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Una región inhóspita y salvaje

Inhóspita era la región en que se asentaba la Ciudad de Vera. De largo pasaron por ella Caboto, García de Moguer, Ayolas, Martínez de Irala, y cuántos remontaron hacia el Norte el majestuoso Paraná, siguiendo Paraguay arriba, en busca de más feraces tierras y más acogedoras gentes.

Innumerables indios la poblaban, constituidos en parcialidades o naciones, de nombres extraños y pintorescos, todos igualmente belicosos y sanguinarios, y aun caníbales, como algunos de los que, a la otra banda del Paraná, escondían su barbarie en las selvas misteriosas del Chaco, siempre al acecho del conquistador blanco(1).

(1) Paul Groussac. “Mendoza y Garay”, edición de la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires, Año MXMXLIX; y Padre Pedro Lozano, de la Compañía de Jesús. “Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán” (1878), ilustrada con noticias del autor y con notas y suplementos por Andrés Lamas, tomo I, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la fundación de la Ciudad de Corrientes hasta la Revolución de Mayo)”.

Este mundo indígena que se enfrenta con los españoles, no formaba una sociedad culturalmente homogénea ni solidaria. Estaba constituido por parcialidades numerosas, separadas por lenguas, economías e, incluso, rivalidades antiguas.

No obstante, por encima de este panorama, se pueden distinguir los límites más o menos precisos de ciertos pueblos, cuyas características, hasta donde es posible conocerlas, indican perfiles culturales propios.

1.- La Arqueología ha puesto de manifiesto un poblamiento primitivo del Norte de la Mesopotamia, caracterizado por industrias líticas y economía recolectora, que fue datado, aproximadamente, en los años 6000 y 1000 a. de C.

2.- Una cultura de rasgos más evolucionados, propios de un pueblo muy extendido, cuyo origen está en el Sur del Brasil, hace su aparición en distintos lugares de la costa del Paraná. Se los conoce como Grupo Kaingang. Estos son los habitantes antiguos de la Mesopotamia, y las cronologías aproximadas los sitúan entre el 1500 a. de C y el 1000 d. de C.

Estos pobladores poseyeron una economía de caza y recolección de frutos y raíces, conocieron las redes y la cestería. Sus viviendas fueron mamparas de esteras o paravientos, y su vestido, mantos de pieles y cortezas. Dominaron el arco y las flechas, y practicaron la cremación de sus muertos.

De físico bajo y grueso, parecen haberse refugiado hacia el Interior de la Mesopotamia, debido a la presión de otros grupos indígenas. En el siglo XVI, pueden ser identificados como yaros, en el río Uruguay, gualachíes, más al Norte, o como chanáes salvajes, según Schmidl.

En Corrientes perdurarán hasta el siglo XVIII, diluyéndose gradualmente entre la población mestizada del Interior, en el siglo XIX.

3.- Algo más tarde, sin que se conozca con precisión la fecha, pero indudablemente antes de la llegada de los guaraníes, la Arqueología ha localizado, en ambas márgenes del río Paraná e islas, desde la desembocadura del río Paraguay hasta el Delta, restos cerámicos que indican la presencia de un pueblo típicamente agrícola. Estos indígenas, que Canals Frau adscribe como Grupo Litoral, que Serrano denomina ribereños plásticos y González como chaná timbúes, presentan características particulares, tipificadas por una cerámica y zoomorfa de cabezas de loros, platos y la llamada "alfarería gruesa".

Estos ribereños, que poseen canoas, que cultivan el maíz y el zapallo, que alternan caza y pesca, construyen sus poblados en la orilla de los ríos, en zonas apropiadas para extender sus cultivos. Entran en contacto con las poblaciones nativas más antiguas (la llamada Cultura Básica del Litoral, de Serrano), y perduran en este estado hasta el siglo XVI.

Canals Frau ha identificado los nombres de algunos:

- al Norte del Guayquiraró, el grupo septentrional, compuesto por los mepenes y mocoretáes;

- el sector medio, dominado por los timbúes, caracaráes, corondas, quiloazas y calchines; y

- el sector meridional, donde se advierten los chanáes y mbeguáes.

