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COMO LLEGARON LOS HUMANOS A POBLAR EL MUNDO

Durante años los paleoantropólogos y arqueólogos buscaron la respuesta en las únicas pistas que pudieron encontrar: los restos de nuestros ancestros. Pero los huesos y utensilios sólo explican una parte de la historia. El Proyecto Genográfico, en cambio, es la excavación arqueológica de nuestra propia sangre”, dice el el genetista antropológico Spencer Wells(1), director del Proyecto Genográfico(2) de National Geographic e IBM.

(1) Spencer Wells es un genetista y antropólogo estadounidense que utiliza las técnicas y teorías de la genética y la biología evolutiva para rastrear la dispersión geográfica de las primeras migraciones humanas fuera de Africa. Con doctorado y estudios en Harvard y Stanford, como “explorador residente” de National Geographic tuvo la responsabilidad de divulgar la ciencia al público. Habiendo recolectado miles de muestras de sangre de poblaciones indígenas genéticamente aisladas y cientos de miles de muestras de saliva de personas voluntarias en 140 países, el proyecto de Wells ha descubierto que el ADN es una máquina del tiempo y que contiene el más fascinante libro de historia jamás escrito. Su compromiso de estudiar la diversidad genética y el misterio de las migraciones humanas nació cuando estudiaba en Stanford como alumno del célebre genetista italiano Luca Cavalli-Sforza, considerado como el padre de la genética antropológica. Entonces, en 1996, Wells se lanzó a recorrer Asia Central y 25.000 millas de las antiguas repúblicas soviéticas, en toda clase de vehículos, climas y condiciones Poco después, en Africa, el genetista fue en busca de la tribu de los San Bushmen, en el desierto del Kalahari, en Namibia. “Su rama del árbol genealógico humano es la más gruesa, la primera en desprenderse del tronco”, dirá. “Cuando vi a esta hermosa gente entendí que todo lo predicho en su sangre estaba escrito en sus caras: era como observar un rostro compuesto por los rasgos de todas las razas del mundo: la forma del ojo de los asiáticos, los altos pómulos de la gente de Mongolia, la piel de tono mediano, entre clara y oscura. De ellos se desprenden cada color, cada credo y cada nacionalidad de la gente de este planeta”.
(2) El Proyecto Genográfico es un estudio que busca trazar el árbol genealógico humano siguiendo las huellas de nuestros antepasados más distantes.

Lo que antes era terra incognita genética es ahora un documento que está diciendo que todos somos parte de una gran familia; que somos más similares a nivel molecular de lo que nos imaginábamos, a pesar de nuestras diferencias culturales y físicas; y que todas las personas vivas descendemos de un puñado de no más de diez africanos, quienes hace 50.000 años escaparon de la sequía causada por una glaciación.
Sobreviviendo en contra de todas las posibilidades, ese grupo de personas salió caminando a conquistar el planeta. Esta es su historia. Nuestra historia. La aventura más alucinante de la especie humana”, agrega.

Sabemos esto con absoluta certeza porque a medida que nuestro ADN pasa de una generación a la otra, pequeños cambios naturales -al azar y por lo general inofensivos- suceden con el tiempo y se almacenan en nuestros genes.

Estos marcadores genéticos o mutaciones nunca desaparecen. Son como manchas indelebles que se acumulan en un orden particular”, explica Wells. “Y son fácilmente identificables, como pequeños errores de ortografía en la secuencia de cuatro letras de las bases químicas que componen la molécula del ADN, de tal manera que actúan como señalizadores en una carretera permitiéndonos seguir los linajes familiares hasta las ramas más profundas de la genealogía”.

Así, nuestros genes son vestigios de una antigua y preciosa biblioteca que contiene las huellas de la odisea que vivieron nuestros valientes antepasados. Su marcha milenaria dio lugar a las diversas poblaciones del mundo, adaptándose físicamente a su entorno y alumbrando su paso con marcadores genéticos que ahora, gracias a la tecnología, brillan como luciérnagas en la noche.

- Una historia de sexo, aventura y supervivencia

Muy profundo, en el interior de cada uno de nosotros, una historia espera ser contada. Comienza en Africa, con los albores de la Humanidad. Supera sequías épicas y edades de hielo y alcanza su punto culminante sólo cuando llegamos a los confines de la tierra.

Ahora se puede contar esta historia mediante un audaz experimento con el ADN(3) al que se le puede seguir el rastro al recorrido milenario de cada persona viva y revelar cómo nos conectamos todos en el árbol genealógico humano.

(3) El ácido desoxirribonucleico -abreviado como ADN- es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria. La función principal de la molécula de ADN es el almacenamiento a largo plazo de información. Muchas veces, el ADN es comparado con un plano o una receta, o un código, ya que contiene las instrucciones necesarias para construir otros componentes de las células, como las proteínas y las moléculas de ARN. Los segmentos de ADN que llevan esta información genética son llamados genes, pero las otras secuencias de ADN tienen propósitos estructurales o toman parte en la regulación del uso de esta información genética.

Durante siglos se movilizaron multitudes por todo el globo en busca de una vida mejor. El genetista Wells y su equipo han desarrollado la hipótesis de un solo origen, ancestros humanos que se originaron en Africa y que finalmente, se dirigieron hacia el resto del mundo.

El análisis del cromosoma Y es uno de los métodos utilizados en el rastreo de la historia de los primeros seres humanos. Trece marcadores genéticos en el cromosoma Y diferencian las poblaciones de seres humanos.

- Africa

Se cree, sobre la base de la evidencia genética, que todos los seres humanos en existencia descienden de un solo hombre que vivió en Africa hace unos 60.000 años y que ese origen de primeros grupos humanos se puede encontrar en los descendientes actuales de los San, una tribu de individuos que se encuentra en el oeste de Africa Meridional.

Los San son más pequeños que los Bantúes; tienen la piel más clara, el cabello más bien rizado y comparten el pliegue epicanto con el pueblo de Asia Central y Sudeste de Asia, tales como las personas de raza blanca y personas de raza negra.

Africa Meridional y Oriental originalmente fueron pobladas por personas afines a los San. Desde ese momento temprano gran parte de su rango ha sido tomado por los Bantú. Los restos de esqueletos de estos pueblos ancestrales se encuentran en sitios paleolíticos de Somalia y Etiopía.

También hay pueblos en el Este de Africa que actualmente hablan diferentes idiomas pero que sin embargo comparten las características arcaicas de la lengua san, con un repertorio distintivo de sonidos clic y pop. Estos son los únicos idiomas en el mundo que utilizan estos sonidos en el habla.

Estos seres humanos emigraron de Africa y todos ellos llevan una característica genética en el cromosoma Y conocido como M-168 // “haplogrupo CT (Y-ADN)”(4).

(4) Spencer Wells. “El Viaje del Hombre (una Odisea Genética)”, p. 55. Ed. Random House.

- La diáspora africana

La primera ola de migración fuera de Africa se quedó cerca de las costas de los océanos, localizándose una banda a lo largo de las áreas costeras del Océano Índico, incluyendo partes de la Península Arábiga, el Oriente Medio, el subcontinente indio y en el sudeste de Asia, hacia abajo, en lo que es ahora Indonesia para, finalmente, llegar a Australia.

