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La base territorial del poder real

La base de poder que significaban Castilla y Aragón fue claramente ponderada por los reyes Isabel y Fernando. Castilla tenía una superficie de 355.000 km2 y una población de 7.000.000 de habitantes. Aragón 110.000 y 1.000.000, respectivamente. Ambos reunían, pues, ocho millones de personas en 465.000 km2 de superficie.

El relieve de esta base territorial y demográfica se advierte mejor comparándola con reinos y ciudades españolas -Navarra tenía apenas 100.000 habitantes, en veinte mil kilómetros cuadrados; Granada 700.000 en treinta mil y Madrid contaba con menos de 10.000 personas-, y con reinos o Estados europeos -Francia entera se aproximaba a los 10.000.000 de habitantes e Inglaterra a los 2.000.000-.

En el mundo español de los Reyes Católicos ocho de cada diez habitantes eran campesinos. J. Sobrequés(1) perfila una pirámide social en cuya extensa base estaba situada la enorme mayoría campesina y un importante número de menestrales o trabajadores de las ciudades.

(1) J. Vicens Vives, J. "Historia de España y América" (1961), Barcelona. Ed. Vicens Vives. Colaboración de Santiago Sobrequés Vidal en el tomo II, pp. 107 y siguientes. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), tomo I. Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Era posible distinguir todavía a los menestrales de los pobres, pues en las ciudades aquéllos vivían en un limitado y relativo bienestar comparados con los campesinos, económicamente muy débiles y aún en proceso de mayor empobrecimiento y todavía incapaces, en general, de reacciones sociales, salvo en algunas regiones de Cataluña y Aragón.

En el nivel siguiente se hallaba lo que hoy llamaríamos la clase media -los sangradores, los notarios, los artistas de nota, los patronos industriales, los mercaderes y corredores-.

Pocos y de escasa influencia, como no fuera municipal, pues dirigían corporaciones gremiales y participaban del gobierno de la ciudad, en la que vivían los judíos. Esta burguesía tendría en España un sentido político más bien que un sentido económico apoyado en solidaridad de clase.

A medida que se asciende hacia la afilada punta de la pirámide social de la España de la época, se encuentra a la aristocracia, dividida en tres grupos principales: Los grandes y barones -nobles por derecho propio-, que no eran más de cinco mil; los militares o gentilhombres -nobles por extensión-, que entre infanzones, hijosdalgo y donceles no llegaban a cincuenta mil; y el patriciado urbano, compuesto por unas sesenta mil personas.

Se puede visualizar ahora la estructura de dicha pirámide social: Una base enorme compuesta por seis millones de personas, una franja media que apenas llegaba al millón y un pequeño sector en la cúspide que no superaba las ciento quince mil y que durante el reinado de Fernando e Isabel, cuando la población llegó a ser de diez millones de habitantes, se limitaba al 1,6 % de aquélla.

La base económica del poder de dicha aristocracia, que servía de soporte al poder político y social que tales recursos permitían, era la tierra, distribuida en proporciones inversas a las recién descriptas: Los pocos tenían muchísimo y los más tenían muy poco. El 97 % de la tierra estaba en propiedad de aquél 1,6 % de la población, y el 98,4 % de ésta poseía algo del 3 % de tierra restante.

Los grandes y barones tenían el 49 % de la tierra; la nobleza de segundo grado, los obispos y el patriciado urbano el 47 % y algunos componentes de los sectores medios el 4 %. La distancia social se reflejaba también en los recursos. Los ingresos anuales de un miembro de la nobleza -el marqués de Villena, por ejemplo-, eran de 100.000 ducados; los del obispo de Santiago, 60.000. Pero el médico real ganaba 240 en el año, y un jornalero nueve.

Ancha en su base y afilada en su vértice, la pirámide social no era sin embargo tan rígida e inmóvil como la imagen sugiere. El acceso a la nobleza estaba abierto en todas las direcciones, había continuidad entre el noble y el no noble, mientras el clero aparece como un estamento con sentido corporativo.

En dicho escenario social operó hábilmente el poder de Fernando e Isabel, circularon ideas y creencias con suerte diversa y mostró su fisonomía singular el hombre español.

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