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LA AVENTURA DEL RIO DE LA PLATA

Desde Santo Domingo -en las Antillas- comienza una doble corriente exploratoria: hacia el Oeste una, que luego se bifurca hacia el Norte y el Sur; y, directamente, hacia el Sur la otra(1).

(1) Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), tomo I, capítulo 2. Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

La primera se realiza básicamente por tierra y se apoya en la colonización antillana; la segunda se efectúa por el mar desde España en busca del finis terrae americano o de un estrecho.

Ambos intentos pasaron rápidamente de la faz exploratoria a la conquistadora y confluyeron -al promediar el siglo XVI- en el centro del actual territorio argentino.

Estos dos movimientos son curiosamente simultáneos y se diferencian en que mientras la exploración marítima es decidida en España la terrestre está condicionada por los episodios ocurridos en las flamantes posesiones americanas.

A pocos años de descubierta por Colón la costa oriental de América Central, los españoles ocuparon el Darién y Balboa descubrió el Mar del Sur -Pacífico- el 25 de Septiembre de 1513, tras atravesar a pie el Istmo de Panamá.

Paralelamente, el mismo año que Colón realizaba las mencionadas exploraciones, Américo Vespucio navegaba la costa brasileña hasta cabo Frío, al Este de Río de Janeiro y, según algunos autores, llegó hasta el extremo Sur del continente. Pero lo seguro es que en 1514 los portugueses descubrían el Cabo Santa María en las puertas del Río de la Plata.

Preocupada la Corte castellana por las actividades portuguesas, envió a Juan Díaz de Solís a explorar la costa sudamericana y, tal vez, a buscar un paso hacia las Indias Orientales.

Solís costeó el Brasil y entró en el Río de la Plata el 20 de Enero de 1516, reconoció la bahía de Montevideo y la isla de Martín García. Su muerte en una emboscada que le tendieron los indios en la costa norte del río que había llamado Mar Dulce, provocó el regreso de la expedición.

Antes de que nuevas naves recorrieran las costas argentinas, Cortés desembarcó en México en 1519 iniciando la conquista del primer gran Imperio americano.

Casi simultáneamente Magallanes se preparaba en España para dar otro paso fundamental. Portugués y buen servidor de su rey, pasó en 1518 al servicio del de España, con quien firmó una capitulación para realizar el objetivo que le obsesionaba: encontrar un paso hacia las Islas Molucas.

Zarpó con cinco naves en 1519. En Enero de 1520 entró en el Mar Dulce de Solís y descubrió el río Uruguay. Siguió hacia el Sur, invernó en San Julián, donde reprimió sangrientamente una sublevación de sus capitanes -primera sangre española derramada en tierra argentina- se detuvo otra vez en el estuario del río Santa Cruz y el 21 de Octubre descubrió el estrecho que lleva su nombre.

Siguió a través de éste y descubrió el Mar Pacífico, internándose en él hacia las Islas Filipinas en las que encontraría la muerte en forma parecida a la de Solís en suelo uruguayo.

Tras varios naufragios y percances una sola nave, conducida por Juan Sebastián Elcano, completó la primera circunvalación del mundo en Septiembre de 1522 con sólo dieciocho de los doscientos sesenta y siete tripulantes de la flota inicial.

En 1525 García Jofré de Loaysa, secundado por Elcano, intentó repetir la hazaña sin otro resultado que hallar el mar abierto al sur del Cabo de Hornos y encontrar la muerte en el Pacífico.

Pero la inquietud causada en España por la suerte de esta expedición facilitó otra que preparaba el italiano Sebastián Caboto con fines mercantiles y el apoyo económico genovés e inglés, teniendo por meta las Molucas.

Llegado a Pernambuco se encontró Caboto con un tripulante que fuera de Solís y dedujo que el continente americano le podría brindar iguales beneficios con menos riesgos; abandonando la búsqueda de Loaysa, a la que se había comprometido, penetró en el Río de la Plata en Abril de 1527, exploró el río Uruguay y remontó el Paraná levantando, cerca de la desembocadura del Carcarañá, el Fuerte Sancti Spiritu, primer asiento europeo en el Plata.

Descubrió luego los ríos Paraguay y Pilcomayo y recogió la noticia de la "Sierra de la Plata" que estaba destinada a ejercer en el espíritu de los conquistadores una influencia similar a la que las Islas Molucas habían tenido sobre el alma de los descubridores.

Se ignora si Caboto conoció la leyenda de la plata en su encuentro de Pernambuco, pero es evidente que por ella permaneció casi dos años en la región, explorando ríos.

Allí le encontró la expedición de Diego García quien también sucumbió al encanto de la leyenda y se unió a la búsqueda. Por fin enviaron al capitán César por tierra, con el mismo fin. Este llegó hasta la actual provincia de Córdoba y regresó con las manos vacías, lo que determinó a los expedicionarios a regresar a España.

Parece ser, si se sigue a Canals Frau, que otros de los hombres de César regresaron cuando la expedición había partido y volviendo sobre sus pasos se internaron hasta la cordillera, la cruzaron y marcharon por Chile hasta el Perú donde encontraron a los hombres de Pizarro, quienes habían entrado en 1532 en tierra de los Incas.

Así nació la "Leyenda de los Césares", competidora en atracción con la de la "Sierra de la Plata"; pero lo positivo es que los datos de estos extraordinarios caminantes parecen haber servido a las futuras penetraciones de los conquistadores en territorio argentino.

Si la fundación fugaz de Sancti Spiritu fue la señal prematura de la ocupación española del Río de la Plata, la "marcha de los césares" parece haber sido la prematura unión de las dos corrientes descubridoras y la apertura de la primera ruta entre el Perú y el Plata.

Desde estas expediciones en adelante la tierra se conoció con el esperanzado y metálico nombre de su río, del que deriva el de Argentina, consagrado por las obras de Martín del Barco Centenera y Ruy Díaz de Guzmán.

A partir de este momento puede darse por terminado el proceso exclusivamente descubridor y se abre el de la conquista de los territorios americanos, ya iniciada en otras regiones por hombres como Cortés, Alvarado y Pizarro.

Ver: ¿Qué sucedió en el mundo en estos años? (1492 / 1500)

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