Esta rama de la familia humana ha desarrollado un nuevo marcador “M-130” // “haplogrupo C (Y-ADN)”.

Esta primera ola parece haber dejado las personas de piel oscura a lo largo de su trayectoria, entre ellos grupos aislados de personas de piel oscura en el sudeste de Asia, como la población aborigen de las islas Andamán (a unos 400 kilómetros de la costa oeste de Tailandia), el “Semang” de Malasia y los “Aeta” de la Filipinas.

La segunda ola de migración tomó un curso más hacia el norte y la división se produjo en algún lugar de lo que hoy se llama Siria para barrer hacia el interior de Asia, donde se divide varias veces más en Asia Central, al norte de Afganistán.

Los linajes que desembocaron en Asia Central llevan M-9 // “haplogrupo K (Y-ADN)”, al que se añadieron otros marcadores después que las rutas de migración se dirigieron en varias direcciones diferentes de Asia Central.

De Asia Central un pequeño grupo migró hacia el nordeste. Estos fueron los “Chukchi”, algunos de los cuales aún viven un estilo de vida nómada. Un grupo aún más pequeño -que se estima en no más de 20 “chukchis”- cruzó lo que ahora es el Mar de Behring hace aproximadamente 13.000 años durante el último período glacial y emigró a América del Norte. Ellos son los antepasados de los nativos americanos que, 800 años más tarde, habrían llegado hasta América del Sur.

Se cree que la diáspora africana que había comenzado hace unos 50.000 años, sufrieron muchos cambios que los diferencian de los seres humanos que quedaron en Africa. Las tendencias genéticas reportados involucran a los seres humanos que salieron de Africa y sus historias genéticas.

La diversidad que se encuentra fuera de Africa puede muy bien haber sido acentuada ya que las poblaciones que migran a nuevos terrenos de caza incluye individuos que rara vez han tenido en movimiento hacia atrás en regiones previamente establecidas.

Pero dentro de Africa el aislamiento geográfico habría sido ayudado principalmente por el desierto del Sahara, dejando a la gente en las áreas no separadas por el desierto para viajar y emigrar con relativa libertad.

- La idea es saber cuál ha sido el viaje de la Humanidad a lo largo de la tierra

La genealogía permite seguir el rastro en cuatro o cinco generaciones hasta un tatarabuelo quizás. Podemos retroceder unos cien años. Pero esto, que estudia ahora la genética, se trata de los antepasados más remotos(6).

(6) Una persona, si la llevamos unos 200 años atrás, tiene dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos; unas diez generaciones encontramos 1.024 antepasados.

Con suerte sabemos dónde vivieron nuestros antepasados más próximos, pero la genealogía permite ahora seguir el rastro en miles de generaciones atrás.

La muestra de la mejilla es una forma de entrar en el libro de historia del ADN que todos llevamos dentro. Toda esa información tiene que copiarse en cada generación para pasar a los hijos, a los nietos y a los bisnietos. Llevamos por lo tanto una especie de documento histórico genético continuo que se remonta a través de las generaciones, decenas, centenas, miles de años atrás.

No importa de dónde seamos oriundos ni cuáles sean nuestras diferencias físicas. Si miramos hacia atrás, hacia las raíces del árbol genealógico humano, encontraremos que todos estamos relacionados. Descendemos de un pequeño grupo de Homo sapiens que surgió en Africa hace unos 200.000 años.

La gente salió de Africa mucho después, cuando los tiempos difíciles o las mejores oportunidades los incitaron a partir. Los linajes de sus antepasados se desviaron y tomaron diferentes rumbos alrededor del globo.

Es divertido descubrir cómo somos diferentes sin serlo”. Creo que ninguno de nosotros espera que quede algo en nuestra sangre que nos remonte hasta nuestro linaje indígena. Sería muy interesante saber si esto es posible.

Nuestros antepasados se adaptaron a diferentes climas y como resultado los seres humanos están ahora entre las especies del planeta con mayor variación física, pero las apariencias pueden ser engañosas.

Somos indénticos a nivel genético. Si observamos la secuencia de ADN de la persona promedio y la comparamos con la de otra persona no emparentada, son 99,99 % idénticas. Tez blanca, morena; cuerpo grande, pequeño; cabello crespo, liso; ojos castaños, azules o negros. Minúsculos cambios genéticos originan todas nuestras diferencias.

- El sexo

Ahora bien, lo que complica el panorama es el sexo. El ADN viene en los cromosomas y los cromosomas vienen en pares y cuando el cuerpo produce un espermatozoide o un óvulo los dos cromosomas emparejados se recombinan, intercambiando grandes trozos de ADN.

Por eso es que el cromosoma Y es el consentido de la antropología genética: a diferencia de todos los demás, el Y no tiene un compañero igual a él, sino que está emparejado con un X, así que prácticamente no intercambia ADN con éste.

Los hombres heredan un cromosoma Y de sus padres y un X de sus madres, mientras que las mujeres heredan un X de su papá y otro de su mamá. Como resultado, el Y y todo su contenido pasan intactos de una generación a la otra por los siglos de los siglos.

El cromosoma Y de cada hombre que existe hoy en la Tierra es un 99,99 por ciento igual al que llevaba el ancestro común, ese “Adán” que vivió hace 60.000 años. En el caso de todas las mujeres, los marcadores del linaje femenino están en el ADN de las mitocondrias, que son estructuras especializadas que ‘viven’ fuera del núcleo de la célula. Esas mitocondrias acumulan muchísimas mutaciones y por eso dan una estupenda oportunidad de estudiar el linaje materno.

Entonces, así como existe un “Adán”, hay una “Eva mitocondrial”, una hembra ancestral que vivió en las mismas sabanas africanas hace unos 170.000 años. Esta “Eva” no fue la primera mujer humana, sino la única mujer que sobrevivió -ya sea por suerte o sagacidad- a quién sabe qué catástrofes de la naturaleza, hambrunas o enfermedades. Y todos los seres humanos vivos del planeta podemos trazar nuestro linaje hacia ella.

Para seguir la huella de nuestros antiguos caminos, los científicos estudian el ADN que se mantiene casi igual. En hombres, es un cromosoma Y. Se ha transmitido de padre a hijo durante miles de generaciones y finalmente se remonta a un hombre que vivió en Africa hace unos 60.000 años. Llamémoslo “Adán científico”.

No era el único individuo vivo en ese entonces, pero su cromosoma Y sobrevivió a lo largo de los siglos y todos los hombres vivos hoy día tienen una copia.

Para las mujeres, el ADN viene de estructuras celulares especiales llamadas mitocondrias. Tanto hombres como mujeres las tienen, pero sólo las madres las transmiten. Estas se remontan hasta una mujer que también vivió en Africa hace unos 150.000 a 200.000 años. Llamémosla “Eva científica”. Ella es la raíz más antigua en nuestro árbol genealógico.

En Africa empieza el viaje para todas las personas vivas hoy día. Es una saga épica, llena de giros y sorpresas y comienza donde se inicia la vida. Ella no lo sabe todavía, pero una madre que pare acaba de transmitir a su hijo lo que otras madres han transmitido durante decenas de miles de años: marcadores genéticos que conectan a su hijo al nacimiento de todos nosotros.

