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La Defensa

Después de la derrota de Miserere todo parecía perdido; sin embargo, y a pesar de la crítica situación, el vecindario de Buenos Aires decidió defender la ciudad del próximo ataque. El Cabildo se declaró en sesión permanente y Martín de Alzaga, el Alcalde de primer voto, encabezó la ardua tarea de organizar la resistencia(1).

(1) En la noche del 2 de Julio comenzaron a llegar los dispersos de Miserere y las tropas que habían permanecido en las proximidades del Riachuelo. Alzaga impartió las órdenes más apremiantes. La Plaza Mayor se convirtió en un núcleo de resistencia y en las calles que convergían hacia ella se levantaron barricadas, protegidas con cañones. La defensa se organizó en base a tres líneas escalonadas. La primera, establecida en la actual calle Lima, tenía por misión anunciar el paso de los ingleses y luego replegarse hasta la segunda línea, que bordeaba la Plaza Mayor por las actuales calles Belgrano, Tacuarí y Sarmiento. En este circuito debía consolidarse la resistencia principal y las casas serían utilizadas como bastiones, pues las azoteas habían sido fortificadas con armamentos. Los vecinos emplearían piedras, agua hirviendo y otros proyectiles. La tercera línea se extendía a una cuadra de la Plaza Mayor y la rodeaban las actuales calles Alsina, Bolívar y Bartolomé Mitre. Allí se abrieron trincheras de seis varas de ancho por cuatro de profundidad, protegidas por cañones. Esta tercera y última línea constituía el número final de la defensa. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Whitelocke arribó a los Corrales de Miserere con el grueso de sus tropas y el 4 de Julio envió a los defensores una intimación, que fue rechazada. Decidió entonces tomar a Buenos Aires, según un plan concebido por el general Gower, quien dividía a las fuerzas atacantes en trece columnas, las cuales convergirían por el norte y el sur, en un movimiento envolvente sobre la Plaza Mayor(2)(3).

(2) El ala izquierda (al norte), que actuaría bajo las órdenes de Achmuty, debía apoderarse del Retiro y la Plaza de Toros. Las columnas del centro dirigidas por Lumley llegarían hasta el río para ocupar la zona comprendida entre la posición anterior y el Fuerte. El ala derecha (sur) a las órdenes de Crawfurd y Pack debía tomar la Residencia. Finalmente las tropas atacantes convergirían hacia la Plaza Mayor para rendir la Fortaleza.
(3) La Residencia -ex propiedad de los jesuitas- estaba ubicada entre las actuales calles Balcarce, San Juan, Defensa y Humberto I. En épocas de las invasiones, allí funcionaba un hospital; actualmente esos terrenos están ocupados por el Patronato de la Infancia. // Todo citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

- El ataque a Buenos Aires

Al amanecer del 5 de Julio de 1807, unos 6.000 soldados ingleses distribuidos en trece columnas iniciaron el avance desde los Corrales de Miserere en dirección al río (de oeste a este).

Los ingleses avanzaron por las calles de Buenos Aires sin hacer fuego y enfrentados no sólo por las tropas sino por los habitantes todos de la ciudad, desde cada casa y cada esquina.

Sin usar las armas -tal era la orden impartida- debían penetrar en la ciudad, cuyas calles, cortadas en ángulo recto, favorecían a los defensores(4).