Desde el punto de vista racial, eran altos y fornidos, y muy diferentes de los kaingangs;  la presencia de adornos de metal y de perros cebados, parece indicar contactos con los grupos andinos(2).

(2) La información sobre el tema es abundante aunque la Arqueología del Litoral requiere todavía mejorar su conocimiento del terreno. A la bibliografía clásica, consignada en la obra justamente célebre de Salvador Canals Frau. “Las poblaciones indígenas de la Argentina (su origen, su pasado, su presente)” (1953), Buenos Aires, deben añadirse los siguientes títulos que actualizan la cuestión: Antonio Serrano. “Los pueblos y culturas indígenas del Litoral” (1955), Santa Fe, y “Líneas fundamentales para una Arqueología del Litoral (una tendencia de periodización)” (1972), Córdoba; Osvaldo F. A. Menghin. “El poblamiento prehistórico de Misiones” (1956), en “Anales de Arqueología y Etnografía”, tomo XII, pp. 19-40, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza; Ciro R. Lafón. “Introducción a la Arqueología del Nordeste Argentino” (1971), en “Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología”, segunda época, tomo V, nueva serie, Nro. 2, pp. 119-152, Buenos Aires, que incluye una bibliografía detallada sobre los trabajos en curso. Una buena síntesis del tema en Alberto Rex González y José A. Pérez. “Argentina Indígena (Vísperas de la Conquista)” (1972), pp. 122-137, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder y Ramón Gutiérrez. “Atlas Histórico y Urbano del Nordeste Argentino (el medio físico, el poblamiento prehispánico y la época colonial. 1500-1810)”, primera parte.

4.- Pero, aproximadamente desde el siglo XIV al XV, los guaraníes llegan a esta región y la someten a su dominio. Un jesuita anónimo describe así el panorama indígena en 1620:

"La provincia del Paraná es toda gente guaraní. Gente bellicosa que siempre ha sustentado la guerra contra el español. Estos indios tienen sujetas todas las naciones que estavan el Río Paraná abajo y muchas veces tubieron a punto de despoblar la ciudad de San Joan de Vera. También tenían tomado el passo de este Río del Paraguay de manera que no se podía entrar ni salir sino con escolta de gente y a veces con todo este resguardo quedaban muertos o pressos los que navegaban este rrío"(3).

(3) “Manuscritos da Coleçao de Angelis” (1951-1970), Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, 7 volúmenes, tomo I, p. 169. // Citado por Ernesto J. A. Maeder y Ramón Gutiérrez. “Atlas Histórico y Urbano del Nordeste Argentino (el medio físico, el poblamiento prehispánico y la época colonial. 1500-1810)”, primera parte.

Resumiendo, y en base a este análisis, hoy puede determinarse, con relativa exactitud que, a fines del siglo XVI, había tres principales razas indígenas en la región correntina: los guaycurúes, establecidos en ambas márgenes del río Paraná; los indómitos charrúas, que cantara el poeta Zorrilla de San Martín; y, por último, los guaraníes, al Nordeste del territorio y en una faja costera del río Uruguay.

De esta situación, se desprenden dos visiones:

1.- De los relatos de los cronistas y los conquistadores parece, además, desprenderse que uno o dos siglos antes, empujados por la gran invasión incaica al Tucumán, que recordara Sebastián Garcilaso de la Vega, los indios del Chaco se desplazaron hacia el Oriente, obligando, a su vez, a retroceder a los guaraníes.

Ello explicaría la existencia de tribus de éstos, aisladas por grandes distancias, en el Delta del Paraná, la margen occidental del Uruguay y el Nordeste de Corrientes.

Los guaycurúes y charrúas -no hay opinión en contrario-, eran guerreros valerosos; en cambio, los guaraníes, de índole pacífica y fácilmente domeñables.

2.- A esta visión de desplazamiento guaraní por presión de las tribus guaycurúes, se opone otra que enseña que lo que es hoy es el territorio de la provincia de Corrientes estaba habitado, para la época de la conquista, por numerosas tribus.

