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La segunda invasión inglesa

- El Gobierno de Londres envía refuerzos

Para consolidar la conquista el gabinete inglés dispuso enviar refuerzos a sus efectivos que operaban en el Río de la Plata; con este propósito, en Noviembre de 1806 zarpó el brigadier general Samuel Achmuty al frente de unos 3.600 hombres.

También se hizo a la vela el contraalmirante Stirling, quien debía reemplazar en el mando al comodoro Popham, destituido por haber abandonado la Ciudad del Cabo -rumbo al Plata- sin órdenes de su Gobierno.

Los ingleses ignoraban la rendición de Beresford; por esto el Gobierno de Londres envió un ejército a las órdenes del brigadier Roberto Crawfurd para que conquistara Valparaíso, en la Capitanía General de Chile.

Sin embargo, al enterarse de la reconquista, el gabinete ordenó a Crawfurd que navegara rumbo al Plata; además, para evitar rivalidades entre este último jefe y Achmuty, se resolvió unificar el mando de todas las fuerzas en el general Juan Whitelocke, designado Comandante en Jefe y quien debía partir cuánto antes a destino. Este zarpó de Inglaterra en el mes de Marzo de 1807, con unos 1.600 hombres.

La fuerza operativa designada para el Río de la Plata comprendía un total de 12.000 hombres, embarcados en veinte naves de guerra y noventa transportes.

- Ocupación de Montevideo

La noticia de la capitulación de Beresford no tronchó las esperanzas británicas y provocó la concentración de los esfuerzos militares en el Río de la Plata. Apoyados en su base de Maldonado y en número de más de 7.000, los ingleses atacaron Montevideo en los primeros días de Febrero de 1807, tomando la ciudad por asalto.

A mediados de Enero de 1807 los ingleses desembarcaron en las proximidades de Montevideo, pues el general Achmuty -con anuencia del contraalmirante Stirling- juzgó oportuno ocupar esa ciudad como operación previa al asalto sobre Buenos Aires.

Enterado de los sucesos, el incapaz Sobremonte envió sus dos mil milicianos para que impidieran el avance del enemigo, pero los bisoños defensores fueron dispersados por la infantería inglesa, la que actuó con el apoyo de los cañones de la flota. Mientras el virrey se retiró a la campaña, los invasores acamparon en los suburbios de Montevideo.

La noticia de la derrota experimentada por los milicianos indignó a la población de la ciudad y, ante el peligro inminente, el gobernador Ruiz Huidobro dispuso la salida de la guarnición, pero las fuerzas de Achmuty volvieron a imponerse.

Los británicos iniciaron el sitio de Montevideo, que se prolongó durante diecisiete días; finalmente, en la madrugada del 3 de Febrero se apoderaron de la ciudad luego de encarnizado combate. Cayeron prisioneros el gobernador Ruiz Huidobro y varios oficiales, entre ellos Rondeau y Balcarce, los que fueron enviados a Inglaterra.

Una vez más el virrey, que circulaba por los alrededores con un fuerte contingente, optó por retirarse, abandonando a su suerte a los defensores. Ya no había Junta de Guerra que le excusara y este hecho provocó una segunda explosión en Buenos Aires.

El 6 de Febrero de 1807, una masa de pueblo reunida frente al Cabildo exigió a voces la deposición del virrey. Se convocó enseguida a cabildo abierto en el que se resolvió pedir a la Audiencia que destituyera a Sobre Monte por incapaz.

Días después, el 10 de Febrero de 1807, Santiago de Liniers convocó a una Junta de Guerra que resolvió destituir al virrey, mantenerlo bajo custodia, entregar a la Audiencia el Gobierno civil y a Liniers el mando militar.

Todas estas medidas tomadas -a espaldas del depuesto y aún de la misma Audiencia- por un Cuerpo municipal y una Junta de Guerra eran totalmente ajenas a la estructura jerárquica del Gobierno colonial y por lo tanto francamente subversivas. No obstante contaron con el apoyo de muchos españoles que juzgaban que el virrey había faltado a sus obligaciones.

En Montevideo, los ingleses aplicaron su ya acostumbrada política liberal, única forma de permitir la tranquila ocupación de la ciudad; dispusieron la apertura del puerto y la libre entrada de las mercaderías británicas.

- Suspensión y arresto del virrey Sobre Monte

La desacertada conducta de Sobre Monte -que por ineptitud había impedido la defensa de Montevideo- provocó indignación en Buenos Aires; el pueblo se reunió frente al Cabildo para solicitar la deposición del virrey.

Intérprete del sentir general fue el Alcalde de primer voto, Martín de Alzaga, quien obtuvo la aprobación del Cabildo para quitar del mando al incapaz gobernante. Enterada la Audiencia, sus miembros dispusieron asumir el Gobierno, previa delegación del virrey. Ante la delicada situación, Liniers convocó el 10 de Febrero una Junta de Guerra destinada a solucionar el problema.

