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Disminución del elemento indígena

No obstante su número, el indígena, puesto en contacto, con el conquistador, fue desapareciendo rápidamente. Correspondiendo el fenómeno a un hecho general en América, se ha acusado de inhumanidad a los españoles por sus procederes para con el nativo.

Esta censura para España, que se ha venido reproduciendo en libros de todo orden, desde obras fundamentales a los textos más simples destinados a la enseñanza, es una de las injusticias más grandes para el estudioso.

La vida humana no es una página teórica, ni es inmutable en sus ideas, sus sentimientos y su conducta. Con el siglo cambia todo ese conjunto de elementos que forman lo que se llama la conciencia y la cultura y, claro está, que el mayor de los errores es querer transportar a los siglos que fueron la conciencia perfeccionada de nuestros días, como será, en el futuro, todo empeño de ver nuestro existir tras el cristal de ideas renovadas y más justas.

La razón de esta censura está en considerar la Historia de América fuera del proceso evolutivo de la Humanidad. Cuando rectificando vemos que esa historia americana es apenas un punto de vista del devenir de una misma cultura, la de Occidente, toda condenación a España desaparece dentro de las líneas generales del proceso histórico.

Del siglo XV al XVII era práctica europea el devastar los campos, destruir las ciudades y sacrificar a las pasiones religiosas y políticas no sólo a los vencidos sino también a las mujeres y a los niños.

Las guerras de religión, la defensa de las libertades comunales conculcadas por los reyes, tiranos en su poderío, son páginas fecundadas en crueldades. El derecho del más fuerte, único que lucía en los conflictos, no tuvo en esos siglos el elemento morigerador de los Estados nacionales.

Por el contrario; aislados, enemigos por instinto a través de siglos de régimen feudal, las ciudades, las regiones y hasta los castillos con sus barriadas, eran enemigos en el cuadro general de una Europa que recién entraba al período de las nacionalidades.

Los soldados españoles, nacidos y educados en este medio de fuerza, tenían naturalmente que transportarlo a América, que con su descubrimiento se incorpora al mundo occidental.

Si a los vencidos, de contraria religión, se marcaba a fuego y se los sujetaba a un régimen de verdadera esclavitud, en plena Europa, ¿cómo debían los guerreros de la conquista proceder en otra forma en América?

Ninguna valía se oponía a este punto de vista de los conquistadores y menos cuando recordamos que los sabios y teólogos discutieron por muchos años si el indio era o no de naturaleza humana.

Sin embargo, la esclavitud fue desterrada de las leyes, y el indio, buscado, fue incorporado a la familia, al orden, al trabajo, amalgamándoselo con el conquistador, produciéndose el caso curioso que ya hizo notar uno de nuestros historiadores, de que las libertades y preeminencias que la Ley dio a los indios se traducen más tarde en revueltas y levantamientos contra el poder real.

Castelar ha sintetizado admirablemente la cuestión diciendo: “Querer el descubrimiento de América sin guerra, la guerra sin conquista, la conquista sin violencia, la violencia sin estragos, el estrago sin ruinas y desolación, es querer el parto sin dolor y la vida sin muerte”(1).

(1) "Descubrimiento de América", p. 27. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Fundación de la Ciudad de Corrientes a la Revolución de Mayo)”, capítulo V.

La resistencia de los indios a la conquista española y su poca reconocida lealtad, explican la lucha abierta y permanente en medio de la cual transcurre la vida de la colonia.

Los indios se oponían en toda forma al invasor: infeccionaban el agua, sembraban de púas y estacas envenenadas los caminos, planteaban emboscadas y excitaban a los sometidos a la rebelión. Claro que el español dio golpe con golpe, y como era más fuerte, necesitado y humano, sus represalias fueron enérgicas, hasta brutales.

También el indio luchaba entre sí y, como pocas veces se confederaba para rechazar al conquistador, su destrucción recíproca y su inferioridad combativa, a lo que debemos agregar la enorme mortandad ocasionada por las pestes(2), disminuyeron rápidamente su número.

(2) Los guaycurúes sufrieron horribles pestes en 1612 y 1617; en la zona del Paraná, hambre y peste en 1615, 1618 y 1622; y en el Uruguay, en 1622 y 1627. El Padre Cattáneo (Rev. Buenos Aires, tomo II), consigna el estrago que causó la viruela. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Fundación de la Ciudad de Corrientes a la Revolución de Mayo)”, capítulo V.

La selva virgen del vecino Chaco donde fue libre resultó en ese concepto, desaparecido el indígena de los territorios ocupados por el español, el seno donde se gestaron los golpes de mano que retardaban traidoramente el progreso de Corrientes.

Claro que no buscamos negar la parte de responsabilidad que en la desaparición del indio tiene la codicia y el mal trato del español, pero es indudable que ella fue desarrollada por la inercia y el carácter malévolo y suspicaz de los nativos(3).

(3) El Padre González, cayo espíritu de paz no puede ponerse en duda, por su eminencia, dice en Nota de 1627, encargado de la colonización del Paraná: “Debe ponerse freno a los indios y tratárseles con el temor y miedo del español, y esto lo he estudiado en cuarenta años de misionero”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Fundación de la Ciudad de Corrientes a la Revolución de Mayo)”, capítulo V.

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