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España en el mundo

En 1492 España vuelve, por decirlo así, a Europa, pero esta vez con ánimo y talante imperial. Hasta entonces había conocido varios dominadores(1).

(1) Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), tomo I, capítulo 1. Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Hacia el siglo II antes de Cristo, a los romanos, que hasta el 400 moldearon al pueblo de Hispania: seis siglos, es decir, el doble del dominio inglés sobre América del Norte, en que el latín llegó a ser lengua hablada por el pueblo español y produjo escritores de la talla de Séneca. El cristianismo penetró temprano, siendo abrazado por la mayoría de la población.

Luego sucedieron casi tres siglos de dominación visigótica. Y a esos mil años en que España fue, con los romanos y con los germánicos, parte integrante de Europa, añádense después ocho siglos de contacto con la civilización no europea del mundo musulmán. Arabes, bereberes y moros, que desde el 711 habían ejercido una gran influencia sobre la vida y la cultura peninsular, fueron vencidos en Granada.

A las puertas de un siglo singular prepara España su presencia europea: serán tiempos de poder y de gloria. Pero el siglo XVI habría de ser tiempo de ensayo, gestación y cambio. Nada parecía definitivo y, sin embargo, pocos lo vivirían como una ruptura total de la continuidad histórica o como una quiebra de la tradición.

En realidad no lo fue. Sucedió la apertura de un orbe cerrado y completo -el del medioevo-, y la mezcla de corrientes contradictorias. Al mundo de la cristiandad europea se agrega el de las Indias y a la atmósfera de las creencias tradicionales, el intento de una revolución ideológica que se fragua en torno del humanismo, del renacimiento y del protestantismo.

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