No había muchos humanos en ese entonces, viviendo en algún lugar entre el Oriente y el Sur de Africa. Eva y este pequeño grupo de personas abrieron el camino a todos, bebé tras bebé. En todos estos bebes, su ADN sigue siendo un 99,99 % similar.

Para seguirle el rastro a nuestros antepasados desde los primeros bebés a los actuales, los científicos se centran en estudiar el 0,1 % que hace la diferencia por medio de diminutos cambios aleatorios en las bases nitrogenadas: adenina, citocina, guanina y timina que se acumulan en nuestros códigos genéticos y ellos denominan “marcadores”.

Un marcador es un vistazo de una persona que vivió en algún momento en el pasado distante. Si una persona comparte un marcador con otra, comparte un antepasado con una persona que tuvo ese cambio en el ADN por primera vez. No cambia en su apariencia física ni predispone a una enfermedad, ni hace a la persona mejor que las demás.

Hace unos 200.000 años el ADN de la mitocondrias de “Eva científica” sufrió uno de eso cambios aleatorios: una A se convirtió en G; algunas T se convirtieron en C. Ella inadvertidamente transmitió esos cambios a sus hijas y sus hijas a sus hijas, de generación en generación hasta la actualidad.

Igual que un árbol genealógico, los marcadores permiten conectar a las personas a lo largo de la historia. Como su aparición es relativamente regular, los marcadores también sirven como una especie de reloj para calcular la época en la cual vivieron las personas.

Y observando cómo se agrupan los marcadores pueden incluso actuar como mapas de carretera para mostrar de dónde vinieron nuestros antepasados y hacia dónde se dispersaron.

Los científicos llaman “haplogrupo” a estas diferentes líneas de ascendencia de las cuales existen cientos; en conjunto nos dan una línea de tiempo de la migración humana.

 Por ejemplo, el haplogrupo “J” es un marcador (o linaje) relativamente reciente, encontrado comúnmente en Europa. Es el final del camino que llevaron a los antepasados de algunas personas que viven hoy. Un poco más atrás en el tiempo encontramos que la “J” se conecta con la “R” en el Oriente Medio; con la “N” antes de eso y, finalmente, llega a Africa, el único lugar de la tierra en donde todo nuestro ADN converge.

Hay más diversidad en Africa de la que hay fuera de ella, debido a que acumulamos estos cambios genéticos -o marcadores como los llamamos-; eso significa que los africanos acumularon diversidad durante un período de tiempo mayor, por lo tanto nuestra especie se originó aquí.

Y según nuestros relojes de ADN, antes de dar un solo paso fuera de Africa, permanecimos allá mucho tiempo, tanto como 3/4 partes de nuestra historia como especie: unos 140.000 años.

En ese entonces, igual que ahora, típicamente las personas no se mudaban sin tener una razón y los modelos climáticos indican que la vida en Africa debió ser buena para “Eva científica” y muchos de sus descendientes. Exhuberantes sabanas y tierras de pastoreo cubrieron gran parte del continente durante decenas de miles de años. Pero sabemos que las personas no se quedaron en Africa para siempre.

Para descubrir qué pudo finalmente obligarnos a migrar, los científicos comparan el ADN de las personas que salieron de Africa con el de las que nunca lo hicieron, grupos indígenas como los Bosquimano San del sur de Africa.

Se acepta universalmente que los San son la población humana genéticamente diferenciada más antigua del mundo, aunque sus nexos culturales con el pasado se mantienen principalmente en aras del turismo. Sus marcadores los conectan con “Eva cientifica” pero se separaron del resto de la Humanidad casi de inmediato.

La genetista de la Universidad de Witwatersrand, Himla Soodyall, PhD, científica destacada del Proyecto Genográfico, estudia los San desde hace más de 20 años. Ella informó a los integrantes de los San -que habitan en el borde sur del desierto de Kalahari- contándoles de su rama muy antigua en el árbol genealógico humano.

“El árbol tienen muchas ramas; y ellas tienen hojas. Al hacer la prueba, sabemos cuál hojas son ustedes”, señala Soodyall. Para esa científica hindú -nacida y criada bajo el apartheid sudafricano- este trabajo fue personal. “Fue un trabajo enriquecedor para mi. Regresar y compartir los resultados con la gente y conocer su entusiasmo; es como un registro de su propio viaje. Varios de ellos dijeron ‘somos personas reales; me siento muy feliz. Ahora pueden decir a sus hijos, y a los hijos de ellos, éste es el árbol de tu madre y de aquí vienes tu’”.

Recientemente Soodyall y el Proyecto Genográfico usaron el ADN de los San para ayudar a determinar algunos de nuestros primeros desplazamientos en Africa. Esta vez compararon los genes de los San con los de otros grupos africanos, como el pueblo que vive unos 2.400 kilómetros al norte de los San, cerca al Serengueti, de Tanzania: los Hadzabe.

Son uno de los últimos grupos de cazadores-recolectores de la tierra; usando esencialmente tecnología muy primitiva para sobrevivir, y en esta forma vivimos durante la mayor parte de nuestra historia.

Los Hadzabe al igual que los San se conectan con “Eva científica”, pero al estudiar las diferencias en sus ADN los científicos revelaron que hace unos 150.000 años nuestra población fundadora se había dividido en dos.

Es la primera rama de nuestro árbol genealógico, el primer desplazamiento humano registrado en nuestros genes: un grupo se convirtió en antepasado de los San; el otro en antepasado de los Hadzabe y de otros frupos africanos y, finalmente, del resto del mundo.

Los linajes que definen a los San en relación con los Hadzabe sólo se unen cerca de la base, prácticamente en la raíz del árbol. Esto se debe a que los San estuvieron aislados de la línea principal de la evolución humana durante unos 100.000 años. Nadie sabe exactamente qué llevó a esta división, pero todas las señales indican hacia el clima.

Ligeros cambios en la órbita terrestre ocasionaron una nueva Edad de Hielo y el clima cambió durante unos 100.000 años. En el Hemisferio Norte significó hielo y frío, pero en Africa representó una implacable sequía.

Algún tiempo después de “Eva científica”, hace unos 130.000 años, nuestra exhuberante cuna de la Humanidad se transformó en desierto. No cayeron lluvias durante miles de años. Muchos científicos creen que los enormes desiertos no sólo fueron una barrera entre los antepasados de los San y los Hadzabe; casi los exterminan de la faz de la tierra.

Estos cambios originaron diferencias, aislaron poblaciones, interrumpieron sus actividades y como consecuencia sufrieron grandes dificultades, entonces, el clima, fue en ese sentido el eje de todo”, dice el biólogo evolutivo y ecólogo Clive Finlayson.

Este período duró miles de años y según los genetistas fue el más desolador de nuestra historia. Asentados alrededor de las escasas fuentes de agua, nuestros antepasados pendían de un hilo. Nadie sabe el tamaño de la población humana inicial, pero con base en la falta de variación genética durante los años de megasequía el número cayó a unas 2.000 personas. Eramos una especie en peligro de extinción.

