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Las noticias sobre el Imperio incaico

En el corazón de la cordillera de los Andes, un fabuloso Imperio estaba entonces en su apogeo. Poseedor de una organización social y administrativa que aún hoy es fascinante tema de controversias, se llamaba a sí mismo “las cuatro partes del mundo” (Tahuantisuyo), y su capital, Cuzco, “el centro del universo”.

el imperio inca

El Emperador o Inca se consideraba Hijo del Sol y el templo donde se lo adoraba era increíblemente rico.

Palacios ornados con enormes riquezas, caminos que unían todo el Imperio, una organización que impedía tanto la holgura como el desamparo, un sistema perfecto de rápidas comunicaciones: el Imperio había integrado a sus sistemas a otras culturas indígenas, algunas muy avanzadas, y se expresaba en quechua, lengua altamente evolucionada, de clara gramática, profundamente expresiva.

Europa ya tenía algunas noticias de su existencia y Sebastián Caboto, por supuesto, había recogido informes cada vez más precisos.

Los bravos guaraníes intentaron una vez, en época incierta, pero no mucho antes de la llegada de los españoles, una invasión al Imperio, cruzando el Chaco y remontando el Pilcomayo con 8.000 guerreros.

Fueron derrotados y muchos quedaron para siempre en los contrafuertes cordilleranos, estableciéndose una corriente migratoria que difundió las noticias de las fabulosas minas de Charcas, primero en el río Paraguay y, después, en las costas brasileñas.

En 1511, en Panamá, cuando la expedición Balboa, el hijo de un cacique dio a entender claramente a los españoles que hacia el Sur existía un Imperio donde había abundantísimo oro.

 

Alejo García, el náufrago de Díaz de Solís, realizó una audacísima expedición: llegó realmente hasta Charcas, guerreó con las huestes del Inca, encabezando a los indígenas, y regresó con cargas de oro y plata hasta las costas del Brasil.

Cuando prácticamente llegaba, estando a 50 leguas de Santa Catalina, fue muerto por una parcialidad guaraní. Pero algunos indios lograron escapar a través de la selva y llegaron para contarlo todo, con muestras de metales preciosos, a los asombrados Enrique Montes y Melchor Ramírez.

La fama, pues, del Imperio incaico y, particularmente de sus fantásticas riquezas en metales preciosos -que se expresaba genéricamente en la fórmula de la Sierra de la Plata-, trascendía muy lejos.

Y los caminos para llegar a él, eran dos: desde el Norte; o por el Sur, remontando el Paraná y luego el Bermejo.

 

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