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La laguna de Santa Ana que visitó Caboto

Los estudiosos tienen opiniones divergentes en cuanto a la ubicación exacta de dónde recaló por primera vez el explorador europeo, al avistar lo que con el tiempo serían tierras correntinas.

Algunos dicen que fue donde está enclavada actualmente la Ciudad de Itatí; otros señalan que fue “unas leguas arriba de la después reducción de Nuestra Señora de Itatí”; y un tercer grupo afirma que no pisaron suelo correntino, sino costas paraguayas, en la margen derecha del río Paraná, en un punto cercano donde está asentada actualmente Itatí.

Itatí es una ciudad situada en la margen izquierda del río Paraná Superior. Radica allí la Basílica de Nuestra Señora de Itatí, en la que se venera a la Virgen del mismo nombre. Es la población más antigua de la provincia ya que, no obstante el breve cambio de sitio, es anterior a la época hispánica.

Algunos eruditos señalan que a este sitio llegó Sebastián Caboto, en 1528, sesenta años antes de la fundación de la Ciudad de Corrientes, cuando ascendía el Paraná en busca del camino a Potosí. Recaló en un puerto, al que llamó "Santana".

La duda está puesta sobre cuál fue la ubicación exacta de la laguna de Santa Ana, donde recaló la expedición.

Lo cierto es que en el mes de Marzo de 1528, Sebastián Caboto se encontraba a 15 leguas, río arriba, al norte de la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay, en un lugar que denominaron Laguna de Santana (Santa Ana), en cercanías de la actual Ciudad de Itatí.

Fue aquí donde los hombres de Caboto encontraron admirable acogida por parte del cacique, que señoreaba aquella zona:

Así, Yaguarú, como los otros mayorales de la tierra, trujeron muchos bastimentos de avatí, calabazas, raíces de mandioca, patatas e panes hechos de la harina de las raíces de mandioca(1).

(1) Carta del poblador Luis Ramírez a su padre, del 10 de Julio de 1528. En: Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, p. 3, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael D. Mantilla. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

Estos eran los indios que, al exhibir entre sus adornos unas orejeras de plata, impulsaron hacia el Norte las expediciones rioplatenses en busca de los supuestos tesoros de un “rey blanco”, mito que los guaraníes relacionaron con el “kandire”, o “la tierra sin mal”, en pos de la cual este pueblo se hallaba entonces en pleno proceso migratorio.

Por mucho tiempo se dio por entendido que la laguna a la que Caboto nombró Santana (Santa Ana) correspondía a la laguna Iberá(2).

(2) Eduardo Madero. “Historia del Puerto de Buenos Aires” (1939), tercera edición, pp. 373-396, Buenos Aires. San Salvador, 10 de Julio de 1528 - Carta de Luis Ramírez, tripulante de Caboto: “El señor Capitán General estuvo algunos días en este puerto, el cual se puso nombre Santana ( ... )” (el original de la carta se conserva en el Museo de El Escorial (España). // // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

Esta conclusión es errónea y, por consiguiente, son erróneas las relaciones que se historiaron al respecto”, señala Sorg, en su obra “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera".

La laguna de Santa Ana estaba ubicada sobre la margen paraguaya del río Paraná, claramente representada en el plano esférico de Caboto, en el año 1544, y en mapa de Ruy Díaz de Guzmán(3).

(3) Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

En su libro, Sorg pone a disposición del lector un extracto del mapa de Caboto donde se señala que la laguna de Santa Ana estaba en costas actualmente paraguayas, señalando que

"al cartógrafo Diego de Ribero se debe el primer diseño del Paraná y regiones aledañas. Alvarez, piloto de la expedición de Caboto, al regresar a Sevilla, en Noviembre de 1528, le facilitó un esbozo de dicho río, trasunto de las exploraciones del navegante nombrado. Al año siguiente, Ribero lo trasladó a su planisferio español. En el Planisferio Weimar (1529), en el de Roma y en el diseñado por Caboto, publicado en 1544, muestran los ríos de la vasta región explotada. El mapa de Caboto se conserva en la Bibliothéque Nationale de France".

El mismo Ruy Díaz de Guzmán, en sus "Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata", dice:

( ... ) hasta juntarse con este río del Paraguay en cuya boca está fundada una ciudad que llaman de San Juan de Vera de las Corrientes, que está en altura de 28 grados de la cual su fundación y conquista en su lugar haremos mención.
Luego que por este río se entra es apacible para navegar y, antes de 40 leguas descubre muchos bajíos y arrecifes donde hay una laguna a mano izquierda del río que llaman de Santa Ana, muy poblada de indios guaranís (... )(4).

(4) Ruy Díaz de Guzmán. “Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata” (1835), capítulo III, p. 7, Buenos Aires. “Escrita en el año 1612 por Ruy Díaz de Guzmán, dedicada a Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medina Sidonia”. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

Esta región estaba muy poblada de indios guaraníes, sobre todo en la margen paraguaya del río Paraná, que fue donde Caboto tuvo contacto con el cacique Yaguarón, que era uno de los tantos caciques que había en la región y no el principal de toda la tierra, “como algunos ambicionan afirmar”, apunta Sorg.