(4) Al izquierda (Norte): Dos de las cinco columnas de Achmuty penetraron por las actuales calles Charcas y Santa Fe y una vez en el Retiro lograron ocupar esa posición después de hora y media de lucha. También colaboró en el ataque la columna Nro. 13. Las columnas 9 y 10 avanzaron por las actuales calles Tucumán y Viamonte hasta el monasterio de las monjas catalinas, que fue ocupado.
Acción del grupo central: las cuatro columnas marcharon a las órdenes de Lumley. La columna Nro. 5 avanzó por la actual calle Mitre, pero sus integrantes se rindieron a la altura de la calle Maipú.
La columna Nro. 6 bajó por Sarmiento, pero debido a la tenaz resistencia debió entregar sus armas en la actual calle 25 de Mayo.
Las columnas Nros. 7 y 8 avanzaron por Corrientes y Lavalle hasta la casa de Sotocá (más tarde de Anchorena) a la que ocuparon por poco tiempo, pues se vieron forzados a dirigirse al Retiro.
Ala derecha (Sur): estas tropas eran las más aguerridas y se internaron en cuatro columnas. Las columnas Nros. 1 y 2 avanzaron probablemente por las actuales calles San Juan y Humberto I hasta el edificio de la Residencia, que fue ocupado. Los ingleses enarbolaron su bandera en la iglesia contigua de San Telmo.
La columna Nro. 3, a las órdenes de Crawfurd, penetró por Venezuela, y la Nro. 4, de Pack, por Belgrano. Parte de estos efectivos fueron rechazados con fuertes pérdidas por los Patricios, quienes estaban atrincherados en la Ranchería (Perú y Alsina). Algunas tropas inglesas debieron refugiarse en la casa de la Virreina Vieja (Perú y Belgrano).
Las otras fuerzas invasoras, dirigidas personalmente por Pack, abandonaron sus propósitos de acercarse a la Plaza Mayor, en las proximidades de la iglesia de San Francisco.
En un último intento, Crawfurd consiguió ocupar la iglesia de Santo Domingo y enarbolar su bandera en la torre, pero una poderosa columna defensora avanzó por Bolívar y luego de combatir con energía consiguió la rendición de los invasores. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

El resultado fue catastrófico para el invasor que, al caer la tarde, pese a haber alcanzado la mayor parte de sus objetivos, había perdido mil hombres entre muertos y heridos y casi dos mil prisioneros.

Al caer la tarde, los ingleses habían fracasado, pues sólo ocupaban los puntos extremos: al sur, la Residencia, y al norte, la Plaza de Toros, en el Retiro. El núcleo de la resistencia, la Plaza Mayor, permanecía intacto.

Whitelocke optó por entrar en negociaciones y capituló el día 6 de Julio, comprometiéndose a la evacuación de las dos bandas del Río de la Plata.

- La Capitulación de Whitelocke

Ante el curso de los acontecimientos, Liniers envió una intimación a Whitelocke para que evacuara su ejército del Río de la Plata, pero la negociación fue rechazada al día siguiente (6 de Julio).

Sin embargo, y debido a la enérgica actitud de los defensores -que amenazaban con proseguir las hostilidades- el jefe inglés decidió firmar el 7 de Julio el Tratado que ponía fin a la lucha en el Río de la Plata.

Whitelocke se comprometió a evacuar Buenos Aires en el plazo de diez días y Montevideo y demás puertos de la margen oriental en el término de dos meses. En la capitulación, que se cumplió estrictamente, se estableció el canje de todos los prisioneros.

En el transcurso de la lucha los ingleses perdieron unos 2.500 hombres entre muertos, heridos y prisioneros; por otra parte, las fuerzas de Liniers habían sufrido unas 800 bajas e igual número de prisioneros.

La capitulación de Whitelocke provocó hondo pesar en el Gobierno y pueblo británicos(5).

(5) Por orden del rey -fechada el 28 de Enero de 1808- Whitelocke compareció ante una Corte Marcial presidida por el general Medows e integrada por cinco generales, catorce tenientes generales y el fiscal del ejército. El proceso se debatió en treinta y una extensas sesiones en cuyo transcurso ningún testigo declaró favor del acusado. El 24 de Marzo, la Corte Marcial dictó la siguiente sentencia: “La Corte Marcial condena al general Whitelocke a la pérdida del empleo y a que se le declare incapaz e indigno de gozar empleo militar, de cualquier especie que sea, en el servicio de Su Majestad”. La sentencia fue confirmada por el rey. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Al fracaso de los planes de expansión territorial y comercial se sumaba el desprestigio de las fuerzas armadas, vencidas por bisoños adversarios. La indignación se volcó sobre el general Whitelocke, quien -indudablemente- había demostrado manifiesta incapacidad en el curso de los sucesos.

Llegado a Inglaterra, el citado general fue sometido a proceso y finalmente condenado a la pérdida de su grado militar.

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