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La Reconquista de Buenos Aires

- Rendición de los ingleses

El alto honor de reconquistar a Buenos Aires correspondió al francés Santiago de Liniers, quien -de acuerdo con un plan trazado- decidió concentrar toda la acción en Montevideo y avanzar desde allí sobre la capital del virreinato.

Liniers se trasladó a la vecina orilla donde su plan fue aprobado por una Junta de Guerra. La población colaboró con entusiasmo y con el aporte de numerosos voluntarios pudo formarse un ejército de mil trescientos hombres.

Santiago de Liniers fue nombrado Comandante en Jefe de las tropas las que marcharon por tierra hasta Colonia donde -el 3 de Agosto de 1806- embarcaron en una flotilla de transportes, puesta a las órdenes del capitán de fragata Gutiérrez de la Concha.

El destino de los invasores estaba sellado. El 3 de Agosto, infiltrándose a través de las islas del Delta, las fuerzas de Liniers burlaron a la escuadra británica y desembarcaron en Las Conchas donde se reunieron con los voluntarios de Pueyrredón.

El cruce del Río de la Plata se efectuó sin mayores inconvenientes y al día siguiente los expedicionarios desembarcaron en ls proximidades del río Luján (actual Tigre).

Las lluvias demoraron el avance del ejército que, con grandes dificultades, arribó el 10 de Agosto a los Corrales de Miserere y, desde allí, Liniers exigió la rendición de Beresford. La respuesta del último fue negativa.

Demorados por las lluvias, el 10 de Agosto estaban sobre Buenos Aires con sus efectivos multiplicados por la presencia de nuevos voluntarios de la ciudad. El mismo día 10 de Agosto, Liniers avanzó con su ejército y tomó el Retiro, obligando a los ingleses a retroceder en dirección a la Plaza Mayor.

Los jefes ingleses intentaron entonces entrevistarse con Pueyrredón -tal vez para proponer alguna fórmula conciliatoria o hacer promesas a su partido- pero la generalización del fuego en la mañana del 12 de Agosto interrumpió la gestión.

Finalmente el 12 de Agosto de 1806 las fuerzas de la reconquista iniciaron el ataque decisivo. Luego de ofrecer tenaz resistencia, amparados en los muros de la Recova, los invasores se encerraron en el Fuerte. Las fuerzas de Liniers arrollaron a los ingleses hasta el Fuerte, donde Beresford izó la señal de capitulación.

Beresford accedió a izar la bandera española a modo de rendición y luego se trasladó hasta la puerta del Cabildo donde se entrevistó con Liniers para deponer formalmente las armas.

Mil doscientos soldados ingleses debieron rendirse -con armamentos, banderas y estandartes- y sus bajas ascendían a trescientos hombres, entre muertos y heridos. Por su parte, el ejército de la reconquista había perdido unos doscientos hombres. Los vencidos fueron internados en calidad de prisioneros.

- Efectos de la Reconquista. Cabildo Abierto del 14 de Agosto

Como bien se ha dicho, “la victoria fue la única autoridad que se encontró en Buenos Aires el día de la reconquista”. Acéfalo el Gobierno por la ausencia del virrey y desprestigiados muchos militares españoles, era evidente que sólo el pueblo mantenía la gloria del triunfo sobre los ingleses.

Los efectos de la Reconquista de Buenos Aires se hicieron sentir inmediatamente.

El 14 de Agosto se convocó a un cabildo abierto con el fin de asegurar la victoria obtenida, cabildo que pronto adoptó formas revolucionarias, pues el pueblo invadió el recinto y exigió que se delegara el mando en Liniers.

Al día siguiente de la rendición, el Cabildo -de acuerdo con las atribuciones que le otorgaban las leyes españolas- resolvió convocar un congreso general o cabildo abierto para el 14 de Agosto a las 11:00, con el propósito de “afirmar la victoria”.

Fueron invitados cerca de cien vecinos de destacada figuración. Desde la Plaza Mayor, gran cantidad de público siguió con ansiedad las deliberaciones.

La asamblea dispuso comunicar el triunfo a la Corona española y también organizar cuerpos de milicias para defender a Buenos Aires de una nueva invasión inglesa. Los miembros de la Audiencia -presentes en el debate- sostuvieron que esas medidas eran privativas del virrey y se inclinaron por la designación interina de una Junta de Guerra.

En medio de gran alboroto la moción no prosperó y ante la presión popular -que deseaba la destitución de Sobre Monte- los cabildantes otorgaron el mando militar a Liniers y el político a la Audiencia.

Una comisión de tres miembros salió al encuentro del virrey para informarle de lo resuelto y exigir su cumplimiento. Para salvar las formas legales se designó esta comisión para entrevistar al virrey -que por entonces bajaba hacia Buenos Aires- la que obtuvo que éste delegara en Liniers el mando de armas y en el regente de la Audiencia el despacho urgente de los asuntos de Gobierno y Hacienda(1). La comisión, además, recomendó -en cierto sentido impuso- al virrey no entrar en Buenos Aires.