En sentido literal, nuestra especie se sostenía con las uñas; estábamos al borde de la extinción. De alguna manera estas personas superaron la disminución de la población, de no haber sido así no estariamos aquí. Los estudios climáticos indican que hace unos 70.000 años la sequía en Africa cedió durante algún tiempo.

La evidencia arqueológica revela el surgimiento de herramientas en todo el continente y la genética demuestra el arraigo de nuevos linajes. La población humana creció nuevamente y nunca se detuvo.

- La dispersión por Asia. La salida por el Cuerno de Africa

Pasó el tiempo y un día, hace 50.000 años, los descendientes de esta "Eva" salieron de Africa. Era una pequeña tribu de diez cazadores-recolectores, tal vez algo más inteligentes, más avanzados lingüísticamente y que poseían mejores herramientas que sus otros vecinos homínidos.

No eran los primeros en salir del continente, pero fueron los que supieron sobrevivir. Marcharon hacia la Península Arábiga y, desde allí, se distribuyeron en un abanico de rutas hacia Europa, Asia Central, Australia y China.

Estos antiguos antepasados pronto darían algunos pasos providenciales que cambiarían el mundo para siempre: dejaron atrás a Africa y se dispersaron por toda Asia.

El marcador “M-Star” se encuentra en todo Asia así como en los grupos indígenas de las islas del Pacífico y Australia. No sabemos a ciencia cierta por qué los antepasados de estas personas salieron de Africa, menos aún cómo poblaron las islas del Océano Pacífico. Un clima inhópito pudo incitarlos a buscar lugares más acogedores. Una población en auge pudo agotar los recursos o, quizás, fue lo contrario.

Si estaban bien en ese medio y éste de pronto se ensanchó debido a un cambio climático, esa pudo ser la bomba impulsora que los movió y los hizo dispersar hacia otras partes del planeta”, señala Clive Finlayson.

Hasta hace poco la mayoría de científicos creían que las personas habían salido de Africa por el Norte, atravesando el Sinaí y llegando al Medio Oriente. Pero como esa ruta requería atravesar el desierto del Sahara, muchos ahora miran más hacia el sur.

En el extremo sur del Mar Rojo, Africa está a sólo 28 kilómetros de la Península Arábiga. No se sabe si las personas podían ver el otro lado en ese entonces, pero las aves, el polvo o tal vez algún incendio forestal les hubieran indicado que había tierra allá. Pudieron caminar, nadar o pasar en balsas, pero hace 60.000 años -según indica la Genética- salieron.

Cuando llegaron a la Península Arábiga no había nada que se interpusiera en su camino. Hábiles pescadores encontraron una provisión ilimitada de comida de mar a lo largo de miles de kilómetros. Viajaron por las costas de Irán y Paquistán, bordearon la India y llegaron al sudeste asiático.

Llegaron a Tailandia hace unos 50.000 años pero mientras muchos con su marcador decidieron quedarse ahí, el clima de la época les permitió a muchos otros aventurarse más adelante.

Hoy, kilómetros de océanos separan a Asia continental de las islas de Java, Sumatra y Borneo, pero durante la Edad de Hielo, cuando grandes extensiones de nuestros océanos estaban congelados en los Polos, la tierra era un lugar muy diferente.

En los tibios trópicos los niveles del mar estaban casi 100 metros más abajo. Como resultado, lo que ahora son islas, era una franja continental en ese entonces. Una masa terrestre contínua conectaba Asia con el sur de Indonesia, al norte de Australia. La gente podía caminar hasta Java sin mojarse los pies.

Pero la historia no termina ahí.

Algunos de esos antepasados se quedaron en el sudeste de Asia, pero sus marcadores se encuentran tan lejos como Australia, en personas como los aborígenes. Para llegar allá, aún con los niveles el mar más bajos, tenían que enfrentar uns 70 kilómetros de mar abierto.

La pregunta es: ¿cómo lo hicieron? Quizás estaban pescando en balsas y la corriente los arrastró o pudo ser deliberado. Si se hallaban bajo presiones donde estaban por otras personas o por escasez de comida pudieron intentarlo; tal vez se animaron y decidieron intentarlo.

Ya fuera que partieran en busca de un nuevo continente o que la corriente los llevaran allá, hace unos 45.000 años los hombres modernos llegaron a Australia.

Aunque es tentador pensar en estos viajes como migraciones deliberadas, éste no fue probablemente el caso. Nuestros antepasados no tenían a Australia en mente cuando salieron de Africa. La vida se trataba de oportunidades más inmediatas.

Una generación tras otra se mudaba a nuevas regiones debido a la presión demográfica. Finalmente lo que buscaban era comida. Y este es realmente el incentivo. El individuo que salió del Cuerno de Africa no encontró Australia. Fue tal vez el tatara, tatara nieto de esa persona quien finalmente llegó a ese destino”, señala el cientifico Clive Finlayson.

Es probable que en ese período la gente se mudara sólo unos pocos kilómetros playa arriba de sus padres, pero a lo largo de las generaciones esa distancia aumentó. Aún a sólo dos kilómetros por año la gente podía llegar de Africa a Australia en menos de 10.000 años.

Infortunadamente si quedaron atrás vestigios de esas primeras colonizaciones humanas, están bajo agua ahora, sumergidos miles de años después cuando la Edad de Hielo retrocedió, porque los glaciares se derritieron y los niveles del agua subieron.

- La arqueología antropológica genera dudas

La poca evidencia que tenemos indica que estos antepasados pudieron no ser los primeros en hacer este viaje. Algunas personas tal vez llegaron a Asia miles de años antes. Para esa historia nos remitimos a los bosques pluviales de Sumatra, hace 74.000 años.

El monte Toba hace erupción con una fuerza mayor a millones de toneladas de TNT. Es la explosión más grande de la tierra en los últimos 2.000.000 de años. Arroja miles de toneladas de ceniza a la atmósfera que obstruye la luz del sol durante una década.

Las cenizas de la erupción cubre regiones a 4.500 kilómetros del Monte Toba y aunque la Genética nos dice que la gente no había salido de Africa en esa época, actualmente en India los arqueólogos excavan una historia muy diferente en la misma ceniza que cayó a consecuencia de la explosión: sitúa al ser humano directamente en el camino del volcán Toba.

Las cenizas del Monte Toba sigue siendo un bien de consumo en Kuala Param India. Los aldeanos la extraen para sus usos en esmaltes y abrasivos. Para Michael Petraglia de la Universidad de Cambridge y R. Korisettar, de la Universidad de Karnataka, este es un valioso hallazgo para seguir la línea

Según ellos, se puede probar que había personas viviendo lejos de Africa hace 74.000 años cuando el Monte Toba hizo explosión.

En esta superficie podemos observar el paso del tiempo que son miles de años, y aquí, abajo, podemos observar las cenizas del volcán Toba que se remonta 74.000 años en el pasado”. Las herramientas bajo las cenizas corresponde a un período previo a la erupción. Cualquier cosa por encima fue después de la misma.

Los científicos encontraron herramientas antes y después, “lo cual significa para nosotros que estos grupos humanos sobrevivieron a la supererupción del volcán Toba”, explica Petraglia. El hallazgo es polémico. Las herramientas pudieron pertenecer al Homo erectus o a los Neardentales que llegaron a Asia cientos de miles de años antes, pero estos científicos argumentan que se parecen demasiado a las herramientas humanas modernas encontradas en otros lugares.

