses ocuparon la colonia holandesa de El Cabo de Buena Esperanza pero, en Febrero de 1803, debieron entregarla a sus antiguos poseedores debido a lo dispuesto en la Paz General de Amiens. Inglaterra consideraba a Holanda nación enemiga, por cuanto la última estaba gobernada por el rey Luis, hermano de Napoleón Bonaparte. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Se equipó una expedición de 6.654 hombres de tropa, confiada a las órdenes del mayor general David Baird; segundo jefe era el brigadier Guillermo Carr Beresford.

Una fuerza naval de seis naves, mandada por el comodoro Home Popham, debía escoltar a los transportes durante la navegación y cooperar en la conquista. Una vez logrado su objetivo -cuyo éxito se descontaba- parte de las fuerzas debía continuar para la India.

El Río de la Plata no figuraba en los planes del gabinete británico.

En Enero de 1806 la Armada inglesa atacó la colonia de El Cabo. Luego de una breve pero enérgica resistencia los defensores capitularon: el general Baird asumió las funciones de gobernador civil y militar.

Una vez conquistada la colonia de El Cabo, el comodoro Popham decidió atacar -en un golpe de mano audaz- el Río de la Plata, empresa que consideraba de fácil realización, de acuerdo con noticias recibidas sobre el estado indefenso de los puertos platenses.

Recordó el antiguo proyecto del ministro Pitt tendiente a cooperar con el venezolano Miranda “para alcanzar en Sudamérica una situación favorable al comercio inglés”.

Popham convenció al general David Baird sobre las bondades y escasos riesgos de su proyecto, por lo que el último le facilitó parte de las tropas que se encontraban en El Cabo, las que fueron puestas a las órdenes del brigadier Guillermo Carr Beresford.

- La realización

No fue difícil para Popham obtener del general Baird el aporte militar necesario, el que quedó a las órdenes del brigadier Beresford, compartiendo así los dos jefes -de tierra y mar- el mando militar y político de la expedición.

Esta no contaba con autorización alguna del Gobierno inglés y sólo era para Beresford una operación militar realizada por órdenes de su superior jerárquico pero, para Popham, era la realización genial de los proyectos que había conocido y discutido con Melville, Pitt y Miranda.

Popham nunca se pronunció sobre los propósitos de la expedición: si propendía a provocar una sublevación americana, a constituir un punto de apoyo territorial británico, a ambas cosas o a una simple conquista. Beresford, por su parte, ignoraba los propósitos ulteriores del Gobierno y, tal vez, desconfiando de su colega pidió Instrucciones a Londres al pasar por Santa Elena.

Ya en el mar la expedición, el resultado no parecía difícil a ambos jefes, pese a que sus fuerzas apenas pasaban de un millar y medio de hombres. La circunstancia de hallarse defendida Montevideo por fortificaciones y esperar allí el ataque las autoridades españolas, impulsaron a los jefes británicos a no atacar aquel puerto -que era el obvio pero difícil objetivo militar- sino a desembarcar directamente sobre Buenos Aires, ciudad abierta, desguarnecida y capital política y económica del virreinato.

- Los errores ingleses

Con los medios con que contaban y las informaciones que poseían, la elección no puede considerarse errónea, pero la base del plan consistía en suponer que la división entre los criollos y los españoles era tan marcada que los primeros acogerían a los invasores como libertadores y constituirían el apoyo político de la ocupación. Esta base era un tremendo error y fue la fuente del fracaso británico.

Existía entre criollos y españoles por entonces una rivalidad y desafecto que se expresaba sobre todo en la sensación que tenían los criollos de su desplazamiento -relativo, pero real- de la función pública. Pero esta rivalidad no llegaba al odio ni había adquirido forma de aspiraciones políticas concretas y generalizadas, excepto para una minoría, entre los cuales figuraban los Rodríguez Peña, Castelli, Pueyrredón, Arroyo y otros. Peor que Miranda en Coro, Popham se dirigía al fracaso.

El segundo gran error de la expedición fue no revestir un carácter libertador que habría puesto en marcha a la minoría nombrada. La indefinición en que se debatían los jefes británicos por falta de la debida autorización para el paso que daban, llevó a Beresford a actuar como conquistador del territorio -aunque con toda moderación- y a exigir el juramento de fidelidad al monarca inglés.

Ni criollos ni peninsulares estaban dispuestos a admitir una nueva dominación, menos de quien había sido la secular enemiga de España y era considerada una nación herética. La frase entonces acuñada por Belgrano, “el amo viejo o ninguno”, expresa contundentemente el espíritu de la población de Buenos Aires y explica la solidaridad con que lucharon todos los sectores de su población cualesquiera hayan sido sus diferencias.

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