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Nativos que ocuparon el actual territorio de Corrientes

En la historia cultural de las poblaciones indígenas del Nordeste, se puede trazar, como primer momento de nuestro conocimiento, el período que abarca desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII(1).

(1) Este material es un extracto de dos trabajos: en una primera parte, Ernesto J. A. Maeder y Ramón Gutiérrez. “Atlas Histórico y Urbano del Nordeste Argentino” (1994). Ed. por el Instituto de Investigaciones Geohistóricas (CONICET), al referirse al poblamiento aborigen y la conquista española, Resistencia, Chaco; y, en la segunda, del doctor Manuel Florencio Mantilla. "Crónica Histórica de la provincia de Corrientes" (1928), tomo I, Notas Biográficas por Angel Acuña. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla, Buenos Aires.

Esta periodización se basa en las fuentes documentales y bibliográficas y en la evolución de los hechos de aquellos pueblos. A su vez, constituye el enlace entre la prehistoria y los tiempos etnohistóricos.

En este mapa se representa el período comprendido entre la conquista y la culminación de la época colonial, y coincide con el conocimiento de estas poblaciones a través del contacto con los relatos de los conquistadores, cronistas y viajeros, para finalizar con el rico acervo documental dejado por los misioneros que actuaron entre los indígenas.

Algunos hechos significativos han permitido condensar dos siglos y medio en esta cartografía que reproduce, de manera aproximada, la localización de las poblaciones y señala el hábitat preferencial donde se adaptaron las bandas cazadoras-recolectoras y los horticultores de la floresta tropical.

A partir de la ubicación, en el hábitat originario, se suceden los grandes desplazamientos antropodinámicos, como consecuencia de enfrentamientos armados entre los mismos indígenas y búsqueda de nuevos territorios; la colonización y el poblamiento del hombre europeo; la creación de las misiones jesuíticas y el proceso de sedentarización de los indios; y la conformación de las fronteras interiores.

Estos hechos señalan las intensas transformaciones que se producirán a partir de 1750.

En esta época aparecen, tanto en las fuentes documentales como cartográficas, una cantidad de nombres de grupos indígenas. Estas denominaciones han creado apreciaciones muy confusas para su identificación, porque pueden corresponder a su propia autodenominación; a nombres de caciques, bandas o tribus (concepto muy impreciso); lenguas y dialectos; los que recibieron de otros grupos indígenas como por ejemplo, la costumbre que tuvieron los guaraníes de llamar “enemigos” a sus vecinos: Payaguá, Tapuyá, Mashco; o bien, denominaciones que les dieron los europeos, generalmente descriptivas como: Frentones, Barbados, Coroados; o la referencia con términos geográficos.

Esta diversidad de nombres, muchos actualmente fuera de uso, también ha llevado a falsas creencias sobre la cantidad de habitantes nativos en los primeros siglos de la conquista, debido a la duplicación o triplicación de un nombre. Ej.: Enimagá, Macá, Guaná.

Desde el punto de vista demográfico, probablemente alcanzaron su culminación en el siglo XVI y, paulatinamente, comenzaron a declinar ya sea por extinción, disminución o mestizaje. Por otra parte, la densidad de población en la región del Nordeste probablemente fue muy baja, si se tiene en cuenta que el número de integrantes de una banda se estima entre 40 y 100 personas, y los grupos de familias emparentadas de los horticultores de la selva, no superaban los 100 individuos.

Hasta bien avanzado el siglo XVIII, muchas regiones aún permanecían sin explorar, por eso se advierten grandes espacios en blanco, particularmente en la zona tropical. Sin embargo, esto no indica que estuvieran deshabitadas.

Para la identificación de los pueblos, como así también para su localización y distribución en esta cartografía, se ha seguido el criterio lingüístico.

Los nombres aparecen en el mapa dispuestos de modo que indique, aproximadamente, el territorio que abarcaban en sus desplazamientos. En consecuencia, no se ha considerado adecuado trazar áreas y fronteras que los encierren.

Ahora, particularizando lo que es hoy el territorio actual de la Provincia de Corrientes, como el hoy Litoral argentino, estaba poblado por tribus de indios, agrupadas bajo la denominación genérica de Tupí-Guaraní. Al respecto existe entre los historiadores y especialistas una verdadera anarquía de pareceres, pero en lo fundamental coinciden en la identidad de una raza de indios, a la que se denomina Tupí-Guaraní, y que había llegado a estas regiones desde la zona del Brasil.

