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Religión, Economía y Cultura

El perfil del mundo que circunda a España, apenas esbozado, necesita de otros trazos fundamentales. Casi nada de lo que acontece en este siglo puede ser entendido si no se tiene en cuenta el factor religioso. La historia de la Iglesia Católica es, en ese sentido, paralela e insoslayable(1).

(1) Carlos Alberto Floria / César A. García Belsunce - “Historia de los Argentinos” - Tomo 1 - Capítulo 1.

Pedro Laín Entralgo distinguió alguna vez cuatro etapas que permiten visualizar mejor lo que entonces acontecía y el proceso posterior.

La primera etapa es la del cristianismo “insular”, en que la Iglesia se presenta como “isla-en-expansión”. Desde Pentecostés hasta Constantino los cristianos fueron, en cuanto grupo social, una minoría más o menos compacta, rodeada por gentes indiferentes, curiosas u hostiles. De hecho, las comunidades cristianas eran islas, rodeadas por la infidelidad helénica y romana.

La segunda es la etapa de la “Iglesia-continente”. La conversión religiosa de los que mandan -desde Constantino hasta la época de la Reforma-, la acción apostólica de los misioneros unificará cristianamente al orbe europeo y trocará la isla en continente. Rodeado o invadido por árabes, mongoles o turcos, el mundo cristiano medieval constituye una unidad religiosa.

La tercera es la etapa de la Iglesia como “isla a la defensiva”. Es la época en que la Iglesia y la secularización expulsan esa desmesurada ilusión medieval. Aunque la fidelidad a Roma prevalezca, el cuerpo visible de la Iglesia es de nuevo “isla”, rodeada por un número creciente de incrédulos, disidentes e infieles.

La Iglesia vive a la defensiva. En parte porque formalmente se la despedaza o se trata de hacerlo. En parte porque muchos cristianos siguen viviendo la etapa de la Iglesia-continente, y caen en la tentación de pactar con el poder con tal de conseguir la dominación. Esto culmina en la fórmula del trono y el altar. Y muchos cristianos tienden a convertir en mal encarnado y absoluto a los hombres contra quienes ellos, en cuanto tales cristianos, se ven obligados a combatir.

La cuarta etapa es la de nuestro tiempo. Es la Iglesia “isla envolvente”. A partir de León XIII se abre el diálogo directo con los hombres y con el mundo. La Iglesia sale de la actitud defensiva y se hace verdaderamente ecuménica. El Concilio Vaticano II, convocado por el Papa Juan XXIII es el signo relevante de esta etapa.

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