( ... ) de esta manera llegamos a las caserías, las cuales eran de un indio principal que se decía Yaguarón, capitán que es de todas estas caserías, que en esta comarca están porque siempre tienen guerra con otros indios que están siete y ocho leguas el río arriba de su misma nación, y llegados a estas casas, así este mayoral como todos los otros mayorales de la tierra nos trajeron mucho bastimento ( ... )(5).

(5) Carta de Luis Ramírez, tripulante de Caboto. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

Documentos antiguos de Depósitos de Indios a los vecinos de la Ciudad de Vera, siempre refieren a los caciques e indios guaraníes de la otra banda del río Paraná arriba, que corresponden a la región en la que Caboto hizo contacto con los guaraníes(6).

(6) La modalidad de Depósito se daba cuando los indios no podían ser asentados en reducciones, por sus costumbres. En esta modalidad los indios no pagaban tributos y su depositario desempeñaba un trabajo de acercamiento con ellos, para una futura encomienda”. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

Estos indios guaraníes, que en un primer momento se mostraron generosos con Caboto, por la paz que con ellos había logrado, no eran tan amigables como lo expresa Luis Ramírez en su carta.

El mismo Caboto manifiesta, en la relación que hizo al rey, lo siguiente:

Que la más principal generación de indios de aquella tierra, son los Guaranís, gente guerrera, traidora y soberbia, y que llaman esclavos a todos los que no son de su lengua, con los cuales siempre andaban en guerra, en la cual eran muy sangrientos y crueles, matando a cuántos podían, sin tomar hombre a vida ( ... )(7).

(7) Antonio de Herrera, Cronista Mayor de Su Majestad de las Indias. “Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano” (1601), Década IV, Libro VIII, Capítulo XI, pp. 211-212, Madrid. Imprenta Real. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

No estaba equivocado Caboto en sus aseveraciones. Estas mismas naciones de guaraníes fueron los que, años más tarde, protagonizarían feroces ataques a la población de la Ciudad de Vera(8).

(8) Le dan sustento a mis afirmaciones la relación que le dieran los indios a Francisco del Puerto, del camino a seguir para llegar a la tierra de los chandules: “( ... ) que los chandules, que son indios de esta misma generación, que están sesenta o setenta leguas el paraguay arriba, se lo daban por cuentas y por canoas que les daban, y que estas casas de estos indios y las de los dichos chandules, por tierra, por donde ellos van, hay seis jornadas, en que la mitad deste camino es toda a laguna y anegadizos ( ... )”. En ningún momento se menciona que se debe atravesar el Paraná por lo que se debe entender que estaban en la banda paraguaya del río Paraná (carta de Luis Ramírez). // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

Se debe entender, entonces, que el puerto, o laguna de Santa Ana, de Caboto,

no correspondía a la laguna Iberá, y los indios guaraníes no tenían sus asientos en el territorio de la actual Provincia de Corrientes, sino en la otra banda del río, sobre territorio paraguayo”, afirma Sorg sin hesitación.

"En el extracto del mapa, claramente se advierte la laguna de Santa Ana representada sobre la margen paraguaya del río Paraná. Esta laguna se formaba por una entrada que el río Paraná hacía en el territorio", subraya el citado historiador correntino. “En ningún momento se menciona que se debe atravesar el Paraná, por lo que se debe entender que estaban en la banda paraguaya del río Paraná(9).

(9) Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

- El cacique Yaguarú o Yaguarón

De lo vivido y observado por los españoles en esta expedición, tenemos noticias gracias a una carta de uno de sus miembros, Luis Ramírez, que, con fecha 10 de Julio de 1528, contaba a su padre que durante ella pasaron hambre y penalidades siendo auxiliados, oportunamente, por el cacique Yaguarú (en guaraní, lobo grande), jefe de un caserío guaraní que se encontraba en las proximidades del actual pueblo de Itatí.

"La necesidad de provisiones llevó a Caboto a tierra, y el suelo correntino recibió el primer mensaje de la civilización europea", dice el historiador correntino Hernán Félix Gómez, dando por sentado que el caserío indígena estaba en suelo correntino.

Refiere el citado Ramírez(10), de la Armada con que Caboto descubrió y exploró el río Paraná y parte de los ríos Paraguay y Bermejo -en carta del 10 de Julio de 1528, datada en el “Puerto de San Salvador”- que, durante la primera navegación del mencionado piloto por el río Paraná, fueron tales la miseria, el hambre y las penalidades de los expedicionarios, que habrían perecido de no recibir abundancia de bastimento y protección eficaz de los caseríos guaraníes, que obedecían al cacique Yaguarú.

"Tenía éste, el asiento de su poder, de aproximadamente mil habitantes, en las proximidades del actual pueblo Itatí, y eran sus vasallos, agricultores hospitalarios", señala luego Gómez.