El territorio estaba poblado por numerosas tribus de diversos nombres, pertenecientes, en su inmensa mayoría, a la gran raza guaraní. El doctor Mantilla comprende en ésta, a los charrúas(2) y sus ramas, por la semejanza sustancial en los idiomas(3), pues aún en el caso de aceptarse el directo origen caribe de los charrúas -lo que no está demostrado-, la comparación filológica de los idiomas caribe y guaraní comprueba la identidad en la estructura de ellos, y ésto autoriza a sostener la procedencia común de dichos pueblos.

(2) Dice Mantilla: cheraruá, él, o lo que me hace daño. De: che, yo; harú, dañoso, contrario. Este significado denuncia que el nombre fue dado por los guaraníes agricultores, a quienes los charrúas asaltaban continuamente (actualmente, en guaraní, se escribe: che (adj. pos.) mi; haru, malograr, dañar, empeorar, maleficiar, viciar, herir, desgraciar).
(3) La semejanza de los idiomas permitía que guaraníes y charrúas se entendiesen en su propia lengua.

Los charrúas, minúas(4), ñarós(5), mboanás(6), mocotetás, guaiquirás, dominaban lo que es ahora Entre Ríos, la banda oriental del Uruguay, y la occidental del mismo, hasta el río Aruhary(7), y el Miriñay(8).

(4) Dice Mantilla: minuanes, dicen algunos. "Salteadores nocturnos", significa la palabra guaraní minuang, que se compone de: mi, esconder; , golpe; y ang, sombra (actualmente, en guaraní, se escribe: mi (sufijo de accidente nominal) -equivalente a ito, cito, del español- chico, pequeño; ndu, golpe; ta’anga, sombra).
(5) Dice Mantilla: los cronistas e historiadores escriben Yarós por Yraró, equivalente a Ñaró, que significa, arremeter. Añaró, arremetí (actualmente, en guaraní, se escribe: ñarõ (adj.), bravo, peleador, enojado, feroz).
(6) Dice Mantilla: Boanes y Bohanes, escriben otros. Dice el citado autor que prefiere la ortografía del texto por la etimología de la palabra pues, en su concepto, ella procede de mboá, cazar, pescar; y añág, diablo, genio del mal: pilladores endemoniados. Como todos los de la rama charrúa, eran ladrones devastadores, agrega Mantilla (actualmente, en guaraní, se escribe: mbo’a (verbo propio), hacer caer, desovar; aña (adj.), malo, ruin, malvado malicioso, tenebroso, malévolo).
(7) Actual: río Corriente.
(8) Dice Mantilla: Miriñaey, río de pequeño lecho (en comparación al Uruguay, en el que desagua). De: mirí, pequeño; ñaé, concavidad, objeto cóncavo; e y, agua, río (actualmente, en guaraní, se escribe: miri, pequeño; ña’ẽ (s), palangana, tina, tazón, latón, cazuela, recipiente; e y, agua, río).

Los caracarás moraban en las cercanías de la laguna Iberá (Yvera), y en las islas de ella. Los tapés(9) ocupaban la región oriental superior del Uruguay. Los guaraníes, particularmente denominados ybyrayára(10), yguá(11), ytapuá(12), kurug(13), mepigua(14), mbeguá(15), ka’abygua(16), ytaty(17), ahoma(18), y de otra tanta o mayor variedad de nombres, estaban radicados en las mágenes del río Paraná, en el interior de las tierras comprendidas entre el río Santa Lucía, los esteros del Yvera y el Paraná, y en la zona del Paraná, Miriñay y Uruguay, hasta el límite de la Ciudad Real(19).

