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PREHISTORIA SUDAMERICANA

La moderna arqueología ha realizado ya suficientes investigaciones en América para afirmar, sin lugar a dudas, que el hombre americano no es autóctono. Es probable que pisara ya suelo americano, penetrando por el Estrecho de Behring 30.000-28.000 años a. de C. No hay dudas que ya estaba aquí 10.000-8.000 años a. de C(1).

(1) Parte de este material ha sido extraído del trabajo publicado en 1985 por Alfredo Vara, en el fascículo Nro. 3 “Corrientes en el Mundo Guaranítico”, de la colección “Todo es Historia”, dirigido por Félix Luna.

Debieron transcurrir varios milenios para que aquellos paleoamericanos, que subsistían gracias a la caza y a la recolección, hallaran la forma de domesticar plantas y animales y generaran tipos de culturas que significaron una verdadera “revolución neolítica”.

Aproximadamente en el 2000 a. de C. se produjeron profundos cambios ecológicos en la región sudamazónica. La selva tropical fue aniquilada y sustituida por una ecología de sabana. Se habrían producido enormes incendios, como consecuencia de prolongadas sequías.

Así, numerosos pueblos de este ámbito iniciaron grandes movimientos migracionales en todas direcciones. Aquellas tribus originarias pertenecían a dos grandes familias lingüísticas: arawak y tupí-guaraní.

Los panós y los jíbaros, de la familia arawak, pobladores de las selvas tropicales limítrofes con los Andes, no necesitaron migrar. En contraste, los tupí-guaraní y los arawak del Sur amazónico siguieron el curso de los ríos de la región para escapar a la catástrofe.

En la zona existe una verdadera red fluvial fácilmente navegable que corre hacia el Norte buscando el Amazonas y hacia el Sur al encuentro del Río de la Plata.

Hacia el 1000 a. de C., en forma autónoma con respecto al resto de los continentes y en puntos de América muy distantes entre sí, comenzaron a surgir culturas agrícolas que pronto extendieron su superioridad por el continente.

En la región amazónica, aproximadamente hace 2.000 años, se habían propagado ya, con una notable uniformidad, que sin duda respondía a las presiones del medio ambiente, unos tipos de cultura basados en el cultivo de la mandioca y el maíz -este último difundido desde el área andina o de la mesoamericana-.

Eran pueblos notablemente adaptados a la vida en la selva, que practicaban cultivos conocidos como horticultura de roza y quema, y combinaban con ella la caza y la recolección como fuentes de sustento. Vivían en aldeas con un gran dinamismo demográfico y enorme capacidad de expansión.

Cada rasgo cultural de estos pueblos respondía coherentemente a la necesidad de adaptación a la ecología más o menos uniforme del gigantesco territorio amazónico.

Hacia el 500 a. de C. llegó una primera corriente de arawak, desplazándose por los ríos Paraná y Uruguay hasta la costa atlántica. Aquellos arawak eran cultivadores de zonas pantanosas y de túmulos artificiales de tierra para poder plantar.

Ellos debieron iniciar ya el desplazamiento de las culturas cazadoras-recolectoras, primitivas pobladoras de las regiones aledañas a la Cuenca del Plata.

Antes de la llegada de los amazónides protoguaraníes, la región estaba difusamente poblada por dos corrientes distintas de cazadores-recolectores nómades.

La primera es conocida como el tipo láguido, de tipo físico melanésido. Ellos estaban extendidos por las sabanas amazónicas: Río Grande do Sul, Santa Catalina y Paraná, todo el Paraguay Oriental y las provincias de Misiones y Corrientes, hasta Entre Ríos. Estos fueron conocidos en tiempos históricos como guayanás.

La segunda corriente es conocida como pámpida, de tipo racial australiano, que comparte sus características físicas con los sioux y comanches norteamericanos.

Se propagaron -ya para el 6000 a. de C.- por todo el Chaco, la Pampa argentina hasta Tierra del Fuego y parte del Matto Grosso. Los maká, los guaycurúes, los charrúas se originaron todos de esta corriente.

Tanto los grupos láguidos como los pámpidos, debido a sus condiciones de cazadores-recolectores nómades, incapaces de formar aldeas estables conectadas entre sí, se encontrarían en inferioridad de condiciones en el choque interétnico que sobrevendría con la llegada paulatina de los contingentes amazónides protoguaraníes.

Recién con posterioridad a aquel contingente arawak que llegara a la Cuenca del Plata alrededor del 500 a. de C., comenzaron a arribar sucesivas oleadas de canoeros ava amazónicos de lengua tupí-guaraní.

- Bibliografía usada por el autor

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