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Juan de Ayolas explora costas correntinas

Para no demorar por más tiempo la búsqueda de la tierra rica, el Adelantado Pedro de Mendoza envió, hacia el Norte, al capitán Juan de Ayolas, y a Domingo Martínez de Irala, al frente de tres embarcaciones, las que partieron de Buena Esperanza el 14 de Octubre de 1536.

Entretanto, Mendoza -debido al estado precario de su salud-, decidió regresar a Buenos Aires.

Cumpliendo órdenes de éste, Ayolas se hizo a la vela con tres embarcaciones, hacia el Norte y remontó el Paraná.

Saldrá de la fortaleza Corpus Christi con tres navíos y trescientos soldados, avistando a los pocos días el pueblo de Corundá (costa de Santa Fe), donde sus habitantes lo agasajaron y le dieron intérpretes.

A comienzos de 1537 avistará tierras correntinas. Habían pasado alrededor de nueve años hasta que volvieran expedicionarios europeos a estas tierras.

Esta vez, el que nos dejará los recuerdos será el soldado alemán, llegado al Plata con la expedición de Pedro de Mendoza, Ulrico Schmidl, quien integrará el contingente capitaneado por Ayolas que remontará el Paraná.

Según cuenta Schmidl, en su obra “Viaje al Río de la Plata. (1534-1554)”, en un primer momento habían encontrado “gente petiza y gruesa” que vivían en el interior del territorio y que comían pescados, productos de la caza y miel, andaban totalmente desnudos y se calculaba que llegaban a un número de alrededor de 2.000 individuos(1).

(1) Esta versión de la crónica de Schmidl es la que reproduce en su obra Manuel Florencio Mantilla, habiendo tres versiones: la del doctor Samuel A. Lafone Quevedo, de 1903; la de Eduardo Wernicke, de 1938; y la de Pedro de Angelis, de 1836, siendo esta última “un resumen muy bien logrado que, si bien no expresa la versión a la letra, lo hace en cuanto al espíritu del relato”, según lo dice Andrés M. Carretero. Mantilla utiliza la versión de Lafone Quevedo, publicada en Buenos Aires, en 1903, por la Biblioteca de la Junta de Historia y Numismática Americana.

El historiador Manuel Florencio Mantilla conjetura que pueden haber sido los guaiquirás, pueblo establecido a orillas del río Guayquiraró.

Estos nativos que encontró la expedición, conformada por “gente petiza y gruesa”, según el decir de Schmidl, vivía 20 millas (leguas) al interior, y hacían, en la costa del Paraná, en momentos en que llegan los españoles, provista de pescado, sustentándose de pesca, caza y miel; el cronista los denominará “sechennaus saluaischco” (chanás-salvajes).

Esta gente, tanto hombres como mujeres, mozos como viejos, andan en cueros vivos, así como fueron lanzados al mundo, de suerte que no visten ni un trapillo, ni cosa alguna que les sirva para tapar las vergüenzas. Son fuertes de unos 2.000 hombres”, señaló el alemán.

Estas son las primeras noticias que se tienen sobre los kaingang, gentilicio con que los estudiosos designan a todo indio no guaraní que habitaba en los Estados brasileños de São Paulo, Paraná, Santa Catalina y Río Grande do Sul, el Oriente del Paraguay y las provincias argentinas de Misiones, Corrientes y Norte de Entre Ríos.

Lingüística y culturalmente formaban la rama meridional de la familia “Ge” o “Jé”. Los guaraníes, que en migraciones posteriores ocuparon la misma región -posiblemente entre los siglos XIII y XIV-, denominaban a estas parcialidades con el nombre de ka’aygua (que habita en el monte) de donde los portugueses habrían tomado el término “kaingang”.

Era evidente que, pese a su antigüedad en suelo correntino, el hábitat kaingang era marginal, y su posición a la llegada de los españoles se tornaba ya insostenible.

Primero, posiblemente en los siglos XIV y XV, los guaraníes comienzan a compartir el hábitat marginal de los kaingang. Al principio como clientes o como cuña étnica; más tarde, librarán violentas batallas por la supremacía del territorio.

Minuanes y charrúas frenarán su avance hacia el Sur y en el Paraná deberán enfrentar a los feroces guaycurúes.

La llegada del conquistador español en el siglo XVI y de los misioneros jesuitas en el siglo XVII, asestarán el golpe definitivo a la más antigua cultura del territorio correntino.

Continuando el viaje por la banda de Corrientes(2) Ayolas entabló relaciones con los mocoretás, de costumbres relativamente humanas, fuertes, en número de diez mil, y con los ahomas, que aunque no pasaban de dos mil, estaban en guerra con los primeros, por lo que le fueron relativamente hostiles.

(2) Tomamos los datos del primer historiador del Río de la Plata, Ulrico Schmidl, soldado de la expedición. “Viaje al Río de la Plata” (1903), p. 167, Buenos Aires. Edición de la Junta de Historia y Numismática. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes”.

Los ahomas vivían como siete leguas adentro y fueron encontrados por Ayolas porque habían ocurrido a proveerse de pescado, antes de abrir la campaña contra sus predichos enemigos.

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