(9) Dice Mantilla: tapé admite varios significados, según la pronunciación de la palabra, y la etimología que se le atribuya, ora se refiera a la inmensa zona con ella denominada, o solamente a sus pobladores. En opinión de este autor, la etimología más propia es ésta: ta (de taba), pueblo, poblado; y apé, cuerpo pequeño; pueblo o pueblos de habitantes pequeños. Eran de poca estatura los indios. La palabra rioplatense tápe, aplicada a los guaraníes misioneros, es la misma indígena, con otro acento (actualmente, en guaraní, se escribe: ta (de táva), pueblo, aldea, villa, población, poblado, localidad, toldería; pe (adj.), chato, bajo, plano, playo, llano, aplastado, achatado, ancho, espacioso).
(10) Dice Mantilla: los dueños de las maderas; de: ybyrá, madera; y yára, dueño (actualmente, en guaraní, se escribe: yvira, madera; jára, dueño, señor, amo, patrón, propietario, poseedor).
(11) Dice Mantilla: los pintados: de y (relativo en principio de dicción); y guá, pintura.
(12) Dice Mantilla: los que tiran piedras; de itá, piedra; púa, tiro, tirar. Che-puá-catú, soy buen tirador certero (actualmente, en guaraní, se escribe: ita, piedra; pu’ã, tiene tres acepciones: 1.- (adj.) levantado, sublevado; 2.- (s) motín, levantamiento, reacción; 3.- (v. pr.) levantarse, erguirse, despegar, decolar, pararse, reaccionar, progresar, crecer, desarrollarse, prosperar, mejorar, sobresalir, sublevarse, rebelarse. La expresión escrita por Mantilla, se escribiría: che pu’ã katu).
(13) Dice Mantilla: los de lengua sonora; de , lengua; rúg, ruido de lo que suena. Cuatá, tartamudo; cusá, frenillo; cupiriri, locuacidad (actualmente, en guaraní, se escribe: ku (s), lengua; tyapu, ruido; ku’atã (s), mala pronunciación; kusã (s), frenillo bucal).
(14) Dice Mantilla: varones de piel pintada; de me, varón, macho; pi, piel; guá, pintura.
(15) Dice Mantilla: ¿Fue bien tomado este nombre? Tengo dudas, porque la partícula mbe, trae confusión en la etimología. Begua, significaría todos pintados: de be, todos (mbohapibé, todos tres); guá, pintura. Mbeiuá, significaría, los de cabello apretado: de mbeiu, cosa apretada, apeñuscada; á, cabello (cheá, mi cabello). Mbiguá, significaría, los de piel pintada: de mbi, piel, pellejo (lo mismo que pi); guá, pintura. Mbiguá, significaria los flecheros; de mbiguá, flecha. Mbegué, significaría, los flemáticos; de be, todos; gué, apagado. La sustitución de mbé por be es violenta en beguá.
(16) Dice Mantilla: los habitantes de los montes; de caaby, monte; guá (por guara), del lugar; á, que pertenece (actualmente, en guaraní, se escribe: ka’aty (s) yerbal, plantación de yerba mate; ka’aguy, monte).
(17) Dice Mantilla: por Ytatiguá o Ytatiguara; de Ytaty.
(18) A pie de página dice, en la "Crónica Histórica de la provincia de Corrientes", del doctor Manuel F. Mantilla que, lamentablemente, “esta nota no está desarrollada en los originales”.
(19) Dice Mantilla que el meritorio americanista Samuel A. Lafone Quevedo, en su “Mapa Etnico del Río de la Plata”, Bol. del Inst. Geog. Arg. - tomo XVIII, sitúa -en el extremo nordeste de esta región- a los mbguás como nación “guaranizante”, y no guaraní; deja en blanco todo el territorio, desde la desembocadura del río Santa Lucía, al norte, hasta la cabecera norte del Yvera, todo él de pueblos guaraníes; y atribuye a éstos la parte oriental del Yvera y del río Uruguay. Los antecedentes que la historia posee, no autorizan esta equivocada distribución, señala Mantilla.

Los mepenes tenían sus pueblos en el actual Departamento San Roque, llegando hasta el Sur del río Santa Lucía y la costa del Paraná, y hasta la desembocadura del río Corriente(20). En el resto de la jurisdicción de la Ciudad de Vera, habitaban los daris, lichimon, kupekala, sokovos, nikopilte, utula, estojuvek, komekec y otros, como ellos, al parecer de razas chaqueñas(21).

(20) Dice Mantilla: en el “Mapa Etnico” de Lafone Quevedo, ob. cit., figuran los caracarás al norte de los mepenes, lo que es un error. Aquellos indios ocupaban el terreno circundado por el río Aruhary, la laguna Yvera y el río Miriñay; los otros, poseían el norte del Aruhary, hasta el río Pepéney.
(21) En este caso, Mantilla se limitó a referir los hechos que resultaban para él probados por documentos y crónicas de les primeros tiempos, o que de ellos surgen sin violencia; "no es posible ir a más, porque las fuentes de información son escasas y muy deficientes", sentencia. Dice luego ignorar cuál fue la residencia fija, regional, de los últimos pueblos nombrados; señala que no la consigna el auto de repartimiento de “encomiendas”, de donde tomó el dato, pero suponía que ella era en la zona chaqueña, porque de dichos pueblos no recuerdan Caboto, Luis Ramírez, ni Schmidel, que recorrieron la costa oriental del Paraná, penetrando el último en el Interior.

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