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La Asunción. Irala y Ruiz Galán

Juan de Salazar remontó el Paraná y se encontró con Domingo Martínez de Irala, al Norte de La Candelaria.

Ambos capitanes, luego de buscar infructuosamente a Juan de Ayolas, decidieron separarse: Irala zarpó rumbo a La Candelaria, y Salazar a la confluencia de los ríos Pilcomayo y Paraguay, donde fundó un poblado que denominó Nuestra Señora de la Asunción, el cual figura en los documentos de la época como “casa-fuerte” (15 de Agosto de 1537).

Al poco tiempo, Salazar zarpó en dirección a Buenos Aires, donde los conquistadores le informaron que Pedro de Mendoza había partido enfermo a España y que, hasta tanto apareciera Ayolas, había suscripto un documento en favor de Ruiz Galán.

Este último, dispuesto a enfrentar a Irala para ocupar el poder, reunió cuatro naves y remontó el Paraná acompañado por la mayoría de los conquistadores.

El mando de Francisco Ruiz Galán (1537-1539) nació por Poder del 20 de Abril de 1537 y gobernó en Buenos Aires hasta que Irala fue confirmado en su cargo.

Luego de agria disputa, ambos caudillos decidieron separarse; Irala marchó a La Candelaria y Ruiz Galán se dirigió, nuevamente, a Buenos Aires. Juan de Salazar quedó en la Asunción.

- Conquista y colonización

Cuenta la leyenda que los guaraníes recibieron a los españoles con docilidad y sumisión, que entregaron sus mujeres y alimentos sin pedir nada a cambio, en contraste con el indígena chaqueño que resistió, luchó y no se rindió ante los invasores(1).

(1) Citado por Margarita Durán Estragó. “Historia del Paraguay” (Julio de 2010), capítulo IV: “Conquista y Colonización (1537-1680)”, pp. 63-64, Asunción. Ed. Taurus

Rafael Eladio Velázquez señala que “de haber ocurrido de ese modo las cosas, no tendría que constituir precisamente motivo de orgullo para nosotros -los paraguayos de hoy- la ascendencia guaraní que a todos nos alcanza. Pero para tranquilidad de mi espíritu no fue así: sin perjuicio del inicial contacto amistoso en la comarca de Asunción y otras regiones, se registraron más de ciento veinte años de resistencia y rebeliones guaraníes en el Paraguay colonial”.

La colonización del Paraguay fue a partir de 1537 y, en cierta forma, un accidente histórico, producto del fracaso de un esfuerzo por conquistar el Imperio inca a través del Río de la Plata, es decir, por el Este.

Unos treinta años antes, navegantes europeos habían explorado las costas atlánticas y los ríos de la Cuenca de la Plata, y tuvieron noticias de un fabuloso Imperio repleto de tesoros de oro y plata. De ahí proviene el nombre del Río de la Plata con que bautizaron a la región bañada por los afluentes del Paraná y Paraguay y que se creía (con razón) podía conducirlos a la sierra de la plata.

El primero de estos navegantes fue Alejo García, único superviviente de un naufragio en la costa atlántica y que alcanzó, en 1524, el Alto Perú (hoy Bolivia) en compañía de los guaraníes.

Así, se convirtió en el primer europeo que penetró en el Imperio incaico, de donde consiguió un rico cargamento de metales preciosos y tejidos. A su regreso, los indígenas lo mataron a la altura del actual Departamento de San Pedro, aunque las noticias de su viaje y del tesoro adquirido ya se habían esparcido como un reguero de pólvora por toda España.

El estallido de la “fiebre del oro” hizo que el Adelantado Pedro de Mendoza llegara en 1536 al Río de la Plata con una expedición financiada por él mismo y en parte por banqueros alemanes, integrada por más de 1.500 personas, mucho más numerosa que las de Hernán Cortés y Francisco Pizarro.

Mendoza no trajo consigo agricultores sino soldados, que consideraban el trabajo manual indigno de ellos. Como no trabajaban la tierra exigieron alimentos a los indígenas de la zona, los querandíes, pero estos no eran agricultores ya que vivían de la caza, la pesca y la recolección de frutos y miel silvestre por lo que en ningún caso podían mantener a tantos “estómagos hambrientos”.

Entonces los españoles intentaron obtener alimentos por la fuerza, pero sólo lograron provocar la hostilidad de aquellos indígenas, quienes multiplicaron sus ataques contra Buenos Aires, la ciudad recién fundada por Pedro de Mendoza.

- Asunción y la falta de minas

A pesar del hambre, la desmoralización y las muertes que siguieron al establecimiento de Buenos Aires, un grupo de expedicionarios emprendió la búsqueda de El Dorado y llegó al Paraguay en 1537.

Los cario-guaraníes que allí vivían eran agricultores y de ellos obtuvieron aprovisionamientos para proseguir el camino del oro y la plata.

Asunción fue fundada por Juan de Salazar y Espinosa como base de operaciones y centro de abastecimiento en reemplazo de Buenos Aires, que fue rápidamente abandonada. Lejos del mar y en medio de la selva, el Fuerte de Asunción no hubiera revestido ninguna importancia si no fuera por la abundancia de bastimentos que allí encontraron los españoles.

Uno de los expedicionarios españoles, Domingo Martínez de Irala, llegó al Alto Perú en 1548 pero ya era tarde: otros españoles, al mando de Francisco Pizarro, se habían adueñado del Imperio inca. Tras el desengaño, a Irala y sus compañeros no les quedó más remedio que regresar a Asunción y convertir ese establecimiento provisorio en un lugar definitivo.

Después del descubrimiento de la sierra de la plata (que no era otra cosa que la conquista del Perú) España perdió interés por el Río de la Plata, un territorio que, a pesar del nombre que llevaba, no poseía metales preciosos.

Aún así, los españoles siguieron buscando el oro en el Amazonas, en el Itatín, en el Guairá y en las tierras frías del sur magallánico, aunque el fracaso coronó aquellos intentos y vanas ilusiones.

Si bien el Paraguay dejó de interesar económicamente a España, desde el punto de vista político constituyó un importante peldaño fronterizo al defender los límites de la Corona española contras las pretensiones expansionistas de los portugueses en el área de Brasil.

Sin embargo, la Provincia del Paraguay pasó mucho tiempo sin que tuviese noticias de España. En 1562, luego de más de una década de incomunicación con la Península, las autoridades de Asunción elegidas “según Dios y sus conciencias” -escribía Ruy Díaz de Guzmán- admitieron que el abandono del Paraguay por la Corona se debía, antes que a nada, al “poco o ningún crédito que de estas provincias se tienen, viendo sus muchas armadas y gentes que a ella han venido y las pocas o ningunas que vuelvan por no haber en ellas oro ni plata ni granjerías provechosas que son las principales causas de la perpetuidad de las tierras”, tal como refiere el contador real Felipe de Cáceres.

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