(10) Carta de Luis Ramírez, dirigida a su padre desde el puerto de San Salvador, Julio 10 de 1528. Biblioteca de El Escorial (España). Publicada: “Revista do Instituto Histórico e Geographico do Brazil”; Eduardo Madero. “Historia del Puerto de Buenos Aires”; Manuel Ricardo Trelles. “Diego García”; José Toribio Medina. “Sebastián Caboto”. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

Caboto llegó al lugar el 26 de Febrero de 1528, y dio al puerto el nombre “Santana” (o “Santa Ana”). Antes del arribo había recibido

hasta veinte canoas cargadas de bastimento de la tierra, más preciadas que si fuesen cargadas de oro e piedras preciosas”.

Durante su permanencia en el puerto,

así, Yaguarú, como todos los otros mayorales de la tierra, truxeron mucho bastimento de abatí, calabazas, raíces de mandioca, patacas e panes hechos de la arina de las raíces de mandioca”.

El mismo Ramírez (a quien reproducimos literalmente, dice el citado historiador Hernán Gómez), instruye de que Caboto mandó explorar río arriba, y los expedicionarios encontraron poblaciones cariñosas y generosas como las anteriores.

Unos y otros indios usaban “orejeras y planchas de muy buen oro y plata” que las adquirían

por cuentas é por canoas de otros de la mesma generación, que moraban sesenta o setenta leguas, el río Paraguay arriba, siendo de seis jornadas, el viaje por tierra, en que la mitad del camino es toda alagunas é anegadizos”.

Aunque tentadoras, fueron respetadas las “orejeras é planchas” de los indios, porque más valía la amistad de ellos, y se confiaba llegar a la región que las producía.

Además, no hay que olvidar que Caboto había abandonado la misión que tenía, que era seguir el derrotero de Magallanes para llegar a las Molucas, y no el internarse en el Río de Solís en busca de las "sierras de la plata".

Los “laguneros”, de nación guaraní dieron los bastimentos necesarios al español, a cambio de abalorios, y la amistad les llevó a comunicarles la existencia, a corta distancia, de arrecifes que embarazarían el paso de los buques. La expedición dio crédito al aviso de los lugareños.

Caboto y su tripulación se detuvieron un mes en Santa Ana, pero ya en la certeza de que habían equivocado la ruta que los llevaría a la región del oro, resolvieron volver atrás.

Si bien este primer contacto entre europeos y nativos no pasó de ser una visita de reconocimiento, estando así las cosas, no hay que dejar de lado que con esta visita los guaraníes de la zona, incluyendo a los que vivían en tierras correntinas, tienen un primer encuentro amistoso con la expedición europea, la que fue recibida y agasajada con maíz y mandioca por el cacique Yaguaru y su pueblo.

Repuestos en provisiones en Santa Ana, la expedición de Caboto volvió sobre sus pasos hasta el encuentro de los ríos Paraguay y Paraná, para subir el primero.

Dejó Caboto el puerto “Santana”, el 28 de Marzo de 1528, bien provistos sus barcos, y retrocedió hasta el cauce del río Paraná, que lleva al Paraguay, llegando el 31 de Marzo de 1528 a la desembocadura del río Paraguay.

Remontó éste y penetró en el Bermejo. Después de vencer a los indios agases, que los asaltaron en el Paso de “Angostura”,  Miguel de Riflos se internó con un bergantín y 30 hombres en busca de la codiciada riqueza, pero todos fueron ultimados por los indígenas en la confluencia del Bermejo, donde fueron víctimas de una celada por parte de los chandules, parcialidad guaraní, quienes, contando con la increíble complicidad de Francisco del Puerto atacaron al bergantín, matando 18 hombres, entre ellos a Miguel de Rifos, sucesor de Caboto y veedor de los armadores en la nave capitana.

La hostilidad indígena continuó hasta que en las cercanías del Bermejo fueron víctimas de una celada por parte de los chandules -parcialidad guaraní-, quienes, contando con la increíble complicidad de Francisco del Puerto, atacaron al bergantín, matando 18 hombres, entre ellos a Miguel Rifos, sucesor de Caboto y veedor de los armadores en la nave capitana.

En vista del rechazo circundante por parte de los indígenas, Caboto decidió regresar a Sancti Spiritu. Obligado a retroceder, y al enterarse que naves españolas remontaban el Paraná, el explorador decidió regresar a Sancti Spiritu, cuando corría ya el mes de Mayo de 1528.

De regreso, en el río Paraná ya, dice Ramírez:

Bimos en el camino muchas casas puestas en la ribera del dicho Río; nos dieron mucho pescado. Estas naciones de indios son enemigos de los Chandules de arriba, que nos avian hecho la trayción(11).

(11) Los “chandules de la traición” fueron indios chaqueños, tal vez, payaguás, dice Manuel Florencio Mantilla, en su “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes”. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera” (2007), edición del autor.

Había bajado muchas leguas cuando, ante el asombro general, viéronse asomar dos velas que iban remontando el río; pertenecían a la Armada de Diego García de Moguer.

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