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La lucha por el dominio del Río de la Plata

Juan Díaz de Solís parte de San Lúcar de Barrameda el 8 de Octubre de 1515. Lo hace en dos naos de apenas treinta toneladas y otra mayor de sesenta. Lo acompañan en total sesenta hombres.

Tras cuatro meses de viaje, las tres pequeñas naves se encuentran navegando ya en aguas del estuario platense, en Febrero de 1516 (conocido como Río de Solís hasta 1536); se interna en este río, que los guaraníes denominaban Paraná Guasu -y que hoy conocemos como Río de la Plata- toca una isla, que llama Martín García (en homenaje a un marinero de ese nombre muerto y enterrado en ella) y desembarca en la costa uruguaya donde es asesinado con seis de sus compañeros.

Era la primera vez que Europa establecía contacto con aquel territorio. La expedición formaba parte de un programa que la Corona española había iniciado, con objeto de hallar un estrecho que uniera ambos océanos.

Debía tomar posesión del estrecho que comunicara el Mar del Norte (Atlántico) con el Mar del Sur (Pacífico), con la seguridad de hallar el paso en Sudamérica hacia las Indias Orientales. Fracasó. Solís redescubrirá el Río de la Plata, pero no el Paso.

Es que fuentes fidedignas sostienen que Solís viajó al Río de la Plata ya en 1512, pero este viaje se mantuvo en secreto, por miedo a provocar roces con Portugal(1).

(1) Ricardo Levene. "Historia de la provincia de Buenos Aires y formación de sus pueblos", volumen I. // Citado en el libro "Los hombres que gobernaron Corrientes (compendio de historia política)" (2007), de Gabriel Enrique del Valle.

En efecto, el Tratado de Tordesillas había establecido, en 1493, una línea imaginaria a 370 leguas al Oeste de las Azores y, en virtud de ella, todas las tierras que se descubrieran al Este de la misma pertenecían al dominio portugués.

Las discordias respecto de los movimientos descubridores a que estaban autorizados los dos países serían difíciles de evitar en lo sucesivo, pero sirvieron para que se llevara a cabo un reconocimiento minucioso de toda la costa sudamericana, a partir del Sur de Brasil.

- Disgregación territorial

Portugal siguió durante tres siglos una política expansiva que puede definirse como una permanente búsqueda del Río de la Plata. No cejó en sus intentos de compartir con España la entrada del gran río. Usó de la diplomacia o de la fuerza, o de ambas a la vez, según la talla de los monarcas españoles que trataban de oponerse a sus intentos.

En este largo juego armado o diplomático pueden distinguirse -con fines didácticos-, tres etapas claramente marcadas, aunque a veces coincidentes y superpuestas:

- Primer paso: Inicialmente la búsqueda del Río de la Plata por parte de Portugal se debió a la ilusión de llegar por vía fluvial hasta las Sierras de la Plata, es decir, hasta el Perú.

Cuando mayores conocimientos geográficos demostraron la imposibilidad de este proyecto, la Corte de Lisboa perdió momentáneamente interés por este río;

- Segundo paso: Al poco tiempo nació el incentivo del contrabando: era demasiado fuerte para ser resistido. Los armadores y fleteros portugueses obtenían excelentes ganancias burlando las leyes proteccionistas de España.

Por otra parte, los habitantes de Buenos Aires no desdeñaban lo que podían obtener por medio del contrabando. Por el contrario, colaboraban con la mejor buena voluntad. La fundación de la Colonia del Sacramento obedeció a este imperativo;

- Tercer paso: A medida que la colonia portuguesa del Brasil fue creciendo, se fue evidenciando su necesidad de extenderse hacia el Sur, en busca de los campos fértiles que el Norte no tenía, ya que las cadenas montañosas dificultaban su expansión hacia el Oeste.

Basta contemplar un mapa físico para comprender ese empuje de la geografía.

Estas razones geopolíticas -constantes y permanentes-, regirán la conducta del Brasil en su apetencia por el Río de la Plata. Por eso procurará posesionarse de Río Grande del Sur, de las Misiones, de la Banda Oriental.

La diplomacia portuguesa fue, al menos en esto, superior a la española, sobre todo si la juzgamos de acuerdo con los resultados.

Proclamada ya la Independencia, Argentina y Brasil disputarán sangrientamente la posesión de la Banda Oriental (1826). Esta guerra fue la prolongación del secular problema de la “búsqueda del Río de la Plata” por parte del Brasil.

Al firmarse la paz y crearse un nuevo Estado: La República Oriental del Uruguay, Brasil comenzará a replantear el problema con el rótulo de la “libre navegación de los ríos”.

- Antecedentes de la ocupación portuguesa

La aplicación del Tratado de Tordesillas suscitó largas y enojosas cuestiones entre España y Portugal. La diplomacia castellana no pareció prever las consecuencias políticas ni la rica zona Oriental que perdía en Sudamérica.

Ateniéndose al Tratado y siguiendo opuestos rumbos, los españoles continuaron sus descubrimientos en el Nuevo Mundo mientras los portugueses hacían otro tanto en las Indias.

En su viaje hacia la India, el portugués Alvarez Cabral arribó al Brasil (1500), ya visitado por Pinzón y Lepe. Más tarde tocaron esas mismas costas Solís, Caboto y Alvar Núñez Cabeza de Vaca.

El primero tomó posesión de la costa Oriental y fundó el Fuerte de San Salvador, destruido por los indígenas y vuelto a edificar por Zárate; el tercero se dirigió a Asunción atravesando territorio hoy brasileño, desde Santa Catalina.

La llegada de Cabral a esos lugares se produjo al mismo tiempo en que las noticias sobre los descubrimientos españoles despertaban la codicia portuguesa que, no contenta con sus hallazgos en la India, se lanzó a la colonización de estas regiones.

El Gobierno lusitano se empeñó en explorar y tomar posesión de ellas antes que los españoles llegaran a las mismas. España envió entonces a Solís, cuya expedición quiso ser mantenida en secreto, a pesar de lo cual Portugal tuvo conocimiento de ella y despachó dos carabelas al mando de Cristóbal Jacques, quien penetró en el Río de la Plata hasta el lugar en que fuera muerto Solís.

No consiguió los metales preciosos que su rey ambicionaba, pero éste no se desanimó y resolvió insistir en la demanda.

Resuelto a que su país no fuera dejado atrás en asunto tan capital, despachó una expedición al Plata, al frente de la cual puso a Martín Alonso de Sousa, quien salió de Portugal en 1530.

Estos hechos resultaron funestos para España, que dejaba pasar el tiempo sin marcar sus límites sobre el terreno. Los portugueses además aprovechaban silenciosamente el abandono en que los castellanos tenían estas tierras, y en su osadía llegaron a sostener que por Tratado correspondíales el Río de la Plata, sobre cuyas orillas anhelaban establecer un puerto.

Procediendo con astucia y previsión, el príncipe Don Pedro obtuvo que el Papa Inocencio XI crease el Obispado de San Sebastián de Río de Janeiro, cuya jurisdicción abarcaba desde aquella bahía “hasta el Río de la Plata por la orilla marítima y tierra adentro”.

Con éstas, y otras disposiciones, los portugueses preparaban los elementos comprobatorios que, posteriormente, les servirían para discutir a España estas tierras, so pretexto de haberlas ocupado primero.

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