El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

La soberanía

El proceso político que se desarrollará a fines del siglo XV en Europa y fuera de ella tendrá una idea clave que servirá a la racionalización y la justificación del proceso: la idea de soberanía.

La palabra no era nueva. Su sentido no era constante. El bajo latín de la Edad Media designaba con ella las atribuciones de “cualquier funcionario investido de autoridad superior(1).

(1) Mario Justo López. "Introducción a los Estudios Políticos" (1969), volumen I: "Teoría Política", pp. 348-552, Buenos Aires. Ed. Kapelusz y bibliografía indicada. // Citado en el libro "Historia de los Argentinos" (1971), de Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce, tomo I, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

La expresión se acuñó en el francés medieval -souverain- y en general aludía, hasta los tiempos modernos, a una autoridad superior dentro de un ámbito determinado.

En ese sentido es suficientemente ilustrativa la célebre fórmula del legista del siglo XIII Beaumanoir:

Cada barón es soberano en su baronía y el rey es soberano por encima de todos”.

En cambio, la Edad Moderna echa las bases del Estado nacional, magnitud política que se alimenta de nuevas concepciones jurídicas, que lucha por liberarse de lazos supranacionales y que estimula la defensa de una idea relativamente distinta de la autoridad.

En rigor, durante los siglos XVII y XVIII, el debate en torno de la soberanía se concentrará en el tema de la titularidad, porque el contenido y las condiciones de la idea nueva de soberanía apenas se discuten. Es la época del ascenso del absolutismo.

jean bodin
Jean Bodin

El momento es tan contradictorio como para contener, casi al mismo tiempo, a Maquiavelo y a los ideales políticos del humanismo cristiano, y tan rica como para comprender las ideas o construcciones doctrinarias de Erasmo, Tomás Moro, Vives, Vitoria, Suárez, Althusio o Jean Bodin.

Pero es suficiente para nuestro propósito señalar la presencia, en el mundo que circunda a España, de dos intelectuales que resumen bien los humores y los grandes temas políticos de ese tiempo: Bodin y Maquiavelo.

Jean Bodin y su doctrina de la soberanía no se entienden sin una referencia a una precisa y concreta intención política, que ofrece una doble faz. De un lado, sirve a la formación y consolidación de la nación francesa, perturbada por las tremendas luchas religiosas entre católicos y hugonotes. Del otro, sirve a la implantación de la monarquía absoluta como régimen político. En el caso francés, ambas fases estuvieron estrechamente entrelazadas(2).

(2) Mario Justo López. "La Soberanía" (1967), p. 15, Buenos Aires. Ed. Cooperadora de Derecho y Ciencias Sociales. // Citado en el libro "Historia de los Argentinos" (1971), de Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce, tomo I, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

En su obra "Six livres de la République" (1576), Jean Bodin concibe la soberanía como el poder supremo ejercido sobre súbditos y ciudadanos sin restricciones legales.

La soberanía es el poder absoluto y perpetuo de una república. De tal modo, teoría política y experiencia se conjugan en lo que se considera, con general acuerdo, la cabal exposición del concepto moderno de soberanía.

Nicolás Maquiavelo encarna la oposición al pensamiento medieval en el Occidente europeo. Sus ideas, que reclamarán, cuando se difundan, la atención de buena parte del pensamiento político español, demuestran que vio con claridad el rumbo de la Europa política, como bien dice Sabine.

Nadie aceptó con tanta naturalidad el arcaísmo y la decadencia de las instituciones tradicionales que estaban siendo desplazadas ni percibió con mayor cinismo el papel de la fuerza en el proceso(3).

(3) George H. Sabine. "Historia de la Teoría Política" (1965), tercera edición, pp. 249-264, México. Ed. Fondo de Cultura Económica. // Citado en el libro "Historia de los Argentinos" (1971), de Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce, tomo I, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

No parte de razones ético-filosóficas, sino de una realidad que pretende transformar, preocupado por la unidad italiana.

nicols maquiavelo
Nicolás Maquiavelo

El stato, palabra que cobra desde entonces significación decisiva, es para Maquiavelo algo tangible. Se interesa en que el poder político surja firme y sin grietas para unificar la sociedad italiana de su tiempo, anárquica y corrompida.

En su libro más famoso -"El Príncipe"- no trata del Estado como elemento constante, sino del príncipe como sujeto personal y concreto titular del poder.

Por sus creencias, Maquiavelo es partidario del Gobierno popular cuando es posible, y del monárquico cuando es necesario. Pues bien: Italia necesita de un Gobierno eficaz, y Maquiavelo se inclina por la monarquía absoluta.

Sabine advierte que el pensamiento de Maquiavelo, empírico y asistemático, no es representativo de todo el pensamiento europeo a comienzos del siglo XVI. Pero con el tiempo se irán difundiendo algunas de sus ideas como representativas de una manera europea de concebir y de hacer la política.

La religión, por ejemplo, gran tema del tiempo y de los españoles, es aceptada en este italiano localista porque favorece a menudo la fidelidad a la ley, la concordia y la obediencia. Pero tiene para él un sentido instrumental: No es sino un medio para que se imponga la “razón de Estado”.

Porque para Maquiavelo sólo hay un punto firme: El Estado, como objeto del hombre político activo.

Información adicional