(1) Ricardo Zorraquín Becú. “La Organización Política Argentina en el Período Hispánico” (1959), p. 365, Buenos Aires. Ed. Emecé. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Si bien con este procedimiento la legalidad se había salvado, la realidad política era muy otra: por primera vez la población había impuesto su voluntad al virrey, no sin resistencia de parte de éste. De hecho, puede decirse que la convulsión revolucionaria que culminó en 1810 comenzó con el cabildo del 14 de Agosto de 1806.

Mientras tanto, a comienzos de Agosto, Sobre Monte salía de Córdoba con unos 3.000 hombres en dirección a Buenos Aires. En el trayecto se enteró de lo dispuesto por el cabildo abierto y entonces manifestó su total disconformidad; sin embargo, ante la importancia de los sucesos y hallándose en San Nicolás, el 28 de Agosto delegó el mando militar en Liniers y el político en el regente de la Audiencia.

Además, manifestó que se trasladaría a Montevideo para dirigir la defensa de la ciudad en caso de un ataque británico.

Aunque el cabildo abierto del 14 de Agosto mantuvo el respeto por la alta investidura del virrey es evidente que resolvió suspenderlo en el Gobierno de la ciudad en un movimiento de tendencia revolucionaria, que actuó bajo la decisiva influencia del pueblo de Buenos Aires.

- Organización de las milicias

Otros pasos trascendentales se dieron en Buenos Aires en los días siguientes. Previendo acertadamente que no cejarían los esfuerzos ingleses por apoderarse del Río de la Plata, los voluntarios de la reconquista, con el beneplácito de Liniers, decidieron organizarse en cuerpos militares.

A pesar de la rendición de Beresford, la flota inglesa que obedecía a las órdenes de Popham continuaba merodeando por el Río de la Plata, lo que hacía suponer con fundamento un nuevo y próximo ataque del invasor contra Buenos Aires.

Así nacieron los escuadrones de Húsares, los Patricios y sucesivamente una multitud de batallones uniformados y armados conjuntamente por el pueblo y las autoridades.

Pero lo más importante de la creación de estas fuerzas, más aún que poner en estado de defensa a la ciudad, fue haber creado un nuevo centro de poder: el militar, donde los criollos tenían notoria gravitación.

Los batallones y escuadrones se organizaron por afinidades regionales: los peninsulares crearon los cuerpos de catalanes, vizcaínos, gallegos, etc. y, los criollos, los de patricios, arribeños, correntinos, etc.

Esta organización, típica manifestación del regionalismo que animaba a españoles y americanos, resultó en definitiva funesta para los afanes centralizadores de la Corona pues los Cuerpos criollos constituyeron un poder militar nativo que pronto entraría a rivalizar con sus colegas peninsulares.

Mientras la minoría de precursores procuraba dar una ideología a la futura y mal entrevista revolución -que por entonces no era otra que la ideología del cambio y de un liberalismo indefinido- las autoridades y el pueblo la habían dotado, de común acuerdo e ingenuamente, del instrumento para el poder.

El 6 de Septiembre de 1806, Liniers expidió una Proclama en la que exhortaba a los vecinos de Buenos Aires -comprendidos entre los 16 y 50 años- a incorporarse en diversos batallones, de acuerdo con el lugar de nacimiento.

El pueblo respondió al llamado con gran entusiasmo y en poco tiempo se crearon Cuerpos de voluntarios que estuvieron listos para los ejercicios de adiestramiento. Cabe destacar que los soldados nombraban por mayoría de votos a sus oficiales y éstos a los jefes superiores.

Entre los Cuerpos de infantería integrados por criollos merece especial mención el de Patricios, a las órdenes de Cornelio Saavedra, a cuyas filas ingresaron numerosos jóvenes de destacada actuación posterior, como Belgrano, Viamonte, Díaz Vélez, Chiclana y otros.

La caballería criolla contó -entre varios- con el cuerpo de Húsares, formado por tres escuadrones, al mando respectivo de Juan Martín de Pueyrredón, Lucas Vivas y Ramón Núñez. Los cuerpos españoles se agruparon en Gallegos, Andaluces, Catalanes (o Miñones), Vizcaínos y Montañeses.

En Octubre de 1806, las milicias contaban con unos 8.500 hombres, de los cuales sólo 3.000 eran españoles.

Mientras estos cambios se operaban en Buenos Aires, Londres se veía sacudido sucesivamente por la noticia del éxito de la expedición no autorizada y el impacto de su fracaso final.

El Gobierno whig, que había reemplazado al equipo tory de Pitt, era menos afecto que éste a las ideas independentistas de América y proclive en cambio a la de conquista, la que se vio súbitamente reforzada por la fácil ocupación de Buenos Aires y por las presiones de los comerciantes ingleses que veían en Sudamérica un excelente mercado.

Inmediatamente se despacharon al Río de la Plata grandes cantidades de mercaderías y paralelamente se enviaron tropas de refuerzo a Buenos Aires y se planeó otra expedición para atacar la costa chilena.

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