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ENCUENTRO DE CABOTO Y GARCIA DE MOGUER EN EL PARANA

Repuestos en provisiones en Santa Ana -allí se detuvieron un mes- la expedición de Sebastián Caboto volvió sobre sus pasos hasta el encuentro de los ríos Paraguay y Paraná, para subir el primero.

En la certeza de que habían equivocado la ruta que los llevaría a la región del oro resolvieron volver atrás y así llegaron -31 de Marzo de 1528- a la desembocadura del río Paraguay. Miguel de Rifos se internó con un bergantín y 30 hombres en busca de la codiciada riqueza, pero todos fueron ultimados por los indígenas en la confluencia con el Bermejo.

La hostilidad indígena continuó hasta que en las cercanías del Bermejo fueron víctimas de una celada por parte de los chandules, parcialidad guaraní, quienes, contando con la increíble complicidad de Francisco del Puerto, atacaron al bergantín, matando 18 hombres, entre ellos a Miguel Rifos, sucesor de Caboto y veedor de los armadores en la nave capitana.

En vista de la hostilidad circundante, Caboto decidió regresar a Sancti Spiritu cuando corría ya el mes de Mayo de 1528.

Enterado Caboto y ante las noticias de que naves españolas remontaban el Paraná, ordenó regresar a Sancti Spiritu. En el viaje se encontró con Diego García. Había bajado muchas leguas cuando, ante el asombro general, viéronse asomar dos velas que iban remontando el río: pertenecían a la Armada de Diego García de Moguer.

Este marino había integrado la expedición de Juan Díaz de Solís al Plata y, vuelto a España, capituló con el rey para dirigirse a las Molucas por la ruta del Estrecho de Magallanes. Diego García partió de La Coruña, al mando de dos naves, el 15 de Enero de 1526; en Las Palmas (islas Canarias) se encontró con la Armada de Caboto, quien zarpó de inmediato, a pesar de las desfavorables condiciones atmosféricas.

Posteriormente lo hizo García, en dirección a las islas de Cabo Verde, y de allí hasta las costas de Brasil, donde fue informado de las supuestas riquezas que podían hallarse al remontar el río de Solís.

Entonces resolvió internarse por “el Plata” -como llamó al río- en busca de fortuna. Grandes contratiempos entorpecerán el viaje de García; cuando él llegó al Río de la Plata, Caboto tenía ya, en él, el Fuerte Sancti Spiritu y se ocupaba en el descubrimiento de los ríos interiores.

Diego García de Moguer había llegado a principios de 1528 al Río de la Plata. Su capitulación con el rey le permitía entrar en la región, cosa que hizo ansioso por encontrarse con los cristianos que, suponía, andaban por allí, en vista de las huellas que había notado.

No sospechaba quiénes podrían ser y lo menos que imaginó fue que lo fueran Caboto y sus compañeros, cuyo destino al salir de España se sabía que eran las Molucas. Grande fue su sorpresa cuando al enfrentar unas canoas indígenas y un batel armado, pudo reconocer a Grajeda. No menor fue la sorpresa de éste, pues supuso que serían Rojas, Rodas y Méndez los que se presentaban en el bergantín a vengar la afrenta con ellos cometida.

Grajeda invitó a su nave a García. Narróle todo lo acontecido con la Armada de Caboto hasta el momento y concluyó por referirle que ese mismo día había recibido carta suya donde le avisaba como, remontando el Paraná, en un combate con los indios había tenido “gran victoria”.

García echa sus cálculos, termina de dejar listo otro bergantín que traía desarmado y empieza a remontar el curso del Paraná llevando como tripulantes sesenta hombres, los mejores que tenía.

Siguiendo su viaje fue a dar al Fuerte, donde encuentra a Caro, quien ya tenía noticias de la presencia de García por carta que le remitiera Grajeda. En Sancti Spiritu pareció, en un primer momento, que todo habría de cambiar, porque García intima a Caro para que de inmediato “se fuese de aquella conquista, que no era la suya”.

En un primer momento Caro accedió a ello, poniendo el mejor de sus semblantes. Su guarnición no pasaba de 30 hombres y, además, las noticias que tenía de su jefe eran muy diversas de las que Grajeda había hecho a García. Ruega, en consecuencia, a García, que acuda en ayuda de Caboto, quien así lo hace.

Hasta que se produce el encuentro con Caboto a la altura de la actual Ciudad de Santa Fe, suceso registrado a comienzos de Mayo de 1528. Ambos discutieron sobre sus respectivos derechos a esas regiones pero, sin fuerzas para imponerse uno al otro, optaron por seguir juntos la empresa. Para reabastecerse, regresarán a Sancti Spiritus.

Como es de suponer, el enfrentamiento entre Caboto y García fue poco cordial. Pero al cabo de ciertos “debates y requerimientos” y teniendo en cuenta el ensoberbecimiento de los chandules ante su victoria, que ambos se encontraban sin provisiones y que Sancti Spiritu no se hallaba lejos, acordaron unirse y bajar a la fortaleza, construir una media docena de bergantines y subir enseguida unidos, para continuar la exploración del río.

Nuevamente y durante varios meses la vida volvió a discurrir cómoda y tranquila en el Carcarañá, con el alegre zumbido de las sierras, el tableteo de los martillos, la paciencia de los calafates, en la tarea de construir los bergantines.

Aunque Caboto no vaciló en imponer toda su disciplina a los hombres de García: les impedía salir a pescar o que tuviesen un comportamiento inadecuado con los indígenas. Llegó, incluso, a emplazarles la artillería cuando quisieron salir con sus respectivas canoas.

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