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LOS GUARANIES

Para las sociedades que poblaron prehistóricamente la Cuenca del Plata se establecen varias áreas culturales, marcadas por el mismo hábitat o región, ya que las áreas ecogeográficas de la región actual se diferencian marcadamente.

En el Paraguay, en la llamada Región Oriental -enmarcada entre los ríos Paraguay, Paraná y Apa (regada por más de 800 cauces hídricos que la hacen muy fértil) y las elevaciones del Amambay y Mbaracayú-, se ubica una región a la que llegaron poblaciones de cazadores-recolectores que se ubicaron en la zona Este, es decir, hacia el curso medio del Paraná.

Por los restos líticos encontrados, como el hacha azadón, parece que contaban con una incipiente horticultura, por lo que se puede afirmar que no eran exclusivamente cazadores-recolectores.

Según Branislava Susnik, los protopobladores del Paraguay Oriental, antes de la aparición de los guaraníes, eran grupos de cazadores-recolectores, denominados “láguidos”, que corresponderían a los grupos de pescadores-cazadores-recolectores relacionados con los altoparanaenses de las regiones de Paraná, en Brasil, y de Misiones, en Argentina.

Es probable que se trate de las poblaciones prehistóricas de mayor antigüedad en la región. Estos grupos de pescadores-cazadores-recolectores fueron, posiblemente, desplazados por grupos cultivadores-ceramistas, pues la evidencia arqueológica data la aparición de la cerámica entre 1.500 y 2.000 años de antigüedad.

Por esta razón se podría hablar de grupos cultivadores anteriores a los guaraníes llegados por estas fechas a la zona.

Susnik, en sus estudios, habla de grupos “paleoamazónicos” que corresponderían a los primeros ceramistas, que también utilizaban las formaciones monticulares o islas para cultivar y habitar.

Por ejemplo, tenemos el caso de Py-puku -investigaciones arqueológicas realizadas en un conjunto de islas en un esteral del Departamento Paraguarí-, donde se comprobó la ocupación sucesiva del lugar por varios grupos humanos preceramistas y ceramistas.

La llegada de grupos guaraníes, llamados por Susnik “ava-amazónicos”, a la citada Región Oriental del Paraguay, fue posterior. Se puede hablar de la dispersión tupí-guaraní desde el Amazonas, moviéndose hacia el Sur y el Sudeste, a través de los grandes ríos y sus afluentes, como el Araguaia, el Xingú, el Arinos, el San Lorenzo, el Paraguay y el Paraná.

La migración no fue masiva, sino más bien progresiva, prolongándose por más de 2.000 años.

De esta manera tenemos dos olas sucesivas: la primera, de los proto-mbya, que eran cultivadores subsistenciales, contaban con cerámica con corrugada-imbricada, estaban formados por pequeñas comunidades (te’ýi), eran socialmente exclusivistas (ore) y se movían alrededor de pequeños ríos y sus afluentes.

Este contingente fue ocupando tierras pobladas por grupos de cazadores-recolectores y núcleos paleoamazónicos, lo que favoreció la toma de contactos de distinta índole, algunas veces en forma pacífica y otras hostiles.

La segunda ola fue la de los protocarios, que eran grupos con tendencia al cultivo intensivo y predominio de la cerámica pintada, con formaciones sociales aldeanas (tekoha) e inclusivistas (ñande), que se movían mediante canoas por los grandes ríos como el Paraguay, Paraná y Uruguay, y llegaron a establecerse en la costa atlántica.

Ambas corrientes se plasmaron socio-culturalmente, produciéndose una homogeneidad etno-cultural de los grupos guaraní.

Susnik afirma que el dinamismo expansivo de los guaraní se basó en la búsqueda de la tierra “nueva y fértil”, y los shamanes fueron los impulsores del dinámico “oguata” (andar) y del “marandeko” (guerrear) con los antiguos pobladores.

El sentirse “ava” implicaba tres factores básicos: la identidad comunicativa del avañe’; el ava teko vivencial a base del cultivo; y el ancestro mítico común fundador, el tamói.

Los guaraníes se caracterizaban por su orientación agrícola, con cultivos de mandioca y maíz, y su gran dinamismo migratorio, siguiendo el rumbo de los ríos en busca de tierras aptas para nuevas rozas.

La caza constituía la fuente de proteínas, pero se fue complementando con la alimentación vegetal (resultante del cultivo y la recolección de frutos), que adquirió nuevas posibilidades a partir de la cocción, lo que implicó la adopción de una nueva tecnología: la cerámica (ollas, fuentes, platos).

Además, empleaban sus hachas de puntas líticas pulidas como instrumento eficaz para talar, en forma cooperativa, y realizar los rozados para el cultivo.

Sus viviendas eran grandes casas comunales, capaces de albergar a todo un clan o linaje, y su mitología estaba coligada al cultivo.

El entierro se realizaba en urnas funerarias, lo que ha posibilitado arqueológicamente establecer la expansión de estos grupos. La antropofagia era generalizada, y se realizaba como ritual para obtener maíz, como expresión de victoria sobre el enemigo, o como medio para imponer la autoridad parcial o tribal.

Socialmente predominaba el linaje patrilineal. La poligamia no constituía una regla en sí misma, sino la forma en que un hombre podía adquirir más prestigio pues, una mujer más suponía más lotes cultivados, un fuego más, más hijas y, por ende, más yernos miembros de su comunidad, y nuevos brazos para trabajar.

El límite entre las regiones naturales que ocuparon constituyó, indiscutiblemente, el río Paraguay que, a la vez, marcaba una frontera entre las poblaciones guaraníes situadas al oriente de ese río, y los grupos chaqueños ubicados en el occidente del mismo.

Los guaraníes, cultivadores tribales, y los chaqueños, cazadores-recolectores, se movían constantemente en búsqueda de mejores cazaderos y tierras para cultivar. Sin embargo, tal frontera no fue infranqueable, pues los chaqueños -siempre que podían- la cruzaban y, mediante la violencia, tomaban como botín los bienes de subsistencia de los cultivadores guaraníes.

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