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LOS PUEBLOS ABORIGENES DEL CHACO

En el Chaco podían distinguirse tres áreas geoculturales: Alto Paraguay, Medio y Bajo río Paraguay, y la Sur-Paranaense. Las áreas Alto Paraguay y Sur-Paranaense se encontraban, cuando llegaron los españoles, en pleno proceso de conquista y expansión por parte de grupos guaraní, chané, y culturas subandinas(1).

(1) Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia del Chaco”. Ed. ConTexto, Resistencia.

Por su parte, la zona del Medio y Bajo río Paraguay estaba dominada por los payaguás, los mocoretá-mocovíes y los abipones, quienes se movían con gran libertad por los ríos.

Estos grupos estaban emparentados con otras etnias pedestres, situadas en torno al Pilcomayo y el Bermejo, como los mbayá-guaycurú (que luego adoptaron el sistema ecuestre), con quienes los guaraníes, y luego los españoles, mantuvieron constantes rencillas, por los ataques a la comarca asuncena.

En la zona alto-paraguayense se concentraban los guato, los guasarapo, los matará, los orejones y los xarayes.

En lo que es hoy el Chaco paraguayo -que comprende el triángulo entre los ríos Pilcomayo y Paraguay, y la frontera seca con Bolivia-, por las características climáticas y ambientales, junto con los escasos datos arqueológicos con que se cuenta, se cree que la llegada de los primeros pobladores a esa zona, con características de cazadores-recolectores, o de cazadores-esteparios, fue la más tardía y pudo haberse producido por dos rutas: una, desde el planalto brasileño; y, otra, por la región andina.

José Braunstein distingue la distribución de estos grupos por lenguas mayoritarias que poblaron el Gran Chaco. Un primer grupo lingüístico fue el de los matako, que ingresó desde el Norte, por el Oeste, siguiendo las cuencas de los ríos centrales Pilcomayo y Bermejo.

Por su parte, el grupo guaycurú ingresó desde el Sur, por el Este, penetrando hacia el Noroeste por las mismas cuencas. Sabemos que todos los pueblos que integraban estos grupos lingüísticos eran portadores de elementos culturales que podrían incluirse en la categoría de cazadores-recolectores.

El zamuco, un tercer grupo, fue desplazado hacia el Chaco -como lugar de refugio-, por grupos cultivadores, posiblemente arawak, del planalto brasileño, y llegaron por el Nordeste, aproximadamente hace 1.000 años.

Por su parte, el grupo maskoy alcanzó el Chaco central paraguayo como consecuencia de la presión ejercida por los grupos cultivadores, y su migración se superpuso a la de los zamucos.

Finalmente, el grupo chané-arawak se asentó en el área precordillerana de los ríos Parapití y Guapay (San Miguel de los Chiquitos) y se extendió, antes de la llegada de los guaraníes a la zona, hasta la parte del alto río Pilcomayo.

Pero, debido a los movimientos de los grupos andinos iniciales hace 1.000 años, también tuvo que desplazarse, y terminó refugiándose en el Chaco y en el Alto Paraguay.

Los grupos chaqueños, por su misma diversidad, no pueden ser caracterizados por las mismas formas culturales. Antes de la llegada de los europeos no vivían aislados, en un encierro ambiental, sino que mantenían frecuentes tratos con otros grupos vecinos, ya fueran contactos hostiles, pacíficos o de trueque. Esto permitía la difusión de elementos culturales que el pueblo receptor los integraba dentro de sus necesidades materiales, ceremoniales o expresivas.

Estos focos de difusión para el área chaqueña estaban determinados por los cultivadores intensivos arawac y por los subandinos, en el Norte, y por las sociedades paleoamazónicas ceramistas y de los guaraníes, en el área del litoral paranaense.

En general, todos los grupos chaqueños poseían la cultura de cazadores-pescadores-recolectores, con un intenso movimiento en busca de nuevas zonas de caza y pesca y, para ello, contaron con instrumentos de huesos, piedra y madera. Aprovechaban, de manera inmediata, los recursos naturales y su vivienda temporal tenía forma de cobertizo.

En lo social se caracterizaban por una frecuente y continua fragmentación de grupos, según las posibilidades de subsistencia. Los matrimonios se basaban en la regla de exogamia local, o por la unión de clanes. La mitología estaba relacionada con sus actividades cazadoras y recolectoras.

Los pueblos aborígenes que poblaban el Gran Chaco argentino, en el momento en que llegaron los españoles, eran diversos y hoy resulta difícil establecer su identidad.

Los primeros relatos y las crónicas del siglo XVIII recogen una extensa lista de denominaciones, en la cual se mezclan los gentilicios propios, los asignados por otras naciones aborígenes, o por los mismos españoles, y las denominaciones de cada una de las bandas de una misma tribu o parcialidad.

