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Exhaustiva documentación referente a la expedición de Caboto

No se sabe aún si habrán de esclarecerse -con la aparición de nuevos documentos, o como resultado de nuevas investigaciones-, algunos aspectos secundarios de la expedición Sebastán Caboto(1).

(1) Material escrito por Hugo L. Sylvester y publicado bajo el título “La increíble historia de Sancti Spiritu”, en el libro “500 años de historia argentina” (tomo 2), editado por la revista “Siete Días”, bajo la dirección de Félix Luna, en 1988, Editorial Abril.

Lo cierto es, sin embargo, que la verdad completa sobre la misma hace no mucho más de 80 años que se conoce integralmente. Por eso es que aún existe una gran confusión sobre el fuerte Sancti Spiritu fundado por Caboto y los acontecimientos allí ocurridos.

Pero digamos que, desde la aparición, en 1908, del libro “El veneciano Sebastián Caboto al servicio de los reyes de España”, del investigador chileno José Toribio Medina, pocas dudas caben sobre cronología, protagonistas, azares y contingencias de la expedición.

Medina se instaló en España y dedicóse mucho tiempo a estudiar los archivos de Indias. Hasta entonces, sólo habían aparecido el libro de Henry Harrise (John and Sebastian Cabot), que estudiaba a Caboto y su padre en el período que vivieron y sirvieron en Inglaterra, y algunas obras de autores italianos, que se limitaban a investigar sobre el origen de Sebastián.

El argentino Eduardo Madero, en su libro sobre el Puerto de Buenos Aires (Historia del puerto de Buenos Aires, publicado en 1892), había llegado a conocer algunos extractos de documentos, pero

ni los primeros, como desconocedores de la lengua castellana e ignorantes de muchos otros papeles que se encuentran en el Archivo de Indias, ni el segundo, que se limitó a tratar el tema como meramente incidental en una obra de conjunto... pudieron -como señala Medina en el prólogo de su obra-, no diremos agotar la materia, sino apenas desflorarla.

El caso es que inmediatamente después de producido el regreso de Caboto a España, el 28 de Julio de 1530, la Corona española, contemplando los grandes intereses que se vincularon a la realización del viaje, inicióle juicio, por haber torcido el rumbo y no haberse dirigido a las Molucas.

Diego García de Moguer -que encabezó otra expedición del Río de la Plata, casi contemporáneamente-, levantó una información por el mismo motivo.

Gregorio Caro, capitán de la Santa María del Espinar, también pleiteó por el cambio de rumbo, reclamando por las pérdidas que ello le ocasionó, y los

12.000 ducados que hubiera podido ganar, siguiéndose el viaje capitulado con el rey.

Pero el juicio más severo que debió afrontar Caboto fue la acusación criminal formulada por Catalina Vázquez, madre de Martín Méndez, que había perecido ahogado después que Caboto lo dejara en Santa Catalina.

Es precisamente en este juicio donde una y otra parte presentan extensos interrogatorios y donde declaran casi todos los integrantes de la expedición, probanzas que sirvieron también a Francisco de Rojas, su adversario más poderoso, en Información que asimismo levantara contra Caboto.

Pero a la vez que Caboto se encontraba envuelto en estos procesos, muchos de sus compañeros se vieron obligados a acudir a los Tribunales, ante reclamaciones que les formulaban acreedores que les habían prestado dinero a pagar con especias traídas de las Molucas.

Y como tampoco habían recibido sueldo alguno, reclamaron, al monarca primero y luego a los armadores, para que se les pagase. Esta demanda colectiva, encabezada por Antonio Ponce -alguacil de la Armada-, la firmaban 54 de sus compañeros de expedición.

El inmenso papeleo, cuya transcripción minuciosa abarca más de 700 páginas de letra menuda del segundo tomo de la obra de Medina-, permitió al autor reconstruir paso a paso y mes por mes, el desarrollo de la gran aventura.

Cabe agregar, finalmente, lo informado por un documento realmente excepcional: una extensísima carta remitida por el tripulante Luis Ramírez a su padre (algunos de cuyos fragmentos había hecho ya conocer Madero), por intermedio de la carabela que Caboto mandó a España, pidiendo refuerzos, al año de estar instalado en Sancti Spiritu.

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