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Expresión cultural del ascenso: el Siglo de Oro

El período comprende tres grandes reinados: el de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel (1474-1517), el de Carlos I (1517-1556) y el de Felipe II (1556-1598)(1).

(1) Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), tomo I, capítulo 1. Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

La política de los reyes es uno de los caminos posibles para describir la época pues, apretados unos contra otros, hechos de distinto relieve adquieren la fisonomía de un gran gesto histórico que se revela hasta Felipe II como un formidable proceso incorporativo de comunidades hasta entonces separadas, como una historia ascendente y acumulativa y, desde 1580, como un proceso de decadencia y desintegración.

Esta visión impresionista de la historia española no es desdeñable: permite ver situados en la parte ascendente del gesto hechos y procesos sensacionales, como el Descubrimiento, la Conquista y la Colonización, y en la parte descendente hechos que conciernen directamente a la historia de los argentinos, como la Revolución y la Independencia.

Menéndez Pidal coincide en que “las altas dotes de Felipe II y la grandeza de su concepción política mantienen el Imperio en creciente, pero se prevé que el menguante comenzará enseguida”.

Expresión cultural de la historia ascendente de España es el llamado “Siglo de Oro”, que en rigor comprende los últimos años del siglo XV, todo el XVI y la primera mitad del XVII.

Es decir que precede al “gran siglo” francés -desde Corneille a Saint-Simon y que en realidad contiene sólo setenta años brillantes- y supera largamente la centuria que lo bautiza -pues comienza en Colón y culmina en Calderón y Murillo-.

Su fama no alcanza quizás al del francés, pero no es injusto decir que lo supera en esplendor. Y tampoco es dato desdeñable comprobar que en la relativa minimización histórica del “Siglo de Oro” español, mucho tuvo que hacer el éxito del proselitismo político europeo contra el proselitismo político español: aquél logra plasmar la denominada “leyenda negra”.

Este deberá esperar la objetividad histórica, siempre relativa, para neutralizarla.

El inventario cultural del “Siglo de Oro” es, en efecto, impresionante. Movilizado por el factor religioso y por las empresas de expansión colonial, contiene a los humanistas, como Francisco de Vitoria, Juan Luis Vives, Juan de Avila, fray Luis de Granada, fray Luis de León.

Es el tiempo de la poesía del catalán Boscán y de su amigo Garcilaso de la Vega. De la arquitectura de Alonso Berruguete, animador del plateresco, y del arte singular de Miguel de Cervantes, que publica la primera parte del Quijote en 1605, y describe, hasta su muerte en 1616, la epopeya de España y de sus hombres.

Incluye asimismo a talentos como Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Góngora y Gracián. Y todavía resta por señalar lo que constituye para algunos el núcleo de la fama del arte español: sus pintores.

Porque la pintura española bastaría por sí sola para revelar, al ojo avizor, el esplendor creciente de la España singular que describimos. La generación decisiva nace precisamente en el siglo XVI y alcanza el XVII. Incluye a Ribera, llega hasta Velázquez -nacido en Sevilla en 1599-, y también a Zurbarán, a Cano, a Murillo y a Valdés Leal. Y pertenece a ese siglo la audaz renovación plástica de El Greco.

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