Lo que tratamos de demostrar aquí es que un objeto como este encontrado en Africa, fabricado por hombres modernos, es muy similar al objeto que hallamos en este sitio en la India”.

La evidencia convence a Petraglia de que el hombre moderno ya estaba en India por lo menos 14.000 años antes de que los primeros antepasados migrantes de Africa salieran de este continente. Y las fechas pueden no ser contradictorias. “Los genetistas toman su muestra de poblaciones vivas y creemos que tenemos evidencia que para ellos sería casi imposible de obtener a través de esas fuentes”, señala Petraglia.

Si hubo gente que salió de Africa antes de la erupción del Monte Toba, probablemente murieron algún tiempo después o quizás cuando las personas -como los antepasados africanos- finalmente llegaron a India, los grupos se mezclaron y sólo los genes de estos últimos sobrevivieron.

Es como en la mayoría de las guerras; la historia la escriben los ganadores y no los vencidos y debieron existir muchas poblaciones que no vivieron para contar su historia. En las montañas de las Filipinas encontramos pruebas vivientes de la fragilidad de los linajes genéticos", dice Wells.

- En Filipinas

El genetista Spencer Wells y sus colegas entregaron resultados genéticos a un grupo indígena llamado Aeta. Un pueblo de baja estatura, con cabello crespo y de piel morena con una población de unas 20.000 personas.

Ellos siempre han vivido aquí dice Wells-. Hay personas de cabello crespo y de cabello liso”. En 1991, otro volcán, en el Monte Pinatubo (en Filipinas) arrasó muchas aldeas de la región. Los habitantes, en su mayoría, fueron evacuados antes de la erupción. De no haber sido así muchos científicos creen que el volcán Pinatubo hubiera aniquilado parte de la población. Si agregamos a los desastres naturales factores como la pérdida de tierras y la presión que deben asimilar, encontramos que las poblaciones indígenas se reducen en todo el mundo, razón por la cual para el Proyecto Genográfico la recolección de sus ADN es muy urgente.

Cada persona en el mundo lleva parte de esta historia de cómo poblamos el planeta. Estas poblaciones, como los Aeta, llevan relatos especialmente interesantes porque revelan detalles de los sitios a los cuales fueron y se demoraron largo tiempo”, agrega el científico estadounidense. “No se mezclaron mucho; es entonces un vistazo hacia atrás, de un mundo perdido. Los linajes de tipos más antiguos, como los Aeta, cuenta la historia de la colonización de las Filipinas".

Gran parte del ADN antiguo de los Aeta se diluyó a lo largo de los siglos y los científicos todavía escudriñan los detalles, pero parece que sus antepasados siguieron la misma ruta migratoria costera que salieron de Africa.

Caminaron hasta estas islas cuando los niveles del mar estaban bajos y cuando la Edad de Hielo empezó a cader hace unos 11.000 años, quedaron aislados del resto del mundo. Como el clima tropical no debía ser muy diferente al de Africa, sus rasgos físicos casi no cambiaron.

Sin embargo, los que quedaron en las costas de Tailandia cambiaron y parece que ese cambio se produjo por la influencia de otra línea que partió de Africa por el Sinaí.

- La salida de Africa por el Sinaí

Este grupo se desplazó hacia el Este poco después que salieron los que pasaron por el Cuerno de Africa, pero esta vez la salida de Africa fue por el Sinaí, siguiendo luego una ruta terrestre más fría y vivieron en aislamiento en un lugar de China más frío durante miles de años, en donde probablemente se adaptaron al clima extremo de la Edad de Hielo antes de dirigirse hacia el Sur y mezclarse con los humanos que salieron de Africa antes de ellos.

Nadie sabe con certeza por qué los rasgos físicos asiáticos u otros se formaron en ese entonces. La pequeña estatura pudo ayudar a conservar el calor; la nariz -más plana- pudo proteger contra la congelación; un doblez de piel adicional sobre los ojos, llamado pliegue epicántico, pudo reducir el resplandor de la nieve. Hoy encontramos estas adaptaciones en todo Asia, por ejemplo en Manila, capital de las Filipinas.

Es posible que ocurra en unos pocos miles de años en algunas docenas de generaciones, unos pocos cambios genéticos pueden manifestarse en aspectos importantes en los rasgos superficiales”, dice Wells. Y aunque el clima fue el principal factor para alguna de estas adaptaciones físicas, causas más superficiales pudieron ayudar a su difusión.

Eso tuvo relación con una fuerza que Darwin llamó selección sexual; elegimos una pareja que nos parece atractiva, y ese concepto varía en el mundo. A las primeras personas que colonizaron el sudeste asiático, les pareció atractivo estos rasgos particulares”.

Hace unos 40.000 años estos antepasados eran bastante prolíficos y en algún momento cambiaron genes con los antepasados venidos de Africa que pasaron por el Cuerno de Africa. Aunque estos mantuvieon sus marcadores “M-Star”, perdieron sus rasgos africanos. Es un juego de combinación y acople que la Humanidad practicó desde los primeros días en Africa y seguirá utilizando adonde quiera que vaya.

Si bien en estos antepasados salidos por el Sinaí, su ADN -desde luego- se remonta hasta Africa y a “Eva científica”, a diferencia del marcador “M-Star” que se encuentra principalmente a lo largo de la costa sur de Asia, sus marcadores característicos indican que estos pobladores salieron de Africa 10.000 años después de lo antepasados de aquéllos, hace unos 50.000 años.

Por ese tiempo, la Edad de Hielo que cubrió a Europa drenó los océanos y la sedienta Africa tuvo un alivio temporal. La capas de hielo se derritieron, soltando humedad a la atmósfera y la mayor parte del territorio africano reverdeció.

Los antepasados de este grupo tuvieron un exhuberante hogar sahariano. Tenían muchos ambientes de sabana, algo semejante a un Serengueti o un Masai Mara de hoy. Eran lugares maravillosos para vivir y en períodos de mayor humedad, cuando el desierto se convertía en sabana, las poblaciones se desplazaron y se dispersaron.

Con abundancia de agua y comida, las poblaciones de Africa siguieron expandiéndose. La gente podía desplazarse por la sabana más y más hacia el norte de Africa de lo que alguna vez habría sido posible, tal vez siguiendo el Nilo hasta los territorios actuales de Sudán y Egipto y, finalmente, a través del Sinaí a través de Eurasia.

- Chad

Fue la segunda ola humana grande que salió de Africa. En el calor ardiente del desierto del Sahara actual, en la región central de Chad, el equipo Genográfico descubre nuevas y sorprendentes facetas de esta migración.

Están los Tubu, pastores nómadas que ocupan esta región desde hace unos 30.000 años. Pudieron ser las primeras personas que habitaron el Sahara. Por su apariencia física, los Tubu pudieron originarse en cualquier lugar de este continente, pero por sus cromosomas Y, Wells descubre que sus pasados inmediatos no eran africanos, sino del Oriente Medio.