Este “caos de la nomenclatura antigua(2), como lo llamó Kersten, comenzó a ordenarse cuando se aplicaron ciertos principios lingüísticos que permitieron identificar y filiar las diversas lenguas que hablaban aquellos pueblos.

(2) El mosaico étnico y lingüístico del Chaco es referencia en: los trabajos de J. H. Steward y Alfred Metraux, en “Handbook of South American Indians”, Vols. I y V (Washington, 1947-1948); “Las tribus indígenas del Gran Chaco hasta fines del siglo XVIII”, de Ludwig Kersten, Instituto de Geografía de la Facultad de Humanidades (UNNE), Resistencia, 1968; y “Dimensiones migratorias y pautas culturales de los pueblos del Gran Chaco y de su periferia y Etnohistoria de los chaqueños 1650-1910”, de Branislava Susnik, Instituto de Geografía de la Facultad de Humanidades (UNNE), 1972; y también su “Etnohistoria de los chaqueños (1650-1910)”, Asunción, Museo Andrés Barbero, 1981. En cuanto a su población, “Las dimensiones migratorias del Gran Chaco a principios del siglo XVIII”, de Ernesto J. A. Maeder, en “Investigaciones y Ensayos” Nro. 37, Buenos Aires, 1988, Págs. 291-316; y “Hacia una nueva carta étnica del Gran Chaco”, de José Braunstein y Ernesto Maeder; y Norma Meidtiy, “Liderazgos, representatividad y control social en el Gran Chaco”, Corrientes, Eudene, 2008, donde se han recogido diversos trabajos sobre el mundo aborigen de la región. Las obras referentes a las primeras exploraciones del Chaco son: “Historia del Gran Chaco”, de Enrique de Gandía; los testimonios coetáneos en las cartas de Luis Ramírez (1528) y en el Diario, de Diego García de Moguer (1530), presentes en Eduardo Madero, “Historia del Puerto de Buenos Aires”, 3ra. edición, Buenos Aires, 1939, apéndices 8 y 9; “Naufragios y Comentarios”, de Alvar Núñez Cabeza de Vaca; y “Derrotero y viaje a España y las Indias”, de Ulrico Schmidl (1567). De ambas obras hay varias ediciones. // Material extraído de la obra de Ernesto J. A. Maeder - "Historia del Chaco", Ed. ConTexto.

En base a ese criterio y a los valiosos vocabularios, gramáticas y noticias que dejaron los misioneros, se han podido establecer hoy los grupos siguientes: cachabot, chamacoco, mascoy, guaycurú, mataco-mataguayo y lule-vilela.

Sólo los tres últimos tuvieron asiento en el Gran Chaco argentino, mientras que los primeros corresponden al Chaco Boreal.

Estos grupos de pueblos poseían características lingüísticas, étnicas y culturales diferentes, y su ubicación geográfica, así como sus dimensiones demográficas, son conocidas hoy sólo en forma aproximada, dada su movilidad y economía, y la escasez de fuentes cuantitativas.

Las estimaciones más confiables(3) asignan al Gran Chaco argentino cifras que oscilan entre los 100.000 y 280.000 habitantes, más densamente ubicados al Oeste que al Este.

(3) "En esta época aparecen, tanto en las fuentes documentales como cartográficas, una cantidad de nombres de grupos indígenas. Estas denominaciones han creado apreciaciones muy confusas para su identificación, porque pueden corresponder a su propia autodenominación; a nombres de caciques, bandas o tribus (concepto muy impreciso); lenguas y dialectos; los que recibieron de otros grupos indígenas como por ejemplo, la costumbre que tuvieron los guaraníes de llamar “enemigos” a sus vecinos: payaguá, tapuyá, mashco; o bien, denominaciones que les dieron los europeos, generalmente descriptivas como: frentones, barbados, coroados; o la referencia con términos geográficos.
"Esta diversidad de nombres, muchos actualmente fuera de uso, también ha llevado a falsas creencias sobre la cantidad de habitantes nativos en los primeros siglos de la conquista, debido a la duplicación o triplicación de un nombre. Ej.: enimagá, macá, guaná.
"Desde el punto de vista demográfico, probablemente alcanzaron su culminación en el siglo XVI y, paulatinamente, comenzaron a declinar ya sea por extinción, disminución o mestizaje. Por otra parte, la densidad de población en la región del Nordeste probablemente fue muy baja, si se tiene en cuenta que el número de integrantes de una banda se estima entre 40 y 100 personas, y los grupos de familias emparentadas de los horticultores de la selva, no superaban los 100 individuos”. // Material extraído de la obra de Ernesto J. A. Maeder y Ramón Gutiérrez, “Atlas histórico del Nordeste argentino”, Resistencia, Ed. Instituto de Investigaciones Geohistóricas. Conicet-Fundanord, 1995.