Los presentes votaron por la suspensión y el arresto del virrey, bajo la ficción de que estaba enfermo(1); también dispusieron entregar el mando político a la Audiencia.

(1) Aunque Sobre Monte gozaba de buena salud, los jueces justificaron la deposición de tan alta autoridad en base a una de las disposiciones de las Leyes de Indias (Ley 48, Título 15, Libro 29) la cual autorizaba a quitar del mando a los virreyes que enfermaran. // Citado en “Historia Argentina”, de José Cosmelli Ibáñez. // Editorial Troquel, Buenos Aires.

Una Comisión se trasladó a la Banda Oriental, donde detuvo a Sobre Monte y lo trajo a Buenos Aires(2); en esta forma se había producido -dice Levene- “la primera chispa de la revolución jurídica de la América española”.

(2) Sobre Monte fue internado en el Convento de los religiosos betlemitas hasta fines del año 1809 y, más tarde, remitido a España con un largo capítulo de cargos; por último, fue absuelto en 1813. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

- El desembarco de los ingleses

La caída de Montevideo aumentó los temores por la suerte de Buenos Aires y a la vez los deseos de quienes eran partidarios de la independencia de España para aprovechar esta circunstancia para librarse simultáneamente del peligro de un ataque inglés y del Gobierno de Madrid.

Pocos documentos traducen mejor el estado de ánimo reinante en esos momentos que la carta del teniente Gascón al doctor Echevarría, del 18 de Febrero de 1807, dada a conocer por Williams Alzaga(3):

“Sobre los males domésticos se acumulan las calamidades públicas. ¿Quién podría calcular su crisis? Si no se anticipan los auxilios de España o Francia a los refuerzos de Inglaterra, vamos a ver dentro de poco organizada la independencia como lo está ya bajo su protección la de la provincia de Caracas con su jefe, natural de ella, don M. Miranda ...
“Duplicarán (los ingleses) los bloqueos en Europa y aumentarán los auxilios acá, y resultará o su dominación o la independencia. ¿Y quién soñará que no abrace ésta toda la América como un bien general y único medio de evitar los males que nos amenazan?
“No se necesita ser un profundo político para conocer esta verdad. La distancia tan larga entre España y América hace decaer la esperanza de prontos auxilios como se necesitan a frustrar los que acelerará la Inglaterra. ¿Y quién sale por garante de que ésta, en los tratados de paz, no quiera ya devolver esta alhaja y sea dueña?
“Si la escuadra de doce navíos de Lima y ochenta buques con catorce mil hombres que se está anunciando próxima, sale inglesa, como ya se dice, es negocio concluido por la independencia ...”.

(3) Enrique Williams Alzaga. “La fuga del general Beresford. 1807” (1965), pp. 137-8, Buenos Aires. Ed. Emecé. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Dentro de ese clima, Saturnino Rodríguez Peña se puso al habla con el general Beresford, prisionero en Luján, para interesarle en la emancipación americana, convencerle de que por las armas Gran Bretaña sólo ganaría enemigos en estos países y ofrecerle la libertad si secundaba sus ideas.

El general británico se mostró favorable a estas gestiones y se ofreció a hacerlas conocer al conquistador de Montevideo -general Auchmuty- y al Gobierno inglés. En consecuencia, con la complicidad de varios amigos y el conocimiento del Alcalde Alzaga y de Liniers, Rodríguez Peña hizo fugar a Beresford el 17 de Febrero.

Los Informes de Beresford a Auchmuty y los otros obtenidos por éste, convencieron a este jefe que un fuerte partido criollo deseaba la independencia pero que preferían el dominio inglés al español, siempre que se les asegurara que el país no sería devuelto a España en las tratativas de paz; en caso contrario los ingleses serían siempre considerados enemigos.

Aunque ahora los británicos estaban mejor informados que en su primera llegada, tampoco era cierto que se prefiriese el dominio inglés al español. Lo único en que coincidían los criollos y algunos españoles era en aceptar la ayuda inglesa para declarar la independencia, pero aún esta idea era patrimonio exclusivo de un grupo que -aunque importante por las personas- era reducido en su número.

Más inteligente fue la visión del teniente general Whitelocke, llegado en Marzo como Comandante Supremo:

“Ciertamente el carácter nacional no se ha beneficiado con nuestras primeras operaciones bajo el comando de Sir Home Popham. Todo el sistema parece haber irritado a los habitantes y en lugar de una impresión favorable a Gran Bretaña estoy convencido de que será difícil apartar alguna vez la idea de que todos estos procedimientos estuvieron movidos por el interés individual y no como un gran objetivo nacional.
“Lo digo porque no puedo sino lamentar lo que es demasiado realidad en los hechos: que difícilmente veremos un amigo en el país ...”(4).