Algunas de ellas pertenecían al primitivo tronco láguido, como eran los caracará y los kaingange, que ocupaban el centro de la Provincia y los esteros del Yvera.

Estos grupos eran, primitivamente, nómades cazadores-recolectores, pero, para la época que nos ocupa, no sólo estaban ya rodeados completamente por los guaraníes, sino que estaban profundamente influidos por ellos.

Habían incorporado palabras guaraníes a su lenguaje, practicaban la alfarería siguiendo la técnica guaraní de elaboración y, lo más importante, comenzaban a realizar sementeras, en adopción de la horticultura.

Los charrúas, en cambio, que poblaban todo el Sur de la Provincia, pertenecían al tronco étnico y cultural pámpido. Eran también nómades, cazadores y recolectores y, en contacto con los guaraníes, y luego los poblados españoles, desarrollaron una modalidad guerrera y practicaron el pillaje.

Los dos grupos anteriores, pertenecían a culturas no guaraníes, y se habían establecido en el territorio correntino hacía varios miles de años.

Los guaraníes, recién llegados, fueron ocupando las márgenes de los ríos Paraná y Uruguay. Establecían en ellas sus típicas aldeas y desalojaban del territorio cercano a los grupos no guaraníes.

La presión guaraní y la resistencia de los cazadores nómades generaron una fricción interétnica constante, que no llegó a convertirse en guerra declarada u organizada en gentíos de guerreros.

La consecuencia era que la expansión guaraní era cada vez mayor, y los grupos no guaraníes, sobre todo los láguidos, estaban quedando encerrados en ”bolsones”, geográficamente típicos de las culturas primitivas en proceso de retracción y desintegración frente a otra cultura dominante.

Un proceso similar estaba dándose en el Paraguay Oriental, con los ache-guayaki, también de origen láguido. El intercambio cultural se volvió fluido en tal circunstancia y, también de modo típico, entre culturas primitivas, la cultura dominante estaba en proceso de imponer su lengua y sus costumbres.

En la región donde se asentó la ciudad, formada al principio por toscas chozas de paja y barro, estaban los "frentones", de raza guaycurú, llamados así por la costumbre que tenían de raparse la parte delantera de la cabeza.

De esa misma raza eran los astos y mepenes, que se extendían al Sur, sobre la costa del Paraná.

En el Interior -o “continente”-, diversas tribus, que por sus modalidades y costumbres evidenciaban su origen chaqueño, y que luego serían paulatinamente exterminadas a medida que los blancos penetrasen en el territorio, estableciendo fortines y fundando estancias.

A fines del siglo XVIII ya no quedaba ningún indio en la jurisdicción de Corrientes, como consta en Oficio dirigido por su Cabildo, el 4 de Mayo del año 1779, al Ilmo. Obispo de Buenos Aires, pidiendo la supresión del Curato de Naturales en razón de su inutilidad(4).

(4) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Justicia, Legajo 41, Expediente número 1.220. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Frente a la nueva población, río de por medio, estaban los rudos abipones -también de raza guaycuru-, que habitaban lo que se llamó Valle de Calchaquí, y se extendía en la banda occidental del Paraná, desde el límite Norte de la actual Provincia de Santa Fe hasta el río Bermejo.

Guaraníes no había ni los hubo en Corrientes hasta fines del siglo XVIII, nada más que en la zona Nordeste y desde Itatí hacia el Este, en espacio muy limitado, junto a la orilla del Paraná; y también, como ya dijera, en la margen occidental del río Uruguay.

Fue solamente, después de la expulsión de los jesuitas, cuando la pésima y deshonesta Administración de las antiguas misiones por laicos, produjo en ellas inaudito desorden, que los indios de raza guaraní emigraron hacia el Oeste, introduciéndose en Corrientes clandestinamente.

Conviene destacar que las autoridades de la ciudad tratarán de impedir en toda forma y por todos los medios que esos indios guaraníes se establecieran en la jurisdicción(5).

(5) Archivo General de la Nación, Buenos Aires, División Colonia, Sección Gobierno, Legajo Corrientes II. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

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