El grupo guaycurú estaba formado por un conjunto de varias tribus pedestres que recibieron ese nombre de sus rivales guaraníes. A su vez, los españoles los llamaron frentones, por su costumbre de raparse la parte anterior de la cabeza.

Eran pueblos que vivían de la caza y de la recolección de frutos, como la algarroba, y que disputaban entre sí las zonas de caza y pesca. Eran belicosos y temibles en la pelea. Tenían viviendas de esteras; se tatuaban para la guerra y celebraban sus fiestas con prolongadas borracheras.

Los grupos históricos que se enfrentaron con los españoles en el siglo XVI y XVII fueron los vilos y tocagües, los mogosnas, ohomas, hometes y calchaquíes, que habitaban el Chaco Oriental húmedo, y que después dejan de nombrarse.

Los grupos más conocidos fueron los pilagá, en las márgenes del Pilcomayo;
los tobas, entre el Pilcomayo y el Bermejo; los mocovíes y los abipones, al Sur del Bermejo y Norte de Santa Fe. A su vez, los canoeros payaguáes vivían en la proximidad de los grandes ríos.

El grupo mataco-mataguayo también estaba integrado por pueblos que hablaban varios dialectos. Su hábitat fue el Chaco Occidental árido. Su vivienda estaba constituida por chozas de ramas y practicaban una economía recolectora, combinada con la caza. Recogían miel silvestre y algarroba.

Al igual que los guaycurúes, sus armas eran las macanas, flechas y lanzas. Vestían sumariamente con tejidos hechos con fibras de karaguata, pieles y adornos plumarios. Unos y otros mataban a sus enemigos y exhibían sus cráneos y cabelleras como trofeos.

Los grupos históricos más conocidos fueron los mataguayos y los matacos, o wichi, como ellos se llamaban a sí nismos, en el Chaco salteño, entre el Bermejo y el Pilcomayo, y los vejoces y noctenes, más al sur.

El tercer grupo lule vilela es el que hasta hoy ha ofrecido mayor dificultad para su caracterización. La lengua lule abarca un conjunto de tribus históricas, que se llamaban isistines, toquistines, oristines, tonocotés y matarás. Estas dos últimas estuvieron en relación con Concepción del Bermejo, y por las crónicas se sabe que poseían una agricultura basada en el cultivo de zapallos, porotos, maíz y tubérculos.

Su área de dispersión se hallaba entre el Bermejo y el Salado. A su vez, los vilelas tenían entre ellos a los chulupíes, y se distribuían a ambas márgenes del curso medio del Bermejo.

Todos estos grupos: guaycurúes, mataco-mataguayos y lule-vilelas arribaron al Chaco en épocas muy anteriores y desde distintas regiones. Los guaycurúes, de tipo pámpido, llegaron desde el Sur en busca de caza.

Los vilelas y los lules corresponden a un tipo huárpido, y provienen del Oeste. Por su parte, los mataco-mataguayos parecen provenir del Norte, de la cuenca del río Guapay, presionados por otros pueblos.

Durante el período hispánico otros grupos chaqueños aparecieron en escena, como los grupos lengua-emimagá y cochaboth, quienes también atacaron los núcleos españoles en numerosas ocasiones.

Por su parte, los mocovíes, los abipones y los tobas se mantuvieron al Sur del río Pilcomayo, y hostigaron a los pueblos misioneros.

Hacia fines del siglo XVII se acercaron a la ribera del río Paraguay los maskoys, mientras que los zumacos, al Norte, fueron trasladados a una misión en Chiquitos, que fracasó.

En el siglo XIX, otros grupos indígenas tomaron contacto con la sociedad paraguaya: los mataco, los kmok-toba, los chamaco-co-ishir y los ayoreo-moro.

En definitiva, al llegar los europeos a estas tierras la configuración étnica era bastante heterogénea. Los diferentes grupos siguieron moviéndose, como lo comprueban la documentación y las crónicas de la época.

Si bien la Región Oriental al río Paraguay fue conquistada y colonizada por los españoles, ya en el siglo XVI, el Chaco permaneció casi intacto hasta finales del siglo XIX, cuando se emprendió una nueva política de “misionización” de los grupos indígenas.

Se puede afirmar, a modo de conclusión, que todavía queda mucho por investigar en el ámbito de la prehistoria de la región. Se necesitan más estudios e investigaciones arqueológicas para poder conocer mejor la historia antes de la llegada de los conquistadores hispanos.

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