Su ADN indica que nuestra ruta para salir de Africa fue una calle de doble vía. Los Tubu nos enseñan por qué la población se desplazó. No era que quisieran abandonar Africa en su éxodo hacia el Oriente Medio. Sencillamente seguían la tierras fértiles buscando las oportunidades y cuando éstas volvieran a darse en el Sahara, en el norte de Africa, algunos decidieron dar la vuelta y regresar.

El Sahara, seco y sofocante, cubrió las sabanas hace miles de años y no obstante las tormentas de arena, los vientos abrasadores y la temperatura promedio superior a 40° C, los Tubu parecen sentirse en casa. “Los Tubu se adaptaron a este medio inclemente y no sólo sobreviven sino que parecen prosperar en un lugar en el cual la mayoría de nosotros ni siquiera imaginaría vivir”.

Las culturas se han distanciado en muchas formas a lo largo de los milenios, no sólo en su hábitat, sino en su apariencia física, en su alimentación, en su forma de hablar. Hoy la gente habla más de 5.000 idiomas alrededor del mundo. Nadie sabe cuándo ni en dónde recibimos el don de la elocuencia. Casi todos aprendimos a hablar de nuestros padres quienes lo hicieron de sus padres y así sucesivamente. Por esta razón las personas con ADN similar tienden a hablar idiomas semejantes.

Las antiguas lenguas de los San y de los Hadzabe indican que el ser humano pudo haber usado alguna forma básica de lenguaje desde el comienzo, pero hace unos 50.000 años cuando los antepasados que salieron por el Sinaí se dirigían hacia el norte por el verde Sahara, los científicos creen que la Humanidad dio un gran salto hacia adelante.

Herramientas de piedra y hueso, arte y comercio a larga distancia aparecen en los asentamientos arqueológicos en toda Africa, quizás debido al lenguaje. La habilidad para absorber este conocimiento, para recordarlos, para transmitirlo oralmente; el lenguaje, el idioma moderno pudo surgir por esa época. Una cosa es segura: hace 50.000 años grupos de ser humanos modernos se reunían y departían en Africa y en otros lugares.

Muchos de estos antepasados se quedaron en el Oriente Medio en ese tiempo; otros empezaron a abrirse camino hacia el Este a lo largo de una antigua red de sabanas, las cuales se extendían hasta Asia.

Los marcadores del cromosoma Y de este grupo indican que sus antepasados tomaron la “M-9”, salieron del Oriente Medio, llegaron hasta el Himalaya y luego voltearon hacia el sur por la “M-20”. No obstante los grupos de personas que ya vivían allá, aquéllos establecerían la primera colonización importante en India hace unos 35.000 años.

Hay un grupo de esta línea que antes de llegar a India se separaron y se fueron hacia el Norte por la “M-45” hacia las montañas de Asia Central. No parecería un refugio seguro para ninguna criatura, menos para el ser humano, pero cuando estos antepasados llegaron a estos valles helados, hace unos 40.000 años, esto era un oasis. De esta línea devendrá un 50 % de todos los hombres europeos.

- En las montañas de Asia Central

En las montañas de Asia Central, más precisamente en Tajikistán y otros países remotos de la región, Wells descubre que surgió parte del ADN relacionado con gran parte del ADN del resto del mundo.

"Asia Central es una parte fascinante del mundo. Es un crisol. Es el punto de encuentro entre Oriente y Occidente. Eso se ve casi escrito en los rostros de sus habitantes. Parecen mezclados y en algunos casos es muy dificil decir cuál de esta persona parece de Asia Oriental o cuál de esta persona parece europea. Existe una combinación de todo eso y más”, señala el genetista. "Si miramos atrás unos 40.000 años vemos que la fuente de todas esas mezclas fueron registrados en estos antepasados" agrega.

Cuando por primera vez siguieron las sabanas hasta esta región desde el Medio Oriente, el clima fluctuaba entre períodos fríos y períodos relativamente calientes. En cualquier clima estos elevados picos de montaña proporcionaban un recurso continuo y vital: agua. Cuando el tiempo lo permitía, las personas podían aventurarse lejos de su provisión estable de agua y dirigirse a la sabana a cazar. Cuando no, regresaban a su base en la montaña.

Durante miles de años el clima fluctuó entre frío y caliente y esos antepasados respondieron. Empezaron a encontrar técnicas para cazar a estos animales: proyectiles, lanzas que se les podían arrojar desde lejos. Cocieron ropa y construyeron refugios. Literalmente se hicieron más fuertes.

Había cosas a las que debían adaptarse. Era una existencia agobiante, diferente a lo que estaban acostumbrados en Africa, por lo tanto desarrollaron progresos culturales que les permitieron sobrevivir”, señala Wells.

Los cambios fueron más que tecnológicos y culturales; fueron físicos. Bajo estas duras condiciones, la luz solar no era abundante, lo cual significaba que la gente no sólo se hacía más fuerte; necesitaba alumbrarse.

Nuestros antepasados africanos debieron tener piel relativamente oscura. Mucha luz solar es un lugar muy tropical y se necesita de alguna manera proteger la piel del sol”.

La piel oscura actúa como bloqueador solar natural en los trópicos, pero en la tundra de Asia Central, en donde la luz solar es escasa, es una desventaja. Las personas necesitan absorber todo el sol posible para producir vitamina D esencial para la construcción ósea.

Al pasar a latitudes septentrionales y en especial tal vez a la región de Asia Central teníamos que perder parte de esa pigmentación y entonces nuestra piel empezó a aclararse por ese tiempo hace unos 40.000 años”, enseña Wells.

Igual que con todas nuestras otras diferencias físicas, los cambios genéticos responsables de los distintos tonos de color son minúsculos. Un puñado de mutaciones entre más de tres mil millones de letras en el genoma humano forman la base de toda la noción de raza de la Humanidad. “La raza no significa mucho. Las personas son diferentes, pero yo no baso nada en la raza”, señala Wells.

Para todos los problemas ocasionados por la raza, nuestras diferencias no son literalmente más profundas que la piel. Genéticamente hablando la raza no existe. Sin esos minúsculos cambios genéticos -sin embargo- tal vez la raza humana no hubiera sobrevivido en estas latitudes septentrionales y eso significa que posiblemente no hubiéramos existido para poblar el resto del mundo.

Hace unos 35.000 años debido a un período seco ocasionado por una Edad de Hielo, las sabanas de Asia Central se extendieron, la gente entró en las antiguas tierras de estepa persiguiendo a los animales y se alejó cada vez más de su base. Algunas personas se dirigieron hacia Asia Oriental y las Américas, mientras que otras se encaminaron hacia la izquierda y tomaron la ruta que los genetistas llaman “M-173”.

- El hombre moderno en Europa. Los Neardentales

Los hombres europeos -en su mayoría- descienden de este grupo pionero. Estos son los antepasados, fueron los primeros seres humanos modernos que entraron a Europa hace unos 35.000 años y cuando llegaron no estaban solos.

Cuando el hombre moderno llegó por primera vez al escenario europeo tuvo que competir con una especie totalmente diferente: los Neardentales. Estos se establecieron en Europa unos 300.000 años antes de que los primeros antepasados europeos llegaran. Se adaptaron y desarrollaron habilidades para prosperar.