(4) John Street. “Gran Bretaña y la Independencia del Río de la Plata” (1967), p. 86, Nro. 158, Buenos Aires. Ed. Paidós. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Dueños de Montevideo y también de la Colonia los ingleses se dispusieron a completar la conquista del Río de la Plata con la toma de Buenos Aires. A mediados de Mayo de 1807 arribó el general Whitelocke, Comandante en Jefe, quien dispuso todo lo necesario para emprender sin demora la expedición aunque debió aguardar el arribo de las fuerzas del brigadier Crawfurd, pues eran insuficientes los efectivos con que contaba(5).

(5) De tal manera se reunió en la Banda Oriental una flota de 20 naves de guerra y 90 transportes, con un ejército aproximado de 12.000 hombres. Whitelocke fraccionó estas fuerzas en cuatro divisiones, que confió a los destacados militares Crawfurd, Achmuty, Lumley y Mahon, mientras la vanguardia sería dirigida por el general Gower. Basados en su mayor poderío y en la superioridad numérica, los británicos anticipaban un segundo triunfo sobre sus adversarios. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Luego de dejar parte de sus efectivos para la defensa de la Banda Oriental, Whitelocke embarcó con unos 9.000 hombres y el 28 de Junio de 1807 sus naves anclaron en la Ensenada de Barragán; allí se inició el desembarco de las tropas, operación que debió continuarse al día siguiente.

- El combate de Miserere

Con los últimos refuerzos llegados, los ingleses reunieron unos 11.000 hombres, o sea, bastante menos que los 15.000 que Auchmuty consideraba necesarios para dominar el país. En Buenos Aires, entretanto, el Cabildo y Liniers -desplegando una febril actividad- reunían 8.600 hombres, de los cuales menos de mil eran veteranos. Los oficiales en su mayor parte habían sido civiles hasta pocos meses antes: hacendados como Saavedra o profesionales como Belgrano.

El 28 de Junio de 1807, Whitelocke desembarcó en la Ensenada con 8.400 hombres y avanzó sobre Buenos Aires. El general inglés sabía que la mejor manera de tomar la ciudad, cuyas casas eran verdaderos reductos, era con artillería pesada, destruyendo las defensas una por una.

Pero las consecuencias políticas de tal técnica para la buscada adhesión a los ingleses hizo dudar al general, como dice Ferns, quien traza además este sagaz retrato: “... puede colegirse que Whitelocke era hombre muy inteligente y de aguda percepción; en verdad demasiado inteligente para obtener éxito, pues vio demasiadas posibilidades en las situaciones a que tuvo que hacer frente. Si era demasiado inteligente era también demasiado falto de confianza en sí mismo”(6).

(6) H. S. Ferns. “Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX” (1966), p. 50, Buenos Aires. Ed. Solar-Hachette. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”.

Esta indecisión llevó a Whitelocke a adoptar el plan de su segundo, Gower, basado en penetrar en la ciudad en columnas causando el menor daño posible. Este plan era militarmente absurdo y políticamente utópico pues los atacados no iban a pararse en similares miramientos.

El 1 de Julio de 1807, la columna británica de vanguardia -al mando del general Gower- avanzó sobre la capital hasta rebasar la reducción de los Quilmes. Por otra parte, ese mismo día Liniers -en temeraria maniobra- salió de Buenos Aires al frente de unos 7.000 hombres para librar combate en campo abierto dejando prácticamente desguarnecida a la ciudad en caso de una probable derrota.

En la mañana del 2 de Julio, Liniers cruzó el Riachuelo y distribuyó su ejército en las proximidades del Puente de Gálvez (en Barracas). La columna inglesa de vanguardia -para eludir el combate- se desvió hacia su izquierda y atravesó el río a dos leguas de distancia, por un vado conocido por Paso Chico. Guiado por el norteamericano Guillermo White -quien colaboró con los invasores- Gower se dirigió con sus tropas hasta los Corrales de Miserere.

Ante la hábil maniobra del enemigo, Liniers se dirigió con parte de su ejército hacia Miserere y allí libró un desordenado combate, a cuyo término las fuerzas defensoras se desbandaron.

Muy desmoralizado, Liniers se dirigió con algunos efectivos a la Chacarita de los Colegiales, donde -según propias palabras- “pasó la noche más amarga de su vida”.

Por su parte, el general Gower decidió no avanzar sobre Buenos Aires -a la que ignoraba desguarnecida- y optó por esperar al grueso del ejército inglés.

Ese 2 de Julio de 1807 Liniers había sido flanqueado por los ingleses y libró un imprudente combate en el Miserere, donde fue dispersado y estuvo a punto de perderlo todo, pero los ingleses sólo atacaron la ciudad el día 5, dando tiempo a la defensa a rehacerse.

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