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Primera batalla con el nativo en suelo correntino

Juan de Ayolas continúa explorando el Paraná en busca del Perú y  encuentra el río cerrado por canoas mepenes que, informados de la venida de los europeos, reúnense para oponerse, lo que hicieron con quinientas canoas.

Los mepenes reclamaban de los europeos la solicitud de permiso para transitar su ”guarã”, es decir, su territorio. Evidentemente, era un reclamo de respeto hacia lo que consideraban su espacio de poder.

Según Ulrico Schmidl, los mepenes llegarían a diez mil y vivían dispersos, sin estancia fija, igualmente en el agua que en tierra(1).  Ayolas los enfrentará a cañonazos y los dispersará, persiguiéndolos algunas leguas en el Interior del territorio correntino.

(1) Pedro Lozano. “Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán” (1878), ilustrada con noticias del autor y con notas y suplementos por Andrés Lamas, tomo II, p. 111, Buenos Aires. Imprenta Popular. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la fundación de la Ciudad de Corrientes hasta la Revolución de Mayo)”.

Estos son fuertes como de 100.000 hombres (“las otras ediciones dicen 10.000. Nota de Samuel A. Lafone Quevedo, obra de Schmidel”, dice Mantilla); viven en todas partes de aquella tierra, que se extiende por unas cuarenta millas (leguas), a uno y otro viento, pero se los puede reunir a todos por tierra y por agua en dos días; tienen más canoas o esquifes que cualquier otra nación de las que hasta allí habíamos visto; en cada una de estas canoas o esquifes cabían hasta veinte personas...”.

Fue éste el primer combate entre el nativo y el colonizador en los hoy territorios de Corrientes. Vencidos los nativos, el 6 de Enero de 1537, más por empleo de las armas de fuego que por el consiguiente estrago, fueron perseguidos hasta sus rancherías, que el español respetó por encontrarse rodeadas de aguas profundas, y por no irritar a las poblaciones comarcanas.

Schmidl narró, varios años después, cuánto entonces vio, y lo que hicieron indios y españoles.

El alemán dijo que la gente de Ayolas pisó el territorio correntino en persecución de los mepenes, que los recibieron en son de guerra. El alemán cuenta después que “más, cuando llegamos a sus casas, no les pudimos sacar ventaja alguna, porque el lugar distaba una milla (legua) de camino del agua Paraná, donde teníamos los navíos, y sus pueblos estaban rodeados de agua muy profunda a todos vientos, así que no les pudimos hacer mal alguno, ni quitarles nada; y como hallamos 250 canoas o esquifes, las quemamos y destruimos(2).

(2) U. Schmidl. “Viaje al Río de la Plata (1534-1554)”, p. 169. Intervino como soldado en el combate. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la fundación de la Ciudad de Corrientes hasta la Revolución de Mayo)”.

Las canoas fueron incendiadas en el río Paraná y en el cauce del río Santa Lucía, cerca de la desembocadura.

Los caseríos y sembrados de los mepenes estaban muy retirados de la costa fluvial, al naciente del “Estero Pucú” (puku, en guaraní actual), “Laguna Avalos” y “Cañada Mala”.

Finalmente, Schmidl relatará lo que encontraron unas cuarenta leguas más arriba, a los ocho días de navegación.

Ayolas permanecerá tres días en el caserío de los curumias, situado en la banda norte de un río cuyo nombre no se dá, pero que Mantilla presume, probablemente, pudiera ser el Pindoy, llamado hoy Riachuelo, y antiguamente, De las Palmas.

Allí encontramos -dice el cronista Schmidl- muchísima gente (que se llaman) ‘kueremagbeis’, que no tienen más de comer que pescado y carne y pan de San Juan o cuerno de cabra (algarrobo), de lo que hacen vino; esta gente, nos trató muy bien, y nos proporcionó cuánto nos faltaba. Son altos y corpulentos, así hombres como mujeres.

Estos hombres se horadan las narices, y en la aberturita meten una pluma de papagayo; las mujeres se pintan la parte inferior de la cara con unas rayas largas de azul, que les duran por toda la vida, y se tapan las vergüenzas con un pañito de algodón desde el ombligo hasta las rodillas”.

Continuando el viaje, Ayolas reconoció, como Sebastián Caboto, los arrecifes del Paraná y, como éste, retornó para internarse en el Paraguay. Ayolas no llegará a los dominios de Yaguarú.

Estos son los testimonios que quedan de los primeros encuentros de los europeos con los aborígenes del actual territorio correntino, y el valor de Ulrico Schmidl es el de haber sido el primer cronista del pasado, tanto nacional como provincial.

Pero, desde ese encuentro, pasarán cincuenta largos años, hasta que en ese territorio se llevara a cabo el primer asentamiento colonizador.

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