Pero su mundo estaba cambiando. Los neardentales eran más corpulentos que los humanos. Al hombre moderno se le culpa del fracaso de los Neardentales, pero en el extremo más meridional de Europa, en el Peñón de Gibraltar, los arqueólogos encuentran una historia diferente.

Hace unos 28.000 años esas cuevas pudieron haber sido el último baluarte de los neardentales. Son también uno de los últimos sitios en Europa en donde llegó el hombre moderno. Para el Director del Museo de Gibraltar, Clive Finlayson, ese hecho no es ninguna coincidencia:

Este es un lugar muy especial (señalando unas cuevas ubicadas al nivel del mar, en el subsuelo del Peñón). Casi como un Jardín del Edén para los Neardentales. Conocían el paisaje, sabían lo que hacían y eran más hábiles que cualquiera. Es posible que la llegada aquí del hombre moderno fuera tardía porque había otras personas que no eran tan estúpidas como creemos y que los mantenían a raya”.

Mientras el hielo cubría la mayor parte de Europa, llevando a los Neardentales -en los demás lugares- a la extinción, las templadas corrientes del Atlántico que entraban en el Mediterráneo mantenían este punto habitable. La cueva debió ser un lugar de refugio. Al llegar la noche, pudiendo hacer una hoguera a la entrada y dormir detrás, debieron sentirse cómodos y protegidos.

Recientemente el equipo de Finlayson descubrió ascuas de algunas de esas antiguas hogueras las cuales implican que Gibraltar no fue un Edén neardental para siempre; una hoguera fue prendida por un neardental una noche, hace 28.000 años; la otra por el hombre moderno, 4.000 años después.

Este nivel color claro café hacia abajo representa la ocupación de los Neardentales. Vemos fragmentos de carbón vegetal que saltaban de las hogeras encendidas por ellos. La zona más oscura hacia arriba, más reciente, marca la presencia del hombre moderno. Aparte de cualquier otra cosa, lo que esto muestra es que no podemos culpar al hombre moderno por la extinción de los Neardentales poque aquí, por lo menos, nunca se vieron, nunca se conocieron”.

Para encontrar al culpable, nuevamente volvemos al clima.

Las herramientas encontradas aquí revelan que los neardentales no estaban menos avanzados que el hombre moderno, pero mientras desarrollaron lanzas corrientes para cazar en una Europa templada y húmeda, los humanos habíamos desarrollado proyectiles de largo alcance en las estepas heladas de Asia Central.

Cuando los antepasados del hombre siguieron ese clima frío y seco, tenían la ventaja. En resumida cuenta todo se debió a la casualidad, porque ¿qué hubiera ocurrido si el clima en vez de enfriarse, se calentaba? Bueno, con el mayor respeto es que posiblemente hoy en día en vez de nosotros estarían hablando los neardentales de la extinción de los otros individuos”, señala el científico.

En un período de pocos miles de años después de nuestra llegada a Europa, los neardentales se extinguieron mientras que el clima, una vez más, le permitió al hombre moderno prosperar. Y estos nuevos inmigrantes europeos crearían cosas que los neardentales nunca crearon: obras de arte que todavía hoy causan asombro.

- La llegada a América

Para entender como llegaron los primeros americanos, tenemos que ir hasta Asia Central y retroceder unos 40.000 años, en donde un grupo tomó la “M-173” -hacia el Oeste, hacia Europa-, mientras que el marcador mitocondrial de este grupo se dirigió hacia el Este.

A lo largo de decenas de miles de años el marcador “B” y otros marcadores como “A”, “C”, “P” y “X”, tomaron la ruta “M-242” del grupo cromático Y, y fueron los primeros en colonizar la mayor parte del Asia Oriental.

Pero hace unos 20.000 años algunas de estas personas empezaron a recorrer distancias mayores de las que el hombre moderno había recorrido alguna vez. No podemos estar seguros qué incitó a los antepasados -que luego serían americanos- presas migratorias o presiones de población tal vez, pero algo los obligó a afrontar algunas de las condiciones más rigurosas de la tierra.

El motor fue el frío y en ese momento a esta población la acompañó la suerte. No sabían que un día el clima los llevaría a las Américas, pero eso fue lo que ocurrió”, dice Wells.

Hace 18.000 años, con la Edad de Hielo en su tope, capas de hielo de varios kilómetros de espesor cubrían el norte de Eurasia y América. Con el agua congelada en los Polos, los niveles del océano bajaron unos 100 metros, la gente que luchaba por sobrevivir en estas inhóspita tundra podía pasar por tierra desde Rusia hasta Norteamérica sin darse cuenta siquiera.

Estas personas migraban hacia un lado y otro, viviendo su vida entre dos continentes. En algún momento se abrió un boquete en las capas de hielo en Norteamérica, permitiendo la entrada de algunas personas a las Américas”.

Hoy en el mundo científico se debate acaloradamente la fecha en la cual estos antepasados hicieron ese paso. Durante décadas la primera evidencia arqueológica del Nuevo Mundo fueron puntas de lanza de 13.500 años de antigüedad encontrada en Clovis, Nuevo México; se sugiere de que el ser humano cruzó el puente terrestre de Behring hace unos 14.000 años aproximadamente.

Pero un ADN puede llenar algunos vacíos. "Los marcadores nativos se encuentran en todas las Américas, pero sus comienzos se remontan a Asia hace unos 18.000 años. Se originaron en Asia y pasaron a las Américas hace 18.000 años; con nuestros márgenes de error, decimos que esta migración la hicieron hace entre 15.000 y 20.000 años”, enseña Wells.

Eso es por lo menos mil años antes de Clovis, fecha que la más reciente evidencia arqueológica ayuda a confirmar.

En Paisley Caves, en el centro sur de Oregón, el arqueólogo Dennis L. Jenkins, de la Universidad de Oregon, descubrió artefactos humanos poco convencionales.

Buscábamos y esperábamos encontrar puntas de lanzas, evidencia de su tecnología; en lugar de eso encontramos la firma humana perfecta. se llama coprolito y es exactamente lo que parece: una muestra de excremento fosilizada, dejada atrás por uno de nuestros antepasados hace unos 14.400 años. Hay materiales vegetales y animales, pero fue el ADN que encontramos y precisamos como humano que finalmente identificó este espécimen en particular".

Jenkins y su equipo leyeron el ADN y coinciden con muchos marcadores nativos americanos actuales. Junto con otros artefactos, como restos de huesos y animales, los hallazgos de Oregon indican que los antepasados americanos vivían una existencia fructífera en las Américas mucho antes de lo que las puntas de Clovis nos hicieron creer.

- Caminantes sudamericanos

Pero si miramos todavía más hacia el sur, tan al sur como podamos ir, encontramos que pudimos llegar aún más pronto. En una excavación arqueológica en Monte Verde (Chile), rastros de algas adheridos a las palas de herramientas de piedra sugieren que había gente viviendo cerca del extremo sur de Sudamérica hace 14.000 años.

La excavación -situada a 55 kilómetros al Este del Pacífico- revela que los primeros americanos explotaron los recursos costeros como las algas para comida y medicina, respaldando el argumento de que la ruta de Alaska a las Américas no fue por el interior sino a lo largo de la costa.

