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España y Portugal

Desde fines del siglo XV, Castilla y Portugal se destacaban como las únicas potencias atlánticas y rivalizaban en el dominio de las islas oceánicas y de la costa africana.

El Tratado de Alcaçobas, en 1480, significó una primera división de tierras y mares entre ambas potencias, que aseguraba para Portugal la costa de Africa, y para Castilla las islas Canarias y el mar situado al norte de éstas.

Pero el descubrimiento de Colón modificó la situación radicalmente al revelar la existencia de numerosas islas situadas al sur del paralelo de las Canarias, de las que Castilla tomó posesión por mano de su almirante.

Los Reyes Católicos se aprestaron entonces a asegurar su propiedad, que podía ser disputada por Portugal, y obtuvieron del Sumo Pontífice las bulas Inter Caetera del 3 y 4 de Mayo de 1493, por las que el Papa donaba a Castilla todas las tierras no poseídas por otro príncipe cristiano que se encontraran al oeste de una línea o meridiano situado a cien leguas de las islas Azores y de Cabo Verde.

Aunque las Bulas no lo decían expresamente, importaba una reserva para Portugal de las tierras situadas al este de dicha línea.

En Septiembre del mismo año, una nueva Bula, Dudum Siquidem, precisaba que la donación alcanzaba también a las tierras situadas en la India.

Las donaciones no satisfacieron a Portugal, quien vio cercenados sus posibles derechos, y se entablaron negociaciones entre ambas Cortes que condujeron a la firma del famoso Tratado de Tordesillas -el 7 de Junio de 1494-, que llevó el límite entre ambas zonas a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, salvo las ya descubiertas por Castilla a partir de las 250 leguas contadas desde el mismo punto.

De esta manera Castilla venía a renunciar a parte de la donación pontificia, al mismo tiempo que se precisaban sus límites.

Sin embargo, las dificultades entonces existentes para medir los meridianos y la imprecisión del Tratado, que no aclaraba si se debía medir la distancia en leguas españolas o portuguesas, que eran distintas, y desde cuál isla, dejaron en pie la duda de hasta dónde llegaban los derechos de Portugal, problema más grave desde el momento en que los descubrimientos de Vespucio, Cabral y otros navegantes parecían demostrar que parte del continente americano se extendía al oriente de la línea divisoria.

Mientras cada cartógrafo efectuaba las mediciones según su imperfecta ciencia y el interés de su real patrón, ambos Estados se dispusieron a asegurar sus derechos por vía de la ocupación efectiva de las zonas dudosas.

Si bien hoy se puede establecer, con cierta seguridad, que la línea divisoria pasaba aproximadamente por el meridiano de San Pablo, Brasil, ninguna certeza existía en aquel momento.

Portugal comenzó pues a ocupar el Brasil y puso enseguida sus ojos en el estuario de Solís, explorado por Caboto.

En 1531, el portugués Martín de Sousa recorrió el Río de la Plata sin poder hacer establecimiento alguno en él. El viaje provocó la consiguiente alarma en la Corte española y la decidió a ocupar la región, y a ese efecto firmó una capitulación con Pedro de Mendoza.

Las siguientes fundaciones realizadas en la Cuenca del Plata nacieron pues, al impulso de los acontecimientos internacionales, que en el futuro continuaron influyendo intensamente en su desarrollo y organización política.

Desde Pedro de Mendoza hasta el virrey Pedro de Cevallos, el Río de la Plata desempeñó en el Imperio español una función de “marca”, de frontera, y tuvo por misión la defensa del extremo austral del Imperio.

La incertidumbre de la línea de Tordesillas, la permanente intención de Portugal de avanzar sus límites hacia el oeste y la decisión española de contener esta expansión, configuraron un conflicto internacional de duración multisecular y que fue heredado por los Estados sucesores de las dos potencias: el Imperio del Brasil y la República Argentina.

La invasión portuguesa de la Banda Oriental, en 1816; la guerra argentino-brasileña de 1826-28; y la guerra de la Triple Alianza de 1865-70, no son sino las expresiones tardías del conflicto colonial, cuyo acto final fue el arbitraje internacional que, en 1898, estableció definitivamente los límites argentino-brasileños.

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