De cualquier manera, Monte Verde se acepta ampliamente como el emplazamiento más antiguo de todo el Nuevo Mundo, la línea de llegada para la carrera más larga de la Humanidad. Indica que aquellos antepasados viajaron más de 16.000 kilómetros desde el extremo superior de Alaska hasta el extremo inferior de Sudamérica en sólo 1.500 años.

Este fue el fin del viaje más largo que el ser humano ha realizado. Un viaje increible”. Los antepasados que ingresaron por Alaska siguieron desplazándose por las Américas, incluyendo las islas del Caribe como Puerto Rico.

Hace 11.000 años la Edad de Hielo ya estaba retrocediendo. La masa terrestre que unía Rusia con Alaska desapareció en el mar. Los primeros americanos quedarían aislados del resto de la Humanidad hasta la llegada de Colón. Desde 1492 los pueblos latinoamericanos se convirtieron en una compleja mezcla de genes del Viejo y del Nuevo Mundo.

Leyendo los genes de personas que viven entre Etiopía y la Tierra del Fuego descubrimos la ruta de los caminantes que subieron hasta Siberia, cruzaron el Estrecho de Behring y terminaron en las Américas. ¡Vaya viaje! Les tomó 20.000 años. Ahora se sabe que los nativos americanos descienden de los de Asia Central, por lo menos en su mayoría”, explica Wells.

"Los que poblaron Sudamérica tuvieron que darse el viaje más largo. “Esa gente increíble caminó, literalmente, desde África hasta la Patagonia. Estamos en proceso de expandir el muestreo en la región andina, para entender quiénes fueron los pobladores originales de los altos Andes, por qué tomaron esa decisión, de dónde venían y cuál es el impacto del Imperio Inca en esta bandeja genética. Sabemos que los incas movilizaban grandes cantidades de gente en los Andes y queremos saber qué efecto genético tuvo(7), señala Wells.

(7) El muestreo lo están haciendo centros regionales en Ecuador, Perú y Bolivia, bajo la dirección de Fabricio Santos, de la Universidad de Minas Gerais, de Brasil. Existe la posibilidad del muestreo de momias para hacerles análisis de ADN. Si bien esto podría ser políticamente complicado hacerlo, los científicos esperan trabajar con arqueólogos que estudian esas momias, “porque sería fantástico tener esa información para compararla con la de la gente viva”, según señala Wells.

No obstante, Wells advierte que la genealogía genética es una carrera contra el tiempo porque en algún momento, el récord de estas antiquísimas migraciones se habrá desvanecido. "Esparcirnos por el mundo nos tomó docenas de miles de años; hoy viajamos de Johannesburgo a Nueva York en cuestión de horas. Nos casamos entre culturas y países. Y en el proceso, arruinamos las claves genéticas de nuestro pasado", advierte.

Wells abre los brazos enfáticamente. “¡Es como si construyeran un aeropuerto encima de una ciudad maya enterrada en la selva! Los arqueólogos se apresurarían a hacer una excavación de rescate, ¿cierto? Bueno, eso es exactamente lo que hacemos ahora los genetistas antropológicos. Vamos a borrar el archivo histórico de nuestros genes justo en el momento en que adquirimos las herramientas para leerlo”, se lamenta.

Y es que la historia está lejos de terminar. Podremos tener una visión del bosque, pero seguimos sabiendo muy poco sobre los árboles. Hemos entrado ahora en la Fase II del proyecto, que consiste en hacernos preguntas muy agudas y específicas. Y traeremos a la mesa los demás componentes de nuestra historia: la paleoclimatología, la lingüística, la arqueología y la paleobotánica, que juegan papeles críticos en la interpretación de este viaje extraordinario de nuestros ancestros”.

- El cambio cultural mundial

Actualmente se da con frecuencia que en una sola persona genes que estuvieron separados por miles de años y miles de kilómetros se reúnen en ella. A medida que el mundo se reduce, personas como éstas se convierten en la norma. Rasgos que se formaron en miles de generaciones desaparecen en unas pocas.

Mientras las barreras culturales siguen cayendo, ahora sabemos que biológicamente estas barreras nunca existieron. Al aproximar personas de todas las diferentes culturas, más parece una enorme reunión familiar.

En resumen: en principio se pueden formar cinco grandes grupos de acuerdo con sus antepasados más recientes. Comenzando con las últimas migraciones y yendo hacia atrás en el tiempo, tenemos:

1.- El primer grupo. Son los descendientes de los primeros habitantes de las Américas; los americanos nativos. Aprenden cómo sus antepasados salieron de Asia por un puente terrestre congelado; bordearon las costas y llegaron al extremo sur de Sudamérica. Son entonces el punto más lejano del viaje humano.

2.- El segundo grupo. Está en el otro extremo del globo. Es el de los europeos. Estos saben que sus antepasados, con su fabricación de herramientas, lanza proyectiles y de su desarrollo artístico finalmente se impusieron sobre los Neardentales.

Los dos primeros grupos convergen en Asia Central constituyendo:

3.- El tercer grupo. Todos compartimos un marcador genético común: un individuo que vivió en Asia Central hace unos 40.000 años. No había europeos, ni americanos nativos, ni personas de Asia Central.

Siguen los asiáticos del Este y del Sur. Un grupo salió de Asia Central para poblar lugares como el sur de Siberia y China y, el otro, fue el primero en viajar por los océanos Indico y Pacífico y llegar a Australia.

4.- Cuarto grupo. Luego se deben unir los de Asia Central y Asia Oriental en el Oriente Medio, como se supone lo hicieron hace unos 50.000 años. Viajando por el Nilo y a través del Sinaí o abriéndose camino por la Península Arábiga, el grupo de Medio Oriente descubre que hace unos 50.000 años sus antepasados estuvieron entre las primeras personas en poner pie en un nuevo continente.

Quedamos finalmente reducidos a dos grupos: los descendientes de todos los que salieron de Africa y de los que nunca salieron.

5.- Quinto grupo. Y luego, hace unos 60.000 años los dos grupos se fusionan en uno. “Bienvenidos a casa”, como dice Wells.

Pasamos 3/4 partes de nuestra historia como especie viviendo solo en Africa. Sólo dos linajes genéticos importantes salieron del continente madre. Muchos nunca lo hicieron. Como resultado, Africa sigue siendo el lugar más diverso genéticamente de la tierra. Es donde todo comenzó. Todos venimos del mismo lugar y eso es una lección para nosotros. Todos somos parientes.

La apariencia física puede cambiar, pero compartimos el mismo ADN. Sin importar lo que creamos, nuestro origen o cómo sea nuestra apariencia física, ahora sabemos que todas las personas de la tierra comparten profundas conexiones.

Todos somos muy similares no obstante los que digamos o hagamos, sin importar el idioma que hablemos: somos iguales. "Creo que todos los problemas que nos creamos: el racismo, las diferencias en religión, el color de la piel y todo lo demás ya no deben importar porque todos somos del mismo lugar. Somos una sola familia, con todos los problemas que eso implica, pero una familia".

Si este experimento muestra algo, es que la familia humana está más conectada de lo que creemos.

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